Disclaimer: Desgraciadamente Twiligth y su saga, le pertenecen a alguien más creativo. De esta historia, solo el argumento es mío, así que no se sorprendan.
Capítulo VI. — Tratado de paz.
Emmett PoV
Cuando salí del apartamento ya estaba molesto, pero cuando me subí al Jeep, me sentí aun peor. Golpee el volante con fuerza, era un bruto, técnicamente había estado apunto de violarla, aun podía sentir sus uñas clavadas en mis brazos y sus sollozos, pero el incidente no había logrado calmarme, quería volver al departamento y terminar lo que había comenzado, la quería completa y mía.
Todo era su culpa, de no haber estado conduciendo como desquiciada, no habría terminado en el hospital y yo no habría tenido que cuidar de ella. Era una situación muy peligrosa, yo sentía demasiada frustración y deseo salvaje como para contenerlo dentro de mi cuerpo.
Arranque y comencé a conducir sin rumbo fijo, tenia que alejarme de ahí si no quería atacarla de nuevo. No se ni como llegue pero en cuestión de minutos ya estaba entrando al Voulez—Vous, el bar de moda mas exclusivo de Londres, ahí encontraría lo que estaba buscando y quizás mas.
El guardia me dejo pasar inmediatamente, esos eran los beneficios de ser famoso desde niño, tenias tiempo suficiente de conocer a las personas correctas. Entre y haciendo caso omiso a todos los que me saludaban, fui directo a la barra, pedí un vodka y mientras lo servían, me senté dándole la espalda al tumulto que bailaba en la pista, vacié rápidamente el vaso, el ardor del licor calmo momentáneamente el brío que sentía en mi pecho, le indique al chico que me diera otro igual y me lo bebí.
—¡Uff! A eso es lo que yo llamo beber —escuche una voz conocida tras de mi.
Me volví extrañado e inmediatamente una delgada figura de suaves curvas y una larga cabellera rubia se sentó en mis piernas, rodeo mi cuello con sus delgados brazos.
—Hola Kate —la salude un poco atonito.
—Hola mi amor —correspondió a mi saludo depositando un suave beso en la comisura de mi boca.
Se bajo de mi regazo y se sentó a mi lado, pidió una cerveza y recargo los brazos en la barra, cruzando sus delgadas y largas piernas.
Wow, el mundo si que era pequeño, la última vez que la había visto, fue en Nueva York, en el despacho de su padre. En esa ocasión en la que comencé los trámites del divorcio después de ver a Rosalie en un comercial de ropa interior con un tipo, me había puesto muy celoso y gracias a eso le había pedido a Eleazar que comenzara con el divorcio, pero luego nunca continúe con los trámites.
— ¿Y bien que trae a la estrella del fútbol a este lugar? —me pregunto dándole un trago a su cerveza.
La estudie bien, llevaba una blusa strapless negra y unos jeans cortos muy ajustados, zapatos de tacón alto, atados con unas finas correas y rematando ese atuendo, llevaba un sombrero de vaquero café sobre ese magnifico cabello rubio y lacio, ¿que hacia un sombrero de cowboy en un lugar como aquel? ¿Justo en la cabeza de Kate?
La observe un momento, buscando algún cambio en su sobria belleza, estaba como a los 18, tal vez mas bonita. Sasha, la madre de Kate, era la ex esposa de Eleazar Denali, era una mujer muy agradable al igual que sus hijas, Irina, Tanya y Kate, también estaba Vasilii, el pequeño hermano de Kate. Nuestras familias eran muy amigas, éramos algo así como primos, pero sin los lazos de sangre, gracias a ese pequeño detalle, nos la habíamos pasado de lujo en la universidad.
—También me da gusto verte —le dije pidiendo una cerveza para mi — ¿Donde están tus hermanas?
—Irina esta por ahí, discutiendo con Laurent —dijo señalando una mesa alejada —Y Tanya esta por allá, bebiendo como desquiciada —después de señalarla volvió a mirarme —tu hermano no la ha llamado desde que estuvieron juntos en Tokio, ahora ella se ha convertido en una bebedora compulsiva.
