Disclaimer : Todos los personajes tienen dueña (JK-soymultimillonariayeneuros-Rowling ¿Quién más?), excepto claro, los que mi imaginación concibió y yo los tomé prestados a todos un rato para desahogar esta locura.

Aquí la onceava entrega, disfrútenlo!


Capítulo 11

-Dígame una cosa señor Zabini… ¿Qué se supone que hace usted en el colegio siendo todavía vacaciones y lo que es más, golpeándose como un loco frenético con el señor Weasley?-La enérgica voz de Severus Snape llegó hasta los oídos del chico taladrándolos. Apenas empezaba a volver en sí después de que la enfermera le suministrara una poción tranquilizante para curar todas sus heridas y sentía que acababan de bajarlo de un carrusel que daba vueltas a 80 km por hora.

-¿Pro-profesor Snape…?...¿Dónde estoy...?-Preguntó abriendo lentamente los ojos y como si fuera una película, recordó todo lo sucedido unas horas atrás…la ansiedad de ver a Hermione y su decisión de ir al colegio aunque estuviera molesto con ella, su llegada a Hogwarts rogando por encontrarse a la castaña y en efecto, encontrarla, pero en brazos de la estúpida comadreja, la discusión con el Gryffindor y después los golpes…golpes…y más golpes…lo que seguía empezaba ya a estar borroso en su recuerdo, pero claramente sintió que una gran fuerza lo levantaba del piso y después nada, todo negro, hasta ese momento.

-Es precisamente eso lo que quiero que usted me responda señor Zabini… ¿Qué hace en Hogwarts?-Siseó nuevamente Snape.

-Yo…tenía un...err… pendiente que arreglar con Weasley señor…-murmuró a media voz, aún sabiendo que su excusa era lo más idiota que se le hubiera ocurrido nunca.

-¿Un pendiente?.¿Y se puede saber qué clase de pendiente es ese que incluye golpearse como simios salvajes?-Preguntó Snape mirando reprobatoriamente a su alumno.

-Una…una pequeña diferencia de...opiniones señor. Lo siento, sé que no debí perder los estribos señor-Repuso bajando la cabeza.

-Bien. Supongo que el motivo real no va a decírmelo y no voy a obligarlo a hacerlo. Solo le informo que por esta exhibición de testosterona que ambos han tenido a bien demostrarnos, he restado cincuenta puntos a Slytherin y que usted está castigado por dos fines de semana en mi despacho, al volver a clases-Indicó Snape fríamente y dando media vuelta, salió entre el revuelo de su negra túnica.

-Está bien señor…y una vez más discúlpeme por favor...-susurró abrumado mirando como se marchaba el profesor. No tenía nada más que decir. El que le restaran puntos a su casa lo hizo sentirse tremendamente mal, pero el que Snape hubiera descubierto su pelea lo hizo sentirse peor. No era propio de un Slytherin comportarse como un irrazonable saco de hormonas. Los Slytherin eran fríos, con temple de acero y astutos, pero esa maldita comadreja lo había sacado de sus casillas y su deseo era hacerle el mayor daño posible, fuera como fuera. En el momento que lo vió abrazando a la Gryffindor, los celos obnibularon su mente y lo único que pudo ser capaz de pensar fué que tenía que quitarle a ese maldito pelirrojo de encima. Por un momento pensó lanzarle un sectusempra o en su defecto un levicorpus a Ron, pero sabiendo que los hechizos iban a delatarlos, decidió arreglar las cosas a la manera muggle, con unos buenos puñetazos por delante que le dejaran bien claro al Gryffindor que ahora Hermione estaba con él. Nunca se imaginó que su pelea de todos modos iba a ser descubierta.

Incorporándose lo más que pudo -pues una costilla le dolía como el demonio-, se dió cuenta que estaba en la enfermería del colegio y que la persona que se encontraba en la cama de enfrente no era otro que el maldito Weasley que aún continuaba inconsciente. Furioso consigo mismo, volvió a recostarse en la cama, en espera de que las curaciones de la enfermera hicieran efecto rápidamente para poder largarse cuanto antes de ahí. Aunque tuviera que irse a rastras, saldría del colegio, no había vuelta de hoja. Esa noche era la cena de Navidad e iba a pasarla con sus padres. No quería que Snape o algún otro profesor cometieran la indiscreción de informarles dónde y en que situación se encontraba al no llegar a tiempo. No iba a dar explicaciones a nadie -ni siquiera a sus padres- sobre lo sucedido entre el Gryffindor y él.

