Disclaimer: Desgraciadamente Twiligth y su saga, le pertenecen a alguien más creativo. De esta historia, solo el argumento es mío, así que no se sorprendan.
Capítulo III. Vanidades.
Rosalie PoV
Me sentía mejor al día siguiente, el dolor de cabeza había cedido gracias al medicamento y ya me podía sentar. Estabá intentando contactar con Jasper cuando alguien llamo a la puerta, examiné el reloj y me di cuenta de que no era Emmett, el había prometido regresar a las 9:00 y apenas eran las 8:00, a diferencia mía, el siempre cumplía sus promesas.
Aun así, dejé el teléfono y tome el pequeño espejo que le había pedido a la enfermera, hice una mueca la ver mi reflejo, jamás me había visto peor, mi cabello estaba revuelto y estaba pálida, muy pálida. Yo era rubia de nacimiento y mi piel blanca no me ayudaba mucho, en estos momentos, desee tener mi bolsa y mi maquillaje a la mano, pero dentro de toda la confusión, no sabia si aun me pertenecían.
Adelante. dije pensando que se trataba de la doctora.
¡Hola! una voz conocida hizo que el estomago se me revolviera.
Heidi Banks estaba en la puerta de mi habitación, vestida como solía hacerlo para evadir a los medios y como siempre se veía despampanante. Cuando se quitó las gafas y me miró de una manera un tanto despectiva, me llene de rabia, la odiaba mas de lo que la había odiado en todos estos años, además sabía que no estaba en mi mejor momento, de no ser así, no habría podido intimidarme ni siquiera un poco.
Heidi había iniciado como modelo al mismo tiempo que yo, con la diferencia de que ella era unos años mayor, pero no se le notaban. Siempre habíamos estado enfrascadas en una competencia constante, el mundo de la moda no era fácil y ninguna de nosotras se rendía. Pero ahora, ella había proclamado su victoria sobre mí, saliendo con mí aún esposo, no era facil enfrentarte a la amante de tu marido y menos luciendo como yo lucia en esos momentos.
¿Que haces aquí? le pregunté volviendo mi atención al celular, como si no estuviera ahí.
Jasper no respondía, seguramente estaba ocupado, así que decidí escribirle un mensaje de texto. Necesitaba a mi hermano, solo nos teníamos el uno al otro, no importaba cuanto tiempo pasáramos sin vernos, siempre nos sentíamos igual de cercanos.
Jazz, te necesito.
Cerré el teléfono, en cuanto lo viera me llamaría inmediatamente, él siempre intuía como me sentía y seguramente mi pánico era tan grande como para hacérselo llegar hasta Italia. Volví a levantar la vista, Heidi seguía ahí, estudiando atenta mi pierna. Tenía una férula en ella y no podía moverla, la enfermera me recomendaba no cubrirla con la manta, por lo que estaba completamente libre al escrutinio de esa bruja.
Si que tienes problemas. murmuró ella con gesto de dolor Eso no curará pronto.
Molesta, aparte la vista, ya sabía que no sanaría pronto y que tal vez quedarían marcas, mi carrera de modelo tal vez se iría al demonio, igual que mi vida, a diferencia de ella y Emmett, yo no tenia una fortuna familiar a la cual recurrir, yo vivía de mi trabajo y ahora tal vez no iba a tenerlo.
¿Que quieres Heidi? le pregunté encarándola con toda la serenidad que me fue posible. ¿Solo viniste a cerciorarte de que no morí?
Ella sonrió con naturalidad.
Claro que no linda, solo venia a ver como estabas. dijo ella con falso recelo. Supongo que regresarás a Washington, con tu tía.
De inmediato supe lo que pasaba, Heidi estaba insegura de su relación con Emmett, se sentía amenazada por mí, eso me dio gusto, al menos había algo que me ponía por encima de ella.
¿Dime Heidi, como te enteraste? pregunté como si fuera algo casual. ¿Emmett te lo dijo?
Ella se quedó en silencio por unos segundos y me miro de forma extraña, no planeaba responderme.
En ese momento Emmett apareció en la puerta, se veía mejor que el día anterior, llevaba unos vaqueros gastados, y una chaqueta informal, se veía bastante relajado, al menos hasta que se dio cuenta de lo que estaba pasando ahí.
Supongo que sabía de antemano de que estábamos hablando "su amante" y yo.
Emmett PoV
Casi me quedo catatónico cuando entre y vi a Heidi en esa habitación.
Ella era la última persona en el mundo que me imaginé que estaría ahí. Rosalie me miro con furia, seguramente pensaba que yo la había llevado.
¡Hola Emmy! me quedé atónito cuando se acerco y me abrazo por la cintura.