Reí ante aquello, Edward y Tanya siempre hacían lo mismo desde la universidad, estaban juntos durante meses y luego se alejaban uno del otro, Esme pensaba que ella era perfecta para Edward, pero él tenía su propia opinión.
— ¿Y como esta Rosalie? —pregunto con el rostro mas inocente que jamás había visto.
Levante las cejas y luego bebí lo que quedaba de mi cerveza intentando ignorar el detalle de que mi ex novia, estaba preguntándome por mi esposa, la misma por la que yo la había dejado.
— ¿Que? Me preocupa —respondió a mi pregunta alzándose de hombros con inocencia —aunque no lo creas, no le deseo la muerte, ya supere que me dejaras por ella.
Aunque su comentario era crudo, no causo un mal efecto, al contrario reí ante sus ocurrencias. Si bien era cierto que aun estábamos juntos cuando decidí que quería a Rosalie, ella lo entendió y se fue de la mejor manera dejando nuestra amistad intacta. Jamás había habido dolor en nuestra relación, de ningún tipo, al contrario que con Rose, con Kate siempre había podido hablar.
—Ella esta mejor, en estos momentos debe de odiarme, pero esta bien —respondí quitándole su cerveza.
— ¿Que paso? —pregunto ella abriendo mucho los ojos e inclinándose hacia mi.
—Hace como media hora, intente violarla en el sofá del pent House de Robert Pattinson.
Me bebí su cerveza de un trago y luego observe su rostro consternado y sorprendido. Robert Pattinson era le nombre del chico que prestaba su imagen e identidad para que Edward pudiera hacerse de lugares como su pent House clandestino y que nadie supiera que era suyo. Eso era genial, después de todo, ¿Quien demonios era ese tal Robert Pattinson?
—¿Que hiciste que? —pregunto casi gritando.
—Estoy cuidando de ella en el departamento de Edward... —comencé y ella me freno poniendo sus palmas frente a ella.
—Espera, eso ya lo se —se quedo quieta y contesto a la pregunta que rondaba mi mente —vivimos en el mismo planeta Emmett y ustedes salen en las noticias todos los días desde el accidente. Ahora explica lo de la violación.
Respire hondo y deje la botella sobre la barra. Kate era linda y agradable, me recordaba la universidad y todas las ocasiones en que ella y sus hermanas nos habían acompañado en nuestras juergas nocturnas.
—Intente pasarme de la raya y ahora ella me odia —le dije rápidamente.
—Entiendo lo de pasarse de la raya, pero eso no es violación. Tú no necesitas violar a nadie, yo misma me lanzaría sobre ti ahora mismo. Yo si que te violaría.
Sus repuestas siempre eran desinhibidas, simples y honestas. Esa era quizás la razón más grande por la que Kate y yo habíamos estado juntos tanto tiempo. Nuestra relación había sido simple, nos divertíamos juntos, charlábamos, bebíamos y lo hacíamos como trastornados en todos los lugares posibles.
—Katy —unos brazos la rodearon por la cintura y la levantaron.
Ella se giro y beso al tipo vestido de café. Evalué la escena, el era un chico alto y rubio, de cabello largo, parecía agradable, entonces al ver su vestimenta supe de donde había salido ese sombrero de cowboy que Kate traía puesto.
Sonreí, ella era increíble, había introducido a un Cawboy en el bar más exclusivo, concurrido y elitista de Londres.
—Emmett, el es Garrett —me lo presento —Garrett, el es Emmett Cullen.
Nos estrechamos la mano amigablemente, ese era el problema con Kate, yo jamás había podido sentir celos de que estuviera con alguien y ella no los sentía tampoco, estaba demasiado segura de si misma como para celar a alguien, así que nuestra relación se había ido al demonio cuando descubrí mi posesiva obsesión por Rosalie.
—Emmett Cullen de los...
—Basta Garrett —le pidió ella tapándole la boca —el no quiere hablar de su vida personal, le pedirás su autógrafo en otra ocasión. Ahora vamos por Tanya. Irina y Laurent han terminado por enésima ocasión y ahora el la dejara, otra vez, mañana tendremos que vigilarla para que no se corte las venas. Y Tanya... no quisiera ser ella en la mañana.