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-Señorita Granger. ¿Puede usted acompañarme por favor?-La airada voz de la profesora McGonagall sacó a Hermione de repente de sus cavilaciones. Después de marcharse enojada con los chicos por su terquedad de golpearse como trogloditas, había ido a refugiarse a la sala común de Gryffindor y no había salido de ahí en espera de que apareciera Ron. Por otra parte, sabía que Blaise estaría más que enojado por lo que había visto y ahora no imaginaba como iba a hacer para arreglar las cosas con él. -¡Por Merlín!.¿Es que los hombres solo saben arreglar sus diferencias a golpes?-pensó irritada y resolvió que intentaría hablar con el Slytherin por el espejo al día siguiente, ya que en un rato más se celebraría la cena de Nochebuena y no creía que él pudiera tener mucho tiempo para conversar con ella.

-¿Qué pasa profesora?-Preguntó al ver el ceño fruncido de la mujer que la esperaba a la entrada de la sala común.

-Señorita Granger, tengo que informarle que hace un rato Hagrid descubrió al señor Weasley y al señor Zabini enfrascados en una vergonzosa demostración de golpes y ahora los dos se encuentran en la enfermería. ¿Tiene usted idea de porqué acaban de dar muestra de ese comportamiento tan inmaduro e impropio?-Las aletas de la nariz de la profesora se expandían y contraían rítmicamente, como un dragón a punto de lanzar un chorro de fuego, señal de que verdaderamente estaba enojada y Hermione sintió que si no fuera porque era algo prohibido, la profesora utilizaría legeremancia con ella en ese preciso instante.

-N-n-o profesora…no tengo ni idea-Apuntó la chica pasando de una palidez extrema a un rojo intenso en segundos y sintiendo como sus piernas empezaban a temblar, amenazando con delatarla. Y sin decir una palabra más, la siguió rumbo a la enfermería sospechando el cuadro que iba a encontrar.

-Bien. El señor Weasley aún no despierta de la poción tranquilizante que le suministró la señora Pomfrey, por lo que no puedo interrogarlo todavía, pero quiero que si despierta cuando usted se encuentre con él, le comunique que he restado cincuenta puntos a Gryffindor por semejante espectáculo y que también tiene detención de dos fines de semana en mi despacho, claro, después de que complete los que tiene pendientes con el profesor Snape-dijo con severidad.

-S-s-si profesora. Se lo haré saber-Repuso Hermione contrita.

-Bueno, aquí la dejo señorita Granger. Yo tengo que ir -con mucha verguenza, que barbaridad-a dar parte de lo sucedido al profesor Dumbledore junto con el profesor Snape. Si puede investigar el motivo de la pelea, le agradeceré me lo informe en seguida-Después de esto, dió media vuelta dejando a la nerviosa chica ante la puerta de la enfermería.

Entrando con cautela y con un miedo galopante por lo que encontraría en el interior, de pronto se encontró con que en la cama de la derecha se encontraba el Slytherin y en la de la izquierda, el pelirrojo, al parecer inconscientes, con sendos vendajes alrededor del pecho y en sus respectivas mesas de noche, un amplio surtido de pociones curativas.

Sin saber muy bien qué hacer, comenzó a juguetear inquieta con las mangas de su suéter. En una cama se encontraba el hombre a quien amaba y en la otra, uno de sus mejores amigos y a quien había amado hasta hacía muy poco tiempo. ¿A quién de los dos debía ver primero?. En ese momento y sin que la castaña se diera cuenta, Ron comenzó a recuperar la conciencia y verla ahí, parada en medio del pasillo, fue como un bálsamo a sus heridas y esbozó una ligera sonrisa. Pero los segundos pasaban y la chica no parecía decidir hacia donde dirigirse primero y rogó internamente porque fuera hacia él a quien se encaminara. Como si su ruego hubiera sido una imperius, observó que respiraba profundamente, al parecer resuelta. Pero su momentánea alegría se vino abajo al contemplar como ella se dirigía firmemente hacia la cama de enfrente, donde reposaba el Slytherin y con sigilo, acariciaba dulcemente su mejilla, sin duda suponiendo que dormía.

En ese momento lo comprendió.

Hermione realmente amaba a Blaise Zabini. Era a él a quien ahora pertenecía su corazón y la pequeña luz de esperanza que aún titilaba débilmente en su interior, terminó por apagarse. La había perdido. Y esta vez, lo sabía, era para siempre. Cerrando nuevamente los ojos, para no seguir contemplando esa imagen, contuvo las ganas de llorar en espera de que ella pasara después a verlo.

