Disclaimer: Desgraciadamente Twiligth y su saga, le pertenecen a alguien más creativo. De esta historia, solo el argumento es mío, así que no se sorprendan.

Capítulo VII. — Dolor.

Rosalie PoV

Atravesé las puertas de cristal de la que había sido mi casa, sin siquiera mirar, no quería tocar ni ver nada, tenía la extraña sensación de estar soñando y el tocar algo me haría consiente de que era verdad, quería permanecer ajena a todo aquello, quería vivir como hasta antes del accidente, sin recuerdos, sin dolor.

Abrí la boca mucho y tomé aire, sentía que no podía respirar, me abracé a mi misma con gesto ausente. Estaba apunto de volverme y echar a correr cuando escuché su voz tras de mi.

—Está casi igual. —Emmett me sorprendió, —solo hice que cambiaran las cortinas y las alfombras, pero son casi los mismos colores, la decoradora dijo que estaba bien.

Intenté calmarme mientras observaba como varias personas subían el equipaje. Todo era demasiado igual a cuando Emmett y yo nos habíamos mudado por primera vez.

Miré hacia arriba y el sol lastimó mis ojos, sobre el enorme recibidor, había una cúpula de cristal, que dejaba entrar mucha luz. Entonces recordé la primera vez que había visto aquello que yo llamaba mi pedazo de cielo.

***Flash back ***

Faltaban dos meses para la boda y la casa ya estaba terminada, Emmett y yo habíamos viajado a Tampa para verla, además él había recibido una buena propuesta del equipo local, así que evaluaba la posibilidad de vivir ahí indefinidamente. Yo estaba feliz, Tampa era un paraíso y poder vivir ahí con Emmett para siempre era aun mejor. Habíamos entrado en la propiedad en su Jeep, y luego me había llevado en brazos por el enorme jardín hasta el recibidor.

— ¿Ves? Es preciosa. —me dijo cuando me depositó bajo la cúpula.

—No se… —dije mientras arrugaba la nariz en un gesto desdeñoso.

El me abrazó fuerte y me levantó en el aire dando vueltas, yo había estallado en carcajadas, admitiendo que en efecto era una casa preciosa. Habíamos terminado besándonos fervorosamente bajo la cúpula y entonces él había susurrado contra mis labios:

—Este es el cielo, con mi ángel personal y todo.

—Mi pedazo de cielo. —había respondido yo.

Yo había reído como nunca, no por gracia, por felicidad, la inmensa felicidad de comenzar junto a Emmett, algo que yo nunca había tenido y que el estaba dispuesto a darme, una familia.

—Espero no interrumpir.

Mi visión pareció oscurecerse con esas palabras y aquélla voz que me hacia temblar y desear no haber nacido. Esa misma tarde yo había conocido a una persona que sellaría mi destino, Royce King II, hijo de un banquero y uno de los dueños del equipo al que habían invitado a Emmett.

—Así que esta es la afortunada que te llevará al altar. —había dicho él al verme tomada de la mano de Emmett. —Es preciosa Cullen, deberías tener cuidado de dejarla sola. —me estremecí con la palabra sola.

Mi visión dio un salto gigante, hasta la noche en que Emmett y yo habíamos peleado.

—Tú no naciste para llorar. —me había dicho Royce cuando me encontró afuera del hotel. —Tal vez deberías demostrarle que no le perteneces. —el había atacado mi orgullo para convencerme y yo había caído como tonta. Me subí a su auto y lo acompañé a la fiesta.

***Flash back ***

Emmett PoV

Rosalie había permanecido en silencio todo el camino, primero en el auto y después en el jet privado que habían enviado por nosotros. Me imaginaba lo mucho que deseaba no estar de camino a Tampa, para mí era más fácil, yo ya había pasado por esa etapa, después de "abandonarla", como todos pensaban que había hecho, decidí regresar a vivir ahí. Eso solo lo sabía Alice. Suspiré al ver como la luz del día caía sobre ella, estaba parada justamente bajo la cúpula de cristal, justo como aquella vez.

Apenas llegamos a la casa, sus ojos parecieron cubrirse por un velo que impedía ver sus verdaderos sentimientos. Examinó todo con desdeñosa indiferencia, al contrario de lo que ella parecía sentir, mi corazón profesó un doloroso alivio al verla de nuevo ahí, mi mente deseaba creer que ella había regresado conmigo y que se quedaría.