Ella lo empujo hacia la pista, el se despidió de mi con un simple "fue un placer" luego fue hacia Tanya.
—Saluda a tus hermanas de mi parte, intentare que Edward llame a Tanya —prometí besando su mejilla.
—Mejor no —dijo ella —seria peor, comenzaría de nuevo con su decálogo de bares. Saluda a todos de mi parte —ella fue hacia Garrett —Ah! Y vuelve con ella, toma lo que te pertenece tigre! Ella desea lo mismo que tu, lo se!
La observe desaparecer entre la gente y luego me bebí otra cerveza.
Aun tenía sus palabras en mi cabeza, cuando entre al departamento, había amanecido hacia una hora, me había puesto tan ebrio que llamaron a Kate para que regresara por mí, me quede en su departamento esa noche. Por más que ambos lo deseáramos, no pasó nada, yo ya había conocido a Garrett y ella sabía a la perfección de mis sentimientos por Rosalie, así que ella no intento nada y yo tampoco, terminamos durmiendo como dos buenos amigos. En la mañana, después de un enorme vaso con agua, ella me había animado a hablar con Rose.
Cuando entre en la estancia, escuche la melodiosa risa de Rosalie proveniente de su HABITACIÓN , el corazón me dio un vuelco en el pecho. Fui hacia ahí, guiándome por aquel sonido tan maravilloso, estaba feliz y reía, anhelaba verla con esa preciosa sonrisa en el rostro, así que avance más rápido.
La puerta estaba entreabierta, la empuje suavemente, ella estaba sobre la cama, con una maleta frente a ella, doblaba y acomodaba la ropa que Maggie le pasaba de un cajón.
Analicé la imagen y el alma se me cayó a los pies, ella pensaba abandonarme, bueno en realidad planeaba regresar a Forks, según había escuchado el día anterior su conversación con Esme. Me aclare la garganta y ella se volvió sorprendida. Sus ojos estaban cristalinos, cuando ella reía mucho sus ojos se llenaban de lagrimas, así que eso era bueno.
—Traeré lo que falta —dijo Maggie saliendo de la HABITACIÓN .
Me quede ahí un rato, antes de reunir suficiente fuerza para hablar.
—Rose...
—Un BMW color marfil —me interrumpió ella, sin mirarme.
—Que? —pregunte extrañado.
—Vas a comprarme un BMW nuevo, color marfil —dijo colocando unos jeans en la maleta —ese es el precio por acompañarte a Tampa y fingir que quiero retomar las cosas. Mi auto esta hecho pedazos y no tendré trabajo por un tiempo, así que iré contigo y me compensaras comprándome un auto nuevo.
—Rose yo... lo que paso anoche...
—No quiero hablar de eso —sentencio de manera tajante.
Rosalie PoV
Apenas acepte, Emmett llamo al director del equipo, en segundos todo estaba listo y dispuesto para nuestra partida a Tampa.
—Seguro que no quieres venir? —le pregunte por enésima vez a Maggie.
Yo tenía la esperanza de que aquella chica aceptara acompañarnos, la idea de volver a la casa de Tampa, sola con Emmett, no me emocionaba mucho, de hecho me tenía hecha un manojo de nervios.
—De verdad no puedo —dijo ella un poco triste —Me encantaría, no todos los días me ofrecen un viaje a Tampa Bay gratis, pero tengo mi trabajo en el hospital y además la escuela.
Solo asentí, llevaba horas rogándole que nos acompañara y ya no me quedaban ganas de seguir insistiendo, además no era que no quisiera, en verdad no podía. Cada vez que ella se negaba, me hacia mas consiente de que estaría sola con Emmett por tiempo indefinido, como cuando nos casamos. Además, la casa me daba miedo, no había ni un solo recuerdo bonito de mi estadía en ella.
Me quede pensando mientras doblaba un pijama.
—Casi lo olvido —dijo ella mirando su reloj —la ropa ya esta lista, iré por ella, seguro que encontrara mas cosas ahí —señalo antes de dejar más ropa doblada sobre la cama.
