Disclaimer: Desgraciadamente Twiligth y su saga, le pertenecen a alguien más creativo. De esta historia, solo el argumento es mío, así que no se sorprendan.

Capítulo V. — Necesitamos ayuda.

Rosalie PoV

Él ordeno una pizza, que raro, Emmett devorando chatarra y refresco.

El sabía que yo no comía ese tipo de cosas, así que básicamente me demostraba que estaba en su territorio y que le importaban poco mis gustos.

Al final terminé comiéndomela, él me amenazo con dejarme morir de hambre si no la comía y yo le dije que se pondría gordo y que no lo llamarían de nuevo al equipo. Él pareció ignorar mi comentario y luego me dijo que ya no era necesario que hiciera dieta, ya que no me contratarían de nuevo con la pierna así y la cicatriz sobre mi ceja. Nos quedamos callados mientras terminábamos de comer, decidimos que eran comentarios demasiado dolorosos como para decirlos tan a la ligera. Yo sabía que para él, el fútbol se había convertido en toda su vida, igual que para mí el mundo de la moda.

Después de eso me llevó a mi cuarto, para mi buena suerte el decidió traer la silla de ruedas del hospital, así podría moverme en la habitación yo sola. Evitamos el contacto lo más que pudimos, el no quería tocarme y yo no quería que lo hiciera, no quería tener otro ataque de pánico y que el comenzara a cuestionar mi comportamiento.

Me di un baño, por fin mi sueño más anhelado se cumplió gracias a las maravillosas habitaciones del Pent House de Edward, ese petulante si que sabía como vivir.

Fue difícil, la pierna me dolía y casi no podía moverla, así que solo me empujé con los brazos y mi otra pierna. Me quedé en la tina hasta que quede satisfecha conmigo misma, el olor a medicina y mi cabello revuelto, no eran cosas que me gustaran. Pasaron unos minutos hasta que decidí que era tiempo de salir del agua. Me incliné hacia uno de los estantes para tomar una toalla, estaba demasiado alejado, así que me incliné aun mas con la mitad de mi cuerpo fuera, apoyé mi mano en el borde de la bañera, intentando mantener el equilibrio, grite cuando el estante se balanceó y mi mano se resbaló del borde.

La caída fue vertiginosa, ni siquiera supe como había llegado al piso, pero ahí estaba. Me quede muy quieta mirando al techo, no podía moverme aunque hubiera querido hacerlo. No sabía que tanto daño me había hecho.

El dolor de cabeza me hizo quejarme y mi pierna hormigueaba dolorosamente, también me dolía un codo y el tobillo, después de todo, sí me había dado un buen golpe.

Emmett PoV

Estaba viendo la televisión, cuando un fuerte ruido llamó mi atención, venia de la habitación de Rosalie, me puse de pie y en cuestión de segundos estaba subiendo las escaleras de dos en dos. Subí lo más rápido que pude, sintiendo los latidos de mi corazón en la garganta, temiendo que se hubiera hecho daño

— ¡Rosalie! —la llamé entrando en la habitación sin tocar. — ¡Rosalie! —la llamé de nuevo buscándola por la habitación.

Escuché un sollozo desde el baño, me apresure a entrar sin siquiera imaginarme lo que encontraría. Me quedé pasmado, ahí frente a mí, estaba la visión más hermosa de mi vida, el precioso cuerpo de Rosalie, completamente desnudo sobre el piso. Me quedé embobado al verla, era lo mas maravilloso que había visto en toda mi vida, esa visión había sido mi sueño mas anhelado y mi delirio mas doloroso desde hacia años.

Ella lanzó un grito de horror y yo me voltee enseguida, respiré profundo, intentando recuperar el ritmo de mi corazón, esto no estaba pasando, era otra de mis alucinaciones, la escuché quejarse nuevamente y luego ahogó un sollozo, entonces tomé verdadera conciencia de lo que pasaba, ya que mis alucinaciones no se quejaban, bueno, si lo hacían, pero no de dolor.

Sacudí mi cabeza, alejando esos pensamientos. No estaba poniendo mi atención en el verdadero problema.

— ¿Estas bien? —pregunté luchando contra las ganas de volverme y verla de nuevo.

