Disclaimer : Todos los personajes tienen dueña (JK-soymultimillonariayeneuros-Rowling ¿Quién más?), excepto claro, los que mi imaginación concibió y yo los tomé prestados a todos un rato para desahogar esta locura.
Aquí está el tercer capítulo, que lo disfruten
Capítulo 3
-¡Buenos días Harry!-saludó Hermione con una sonrisa a la mañana siguiente al encontrarlo en la sala común cuando bajó del dormitorio de las chicas.
-Herm, necesito hablar contigo. ¿Tienes un momento?-preguntó Harry.
-Sí, claro…-dijo ella sacando la capa de su mochila y devolviéndosela-¿te parece que salgamos un momento del castillo?-.
-Está bien-asintió Harry, era mejor que el tema lo tratara con ella lejos de oídos inoportunos.
Salieron de la sala común y se encaminaron a los terrenos del castillo en silencio. La Gryffindor podía percibir una ligera molestia en su amigo, y por más que se devanaba los sesos tratando de adivinar que sería lo que Harry quería hablar a solas con ella, no encontraba una buena razón.
-Herm, ayer me preguntaste si confiaba en tí y te respondí sinceramente que sí, que lo hago, también te prometí no preguntar nada, pero esto que te pido que me respondas con franqueza es muy importante para mí ¿entiendes?-
-¿Qué pasa Harry? Me estás asustando… ¿tienes algún problema?-preguntó ella.
-Hermione… ¿Qué hacías anoche en la enfermería junto a Blaise Zabini?-disparó a bocajarro.
Hermione se quedó lívida, todo esperaba menos que Harry le preguntara eso, sin poder evitarlo comenzó a estrujar su capa entre sus manos, mirando nerviosa a su amigo.
-Yo-yo…Harry, sé que…por favor, no me preguntes nada...lo prometiste ¿recuerdas?-preguntó débilmente.
-No Herm, contéstame por favor¿a que fuiste a ver a Zabini?-su tono era cada vez más frío al igual que sus ojos.
-Está bien, te lo voy a decir: fuí a pedirle que no delatara a Ron y a ofrecerle una disculpa por lo que pasó-aceptó ella cabizbaja sin valor para enfrentar la reacción de Harry.
-Pero Herm... ¿creíste que ese idiota lo aceptaría tan fácil? Sabes perfectamente que su práctica favorita es fastidiarnos lo más posible… ¿Cómo se te ocurrió hacer algo así?-Inquirió incrédulo.
-Lo sé Harry, créeme que lo entiendo, pero era la única forma de evitar que expulsen a Ron…yo…no quiero que eso pase…además, Zabini aceptó mis disculpas y prometió no delatarlo-contestó ella un poco más animada.
-Bueno, espero que de verdad cumpla su palabra aunque sabiendo de quién se trata, no debemos cantar victoria aún…ahora ¿Porqué no me dijiste nada de lo que pensabas hacer?.¿no te das cuenta lo mucho que te arriesgaste a que algún profesor o mucho peor, alguno de los amigos de Zabini te descubriera y te hiciera daño? -.
-Precisamente por lo que acabas de decirme, yo sabía que si te contaba algo, inmediatamente ibas a decir que no y tenía que arriesgarme a intentarlo. Me conoces bien Harry, que no te quepa duda que lo pensé mucho y valoré los pros y los contras y ya ves, afortunadamente todo salió mejor de lo que yo misma esperaba-dijo tratando de animar al Gryffindor que la seguía mirando receloso-Anda, vamos a desayunar, esto no pasará a mayores, ya lo verás, lo único que te pido es que me ayudes a hablar con Ron, no puede volver a perder los estribos de esa manera con nadie-añadió tomándolo del brazo.
-Está bien Herm, hablaré con él…-dijo no muy convencido y se dirigieron al castillo. Aunque Harry no lo mencionó en ningún momento, en su mente seguía la visión de las dos motitas prácticamente unidas produciéndole una extraña desazón, pues él era el único que sabía que Ron iba a declararle su amor en unos cuantos días y pensar que alguien más pudiera estar inquietando a su amiga no le agradaba en absoluto y menos si ese alguien era precisamente la persona con la que Hermione había pasado bastante tiempo la noche anterior.
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Zabini despertó a la mañana siguiente sumamente confundido. Por momentos llegó a pensar que alguna de las pociones de la enfermera le había caído mal provocándole la alucinación de que Hermione Granger había estado con él y se habían besado, pero al tocarse los labios con la punta de sus dedos, recordó perfectamente la calidez de los labios de ella sobre los suyos y supo que había sido real.