Le tome las manos y la separe de mi con un gesto de molestia, la ultima vez que la había visto ella estaba ebria y drogada. Había saltado sobre todos los asistentes al desfile de beneficencia y les había hecho reveladoras confesiones a la audiencia sobre nuestros fortuitos encuentros en Francia y Londres.
La tomé del brazo con fuerza y la lleve hacia la puerta, no veía la hora de sacarla de ahí.
¡Espera Emm yo solo quería ver como estaba!
Grito cuando la sacaba al pasillo, cerré la puerta tras de mi y me coloque contra ella, tenia que evitar que hablara con Rose a toda costa.
¿Que haces? Pregunto frotándose la muñeca. Casi me arrancas el brazo.
¿Que haces aquí? hable entre dientes, porque estaba muy molesto, no la quería cerca de ella.
Ya te lo dije, solo quería saber como estaba. dijo de nuevo.
La miré dudando a cada segundo de sus palabras, yo la conocía desde hacia mucho tiempo, incluso cuando Rose y yo éramos pareja, ella se me insinuaba, sabía cuanto la odiaba.
Pues no te creo nada. le conteste sinceramente ¿que le dijiste? ¿De que estaban hablando cuando llegue?
Ella me miro asombrada por un momento y su semblante cambio inmediatamente. Tenía una expresión de sorna cuando me miro.
¿Temes que la haya hablado de lo que dije la otra noche? comenzó a mirarme de una manera coqueta, mientras me acariciaba el pecho.
No me gustan tus juegos Heidi. Le aparte las manos de encima de mí, espero que no le hayas dicho nada.
Tampoco importa si lo hice, no puedes hacerme nada, soy intocable ¿lo recuerdas? comenzó a reír como histérica.
Era lo último que estaba dispuesto a soportar, ya tenia a una loca modelo psicópata de la cual hacerme cargo. La tomé con fuerza del brazo y la arrastre hacia la salida. La gente se volvía a vernos mientras yo la llevaba por el pasillo, era un hospital publico, no uno privado como yo hubiera preferido, al día siguiente todo esto estaría en la televisión y las revistas.
La empujé dentro del elevador y luego entre con ella. Me aseguré de que no escapara de mí, debía sacarla de ahí rápido. El día anterior cuando había ido a comprar comida, me encontré con que el accidente había sido publicado, pero poca gente sabia que Rosalie, era quien manejaba el BMW.
Apreté los dientes al imaginar el impacto de la noticia sobre nuestras vidas.
En el ascensor, solo había otro pasajero, un doctor que parecía más concentrado en unos papeles que en nosotros. Heidi seguía con sus desvergonzadas coqueterías, me abrazaba y besaba mi cuello y cada vez que lo hacía, yo me aseguraba de alejarla de mí, a lo que ella contestaba con una risa sádica.
Vas a lamentar esto Emmett Cullen me susurró al oído antes de lamerme el cuello.
Me limite a mirarla de mala gana, ya lo estaba lamentando.
El elevador se detuvo, anunciando que habíamos llegado al lobby, el doctor salió primero y después nosotros. Una increíble pantalla de destellos me anunció que las amenazas de Heidi eran acertadas.
Señor Cullen ¿Es verdad que usted golpeo a su esposa y que por eso esta en el hospital?
Emmett ¿Que piensas de las recientes declaraciones que ha hecho el director del equipo sobre tus escándalos?
Heidi sonrió y poso a mi lado, todos comenzaron a tomar mas fotos. No podía reaccionar, esto se había ido al demonio y yo solo quería asesinar a Heidi.
¿Tienen planes de boda? ¿Que piensa Rosalie de su relación?
Después de la última pregunta, todo fue un ruido sordo, confusión y furia contenida.
Rosalie PoV
¿Como demonios se había atrevido a traerla?
Básicamente me encontraba a la mitad de un ataque de histeria y furia que hubiera sido mejor que nadie interrumpiera, pero en eso apareció Emmett. Lucía molesto y algo nervioso, no sabía cuanto mas nervioso debía estar.
Bien ¿Estas lista? me pregunto pasándose la mano por la nuca con nerviosismo.
No voy a irme contigo a ninguna parte, dije entre dientes.
Pareció como si le hubiera dado un golpe en el estómago, el color se le fue del rostro y me miro como si nunca antes me hubiera visto enfadada.
¿Que...? vine aquí para llevarte a casa ¿Y tu no quieres irte? Pensé que no te gustaban los hospitales comenzó a pasearse nerviosamente por la habitación, se asomo por la ventana y luego se alejo rápido. ¡A mi no me gustan los hospitales!
¡Pues vete ya! le grite molesta.