-Blaise…Blaise… ¿Cómo te encuentras?-Susurró la castaña suavemente al darse cuenta que el Slytherin sólo dormitaba.

-Ahora no Hermione. No quiero verte ni hablar contigo. Vete por favor-Contestó secamente sin siquiera voltear a mirarla.

-Pero Blaise…tenemos que hablar…yo...-Repuso pasmada. Nunca se esperó esa reacción de parte del Slytherin.

-Te dije que ahora no Hermione. Vé a consolar a tu amigo y a terminar de "hablar" lo que les interrumpí cuando llegué a buscarte-masculló irónico y la castaña sintió que la habían lanzado de cabeza al lago congelado. Realmente estaba furioso y…celoso. Este descubrimiento llenó a la Gryffindor de una repentina alegría interior porque una vez más, -aunque muy a su manera-el Slytherin le demostraba que en verdad la amaba. Determinando que lo más sano para no provocar otra discusión era dejarlo en paz hasta que el coraje se le pasara un poco, se agachó para besar la mejilla del chico –era lo único que le quedaba al alcance- y susurrarle un "te amo enojón" al oído para seguidamente dirigirse a la cama de enfrente, donde el pelirrojo aún fingía dormir.

-Ron…Ron…-musitó moviendo levemente el brazo del Gryffindor despertándolo-¿Cómo estás?-.

-Hola Herm…-respondió el pelirrojo débilmente abriendo despacio los ojos-He tenido días mejores, créeme-añadíó esbozando una ligera sonrisa-¿Tú como estás?.¿Como está…Zabini?-.

-Bien…parece que bien…está…dormido…-contestó ella evasiva-La profesora McGonagall me encargó que te dijera que…restó cincuenta puntos a Gryffindor y que tienes detención en su despacho por dos fines de semana cuando acabes los que tienes pendientes con Snape…y…también me preguntó si yo sabía porqué se habían peleado Blaise y tú y yo…no supe qué decirle Ron…-agregó compungida.

-No te preocupes Herm, si me pregunta, diré que teníamos un asunto que arreglar. No voy a decir la verdadera causa de la pelea… ¡Auch!...me duele el estómago…tu serpiente tiene la mano pesada ¿eh?-bromeó logrando que la castaña le dirigiera una leve sonrisa.

-Perdóname Ron…todo esto fué por mi culpa…yo…-balbuceó mirando avergonzada los vendajes del pelirrojo.

-No Herm, no te sientas culpable.-la interrumpió el Gryffindor-Esto tarde o temprano iba a pasar. Zabini no es de los que se quedan callados aguantándose el coraje y lo entiendo...él solo estaba defendiéndote de mis arrebatos. Lo único que me alegra de esto es que no hay gente en la escuela y el chisme no se extenderá más allá de nosotros, no quiero que nadie se entere, sobre todo por tu seguridad... Y ahora vete, necesitas descansar para que acudas a la cena en nombre de los dos, no creo que la señora Pomfrey me deje salir a tiempo-repuso suavemente tomando la mano de la castaña.

-Gracias Ron…vendré a verlos antes de llegar al Gran Comedor…-contestó Hermione más tranquila depositando un beso en la frente del Gryffindor.

-Herm…una última cosa…no te angusties por Zabini…el enojo se le pasará y podrás arreglar las cosas con él… ¿de acuerdo?-musitó sonriendo y la castaña supo que se había dado cuenta que el Slytherin no había querido hablar con ella. Dando media vuelta, abandonó la enfermería dirigiendo una última mirada hacia la cama de Blaise, que seguía en la misma posición en la que la castaña lo había encontrado.

Al poco rato, Blaise no pudo soportar más la presencia del pelirrojo tan cerca de él y decidido, se vistió y sin decir ni una palabra a la enfermera, salió caminando altivamente, ante la mirada de extrañeza de Ron. El dolor de la costilla rota lo estaba matando, pero no iba a permitir que el Gryffindor se diera cuenta. Antes muerto que parecer débil ante esa comadreja estúpida. Aunque en ningún momento dirigió la mirada a ellos cuando Hermione se acercó a ver al Weasley, después de verlo a él; escuchó vagamente algunas partes de su conversación. Lo que más le interesó y por ende, puso toda la atención que pudo fué que Ron, por fin, había aceptado que Hermione y él se amaban, y eso calmó un poco su coraje. Sin embargo, la maldita espinita de que el pelirrojo quisiera recuperarla a como diera lugar, seguía clavada justo en medio de su pecho y los celos del cariño que ella le tenía le roían las entrañas incesantemente. Tendría que aprender a vivir con eso. Con el cariño que SU Hermione les tenía a ese par de Gryffindor idiotas.