Ella fué a verlo para saber como se encontraba y él prometió no delatar al pelirrojo a cambio de un beso que ella a regañadientes había aceptado para que después huyera intempestivamente de su lado sin decir ni una sola palabra y seguramente asustada por todo el cúmulo de sensaciones que ambos sintieron al besarse y abrazarse.
Ahora lo comprendía…contra todo pronóstico, se estaba enamorando de la come-libros sabelotodo de Hermione Granger…ella, con solo unas miradas y un beso, había logrado colarse mucho más dentro de él de lo que ninguna de las demás con las que se había liado…esa testaruda Gryffindor lo estaba conquistando total y absolutamente y no pudo evitar esbozar una tonta sonrisa.
Lentamente, volvió a cerrar los ojos, no le apetecía despertar aún, quería disfrutar un poco más de la presencia de ella en su mente antes de que la cruda realidad de ambos le cayera encima. Ella era una Gryffindor y él, un Slytherin. Ella era la mejor amiga del niño de oro de Dumbledore y él era el mejor amigo de aquél que tenía precisamente la misión de eliminar al viejo director. Y por si esto fuera poco, Draco Malfoy y él habían sido convocados por Lord Voldemort para tomar la marca tenebrosa y unirse definitivamente a él en unos meses.
Esto último le producía un intenso desasosiego cada vez que lo pensaba; no le agradaba la idea de jurar lealtad a un loco con ideas tan violentas. Sabía de antemano que en la batalla final, Harry Potter -el niño de oro- iba a triunfar, era más poderoso que el Lord, de eso no había duda, solo era cuestión de que confiara un poco más en él mismo y se decidiera a usar toda su magia para acabarlo. Y él definitivamente, no iba a estar a su lado cuando eso ocurriera.
Había tratado de convencer a Draco para que hablaran con sus respectivos padres sobre su negativa de unirse a los mortífagos, pero Lucius Malfoy, su padre, era un hombre intransigente e inflexible que no pensaba en nada más que en darle gusto al Lord Oscuro aún a costa de la vida de su propio hijo y Draco no había tenido más remedio que obedecerle, el tratar de llevarle la contra significaría muchas sesiones de "convencimiento" con vastas dosis de Crucios para Draco.
Su caso -gracias a Merlín- no era tan trágico; sus padres eran más comprensivos y tolerantes y estaba seguro que harían lo que fuera para protegerlo de un destino por lo más desdichado, en cuanto él les hablara sinceramente de sus inquietudes. Y eso era precisamente lo que iba a hacer, en las vacaciones de navidad que se avecinaban, hablaría abiertamente con sus padres y les comunicaría su decisión de no unirse a Voldemort.
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El resto de la mañana transcurrió espantosamente lento para Hermione que esperaba con ansia la hora que tenía libre antes de la comida para huír de todos y encerrarse un rato en la biblioteca a pensar sobre lo sucedido la noche anterior. Habia sido demasiado. Su cabeza era una maraña de pensamientos y sentimientos a cual más confuso y la tenían al borde del colapso. Sabía que en unas horas darían de alta a Zabini y seguramente acudiría al Gran Comedor a la hora de la comida. No quería verlo. No quería admitir que ese beso estaba presente en sus pensamientos desde la noche anterior atormentándola. No quería reconocer la necesidad de sus manos por tocarlo y de sus labios por besarlo nueva e interminablemente.
Tenía que alejarse…sí, eso era lo mejor, por su propia salud mental se alejaría de él aunque eso le doliera en el alma porque había muchas cosas que los separaban y era inimaginable que lucharan solos contra eso. Iba a enterrar esos sentimientos que peleaban por aflorar en el fondo de su corazón para que nadie nunca supiera de ellos. Iba a retomar su amor por Ron costara lo que costara porque él era el hombre indicado para ella, lo quería, él la quería, sus familias se estimaban… ¿para qué iba a estropear todo eso con algo que era imposible?.
Sin querer, sus ojos se llenaron de lágrimas y tuvo que hacer un esfuerzo por contenerse, pues Harry y Ron estaban a su lado y de inmediato notarían que algo le pasaba. Por fortuna, en ese momento terminó la clase y diciendo a sus amigos que tenía que ir a la biblioteca a consultar un libro, salió volando del aula antes de que se dieran cuenta que las lágrimas la estaban traicionando.
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Cuando Blaise llegó a la mesa de Slytherin a la hora de la comida, sus amigos y en especial Kathian Lowell, quien siempre había estado enamorada de él, lo abordaron tratando de averiguar que era lo que le había pasado. Fiel a la promesa que le hizo a la castaña, contó otra versión de los hechos que no involucraba al trío de oro en ningún momento.