La imaginaba vestida de novia y con una enorme sonrisa, la veía ilusionada y llena de sueños, como antes y lo más importante, enamorada de mí.

Supervisé toda la mañana cada una de las labores que se realizaban en la casa, pronto aparecieron Huilien y Pire. Ellas se habían hecho cargo de la casa todos estos años, las había llamado para presentarles a Rosalie y que supieran que estábamos ahí, ellas ya sabían que vendríamos, pero aun así quería que la conocieran, ellas habían sido mi única compañía durante nuestra separación.

Me alegró saber que el pequeño Nahuel estaba en la escuela, me gustaba ese niño y quería que estuviera bien, ya que tal vez yo jamás podría velar de esa manera por un hijo mío, me conformaba con hacerlo por Nahuel.

El resto de la tarde, la pasé en la oficina del señor King, según me explicó, había una fiesta del equipo en la cual habría periodistas, seria el preámbulo para el anuncio oficial de mi regreso al equipo, así que tenía que convencer a Rosalie de asistir, era importante esparcir el rumor de que habíamos regresado, eso iba a atraer la atención de los periodistas.

Rosalie PoV

Al día siguiente de nuestra llegada, había desayunado sola, nadie me dijo nada así que opté por tomar mi desayuno en el jardín, yo sola. Me di un baño y luego arreglé algo de mi ropa en el armario, Pire se había ofrecido a hacerlo, pero Nahuel la seguía por toda la casa, así que para mi eso no fue una opción.

Nahuel era un niño dulce y gentil, tenía unos preciosos y vivaces ojos oscuros, y eso era exactamente lo que me mantenía lejos de el, esa vida, esa inocencia que yo sentía como un reclamo, era como si el supiera lo que yo había hecho, como si el pudiera ver atraves de mi alma.

Horas después, la comida se sirvió en el comedor a petición de Emmett, era un espacio abierto y colindaba con el jardín, siempre me había gustado aquélla parte de la casa y en definitiva no lograría comer en ninguno de los otros lugares de la casa.

Estábamos sentados uno frente al otro, no nos miramos mientras Huilien servía la comida, como perfectos extraños, lo observé sonreírle a la mujer cuando ella se retiró. Esas dos mujeres apreciaban a Emmett y me veían como si yo fuera la mala de la película, en realidad tenían razón, yo era la causante de la mayor parte de los problemas, pero eso no les daba derecho a juzgarme ¿Que sabían ellas de mí?

—Pire cree que te molesta que Nahuel este aquí. —dijo el tomando un gran bocado de espagueti.

Tome un bocado pequeño y luego me limpie los labios.

—No he dicho nada. —inmediatamente me justifique.

—No es por lo que digas, es tu actitud. Te he visto mirarlo con desdeñés, —dijo el como si lo hubiera abofeteado. —el ha vivido aquí desde los dos años, esta es su casa.

—Lo siento, no me había dado cuenta —dije intentando ser inocente —No lo volveré a hacer —le dije exasperada, como podía poner a ese chiquillo por encima de mi?

Seguimos comiendo en silencio y el no volvió a tocar el tema. No era désdeñes, era culpabilidad y remordimiento, el niño no me molestaba en lo mas mínimo.

—El sábado hay una reunión... —el no termino de decirlo.

— ¿Bromeas? ¡Llegamos ayer! —dije algo incrédula, como podían hacer tantas fiestas y ganar dinero al mismo tiempo?

El solo levanto las cejas y movió la cabeza evaluando mi comentario mientras masticaba, luego asintió y volvió a llenar su boca de comida.

—No quiero ir, no voy a exhibir mi derrota ante tus amigos.

—Alguna vez también fueron tus amigos, —mencionó el haciéndome sentir culpable. —Podrías considerarlo como una penitencia.

— ¿Cual es la tuya entonces? —le pregunté molesta.

—Tener que impedir que te hagas daño, cuando tu me lo hiciste sin siquiera pensarlo.

La comida siguió sin más enfrentamientos.

De mala gana subí a mi habitación y busqué algo que ponerme.

Las manos me temblaban y dejé caer uno de los pendientes de perla que estaba intentando ponerme.