El edificio tenía una lavandería incluida, así que solo tenia que ir y recogerla.
Elegía entre varias blusas cuando note algo que no era mío. Era de color azul marino, desgastada por el tiempo y tenia unas enormes letras blancas que proclamaban a Joe Montana, entonces al tomarla recordé.
Era la playera que Emmett me había prestado cuando me había encontrado en el piso del baño. Inconscientemente la apreté contra mi pecho, recordando aquélla experiencia, había sido un poco terrorífico que el me hubiera visto desnuda, peor había sido que me hubiera llevado así hasta la cama y luego al sofá. Casi podía sentir sus manos sobre mis piernas y espalda, los latidos de su corazón y su calidez, apreté aun más fuerte la playera.
Me arrepentí tremendamente de haberme puesto histérica la noche anterior, de haberme quedado quieta, tal vez ahora, mi añoranza seria un poco menos dolorosa y frustrante, si al menos hubiera hecho el amor con Emmett, aunque fuera por una vez...
Apreté mis labios y reprimí mis lágrimas, no podía dejarme llevar o me pondría a gritar en cuanto entráramos en el avión.
Me puse de pie, ya podía caminar sin usar las muletas, solo que lo hacia lento y cojeaba bastante. Me detuve de todas las paredes, camino a la habitación de Emmett, solo dejaría la playera ahí y continuaría arreglando mi equipaje.
Cuando llegue a la habitación, salte hacia el closet, el no estaba en casa, como todas las mañanas había salido a correr, solo que después de haber pasado la noche, quien sabia donde, había empezado tarde y tal vez regresaría poco antes de la comida. Eso era mas que perfecto, porque nuestro vuelo estaba planeado para la noche, así tal vez por la mañana estaríamos en Tampa.
Abrí el closet, primero una puerta y luego la otra, teniendo cuidado de no apoyar mucho mi pie, me agarre a las repisas y busque donde ponerla. Había camisas colgadas, extraño en Emmett, no le gustaba la ropa de vestir, decidí ponerla con el resto, pero cuando abrí un cajón buscándolas, me encontré con algo que no esperaba.
Había un cajón lleno de revistas, todas ellas de espectáculos y en todas se hablaba de Emmett, por un momento pensé que sufría de algún trastorno ego centrista, pero luego descubrí de donde habían salido, cuando reconocí la portada de una "Otro gol del campeón".
Abrí la boca sorprendida al acordarme, esa revista había sido la principal causa de mi accidente, alguien me había enviado un paquete de revistas de circulación nacional e internacional, donde hablaban del romance de Emmett y Heidi.
Escuche como se abría la puerta, pero supuse que era Maggie y seguí leyendo. Aquélla mañana no había tenido tiempo para leerla atenta, solo había tenido una súper rabieta y luego había hecho trisas mi amado auto.
"Los medios se han olvidado de Rosalie Hale, así como de su fallido matrimonio con la estrella del fútbol..." "Los rumores de una relación formal entre Heidi Banks y Emmett Cullen son tan fuertes, que hay quienes aseguran que la modelo ya conoció a sus "suegros" durante un importante desfile de modas en Grecia".
Casi reí ante aquello, Emmett no había hablado con su padre desde hacia menos de tres años, no había hablado con Esme tampoco, así que la idea de que Heidi los conociera era absurda, los había visto en varias ocasiones, pero nunca como la "novia" de Emmett, ellos no lo aceptarían, menos si el y yo aun seguíamos casados. Escuche un ruido en la habitación, estaba apunto de gritarle a Maggie para avisarle que estaba ahí, cuando escuche que carraspeaban. Era una voz demasiado fuerte como para ser de ella, entonces saque un poco la cabeza y me quede con la boca abierta.
Emmett había regresado antes de tiempo y se estaba sacando la playera por la cabeza mientras cantaba a todo pulmón. Las palabras se fueron de mis labios y todo pensamiento coherente abandonó mi cabeza, estaba petrificada porque pensé que me descubriría, pero se volvió para arrojar la playera. La tela sudada cayo sobre mi cabeza y casi grite del asco, la arroje a un lado y cuando levante la cara, el estaba por sacarse los pants. Abrí la boca intentando avisarle que estaba ahí, pero nada salió de mi garganta.