-¡Qué alegría que ya hayas salido de esa horrible enfermería Blaise!.¿Cómo te sientes? ven, siéntate conmigo y cuéntame como estás-dijo Kathian apresando su mano y jalándolo hacia ella.
-Gracias Kat, pero me sentaré con Draco, tengo algunas cosas que preguntarle…tú sabes…de las clases…te veo en un rato¿te parece?-dijo zafándose de su mano y parándose al lado de Malfoy quien lo miraba divertido.
-¿Porqué no le haces caso Blaise? No es fea y mi madre me ha dicho que su familia es rica y de mucho abolengo…si no me hubieran comprometido con Pansy lo más seguro es que Kathian sería la futura señora Malfoy-susurró el rubio a su oído.
-No la tolero Draco y lo sabes, me molesta que sea tan empalagosa y simple. Tal vez sea bella, pero tiene el cerebro hueco y yo quiero una esposa con ideas propias, no un mueble decorativo que puedas cambiar de lugar cuando te plazca. Por suerte para ti, Pansy no es nada parecido, no te imagino casado con alguien que tuvieras que llevar de la mano a todos lados aunque descendiera del mismísimo Merlín-dijo aburrido y molesto.
-Creo que tu estancia en la enfermería dañó tu buen humor, pero calma, ya encontraré la manera de levantarte el ánimo-Malfoy le guiñó un ojo y dirigió la mirada la mesa de los leones, señal de que algo tramaba para hacer rabiar a Potter y compañía.
En cuanto se sentó, sus ojos se dirigieron velozmente a la mesa de Gryffindor, solo para descubrir que ella no estaba ahí, bueno, tal vez había ido a la biblioteca y el tiempo se le había pasado volando, seguramente a la hora de la cena estaría ahí sin falta y tal vez podría hacerle llegar una nota para hablar con ella, necesitaban aclarar tantas cosas…pero llegó la cena y después la reunión del club y tampoco apareció y tampoco durante el desayuno del día siguiente. Estaba poniéndose nervioso, eso no era normal en ella; comenzaba a preguntarse si esa reacción tenía algo que ver con lo sucedido hacía dos noches, o, lo más preocupante, si estaría enferma. ¡Maldita sea!.¿Cómo rayos lo iba a averiguar?.
La primera clase que tendrían ese día sería pociones y, precisamente la compartían con los Gryffindor…si ella no se presentaba, sería evidente que había enfermado o algo más le hubiera pasado, nunca faltaría a una clase por voluntad propia, de eso estaba seguro, así que dominando sus nervios, se dispuso a esperar la hora de ir a clase.
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-Hermione¿No tienes clase de Pociones?.¿Qué haces aquí todavía?-La voz de Ginny Weasley la sacó de sus cavilaciones. Decidiendo que tal vez la biblioteca no era el mejor lugar para pensar por mucho rato y que estaba expuesta a que en cualquier momento llegaran Harry o Ron a interrumpirla, resolvió asistir a las clases de la tarde, que no compartían con los Slytherin y después subir a su dormitorio, por supuesto, sin presentarse a cenar y mucho menos a la reunión semanal del club, porque en la soledad de la habitación podía dar rienda suelta a las lágrimas que últimamente derramaba en los momentos menos indicados. No contaba con que Ginny apareciera por ahí sorpresivamente.
-No voy a ir Ginny…me duele…la cabeza…desde ayer en la tarde…creí que tomándome una poción para el dolor se me quitaría, pero yo creo que voy a resfriarme, me siento pésimo-Dijo aprovechando que su voz sonaba congestionada por el llanto y esperando que Ginny se lo creyera-Y a todo esto¿Qué haces tu también aquí a estas horas?-preguntó desviando la conversación.
-Vine por mi cuchillo de plata para Herbología-respondió Ginny encogiéndose de hombros y agachándose a su baúl para buscar su daga-Ya sabes que hay que sacar las vainas de la no-se-qué venenosa y es mejor si se hace con un cuchillo de plata-agregó.
-Si, lo recuerdo perfectamente…Oye Gin¿Puedes por favor avisar al profesor Slughorn? Ni Ron ni Harry saben que estoy aquí, anoche que los ví en la sala común, les dije de mi dolor de cabeza, pero no saben que amanecí peor-
-No te preocupes Herm, pero no está por demás que vayas a ver a la señora Pomfrey para que te dé una poción antigripal y te sientas mejor, anoche te escuché dar vueltas en la cama muy inquieta-contestó Ginny guardando el estuche que contenía su cuchillo dentro de su mochila y acercándose a la cama de la castaña.