A las ocho de la noche, Hermione apareció nuevamente en la enfermería y se quedó totalmente desconcertada cuando Ron le informó que Blaise se había marchado sin más. Su gesto no pasó desapercibido para Ron que intentando animarla, tomó una de sus manos y depositó un tierno beso en ella.

-No te preocupes, lo va entender…es lógico que ahora esté muy enfadado contigo, pero se va a dar cuenta que realmente lo amas y comprenderá. No te angusties más ¿si? No me gusta verte triste-Dijo acariciando la mejilla de la alicaída castaña con el dorso de la mano.

-Ron… ¿de verdad me estás diciendo lo que estoy escuchando? O es que ya estoy alucinando y oyendo voces…-preguntó mirando a su amigo y arrugando ligeramente el entrecejo como cuando no entendía alguna parte de un libro y se exprimía el cerebro hasta que lo comprendía a la perfección.

-Claro que no Herm-contestó él con una amplia sonrisa-La verdad es que hoy he tenido tiempo para pensar las cosas y a pesar de que no conozco toda la historia, con lo que hemos platicado, he entendido que te enamoraste de Zabini sin que te lo propusieras. También tuve la oportunidad de observarlo a él durante nuestra pequeña "charla amistosa" de hace rato y me he dado cuenta que en realidad -y aunque me cuesta mucho aceptarlo- te quiere…y creo que más de lo que yo hubiera imaginado, debo admitir. No te lo niego, me duele. Me duele mucho haberte perdido y lo que más quisiera es que regresaras conmigo, pero comprendo que no puedes estar al lado de alguien a quien ya no amas. No es justo ni para tí ni para mí. Sé que eres y serás siempre mi mejor amiga y eso me basta. Mil veces prefiero tu amistad a un amor fingido o por compromiso. Tal vez tarde un poco en tolerarlo, pero te prometo que haré todo lo posible por tratar de llevarme bien con él. ¡Ah!, pero eso sí te digo, si te hace sufrir, el primero que le pedirá cuentas seré yo ¿de acuerdo? dile de mi parte que no me interpondré más entre ustedes, pero que se ande con cuidado de lastimarte o no solamente le lesionaré una costilla, se las romperé todas-advirtió seriamente.

-¡Oh Ron!-Sollozó fuertemente abrazándose al pelirrojo. Lo había conseguido. Había recuperado a su amigo. Ahora solo le faltaba Harry para que por fin su conciencia estuviera tranquila nuevamente. Tampoco la veía fácil, pues Harry también tenía su genio, pero, al igual que Ron, entendería y finalmente la apoyaría, estaba segura. Por un momento olvidó que el motivo de tanto disgusto entre ella y sus amigos ahora estaba más que furioso y la felicidad que sentía por tener nuevamente a Ron de su lado se opacó rápidamente. Rogaba a Merlín porque el Slytherin aceptara hablar con ella al día siguiente y aclararan las cosas. Pero si el muchacho se aferraba en no querer hacerlo, ya no lo buscaría hasta que regresaran al colegio. Justificaba su enojo, pero tampoco iba a suplicarle de esa forma. No había hecho nada malo ni cometido ningún crimen. Lo amaba sí, pero también tenía dignidad y orgullo.

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Después de mucho rogarle, convencieron a la señora Pomfrey que le permitiera al pelirrojo asistir a la cena en el Gran Comedor. La enfermera se opuso terminantemente al principio, pero cuando Hermione le dijo que no era justo que el Gryffindor pasara la noche solo porque todos estarían en la cena celebrando, ablandó su corazón y accedió a usar uno de los sillones de su despacho como silla de ruedas flotante para que el chico se transportara allí y no tuviera que caminar. Su estómago aún estaba muy lastimado por los fuertes golpes y cualquier esfuerzo de más haría que recayera inmediatamente. Más animados, Ron procedió a subirse a la silla y Hermione lo llevaba flotando lentamente rumbo al Gran Comedor donde los pocos alumnos de cada casa y los profesores se habían concentrado en una única mesa al centro del mismo con el fin de estar juntos y convivir como Merlín mandaba.