— ¡No te atrevas a voltear! —sentenció.

Volvió a quejarse, esta vez con más dolor. Tragué con dificultad, intentando que mi voz sonara normal.

— ¿Estas bien? ¿Te fracturaste algo? ¿Te hiciste mucho daño? —pregunte desesperado, ella se quejó de nuevo.

Reuní todo el valor que encontré, tome una toalla del piso y cerré los ojos fuerte mientras apretaba la prenda en mi mano, como si fuera la última cosa sobre la tierra. Me volví de nuevo escuchándola gritar estruendosamente.

Rosalie PoV

Grité cuando se volvió, en un principio tenía los ojos cerrados, apretándolos con fuerza, pero luego los abrió, puso una toalla sobre mi cuerpo y me levantó del piso. Me llevó hasta la cama y me dejó ahí sentada, no dijo nada y casi no me miro.

Mi corazón estaba a mil y casi no podía respirar, podía jurar que mi rostro era un tomate en ese momento y me sentí tonta. Sus manos tocaban mi piel desnuda y mojada, sentía la calidez de su pecho contra mi mejilla. Cuando me dejó sobre la cama, desee que se quedara conmigo ahí y la desilusión me invadió cuando sus manos se deslizaron sobre mi y se fue sin mas.

En segundos llamó al hospital y pregunto por la doctora Shiobban. Emmett le explicó detalladamente mis malestares y la forma como caí, la doctora evaluó la situación y dijo que tal vez no era nada grave, prometió enviar a Maggie con el equipo necesario para atenderme y también prometió ser discreta en cuanto al lugar donde estábamos.

Fue difícil, no tenía ropa propia y no podía vestirme yo sola, después de considerarlo mucho y escucharme castañear los dientes cerca de una hora, Emmett fue a su habitación y regresó con una de sus camisetas. Se puso delante de mí y deslizó la prenda por mi cabeza, eso fue estupendo, porque pude dejar de sostener la toalla húmeda contra mi cuerpo.

Nos sentamos juntos en espera que Maggie apareciera con el botiquín de auxilio, estaba tan avergonzada que ni siquiera averigüe si estaba molesto o preocupado, pero ambos permanecimos en completo silencio.

—Esto no va a funcionar. —dijo él tallándose la cara con las manos. —Necesitamos ayuda.

Maggie apareció en poco tiempo, acompañada de otra persona que dijo era el doctor Liam, me revisó bien y dijo que no había lesiones graves, aparte de las que ya tenía. Charló un poco mientras me revisaba, así fue como me enteré de que Maggie estudiaba medicina por las noches, trabajaba en el hospital para poder costear sus estudios.

Esa noche dormí tranquila, muy tranquila, aunque no podía alejar de mi mente, el hecho que Emmett me hubiera visto completamente desnuda, y dormir solo con su playera puesta, no ayudaba mucho a mis dolorosas emociones. Durante nuestro noviazgo, yo me había negado rotundamente a una relación mas cercana, siempre había deseado que la primera vez fuera memorable y la mejor forma, era que fuera después de casarnos. Habíamos pasado diferentes etapas en cuanto a contacto físico, como todas las parejas, éramos jóvenes y nos amábamos mucho, pero jamás habíamos llegado tan lejos, por mucho que Emmett lo deseara, jamás me había presionado, hasta esa noche…

Emmett PoV

Esperé paciente en la estancia, decidí encender el televisor y sintonicé el canal de deportes. Mi mente estaba invadida de imágenes demasiado agradables como para que mi cuerpo estuviera quieto, Rosalie desnuda en el piso del baño, cubierta solo con una toalla empapada y sobre la cama, después sentada a mi lado, con una de mis playeras ¡solo con una de mis playeras!

Respire profundo al recordar el contorno de sus pechos bajo la tela de la playera, sus perfectas piernas desnudas, necesitaba calmarme, esto iba a ser muy difícil, ella no podía moverse y valerse por si misma y mi cordura no soportaría otro incidente parecido, era como darle a guardar a un niño castigado un pastel de chocolate.

"King y asociados están desesperados, el equipo sigue descendiendo"

Me sobresalto escuchar ese tipo de comentario sobre mi equipo, el equipo para el que había jugado durante más de 3 años. Siempre habíamos estado en la cima, éramos campeones y ver que el equipo descendía no era agradable.