-Ya lo había pensado, en un rato más bajaré a la enfermería a verla-dijo la Gryffindor limpiándose la nariz para que no hubiera duda que estaba cayendo en las garras de la gripe.
-Bueno, me voy. ¿Necesitas algo más Herm?.¿Quieres que le pida a Dobby que te suba un plato de caldo de pollo caliente?-preguntó Ginny aproximándose a la puerta.
-Si, por favor Gin-aceptó la castaña, pues el no haber comido ni cenado el día anterior ni haber desayunado todavía, le estaba provocando ligeros mareos, pero había sido más fuerte la determinación de no ver al Slytherin que el hambre, y esta intromisión de Ginny le había dado una excelente idea. Iría a ver a la señora Pomfrey argumentando los síntomas de la gripe para que la enfermera le diera una poción antigripal y la enviara directo a su dormitorio sin volver a asomar la nariz hasta dentro de tres días, tiempo perfecto para poner los pies sobre la tierra y orden en sus ideas y dejarse de sueños, besos y miradas color miel.
Lo único que verdaderamente lamentaba era no asistir a clases, aunque, al ser viernes, lo único que perdería sería Pociones, Runas Antiguas y Encantamientos…ya vería la forma de ponerse al corriente en cuanto se recuperara de su "inoportuna gripe".
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-Profesor¿puedo pasar un momento?-preguntó Ginny asomando la cabeza dentro del aula de pociones.
-¡Por supuesto querida!.¡Pasa, pasa!.¿En qué puedo ayudarte?-El afable rostro regordete del profesor Slughorn emergió de en medio de la mesa de los alumnos de Slytherin, que estaban mostrándole algunas fotografías de sus nobles antepasados.
-Gracias profesor, solo tengo un mensaje de una alumna… ¿me permitiría una palabra?-pidió Ginny pues no estaba dispuesta a decir que Hermione estaba enferma delante de un puñado de Slytherins.
-Claro, claro, en seguida estoy contigo-contestó Slughorn algo contrariado pues su voluminosa barriga no le permitía pasear mucho por el aula sin que se agotara visiblemente.-Dime pequeña¿Cuál es ese mensaje?-preguntó acercándose a Ginny caminando como un pato.
-Es de Hermione Granger profesor, se encuentra resfriada y no asistirá a clase.-Dijo Ginny en voz baja.
-¿La señorita Granger?.¡Pero qué barbaridad!-chilló dramáticamente el profesor. Al escuchar el nombre, Zabini no pudo evitar voltear a ver al profesor y a la menor de los Weasley con la incertidumbre reflejada en el rostro. Esta reacción pasó desapercibida para todos excepto para tres personas : Draco Malfoy, Harry Potter y la misma Ginny Weasley que ahora estaba recibiendo toda una retahíla de remedios para la gripe que el profesor insistía que hiciera la enferma para sanar en menos de lo que se dice "quidditch".
-…y dile a la señorita Granger que si lo desea, puedo prepararle una poción maravillosa para que pueda dormir sin la odiosa congestión nasal-concluyó el profesor acompañando a Ginny a la puerta del aula con un brazo sobre sus hombros.
Por más que Zabini aguzó el oído, no pudo saber que le ocurría a la chica y la razón de su ausencia…tenía que averiguarlo, pero ¿Cómo? No iba a preguntarle a Potter y mucho menos a Weasley; la única opción que tenía era interrogar directamente al profesor, pero eso tendría que ser al término de la clase, antes despertaría las sospechas de sus compañeros y de los odiosos Gryffindor. Afortunadamente, Weasley se le adelantó simplificando la tarea y ahorrándole todo el tiempo de la clase que empezaba a parecerle eterno.
-Profesor¿Qué le pasa a Hermione? Anoche nos dijo que sólo era un dolor de cabeza-preguntó Ron una vez que Ginny cerró la puerta y Slughorn tomó su lugar al frente de la clase.
-Enfermó de gripe la pobrecita-contestó el profesor con gesto afligido-por suerte, la poción que elabora la señora Pomfrey para los síntomas es excelente, yo creo que el lunes ya estará como nueva. Les sugiero que tomen buenas notas de la clase para que se las faciliten y no se atrase.-concluyó sonriente.
Así que era eso, Hermione tenía gripe y por eso no la había visto…un poco más tranquilo esperó a que la clase finalizara…ya sabía como ponerse en contacto con ella y la garra que le oprimía el corazón y que hasta ese momento había percibido, le soltó calmando un poco la zozobra que le atenazaba.