"Tranquila"

Murmuré para mi misma mientras levantaba el pendiente, las manos me temblaban descontroladamente y yo no quería hacer aquello.

Cuando Emmett y yo habíamos viajado ahí para revisar la casa por ultima vez, meses antes de la boda, me había encantado el ambiente social. Los dueños del equipo apreciaban mucho a Emmett y además lo reconocían de los demás, así que yo no era la esposa de un jugador más.

CL CORP era el emporio de la familia Cullen, las acciones estaban divididas entre los integrantes de la familia. Emmett tenía un porcentaje importante, era por eso que lo tomaban tanto en cuenta, además de ser un jugador valioso, era un posible colega y socio en varios negocios. Para el, jugar era como un pasatiempo, ya que el sueldo no le hacia falta.

— ¿Estas lista? —pregunto Emmett de pie en la puerta, pero sin entrar.

Respiré profundo y me volví hacia el buscando su aceptación, después de todo, esto lo hacía por él, era mi penitencia, como el mismo había dicho, además de cierta forma, se lo debía. El me miró por unos instantes pero luego asintió con conformismo y salió de mi habitación.

Mi respiración era lo único en que estaba concentrándome ahora, necesitaba mantenerme tranquila, aquello iba a ser difícil, pero aun así debía hacerlo.

Minutos después estábamos en la limosina, uno frente al otro en completo silencio. El enorme hotel estaba atestado de periodistas y fotógrafos. Sentí miedo cuando la puerta de la limosina se abrió y Emmett me llevó con el afuera. Las preguntas y los flashes casi me dejaron en shock, pero él me tomó la mano con fuerza y me condujo por la alfombra hacia la entrada del hotel. No podía decir que pasamos desapercibidos, pero al menos habíamos llegado intactos, nadie nos cuestionó sobre Heidi o que había pasado hacia tres años, solo hubo algo que me molestó, una joven periodista pregunto si yo había estado drogada el día del accidente. Casi me fui de espaldas, pero le sonreí con cortesía, a decir verdad, estaba bastante cerca de lo que había sentido en ese momento.

El enorme recibidor estaba elegantemente adornado, fuimos directamente hacia el salón, ignorando a los demás presentes, me quede congelada cuando todos ahí se volvieron a vernos.

— ¡Maravilloso! —exclamo un hombre mayor aplaudiendo mientras nos observaba y sonreía.

Ahí estaba la primera dificultad de la noche, Royce King I, el banquero más importante de América. Le sonreí por cortesía y entonces noté que de su brazo iba una preciosa joven, no pasaba de los 20 y tampoco era miembro de la sociedad de Tampa, ya que sin duda la habría reconocido.

Emmett lo saludó con un fuerte apretón de manos y luego fue mi turno, le di la mano y el aprovechó para llevársela a los labios, intenté retirar mi mano, pero el no lo permitió.

—Me da tanto gusto que pudieras acompañar a tu marido, querida. —exclamo el hombre palmeando levemente el dorso de mi mano. —No es bueno que lo dejes tanto tiempo solo, si el no te amara de esa manera, hace mucho que lo habrías perdido.

Me limite a sonreír con fingida cordialidad, ese hombre era igual o mas desagradable que su hijo, solo que el se guardaba sus comentarios y sus deseos. Conversamos con ellos durante un rato y Bree, la quinta esposa de Royce King I, no dijo ni una sola palabra, como yo pensaba, era un simple adorno.

Charlamos con más personas y todos ellos fingían ser nuestros amigos y estar felices de nuestro supuesto regreso. El señor King le pidió a Emmett su opinión en un negocio, casi me reí ante aquello; él y los negocios eran completamente incompatibles, pero la gente era feliz tratándolo como el heredero del imperio Cullen, después de todo el era el primogénito.

— ¿Vas a dejarme sola? —le pregunte mientras me conducía a una mesa.

—Son solo unos segundos, quiero escuchar bien esto, tal vez decida dejar el fútbol.

Rodé los ojos mientras se alejaba, eso era imposible, a pesar de tener el dinero suficiente para vivir apaciblemente por el resto de su vida, Emmett jugaba por placer. La mesa estaba llena de mujeres, famosas, ricas y hermosas, pero olvidadas y hartas de aquellas patrañas, todas ellas estaban exactamente en la misma situación que yo, las habían abandonado ahí por algo mas importante. Bree estaba a mi lado, contemplando con ojos vacíos a los demás, sonrió tontamente a alguien y luego se puso de pie.

