Disclaimer: Desgraciadamente Twiligth y su saga, le pertenecen a alguien más creativo. De esta historia, solo el argumento es mío, así que no se sorprendan.

Capítulo IV. — Huida.

Rosalie PoV

Alguien se aclaro la garganta a lo lejos y llamó su atención, se volvió para mirar hacía la puerta y yo seguí su rostro como hipnotizada, deseosa de asesinar a quien hubiera interrumpido.

Sentí como mi cara ardía, seguramente era un doctor o peor aun, Maggie que ya había pedido mi taxi. Me sentía muy tonta, yo misma había pedido que no lo dejaran entrar y ahora ahí estaba, abrazada a el y vergonzosamente sonrojada, como una estúpida adolescente a la que encuentran oculta con su novio.

Así había sido una vez, alguna vez había sido una sonrosada y avergonzada adolecente enamorada de Emmett.

Ahí en la puerta, había un joven alto y corpulento, vestido de traje y con gafas negras, tenía un teléfono en la mano y nos observaba con mucha tranquilidad.

—Ya estamos listos. —mencionó antes de responder al móvil que ni siquiera había sonado.

Me volví hacia Emmett con rapidez y una mirada asesina como estandarte. Ese hombre era Jared, uno de los principales agentes de Wolfe, una compañía de seguridad privada. Wolfe era una organización eficiente, ellos habían protegido a Esme cuando se divorció de Evenson, años atrás, y se encargaban principalmente de la seguridad de los propietarios de CL CORP, a excepción de Aro Cullen, quien tenia su propia equipo de seguridad.

— ¿Que hacen ellos aquí? —le pregunté tajante.

—Ellos... —titubeo un momento.

Se volvió para ver al chico y este solo asintió con la cabeza, entonces salió al pasillo, pero no se fue.

—Ellos van a sacarnos de aquí. —fue la única respuesta que escuché.

— ¿Porque necesitamos un equipo de seguridad para salir del hospital? —Pregunté bastante confundida. Además yo iba a salir sola de ahí, iba a regresar a mi casa en un taxi.

Me agarre con fuerza a su camisa cuando me levantó de nuevo en brazos, luego caminó hasta el pasillo y ahí nos encontramos de nuevo con Jared. Me encogí entre los brazos de Emmett al verlo, me daba vergüenza que me vieran así. Yo era modelo, siempre iba vestida a la ultima moda y mi imagen era impecable, había ganado dos veces el premio a la mejor vestida en una revista de circulación internacional, y ahora estaba en bata de hospital, pálida como la muerte y con el cabello hecho un desastre, además estaban mis múltiples vendas y moretones.

— ¿No vamos por el ascensor? —pregunte indirectamente cuando vi que nos alejábamos de las puertas metálicas.

—No. —contestó Emmett sin aliento.

Me sentí aun mas avergonzada, tal vez el ya estaba cansado de cargar conmigo. Llegamos a las escaleras, básicamente eran tres niveles hasta el estacionamiento, así que me sentí mas avergonzada cuando escuché la agitada respiración de Emmett. Decidí que la discordia entre nosotros, no significaba que yo no pudiera regresar el favor de alguna manera, así que reuniendo todas mis fuerzas, llevé mis manos hasta su cuello. Temblé cuando toqué la piel de su cuello, podía sentir sus músculos a través de la tela de su camisa y ahora la calidez de su piel me dejó aun mas atontada. Apoyé la cabeza cómodamente contra su pecho y cerré los ojos mientras aspiraba su aroma, él era la única persona en el mundo que me hacia sentir segura desde niña.

Emmett PoV

Esto era difícil, muy difícil en realidad. Llevar a Rose en mis brazos por mas de 20 minutos, no era una tortura en si, ella nunca había pesado mas de 50 kilos, algo que en algún momento de mi vida, me había llevado a preocuparme por su salud. No era llevar su peso, era tener su precioso cuerpo entre mis brazos y no poder hacer con ella lo que llevaba soñando más de 5 años, saber que ya no me pertenecía, que en realidad nunca me había pertenecido no era fácil de asimilar.