Me deje caer en la cama de una manera un tanto salvaje, me hice daño en la pierna y en la espalda, pero no me importó, nunca me importaba que tan lejos llegaran las cosas, estaba molesta y no veía mas haya de mis narices. Subí la sábana y cubrí mi cabeza.
En realidad no esperaba que se fuera, el no se iría, pero era como una demostración de que no iba a ceder.
Escuché como maldecía entre dientes y como se rascaba la cabeza furiosamente. Hubiera dado muchas cosas por verlo hacer ese gesto que siempre tenía cuando yo me molestaba, él nunca sabía que hacer. Sonreí para mi misma, era una de las pocas cosas que aun disfrutaba de ver su rostro, sus gestos, amaba cada uno de ellos, eran únicos y hermosos.
Emmett PoV
¿Cómo demonios sacabas a un paciente del hospital si este se negaba?
¿Raptándola?
Tal vez si la metía en una maleta y la arrojaba por la escaleras...
Me lo tenía merecido por ser tan estúpido e ir yo a recogerla. Debí amenazar a Edward o arrastrar a Alice hasta ahí, nadie creía que ella estaba estudiando en realidad, así que ¿Que eran una semanas en el frió y húmedo Londres, solo para hacerle un gran favor a su hermano mayor?
Yo lo haría por ella, así que porque Alice no iba a hacerlo?
En realidad el problema no era que ella no quisiera ir a cuidar de Rosalie, el problema era que no me respondía al teléfono.
¿Dónde podía haberse metido?
En realidad no hablaba con mi hermana menor desde el verano pasado, cuando me visitó en Tampa, nadie, excepto ella, sabía que yo había regresado a vivir ahí. A ocultarme más bien, llevaba más de tres años ocultándome del mundo.
Alguien llamó a la puerta y me saco de mis pensamientos, entonces miré a Rose cubierta con la sábana, supuse que en esos momentos estaba maldiciéndome en todos los idiomas conocidos.
Aquí esta la silla de ruedas... la enfermera me miró un momento y luego habló: la doctora Shiobban estará aquí en unos minutos.
Sonreí a la consternada mujer, me veía confundida y luego a Rose, que seguía atrapada en su caparazón de ira y furia.
Dejé a la enfermera y volví a observar a mi esposa
Se escuchaba raro después de tres años, pero ella era mi esposa, a pesar de todo, yo nunca había tenido el valor suficiente para divorciarme de ella, para dejarla ir, casi de forma inconsciente recordé la alianza que colgaba junto al crucifijo de oro en mi cuello.
Me quede observándola un rato mas, no se movía ni daba indicios de vida, tal vez al dejarse caer tan fuerte, se había golpeado la cabeza y había perdido la memoria, entonces yo podría hacerle creer lo que yo quisiera.
Claro Emmett! como si los milagros existieran"
La doctora apareció unos minutos después, fue divertido ver como Rosalie salió de su encierro y al verme hizo una mueca de molestia. Definitivamente yo tenía un trastorno masoquista o algo así, esa expresión siempre había sido mi favorita.
Sus ojos ámbar reluciendo con molestia, siempre brillaban mas cuando estaba molesta, que cuando era feliz, sus perfectas cejas, unidas en un ceño fruncido, sus labios apretados el labio inferior sobresaliendo más que el otro, todo aquello enmarcado por ese magnifico cabello color miel que siempre había tenido.
La doctora revisó su presión, sus pulmones, su pierna aun con la férula y la herida que tenía sobre la ceja. La imagine cubriéndola con muchísimos productos en varios colores y tonos, eso iba a hacer apenas tuviera oportunidad, iba a ocultarse detrás de su vanidad.
Todo esta bien señora... la mujer quedo paralizada ante la mirada asesina de Rosalie. señorita Hale, puede abandonar el hospital en este momento, tal y cómo lo tenia planeado.
La doctora se puso de pie y me sonrió, mientras Rosalie se frotaba el brazo, donde le había tomado la presión.
¿Disculpe, cree que alguien pueda pedirme un taxi? pregunto ella de repente.
La doctora se quedo atónita, me miro y luego a ella, desviando la mirada varias veces, como evaluando la situación, yo seguía sonriendo, estaba equivocada si pensaba que saldría de ese hospital sola. No había limpiado el departamento en vano, además había comprado comida para un regimiento y si bien podía comérmela yo solo, no le iba a dar el gusto de que hiciera su voluntad, esta vez no se iba a salir con la suya.
Además aun debía enfrentarse al grupo de reporteros que estaban en la entrada del hospital, eso iba a ponerla furiosa y yo me moría de ganas por verlo.