Ignoré a la persona que fue a charlar con ella y seguí bebiendo cada copa de champaña que ponían frente a mi, no tenia ni idea de cuanto había bebido, pero tampoco me importaba, era la única forma de mitigar mi propia desgracia.

—Esta noche estás turbadoramente sexy. —deje la copa sobre la mesa, instintivamente busqué sobre la mesa alguno de los cubiertos.

Cerré mis ojos con fuerza y rogué al cielo que hiciera que Emmett regresara. Apreté el cuchillo en mi puño cuando sentí como se sentaba en la silla de al lado, no pude evitar un temblor debido a la repulsión.

—Hola Rose. —Me susurró en el oído —¿Me extrañaste?

Una de sus manos fue hasta mi rodilla, apreté el cuchillo al compás de mis dientes. Tenia miedo, mucho miedo, no podía moverme aunque lo deseara con desesperación, me odiaba por reaccionar tan débilmente.

— ¡Aléjate de mi! —le dije entre dientes. —Emmett esta aquí, si me tocas comienzo a gritar.

—Eso seria... excitante. Aun recuerdo lo hermosa que suena tu voz cuando te quejas y lloras, también debo decir que jamás escuche a alguien gritar por ayuda como a ti, hasta muerta de miedo eres sexy.

Sentí nauseas al escuchar aquélla narración de mi estadía en el infierno. Reprimí el recuerdo de mi propia voz pidiendo ayuda con desesperación.

—Ya se lo dije. —Royce le temía a Emmett y las palabras aparecieron en mis labios por arte de magia.

— ¿En serio? —Preguntó sonriendo con cinismo —no parece molesto. Tal vez la próxima vez, quiera acompañarnos.

Pasó uno de sus dedos por mi cuello y brazos, podía sentir su asquerosa respiración cerca de mí, ensuciando el mismo aire, en ese momento quise morirme, estaba volviendo a vivir mi infierno, podía escuchar mi voz pidiendo ayuda, sus manos sobre mi, su aliento...

—Royce? —Bree estaba de pie frente nosotros y nos miraba extrañada.

El se distrajo con su madrastra y yo levante la vista buscando a Emmett, el estaba mirándome desde el centro del salón, sus ojos estaban clavados en mi, estaba molesto. Reaccione lo mas rápido que pude y me puse de pie, camine hacia el sin quitarle la vista de encima, las manos me temblaban y luche por no soltar mi bolsa.

Que tanto había visto el?

Intente no pensar mucho en eso, si había visto a Royce tocándome… el no iba a preguntar, iba a golpear, cerré los ojos y tome aire rápidamente, por eso no le había dicho nada, porque no quería que se convirtiera en un asesino por mi culpa, no quería lastimarlo mas de lo que ya había hecho.

Camine tan rápido como pude e ignore a la gente que me miraba o me saludaba, me dolía la pierna, así que sin darme cuenta comencé a cojear. Cuando llegue a su lado, le tome la mano sin decirle nada, el no cambio su expresión, al contrario, me sonrió con desdeñes disfrazando su molestia de cinismo, aun estaba enojado cuando bajo su rostro y tomándome por el mentón estampo sus labios contra los míos con un gesto salvaje.

—Reviviendo viejos tiempos, querida? —pregunto el aun contra mis labios.

—Me quiero ir —le dije molesta empujándolo.

—No me rechaces —sentenció el agarrándome de los brazos para que yo no me alejara —voy a pagarte por fingir, recuerdas? Haz bien tu trabajo.

—Quiero irme —puntualice ahogándome con el dolor de escucharlo decirme esas horribles cosas.

Entonces el dejo de sostenerme con tanta fuerza y su mirada cambio, me miro bien.

—Estas bien? —me pregunto estudiando mi rostro —Te duele la pierna?

Tome una bocanada de aire, sentí las lágrimas en mi garganta y casi podía sentirlas en mis mejillas.

—Quiero irme ya... —mi voz se quebró y el me miro extrañado, soltándome los brazos para tomarme de las manos.

— ¿Que...?

Entonces escuche una voz que me hizo apretar la mano de Emmett con fuerza.