Cómo si no fuera suficiente, ella hecho sus brazos a mi cuello y recostó el rostro contra mi pecho, eso si era una tortura, mas aun con uno de los agentes de seguridad tras de mi, cualquiera de las acciones que había en mi cabeza, quedaba descartada inmediatamente.

Llegamos al estacionamiento en cuestión de segundos, Jared me veía algo asombrado, entonces comprendí que había bajado tres pisos con Rosalie en mis brazos, pero él no sabía que a pesar de que ya no estuviéramos juntos, yo haría cualquier cosa por ella.

Mientras caminaba hacia mi auto, no podía dejar de pensar en que después de esto, solo seriamos ella y yo. Iba a tenerla para mi solo encerrada en el departamento de Edward, de forma inconsciente apresure el paso y en segundos pasé la limosina de largo.

— ¿No vamos en la limosina? —su voz fue como un susurro contra mi garganta.

—No. —Conteste —Vamos en mi auto.

Las camionetas arribaron rápidamente y en cuestión de segundos todo el equipo que había pedido estaba ahí.

— ¿Solos? —pregunto cuando Jared fue a reunirse con sus compañeros.

—Solo tú y yo. —respondí mientras sentía como se ponía tensa.

Me inquietó su actitud, si bien seguía estando molesta, no había renegado de mi en aquélla ocasión, al menos no lo había hecho hasta ahora.

Abrí la puerta y la coloqué con cuidado en el asiento, hizo una mueca mientras acomodaba su pierna, debía de dolerle horrible. El dolor físico estaba seguramente, pero el psicológico, tal vez era aun peor. Su carrera ya no seria igual después del accidente, una cicatriz tan grande como la que le quedaría en la pierna, no sería fácil de ocultar con el maquillaje.

Mientras rodeaba el auto no podía dejar de preguntarme que iba a hacer ella ahora, cuales eran sus planes.

Entré al auto y la sentí ponerse tensa mientras cerraba la puerta. En segundos apareció una chica con una peluca rubia y ropa deportiva, también llevaba una férula parecida a la que Rose tenía y unas gafas de sol. Rosalie tenia la boca abierta mientras observaba atenta aquélla representación.

— ¿Soy yo? —preguntó señalando con el índice al frente.

Yo asentí solamente, en segundos aparecería yo y entonces ellos se marcharían y nosotros igual, solo que en la dirección contraria.

Note como evaluaba a la chica que la representaba.

—Es Leah Clearwater —mencioné como para hacer platica y amenizar el ambiente —Es la nueva hijastra de Charlie Swan —mencioné como dato curioso.

—¿Ella trabaja en la agencia? —preguntó Rose con una mueca en el rostro.

—Si, desde hace como 4 años, su padre era uno de los directores de la agencia, pero desde que murió Leah ha tomado más interés en el negocio. Carlisle dice que tiene mucho futuro y que tal vez pueda llegar a ser una buena líder para el escuadrón.

Ella asintió levemente, mientras observábamos como Leah tenía una discusión con uno de los agentes.

—Tiene carácter ¿he? —pregunto Rosalie.

Sonreí mientras observaba a todos agachar la cabeza ante algunos detalles que ella marcaba. Era extraño ver como todos aquellos hombres, entrenados, fuertes y seguros de si mismos, se veían intimidados por una mujer como ella, sonreí al pensar que tal vez mi relación con Rose, vista desde afuera, había sido algo parecida.

Sam apareció en escena y tras cruzar unas palabras con Leah, ella se metió en la limosina. Partieron sin más contratiempos, tras ella las otras camionetas con dos agentes cada una de ellas. Nos quedamos un rato ahí, entonces mi celular sonó y contesté esperando la señal.

—Perímetro libre, mordieron el anzuelo.

—Ok, gracias Sam. —dije antes de colgar.