Bueno... supongo que Maggie podrá pedirle uno. respondió observando a su confundida enfermera.
Cuando me miró negué con la cabeza, ya le había advertido que algo así podría pasar, pero que necesitaba ser yo quien llevara a Rosalie, ya que los reporteros no la dejarían en paz.
Bien... la doctora se volvió y salió de la habitación, Maggie la siguió con una sonrisa, ella sabia más de lo que aparentaba. Me agradaba.
Rosalie PoV
Él se quedo ahí e intente no prestarle importancia mientras pretendía peinar mi cabello, me urgía darme un baño, pensé mientras intentaba sostener mi cabello en una cola de caballo. No me agradaba llevarlo recogido, pero en fin, era lo mejor que podía hacer.
¿Te importa? le pregunté señalándole la puerta.
El levanto las cejas algo confundido.
¡Quiero cambiarme! le anuncie dejando el espejo y el cepillo que me habían prestado.
Hum... eso va a ser un problema dijo en un tono que no reconocí.
Entonces noté a que se refería, el no había llevado ropa para mi, solo había ido a recogerme y seguramente la ropa que llevaba el día del accidente ya la había perdido desde que llegué al hospital.
Dejé caer las manos en mi regazo, pensando como saldría del hospital, yo sola, con una pierna herida y con una reveladora bata de hospital. Como lo odiaba, no había sido capaz de ir por mi ropa.
El sonido de su celular llamó mi atención, contestó forma breve y siempre con monosílabos. "si" "no" "Ok" y el turbador "ya bajamos". Lo miré algo curiosa cuando se me acerco, entonces se acercó aun mas, inclinándose sobre mi.
Me quede sin aliento, cuando sentí sus manos en mi espalda y piernas, me levanto en vilo y en ese momento, mi alma se quedo en la cama. Le mire sorprendida, el rió ante mi expresión, mientras me apretaba mas fuerte contra su pecho, por un momento me sentí en el cielo y desee abrazarme a el, como lo había hecho antes, pero entonces imágenes desagradables invadieron mi cabeza. El cálido aliento de Emmett en mi sien, se convirtió en un asqueroso hedor de cerveza y cigarro, sus manos suaves y fuertes, se volvieron asquerosas y pegajosas, como tentáculos.
Ahogué una exclamación y comencé a moverme, renegué de sus brazos, provocando que casi me tirara. Se tambaleo y me dejó caer, inmediatamente alcance la cama.
¡Por el amor de Dios, pudiste haberte roto la pierna! exclamó mientras me ayudaba a sentarme.
Protesté empujando sus manos lejos de mí, no soportaba su contacto. Me apoyé en la cama, al final termine de nuevo en ella pero con la pierna dolorida y muy asustada.
¿Que demonios te pasa? ¿Estas loca? me gritó furioso.
No... Yo no... ¡No quiero que me toques! No puedo salir así.
La respuesta que me pedía salió de la nada, pero eso era bueno, mi vanidad, siempre había sido la excusa perfecta para esas situaciones.
Se cruzo de brazos y me miro por largo rato, yo me limite a jugar desinteresadamente con el borde de la bata que me llegaba a las rodillas.
Tienes razón concedió al final, haciendo que mi mundo colisionara con mis pensamientos.
Se me acerco con cautela y me puso de pie.
No apoyes la pierna me indicó mientras me sostenía por los antebrazos sostente de mi.
Me llevó ambas manos hacía su pecho y casi tuve un colapso nervioso cuando se quito la chaqueta a escasos centímetros de mi, el movimiento hizo que su rostro quedara cerca del mío, respiraba agitada mientras contemplaba la piel de su mandíbula cerca de mi. Podía sentir su agradable calor, su olor a limpio y a loción, los músculos de su cuello me quitaban el aliento y algo muy dentro de mi me pedía recostarme sobre su hombro, cerré los ojos pensando en lo agradable que era estar cerca de él nuevamente sentí sus brazos cerrarse entorno a mi cintura. No me di cuenta de que cuando me envolvió entre sus brazos, colocó su chaqueta alrededor de mi cintura. Bajó el rostro para atarla por las mangas, de ese modo nuestros labios quedaron mas cerca, su cálido aliento me golpeaba cálidamente la mejilla y sus hermosos ojos azules ya me tenían atrapada.
Fue automático, sus ojos se entrecerraron lentamente y sus labios se abrieron en invitación, me sorprendí a mi misma apoyándome en mi pierna saludable para levantarme lo suficiente como para alcanzar sus cálidos labios.
Iba a besarme, después de cinco años de dolorosa separación el iba a besarme, con ese pensamiento y el corazón desbocado cerré mis ojos y me deje llevar.