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Mientras tanto, Hermione había ido a la enfermería y después de convencer a la señora Pomfrey que en su habitación podría soportar los embates de la gripe y que ésta refunfuñara cosas como "jóvenes, creen que todo lo saben" había accedido a darle suficiente dosis de poción antigripal para todo el fin de semana. Después, había convocado a Dobby para que, muy a su pesar, pues no gustaba de dar trabajo extra a los explotados elfos, le subiera algo más sustancioso que solo caldo de pollo a la hora de las comidas. Listo, ya podría "acampar" en su habitación todo el fin de semana sin la angustia de que se pudiese topar con…con ese Slytherin en cualquier momento (ya no quería ni pronunciar su nombre para evitar invocar recuerdos y terminara una vez más llorando sin parar como llave de agua).
Empezaba a acomodar sus apuntes de Transformaciones por colores, cuando sonoros golpecitos en la ventana la hicieron levantar la vista para descubrir a una hermosa lechuza marrón con las plumas brillantes que le pedía que abriera para entregarle una carta que llevaba atada a la pata. Hermione la miró desorientada, no era Hedwig, la hermosa lechuza blanca de Harry ni tampoco Pigwidgeon, el diminuto mochuelo de Ron. Mucho menos parecía una lechuza del colegio, éstas eran más pequeñas y en su mayoría grises…¿quién podría estar enviándole una carta a su habitación?.
Intrigada, abrió la hoja de la ventana para que la lechuza entrara y, con los modales más elegantes que había visto nunca, le tendió la pata esperando a que desatara la carta. Hermione lo hizo y comenzó a leer una estilizada caligrafía que no reconoció hasta que llegó a un punto donde sus rodillas comenzaron a temblar y tuvo que sentarse en la cama porque creyó que se desmayaría.
Era un mensaje de Blaise Zabini.
Sé que te extrañará que te escriba, lo hago porque no encontré una mejor forma de dirigirme a ti…hasta hace un rato que supe que habías enfermado, la angustia de que pudiera ser algo peor (relacionado a lo que sucedió hace dos noches) se desvaneció. Necesitamos hablar…si tú sentiste lo mismo que yo (de lo que estoy completamente seguro) no podemos ignorarlo. Por favor, envíame con mi lechuza el lugar y la hora donde te parecería mejor que nos encontráramos. Estaré esperando tu respuesta.
Blaise Zabini
Hermione se quedó de una pieza, volvió a leer el mensaje una y otra vez "…si tú sentiste lo mismo que yo…" pero claro que lo había sentido, si no hacía más que pensar en ello…quiso distraerse haciendo otras cosas, pero ese beso seguía presente en sus labios como si acabara de suceder, el Slytherin había tenido razón al decirle que no lo olvidaría nunca. Y ahora, ahí estaba...la confirmación por escrito de que él también sentía algo por ella y le pedía que lo hablaran. Por un momento pensó en aceptar verlo para calmar sus ansias, pero recordándose que cualquier vínculo entre ellos era imposible, resolvió no dar ninguna respuesta.
Como si la lechuza adivinara sus pensamientos, ululó suavemente recordándole que esperaba contestación y que no se iría sin ella, a lo que la chica reaccionó escribiendo velozmente en un trozo de pergamino y atándoselo a la pata para que en seguida, emprendiera el vuelo hacia las mazmorras de Slytherin de regreso a su dueño.
No tenemos nada de que hablar Zabini; lo que sucedió hace dos noches no significó nada para mí, fue, como tú lo dijiste, "un buen pago" por tu silencio. Te suplico que no me busques más. No quiero verte. Nuestros caminos son diferentes y nada de lo que ocurrió cambiará en algo las cosas.
Hermione Granger
Blaise arrugó el entrecejo furioso y estrujó el escueto mensaje en sus manos antes de lanzarlo al piso. Ella estaba equivocada, él lo había sentido cuando la tuvo entre sus brazos y la sintió estremecerse al besarla. Tenía que hablar con ella, nada de lo que hiciera o dijera iba a impedírselo, si no quería verlo por las buenas, entonces sería a su manera. Encontraría el momento preciso y si tenía que acorralarla para que aceptara que "eso" era real lo iba a hacer, por Merlín juró que lo haría, las cosas no se iban a quedar así entre ellos.
¡Hola!
Antes que nada, quiero dar las gracias a SamarKanda por su review. Gracias linda! y aquí está el siguiente capítulo. Me alegra que el fic te guste y tienes razón, aunque es una pareja algo extraña, me latió para hacerles este fic :)
Nos vemos el próximo lunes, en la misma página, en el mismo fic, con un capítulo nuevo XD. Y ya saben, son bienvenidos todos los reviews. Cuídense mucho. Buen fin de semana. Gracias por leer. Un beso.