Escuché como una puerta se cerraba y luego Maggie apareció por la escalera, me puse de pie dejando el control remoto en el sofá. Ella apareció con una amigable sonrisa, sosteniendo un botiquín en la mano.

—La señora... ¿Hale? —dijo ella con cara de duda.

—Rosalie. —asentí yo intentando darle una escapatoria segura.

—Ella esta mejor, se quedo dormida y ya no sentirá dolor —puso el botiquín entre sus brazos y lo abrió, sacó un pequeño frasco de pastillas y me lo tendió. —Esto ayudara al dolor y estas... —me dio un frasco aun mas pequeño, —le ayudarán a tranquilizarse, esta demasiado nerviosa, pero es un medicamento fuerte, así que debe ser usado de una manera responsable.

Evalué ambos frascos y luego asentí hacia ella, yo tenía razón, los tranquilizantes eran la clave para que lo nuestro funcionara.

—Gracias por venir. —le dije tendiéndole mi mano.

—No tiene por que agradecerlo, es mi trabajo y me gusta hacerlo, además... —ella se sonrojó un poco y me miro un poco avergonzada. —No todos los días puedo atender a personas famosas.

Sonreí ante aquel gesto, ella era muy joven y muy responsable, eso trajo a mi mente otro asunto de suma importancia.

—Espero contar con su discreción, nadie sabe que estamos aquí y no quiero que ella se altere más.

—No se preocupe. —Negó con la cabeza, —Estoy demasiado ocupada como para conceder entrevistas a revistas. Además me parece que lo que usted hace es maravilloso, no todas las personas ayudarían de este modo a su ex pareja. No me gustan las cosas que dicen de usted en las revistas.

Sonreí para mi mismo, necesitaba que alguien me recordara porque hacia eso, el hecho de tener a Rosalie cerca, tan indefensa y sola, no ayudaba mucho a la lujuria y la furia que sentía dentro, después de todo ella me había hecho mas daño del que jamás había sentido. Entonces recordé lo que le había dicho a Rose mientras esperábamos a Maggie.

—Disculpe. —estábamos en la puerta y ella ya se marchaba. —La doctora Shiobban mencionó algo sobre terapia física.

— ¡Oh si! —Dijo ella recordándolo —Es importante que ella tome terapia, así sus músculos sanarán mas rápido y pronto podrá usar las muletas. La terapia física siempre es dolorosa, pero le ayudará mucho mas que si permanece todo el día quieta, además así no se lastimaría intentando bañarse o moverse de un lugar a otro ella sola.

Entonces la mire bien, tenía unos brillantes ojos verdes y rizos pelirrojos, tenia pecas y era bajita y delgada, como Alice. Ella era perfecta para lo que necesitaba, me recordaba demasiado a mi loca hermana menor, con ella cerca no pensaría en ahorcar a Rosalie o en invadir su habitación.

—Usted podría ayudarla con la terapia?

Rosalie PoV

Me sorprendió ver a Maggie a la mañana siguiente, pero me sorprendió aun más, la multitud de bolsas y paquetes que apareció de repente en mi habitación. Maggie me dijo que Emmett le había pedido que comprara ropa para mí y luego la había convencido de que fuera mi enfermera personal.

Así que ella me ayudaría todo el día.

Era una chica muy agradable, le tomaba cariño cada vez que me ayudaba a bañar y llevaba mi comida a la habitación, así no tenia que ver a Emmett y tampoco comer su comida chatarra. Ella cocinaba para ambos y me hacia reír también, todo era excelente hasta que comenzábamos la terapia, entonces ella se volvía un monstruo que me hacia llorar de dolor.

Fue extraña la forma en que Maggie y yo entablamos aquélla relación de amistad, yo era del tipo de mujeres que no tienen amigas, de las que son envidiadas y admiradas, pero muy pocas veces comprendidas. Tal vez era porque Maggie de verdad quería ayudarme.

Los días siguientes pasaron lentos pero menos dolorosos, las cosas habían mejorado desde que Maggie llego, era extraño como dos personas podían vivir en la misma casa y no hablar entre ellas, eso solo pasaba con personas que como Emmett y yo, no podían hablar sin lastimarse.