Estaba atónita, lo había visto desnudo... bueno en realidad semi—desnudo, durante nuestras visitas a la playa o cuando los ánimos se calentaban durante nuestras idas a acampar, pero aquello me sobrepasaba. Me sentía como una intrusa y lo peor era que me gustaba lo que veía.
Emmett siempre había sido musculoso, pero había adelgazado después de tres años y sus músculos estaban mas marcado que nunca, su espalda, sus piernas y pantorrillas, casi me da un ataque cuando se volvió hacia mi con las manos en la cinturilla de sus boxers y cantando una canción que no conocía.
—Rosalie! —grito buscando desesperado con que cubrirse.
—Emmett! —grite cerrando mis ojos con fuerza.
Escuchamos la puerta abrirse y cerrarse, abrí un ojo y vi que el no se había movido, solo sostenía un cojín contra su... Hay por Dios! De no haberse vuelto seguramente aquello habría sido peor.
—Señor Cullen? —Escuche a Maggie en el pasillo —Señor Cullen? Tiene una llamada…
—Maggie no...
No alcance a advertirle, ya estaba parada en la puerta abierta, con los ojos y la boca abiertos. Llevaba un cesto de ropa en las manos y lo dejo caer, luego dio un grito y se fue cubriéndose el rostro, que tenia completamente rojo.
—De verdad lo siento mucho —decía la pobre muchacha —debí haber llamado, pero pensé que...
Volvió a hundir su enrojecido rostro en sus manos. Emmett había huido al baño y entonces yo había aprovechado para huir también.
—No estaba pasando nada... —intente calmarla —yo... yo solo quería regresarle su playera —me justifique —y luego el entro y comenzó a...
—No tiene que darme explicaciones, esta es su casa. Fui una tonta y una maleducada al no llamar a la puerta.
Después de preparar la cena y una serie de disculpas, Maggie se fue a su casa hecha un manojo de nervios, cuando Emmett entro a la cocina, se limito a disculparse y a bajar la mirada, enrojeciendo de nuevo.
Emmett PoV
—Pobre chica —murmuro Rosalie.
Ya estaba en la mesa, delante de ella tenía una ensalada algo extraña que no me atreví a cuestionar. Fui al refrigerador y tome unos pedazos de pizza, los coloque en el microondas y luego me recargue contra la pared.
—Siento haber entrado a tu HABITACIÓN sin permiso —la escuche disculparse y casi no pude creerlo.
—No hay problema, supongo que es justo —dije abriendo la soda de lata —Yo te vi desnuda, supongo que no pudiste contenerte. La venganza es dulce.
Dije intentando aminorar la tensión, lo último que necesitábamos era otra pelea. Podría jurar que la vi sonreír, pero fue un momento fugaz que no se repitió.
Hubo un silencio incomodo mientras observaba girar la pizza en el horno. No me sentía avergonzado, sorprendido si, pero no me avergonzaba mostrarme desnudo ante ella, era como mi fantasía secreta y prohibida.
—Aun llevas mi crucifijo y la alianza... —murmuro ella.
Bebí otro sorbo de soda y luego apreté el botón del horno, mi comida estaba lista. Lleve el plato a al mesa y me senté frente a ella.
—Fue un obsequio —le dije tomando un trozo de pizza y sin mencionar siquiera la alianza, era el único recuerdo de mi mas grande sueño y la peor de mis pesadillas.
Rosalie había asistido a un internado en Vancouver, un internado católico para ser exactos, Esme no había podido hacer mucho para librarla de él, Dydime, la madre de Rosalie y Jasper, había estudiado en el, era como una tradición familiar. Cuando se graduó, le habían dado un crucifijo de oro sólido, con un pequeño diamante en el centro, era como el certificado de calidad del internado. Ella lo había llevado en recuerdo de su difunta madre.
El día en que nos habíamos comprometido, ella me lo había regalado. Era como una silenciosa promesa de amor, al menos eso había sido para mí desde el primer día.