Rosalie PoV

Utilizamos una salida lateral para salir del hospital, una vez afuera logré ver el motivo por el que los agentes de Wolfe estaban ahí, había un mar de reporteros y fotógrafos, todos siguieron la limosina, creyendo que dentro estábamos Emmett y yo.

Él conducía despacio, extraño en el, pero lo hacia con mas cautela de la que yo recordaba, tal vez lo hacia por mi, para que yo no me asustara, después de todo había pasado por un aparatoso accidente automovilístico...

Me detuve en mis pensamientos cuando recordé porque había estado conduciendo como loca y me llené de furia al recordar los acontecimientos de aquélla mañana.

Me preparaba para asistir a la sesión de fotos que tenía planeada con mi agente, pero entonces había recibido una llamada telefónica de Chelsea, una de las modelos de la agencia.

Ella me había animado a ver las noticias esa mañana, uno de los programas de espectáculos mas vistos, estaba comentando la atinada relación entre la estrella de fútbol Emmett Cullen y la despampanante modelo italiana Heidi Banks. Habían pasado fotos explicitas de ellos besándose y peor aun, juntos en eventos sociales y en el apartamento de ella. Estaba furiosa cuando salí para ir a la sesión, entonces me había topado con un sinfín de números de revistas de circulación nacional e internacional en las cuales presentaban las fotos de ambos, todas juntas en un mismo paquete y dirigidas a mí. Tomé el paquete de revistas y lo llevé conmigo, conduje como loca y luego choque contra el auto aparcado en la curva...

Dejé escapar un gemido al tiempo que me llevaba ambas manos a la boca.

— ¿Que? ¿Que pasa? ¿Te duele la pierna, te sientes mal? —Emmett detuvo el auto rápidamente y se volvió a verme.

Estaba asustado, lo noté en su mirada, sus ojos azules estaban pasmados y temerosos, me veía por todas partes y sus manos estaban a centímetros de mi, seguramente evaluaba si tocarme o no.

— ¿Quieres que regrese al hospital? —me preguntó.

—No. —Contesté respirando profundamente —¿Sabes que paso con el coche que estaba aparcado en la curva? ¿Había gente dentro? ¿Mate a alguien? —pregunté al borde de la histeria.

Él respiro hondo mientras se pasaba las manos por el rostro con un notorio suspiro de alivio. Puso el auto en marcha y siguió conduciendo.

—No mataste a nadie. —me dijo a pocos segundos. —El auto estaba descompuesto y el idiota que lo manejaba no podía arreglarlo, salió a tiempo del auto.

— ¿De verdad? —pregunté mientras recordaba, el claxon, recordé el sonido, así me había dado cuenta de que estaba frente a mi, detenido en la curva —¡Pero él tocó el claxon! ¿seguro que no lo mate?

El se rió pero no dijo nada, siguió conduciendo tranquilamente.

—Claro que no lo mataste, estaba ebrio, pero el susto fue tal, que después de que un BMW rojo sangre conducido por una rubia loca estuvo apunto de hacerlo puré, ha dejado la bebida, es mas su familia está tan agradecida que ha decidido no levantar cargos contra ti.

Sonreí por su comentario, siempre que lo llevaba en mi auto, él solía decir que alguien, algún día, levantaría cargos en mi contra, solo por conducir. Era agradable recordar aquellos pequeños detalles llenos de recuerdos, sentí como me embargaba un agradable calor, era como si volviéramos a estar juntos, como si volviéramos a ser felices, como si nada hubiera pasado.

Inconscientemente me volví hacia el con una sonrisa en los labios y él me correspondió, entonces vi la mancha en el cuello de su camisa y todos mis buenos sentimientos se fueron al demonio. Recordé con dolor la verdadera dirección de la pequeña reminiscencia que estaba haciendo, el había salido con Heidi, de hecho se paseaba con ella como su pareja oficial.