La semana numero dos empezó mejor, Emmett tenia que entrenar mas duro, después de una misteriosa llamada que le hiciera el entrenador de su equipo. Seguramente estaban pensando en aceptarlo de nuevo, tal vez el castigo por sus escándalos ya estaba cumplido. Emmett entrenaba todo el día y para mi suerte, el cretino de Edward, tenia un apartamento enorme, así que el pasaba la mayor parte del tiempo en el gimnasio, en la parte baja. Yo pasaba el día con Maggie y luego tras ayudarme a bañarme, me recostaba y ella se iba, así que no volvía a ver a Emmett.

Una tarde, después de la comida, recibí una llamada de Esme, seguramente ya estaba en camino.

—Hola mi cielo, como estas —esa era mi madre, la única que había conocido y también la única que se había preocupado por Jazz y por mi.

No era que yo le guardara rencor a mamá por morir, es solo que no podía recordarla lo suficiente como para sentir su ausencia, para mi Esme siempre había ocupado ese lugar.

Le hable sobre el accidente, un poco, siempre omitiendo la parte en la que conducía como desquiciada, debido a que Emmett se acostaba con Heidi. Ella me hablo de lo bien que la había pasado en el crucero, sabia que quería estar conmigo, pero el barco se había retrasado unos días mas y no le seria posible estar conmigo esa semana.

Suspire resignada, no era tan malo estar con Emmett, hablábamos solo lo suficiente y de manera superficial, ahora ya usaba muletas y moverme era mas fácil, además el tenerlo cerca era una garantía de que no estaba con Heidi, o con alguna otra.

Gracias a Maggie mi pierna estaba sanando muy rápidamente, así que también había perdido todo contacto físico con el.

—Lo siento linda —se disculpo Esme.

—No te preocupes —le respondí ausente —tal vez deberías terminar el crucero, de todas formas ya estoy bien, en cualquier momento podré volver a mi departamento.

Ella suspiro, no le gustaba la idea de que yo estuviera sola, así que tuve una mejor idea, no quería estropear su viaje al lado de Carlisle.

—No estoy segura... —respondió ella.

—Termina el crucero, de acuerdo? En una semana más, estaré mejor y regresare a Washington. Zafrina aun sigue en la casa de Forks —escuche como tomaba mi sugerencia mas seriamente.

—Kachiri también esta ahí y Senna —afirmo ella.

—Lo vez? y Alice regresara pronto del internado, así que estaré bien, ya lo veras.

Al final termine convenciéndola de terminar su crucero, no quería arruinar la segunda luna de miel de mis padres, ellos merecían ser felices. Suspire mirando por la enorme ventana de la estancia, estaba recostada en uno de los sofás, aun llevaba la pijama puesta, ya que Maggie tenia un importante examen y ese día no iría a cuidar de mi. Estaba concentrada en mis planes, pensando en regresar a Forks y encerrarme ahí por un lapso de tiempo indefinido, cuando note que alguien me observaba.

Emmett desde la puerta me veía de una manera extraña, note que llevaba su teléfono móvil en la mano, así que supuse que había recibido una llamada del director del equipo.

Emmett PoV

Así que ahí estaba, vestida con una blusa de diminutos tirantes y un pantalón corto de pijama, prendas rosas y de algodón. Suspire resignado, la imagen de su cuerpo sobre el piso, no me abandonaba por mas que corría y gastaba energía en el gimnasio, además las noches eran una tortura, el hecho de que durmiera a escasos metros de mi, no era muy tranquilizante, ya estaba resignado no conseguiría dormir mientras ella estuviera ahí.

Me había detenido en el umbral de la puerta, apoyándome, más bien aferrándome al marco de la puerta, no quería hacer lo que había imaginado durante toda la noche. Estaba recostada en el mullido sofá, recargada contra varios almohadones, seguramente estaría bastante cómoda y según me percate, había hablado con Esme y le pidió que terminara el crucero, tal vez estaba de buen humor, ese era mi momento.

—Hablaste con Esme? —le pregunte conociendo de antemano su respuesta.

Ella asintió acomodando el teléfono en la mesita.