La cena transcurrió agradable para todos. Afortunadamente ni el profesor Dumbledore ni McGonagall ó Snape -de quien a decir verdad esperaban indirectas bastante directas por lo sucedido-mencionaron nada de la pelea y los chicos compartieron la sosegada y amena tertulia de la mesa. Al terminar la cena, prudentemente se retiraron y después de que Hermione dejara nuevamente instalado en su cama de la enfermería al muchacho, se encaminó a la torre de Gryffindor deseando interiormente que Blaise se encontrara bien y abrazándolo fuertemente en sus pensamientos.

El ambiente en La Madriguera, aunque festivo, no terminaba de ocultar la melancolía reinante por los ausentes. La señora Weasley no pudo evitar derramar unas cuantas lágrimas al recordar a Percy y a pesar de que el señor Weasley le dijo que Dumbledore había asegurado que Ron y Hermione se encontraban bien aunque todavía renuentes a regresar, ella seguía pensando que tenían que haberse presentado en Hogwarts y obligar a los tórtolos a regresar con ellos. Harry y Ginny no supieron qué decir cuando la matriarca de los Weasley pidió su opinión poniéndolos de ejemplo, pues a excepción de ellos, precisamente, el resto de la familia no sabía que los chicos habían terminado su relación de forma un tanto precipitada e imprudente.

Blaise, por su parte, había pedido la ayuda de Tofty, el elfo doméstico de los Zabini para que terminara de ayudarle con sus curaciones. Afortunadamente, el pequeño elfo era un experto en curar moretones y golpes–pensó Blaise- él era quien siempre le había sanado sus pequeños accidentes cuando niño y sabía muy bien que clase de pociones y remedios usar con su querido amo. Tofty estuvo tentado a preguntarle al chico como era que se había lastimado de esa forma, pero advirtiendo que el Slytherin estaba muy enojado –aunque nunca fué grosero con él, el elfo lo conocía a la perfección y sabía cuando estaba verdaderamente enfadado como ahora-prefirió guardarse sus preguntas y con diligencia sanar los moretones visibles para que los señores Zabini no se dieran cuenta de la pelea que había tenido su vástago y que lo había dejado tan maltrecho.

Al poco rato, y con una venda fuertemente enrollada en el pecho para disminuír un poco el dolor de la costilla rota y su contínua y lacerante restauración gracias a la poción crece-huesos, Blaise se presentó ante sus padres sonriendo tranquilamente. El dolor y el coraje los llevaba por dentro. No quería hablar con Hermione por lo menos en unos cuantos días, estaba muy enojado de que después que el Gryffindor intentara abusar de ella, encima lo abrazara con tanto cariño como si nada hubiera pasado, mientras que él se tragaba su coraje al no encontrarlo en su casa cuando había ido a buscarlo para después encontrarlo en el lugar menos pensado y precisamente abrazado a ella.

Por otra parte ¿Por qué la chica no le había dicho que el pelirrojo había intentado violarla? Seguramente por miedo a lo que él pudiera hacerle, no había duda, pero con una agresión así contra SU novia (porque ella era su novia ¿o no?) no iba a quedarse de brazos cruzados ¿verdad?. Draco tenía razón, iba a dejar pasar algunos días antes de aceptar hablar con ella y que todo volviera a la normalidad, por lo que guardó el espejo de intercomunicación en su mesita de noche. Después de todo, había conseguido poner en su lugar al pelirrojo y dejarle muy en claro que Hermione y él estaban juntos y que no volviera a tratar de pasarse de listo con ella o ya sabía a que atenerse.

Un poco más relajado, se dispuso a disfrutar de la deliciosa cena que habían preparado los elfos cocineros charlando animadamente con sus padres y después con las contínuas visitas que recibieron de amigos y familiares deseándoles interminables parabienes y larga y próspera vida.

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Al día siguiente, muy temprano, Ron fué dado de alta por la señora Pomfrey y le dijo que tenía que caminar con cuidado y seguirse tomando las pociones que le iba a entregar en cuanto terminara de desayunar y se vistiera para regresar a su sala común. El pelirrojo no pudo disimular su alegría ante la noticia y con verdadero apetito, devoró el suculento desayuno que uno de los elfos de las cocinas del colegio le había subido y al que casi no le había hecho caso pensando en que iba a quedarse más tiempo encerrado ahí.

Hermione pudo dormir un poco más tranquila, pero en sus sueños siempre aparecían los hermosos ojos de Blaise nublados por la ira y se despertaba sobresaltada. En más de una ocasión tomó el espejo entre sus manos decidida a contactarse con él, pero imaginando que el Slytherin estaría en plena celebración con toda su familia, no quiso meterlo en el aprieto de tener que esconderse de sus parientes para contestarle.