Emmett PoV

Después de su escena de preocupación por los demás, Rosalie me sonrió, fue extraño porque sentí la necesidad de devolverle la sonrisa y lo hice, fue embriagante ver su rostro y ojos radiantes, sus hermosos labios eran el mejor marco para esa preciosa sonrisa que me embriagaba el alma de una dulce sensación de tranquilidad.

Entonces pareció volver a la realidad y se volvió hacia la ventana con los brazos cruzados.

— ¿Como fue que Heidi llegó al hospital, a mi habitación, exactamente? —preguntó ella rompiendo la endeble tregua que se había formado.

Bufé ante aquello, yo había querido que todo pasara mas tranquilo, lo menos que quería era vivir en el infierno mientras cuidaba de ella.

—Yo no la llevé, si es lo que preguntas. —le conteste intentando zanjar la discusión.

— ¡Por dios Emmett! ¿De que otra manera iba a enterarse? Además te la pasas pegado a ella.

—¿Notaste a las personas con cámaras fuera del hospital? —le pregunte irónicamente. —Son reporteros. Tus devaneos están publicados desde el día del accidente, apenas ayer se enteraron de que eras tu quien conducía!

Y como me miro ella entonces, sus ojos chispeaban furia y de haber estado al alcance de su mano, no habría vivido más de cinco minutos.

—Al menos yo no me exhibo con cuanta golfa se pasa por mi camino —dijo entre dientes.

—¡Claro que no! —Contesté con una sonrisa sádica que yo esperaba y no revelara la dolorosa tortura que representaba para mí decirle aquello. — ¡Tú no te exhibes, tu eres peor, atacas por la espalda! Al menos yo no te prometí algo que no iba a cumplir.

Note como se encogía de hombros, el ambiente era lastimosamente electrizante, era como estar sumergido en una piscina con cables de alta tensión, con cada movimiento le hacía daño y me lo hacia a mi mismo. Seguimos en silencio por unos minutos mas, yo esperaba que la suerte estuviera de mi lado y ella no se alterara de nuevo.

— ¿A dónde vamos? Mi casa no es por aquí. —se irguió un poco en el asiento y comenzó a observar el entorno.

Claro que ella no vivía por ahí, estábamos a escasos segundos del departamento de Edward, el de ella, ahora era la capital del chisme y los paparazzi.

— ¡No quiero ir al apartamento de Edward! —casi me lo gritó.

¿Cómo sabia ella del Pent House clandestino de Edward?

Por un segundo gire mi rostro dispuesto a preguntarle, pero ahogué las palabras en mi garganta, cuando vi frente a mi un sospechoso automóvil blanco, un tipo con una cámara asechaba la puerta.

¿Es que nunca se cansaban? Además como demonios se habían enterado del apartamento, tal vez no era tan clandestino como yo pensaba. Para nuestra suerte el edificio tenia un estacionamiento subterráneo, decidí llevarla por ahí.

— ¡No necesito que Edward cuide de mi! —dijo ella cruzándose de brazos. —Soy completamente capaz de valerme por mi misma.

Me estacioné mientras intentaba ignorar su declaración de autosuficiencia. Busqué el lugar mas cerca del ascensor que encontré, no me apetecía tener una sesión más, de dolorosa proximidad con el cuerpo de Rosalie, mucho menos sintiéndome tan frustrado y molesto como ya me sentía.

No me miraba, pero yo sabía que estaba molesta, muy molesta de hecho.

—Edward no esta aquí. —le respondí intentando calmarla. —Me prestó su apartamento por un tiempo.

Tras haber salido por un tiempo, Edward y Rosalie, habían terminado como perros y gatos, se odiaban a muerte y yo tenía la firme convicción que después de muertos, se seguirían odiando.

Bajé del Jeep y fui hacia su puerta para llevarla hasta el ascensor. Ella ni siquiera me miró y mucho menos tenía intención de bajar del auto.

—Ven... —intenté tomarla de nuevo en brazos, pero volvió a rechazarme.

— ¡No quiero estar aquí! ¡Llévame a mi casa! —estaba molesta, de hecho furiosa.