No sabía como empezar, así que tomando toda la fuerza que me quedaba, entre y me senté a su lado en el sofá, ella se levanto ligeramente y coloco el pie en el piso. Seguía moviéndose con cuidado, pero ya no tenía esa mueca de dolor en el rostro.

—Recibí una llamada del director del equipo —decidí comenzar de una vez, de todas formas no podía ocultárselo mas, la historia ya estaba en las revistas y programas de TV —Me dijo que al equipo le interesa mi regreso.

Ella no dijo nada, seguramente estaba tan confundida como yo al principio, así que tome aire muy profundamente y solo lo deje ir.

—El director del equipo piensa que es maravilloso que hayamos regresado y quiere que regrese... que regresemos, al encargado de relaciones publicas del equipo le parece una idea estupenda que tu y yo estemos juntos de nuevo. Piensa que el accidente y que vivamos en la misma casa, bastara para borrar mi mala fama.

Entonces conseguí su atención, ella me miro fijamente, como nunca en esas dos semanas lo había hecho, me miro buscando algo en mi rostro, abriendo mucho sus hermosísimos ojos dorados.

—Tu y yo no estamos juntos de nuevo —fue lo único que me dijo.

—Ya se que no... Pero necesito que me ayudes con esto, mi vida, mi carrera depende de la decisión que tome el comité del equipo. No tendrías que hacer nada, solo seguir a mi lado por un tiempo... y... fingir...

Rosalie PoV

Me estremecí al escuchar comité, y no pude escuchar nada más.

El comité del equipo estaba conformado por los dueños, gente muy rica que se divertía con el fútbol, pero lo mas importante de todo, comité era sinónimo de Royce King II.

—No pienso volver a poner un pie en Tampa, aunque mi vida dependa de ello —fue lo único que conseguí decir.

Estaba resuelta a alejarme de el, pero cuando intente ponerme de pie para irme, el me lo impidió, tomándome por el brazo y haciéndome volver al sofá.

—Es que no es tu vida la que depende de ello, es la mía —fueron sus palabras exactas, mientras me sostenía con fuerza por el brazo —El equipo fue lo único que me quedo después de tu asqueroso engaño.

Por un momento me quede pasmada, sus palabras fueron dolorosas e hirientes, pero ciertas. Note como sus ojos se cubrían de ese velo de oscuro pesar, el mismo que había tenido aquel día en el hospital, cuando había descubierto la verdad sobre su esposa, sacudí mi cabeza para librarme de ese amargo recuerdo y luego intente liberarme.

Quería salir de ahí, no quería que me tocara y mucho menos verlo.

Intente liberarme de su agarre una vez mas, pero no lo conseguí, el estaba apretándome con fuerza y no parecía inmutarse ni por un segundo ante mis quejas y mi cara de dolor.

—Me haces daño —dije con una mueca.

— ¿Y que hay del daño que me haces tu? —preguntó con la mirada oscurecida por el rencor.

Uno de sus brazos me atrapo por la cintura, apretándome contra él al tiempo que sentía sus fuertes dedos enredarse en mi cabello, mis latidos ya estaban al tope, cuando inclino su rostro y sus labios atacaron a los míos con una premura salvaje y abrasadora. Cerré los ojos sintiendo como las lagrimas quemaban en mi garganta, me hacia daño, pero esa era la única manera que ambos conocíamos de estar juntos, haciéndonos daño, sus besos eran amargos y llenos de dolor y frustración, los mismos sentimientos que ahora dominaban en mi interior.

Cuando nos miramos por fin, el respiraba agitado y sus ojos, estaban teñidos de un azul intenso y oscuro, sus densas pestañas negras, enmarcaban perfectamente aquélla mirada. Apreté mis dedos contra sus brazos, hundiendo mis uñas en su carne, incitándolo a seguir.

—Emmett... —suspire sin dejar de mirarlo a los ojos, se saco la playera rápidamente y tumbándome sobre el sofá, se coloco encima de mi. Poco nos importo mi pierna lastimada y las demás heridas que aun tenia.

Su aliento era embriagador, mientras me besaba en los labios, el cuello y los hombros, me aferré a sus brazos y me apreté contra su cuerpo cuando sus labios se posaron sobre mi clavícula, quería mantenerlo conmigo y estuve tentada a decírselo cuando sentí que se alejaba de mi.