En cuanto amaneció, saltó de la cama y se duchó rápidamente para ir a la enfermería en busca de Ron y de paso investigar cuando le darían de alta. Tomó un breve desayuno y cuando llegó a la enfermería, se encontró con que el pelirrojo ya estaba completamente vestido y esperando a que la señora Pomfrey terminara de prepararle los frasquitos de pociones para completar su tratamiento. Rato después, ambos caminaban lentamente hacia la sala común de Gryffindor, Ron no podía caminar mucho y al llegar se sentó en uno de los acojinados sillones extenuado por el esfuerzo de subir los escalones de la torre.

Disculpándose con él, Hermione subió al dormitorio de las chicas para intentar comunicarse con el Slytherin. Lo intentó una, dos, tres veces y no obtuvo respuesta alguna, primero susurrando y después, suponiendo que tal vez el chico estaría dormido, más fuerte, pero nada sucedió. La lisa superficie del espejo continuó inmutable y una enorme tristeza se apoderó de ella. Por lo visto, el enojo del chico era mucho más fuerte de lo que había pensado y ahora se le hacía muy difícil cumplir lo que había decidido la noche anterior: que si él no quería hablar con ella, no lo volvería a buscar hasta que regresaran a clases. Reprimiendo las lágrimas, guardó el espejo dentro del bolsillo de sus vaqueros y bajó donde se encontraba el pelirrojo aún descansando sentándose en el sillón junto a él.

Al momento de ver su rostro y que le dirigió una sonrisa triste, Ron supo que algo había pasado y procurando no mostrarse muy imprudente, cuestionó a la castaña por su repentina tristeza.

-Blaise me regaló un espejo mágico de intercomunicación –sí, como el que Sirius le dió a Harry-y…quise contactarlo, pero al parecer no se encontraba junto al espejo y no me contestó...-dijo apesadumbrada.

-Puede ser Herm, tal vez lo pescaste mientras se duchaba o algo así-intentó animarla el Gryffindor-mira, quita esa cara de tristeza… ¡Hoy es navidad!.¿Qué te parece si te invito a tomar un helado en Florean Fortescue?. Y de regreso puedes volver a tratar de contactar a…a…Zabini.¿Qué opinas?-.

-No sé Ron…la señora Pomfrey dijo que no podías caminar mucho y no quisiera que recayeras por ir al Callejón Diagon…-repuso dudosa.

-No me pasará nada, con caminar despacio no habrá problema, anda, necesitas salir a distraerte un poco, no me gusta verte triste. Verás que cuando regresemos podrás hablar con tu serpiente y verlo para arreglar el problema-apuntó convencido.

-Está bien…acepto, pero con una condición…no tardarnos demasiado ¿de acuerdo? no quiero que la señora Pomfrey me vaya a regañar porque consentí la locura de dejar salir y encima acompañar a su enfermo que aún está convaleciente-dijo con tono de advertencia.

-De acuerdo. Ahora ¿serías tan amable de ayudarme a levantar de este sillón? No me había dado cuenta de lo incómodos que son sobre todo cuando te duele el estómago-sonriendo, la chica lo ayudó a incorporarse y caminando lentamente se dirigieron a los límites del colegio para poder aparecerse directamente en El Caldero Chorreante, el pub donde se encontraba la entrada al Callejón Diagon. Resolvieron que, dado el estado de salud de Ron, era más factible aparecerse que tomar el autobús noctámbulo; transporte que utilizaban normalmente para ir a Londres y que a pesar de que era muy efectivo, los viajes siempre eran demasiado ajetreados por la excesiva velocidad a la que corría.


¡¡Hola!!

Bueno, aquí tenemos el resultado de la pelea entre los chicos...ambos quedaron molidos...era demasiado su coraje mutuo jeje. Por otra parte, nuestro Blaise está más que celoso y Ron invitó a Hermione a tomar un helado en el Callejón Diagon...veremos que sucede ahí XD

Quiero dar las gracias a emmadrake por su review. Mil gracias linda!!! me encanta que te encante ;)

También doy las gracias a mi ahijada mariu!! por las porras. Yo también te mando un beso ;)

No me resta más que decirles que nos vemos pronto en la misma página, en el mismo fic con un capítulo nuevo. Cuídense mucho. Gracias por leer. Un beso.