—No puedes estar ahí, hay muchos periodistas. —le expliqué algo irritado, —Ahora ven aquí y deja de quejarte.

Ella me rechazó de nuevo y estuve apunto de tomarla por su hermoso cuello y apretárselo hasta que dejara de respirar. No era fácil para mí, y ella no ponía nada de su parte.

— ¡No me toques! —Gritó molesta — ¡Ya te dije que no quiero estar aquí, llévame a mi casa, ahora mismo!

Estaba al borde de la irracionalidad cuando decidí que no quería escuchar más sus protestas. La agarré por los brazos y la saque del auto tan delicadamente como mis manos temblorosas de furia me lo permitieron.

Estaba molesto, muy molesto, demasiado molesto como para que me importara el estarla dañando con mi tosca forma de llevarla. La cargué en brazos y luego ella me empujó y casi cayo al piso, la sujeté de nuevo y casi terminé echándomela al hombro, todo mientras la llevaba al ascensor.

En el ascensor intentó que la soltara, la dejé libre cuando se sostuvo de una pequeña barandilla que había en la parte de atrás del ascensor. La observé con la férula en la pierna, sosteniéndose débilmente de la barandilla, con el cabello hecho un desastre y con la bata de hospital, mi chaqueta estaba aun en su cintura, protegiendo un poco su cuerpo de la desnudez, aun podía ver la piel de sus hombros y espalda, me recorrió un obsceno pensamiento. Tal vez reclamar mi chaqueta en ese momento, haría el viaje en ascensor mas divertido.

Sonreí ante mis impúdicos pensamientos y metí mis manos a los bolsillos intentando calmar las ansias.

— ¡Vas a arrepentirte de esto Emmett Cullen! ¡Te lo juro! —dijo cuando volví a tomarla en brazos para llevarla al apartamento.

Esa amenaza ya la había escuchado ese día y la verdad no quería terminar rodeado de periodistas locos de nuevo.

Al llegar se soltó de mi tan rápido como pudo y fue a parar a la alfombra de la estancia. Intenté levantarla pero ella renegó de mis manos.

— ¡Suéltame! —me gritó furiosa

La ignore y tomándola por los antebrazos la levanté para ponerla en el sofá como si de una niña se tratase. La senté contra los cojines y le acomodé también la pierna sobre uno de los almohadones, las yemas de mis dedos cosquillearon con el rose de su piel. Cuando nuestras miradas se toparon fue como una bofetada, sus ojos ardían como llamas puras y estaban teñidos de asesinos destellos dorados.

— ¡No quiero quedarme aquí contigo! —sentenció.

—A mi tampoco me apetece estar contigo. —le respondí colocando mis manos a ambos lados de su cuerpo, asechándola, intentando intimidarla aunque fuera un poco.

Ella estudió mis movimientos detenidamente y se encogió de hombros cuando nuestros rostros quedaron uno frente al otro, a pocos centímetros.

—No puedo llevarte a tu casa, porque está invadida de periodistas y paparazzi. Además aun eres mi esposa, es mi responsabilidad cuidar de ti. —le dije como si hablara con una niña, —Vas a quedarte aquí conmigo hasta que Esme regrese de su viaje o hasta que pueda localizar a Jasper.

Me quité de encima de ella y luego me pasé la mano por la cabeza. Ya estábamos en el departamento, ahora debía alimentarla. Estaba pensando en ordenar comida, cuando su voz me sobresaltó.

— ¡No quiero que tu me cuides! —fueron sus palabras exactas.

—Yo tampoco quiero cuidarte en realidad —esa era la mentira mas grande del mundo —pero no hay nada mas que pueda hacer. No puedo abandonarte en tu apartamento y esperar que te arrastres por el piso en busca de comida.

La observé cruzarse de brazos mientras apretaba los labios con fuerza, esa era una de sus muchas rabietas de niña mimada. Suspire resignado mientras recorría el departamento con la vista.

Esto si iba a ser un infierno.