Me incorpore sintiendo su abandono, pero inmediatamente sus manos en mi cintura me llevaron de nuevo contra el sofá. Sentí sus manos acariciarme con desesperación, bajo la delgada playera y sobre ella. La sensación de sus manos sobre mi piel desnuda, era como el fuego mismo, podía sentir sus ásperas palmas sobre mi pecho y luego como bajaban por mi torso. Sus dedos se deslizaban suavemente bajo mis pantalones, entonces sentí como un escalofrío me recorría la columna. Volvimos a besarnos, esta vez de una manera aun más urgente y desesperada, buscando la calma en la boca del otro.

Sus dedos estaban dentro de mi ropa interior, proporcionándome el placer mas grande que jamás había conocido, me sentía como al borde del acantilado y no lo soporte mas, cerré mis ojos con fuerza, aferrándome a sus brazos con las uñas, temerosa de que se alejara de mi. Estaba suspirando de placer, enterrando mis uñas en su carne, cuando sus trémulos y agradable jadeos se convirtieron en quejas fétidas y gemidos asquerosos. Ya no era el quien me tocaba, ya no eran sus manos fuertes y seguras las que me estaban llevando a la cima.

—Basta... —murmure, mi voz sonaba quebrada — ¡No... No quiero! —grite empujándolo lejos de mi.

Apenas logre moverlo un poco, sin embargo el se quito se encima mío. Me observaba consternado y respiraba agitado.

— ¿Que...? —Respiraba agitado y me observaba perplejo —No quise lastimarte...

— ¡Basta! —grite acomodando mi ropa con mis manos temblorosas y torpes. Ahogue mis lagrimas de frustración y tome partido por el orgullo — ¡No soy como Heidi o cualquiera de tus amantes, no puedes tomarme y dejarme cuando quieras!

Me arrepentí en el mismo momento en que pronuncie aquello. Estaba de pie frente a mí, respirando agitado, mi crucifijo y la alianza brillaban en su pecho desnudo y el cinturón de su pantalón estaba desabrochado. Dejarme llevar había sido mi peor error.

—Claro que no Rosalie —dijo inclinándose sobre mi, colocando sus puños cerrados a cada uno de mis costados — ¡Tu eres mi esposa!

Estaba asechándome y lo único que pude hacer fue taparme los oídos y cerrar los ojos con fuerza. Aquélla discusión iba a ser mas dolorosa que cualquiera, el se sentía furioso y frustrado, una mala combinación de emociones en Emmett.

—Escúchame bien —dijo entre dientes cuando me quito ambas manos de los oídos y apretándome las muñecas con fuerza me obligo a mirarlo de frente — ¡Jamás! jamás espere que fueras virgen, a pesar de la educación que Esme se esmero en darte. Te amaba con toda mi alma y no iba a exigirte algo que no iba a poder corresponder —por un momento me pareció que se ahogaba con las palabras — ¡Pero tampoco esperaba que estuvieras embarazada de otro hombre cuando nos casamos!

Me empujo contra el sofá y sentí como todo se derrumbaba nuevamente sobre mí. Entre lágrimas observe como se ponía la playera y tomaba las llaves de su auto de la mesilla.

Me quede ahí sentada, intentando mantenerme fuerte ante el y cuando azotó la puerta, no pude mas, me puse a llorar.

No volvió en toda la noche, y a causa de eso y de mis propios demonios no conseguí dormir, cada vez que cerraba los ojos ellos estaban ahí.

"No tengas miedo preciosa, no va dolerte... bueno tal vez si"

Me tape los oídos rápidamente, pero no podía escapar de las imágenes que apresaban mi cabeza en el terror y la repulsión.

"Oh Dios! pero si estas deliciosa..."

De mis labios salió un sollozo ahogado mientras las lágrimas salían solas de mis ojos, empapando la almohada. Comencé a llorar descontroladamente, al tiempo que me abrazaba a mi misma. Estaba muerta de miedo, sentía sus manos sobre mí, sus asquerosas manos sobre mí, tocándome, ensuciándome y lastimándome. Volví a sentir el mismo dolor y la repulsión que había sentido en aquélla ocasión.