—Vaya! —Jane apareció luciendo un diminuto vestido color vino —Miren quien esta aquí, la pareja del momento! —exclamo con una sonrisa sádica.

Me sorprendí al sentir el fuerte brazo de Emmett en mi cintura, me acerco a el y yo no me resistí, lo necesitaba, ahora mas que nunca. Sin previo aviso y tras mirarme por unos instantes, inclino su rostro y me beso, esta vez no me resistí y el no fue tan salvaje. Me quede muy quieta, sus labios se movían suavemente sobre los míos, pero yo lo sentía como una agresión, apreté mis puños y mis labios, haciendo que el beso terminara, me era imposible disfrutar de aquel beso y de la cálida y protectora proximidad que me ofrecía, mas aun después de lo que había pasado apenas unos segundos atrás.

Note su gesto de molestia cuando se alejo de mí.

—Tal parece que a tu esposa no le gustan los espectáculos —dijo Jane lanzándome una afilada mirada.

Odiaba demasiado a esa bruja como para hablar con ella. Jane y su hermano Alec, eran hermanos gemelos; desde niños habían sido adoptados por Aro Cullen, el tío de Emmett. Ambos niños habían crecido a la par de nosotros, así que la conocía bien, lo suficiente como para saber que me odiaba.

—No creo que sea eso —respondió Emmett con una sonrisa —debe estar cansada, no hemos descansado desde que llegamos de Londres —dijo el sonriéndome e intentando besarme de nuevo.

Me resistí y el se limito a sonreír y a darme un beso en la mejilla.

Emmett dijo aquello en doble sentido y Jane lo entendió perfecto, ya que comenzó a reír. Su risa era melodiosa, como la de una niña pequeña, era una mujer muy hermosa, pero también era despiadada, yo sabía bien que tan despiadada podía llegar a ser.

Estaba apunto de pedirle a Emmett que me alejara de su prima, cuando apareció el resto de aquel maldito club.

Emmett PoV

No veía la hora de irnos de ahí, apreté mas a Rose contra mi costado al ver venir a Alec y Royce.

"Maldito Royce King" pensé para mi mientras lo saludaba con la cabeza.

Ese estúpido siempre había mostrado su interés por Rose, aun y cuando la primera vez que la había visto, ella estaba en mis brazos. Ahora no podía borrar de mi mente como se le había acercado cuando estaban en la mesa, como sus manos se perdieron bajo el mantel y como el la miraba mientras le hablaba.

Dejarla sola había sido un error, el cumplió su amenaza.

—Wow! —dijo el cubriéndose los ojos como si algo lo lastimara —pero si son la pareja del momento!

Me reí ante su estúpido comentario, odiaba la hipocresía, pero no echaría a perder mi oportunidad de volver a jugar en el equipo. Royce solo era un imbécil que gastaba el dinero de su padre, no servía para nada y algo me decía que Rosalie no se iba a conformar con el, así que al menos yo tenia eso de mi lado.

Mi mente trabajo sola y comencé a plantearme una idea, el día en que habíamos peleado, Rose desapareció y volvió a Forks, luego Royce estaba en Nueva York...

—Te mantienes en forma, he? —pregunto con una mueca cuando le apreté la mano mas de lo normal.

No quería pensar en la posibilidad de que ese tipo fuera con quien Rosalie me había engañado, mucho menos teniéndolo enfrente, no era una buena idea echar mi vida por la borda de nuevo, Rosalie no lo valía, ya me había dado cuenta de eso antes.

—Solo para no perder la costumbre —dije yo.

—Y la preciosa Rosalie, como siempre despampanante —dijo extendiendo su mano hacia ella.

Rose le tomo la mano algo dubitativa, note como todos ahí la observaban atentos, era como si supieran algo que yo no. Mire fijamente a Rose y luego a Royce, estudiando sus reacciones, si el era su amante y estaban juntos de nuevo, me las iban a pagar ambos.

Rosalie PoV

No podía estar ahí con ellos, nadie sabía nada, solo yo conocía la verdad sobre ese asqueroso club que formaban esos depravados y lo peor era que yo tenia la culpa de lo que me había pasado. Emmett no podría defenderme si no sabia lo que pasaba y yo no tenia fuerzas para decírselo, no quería que me despreciara mas de lo que ya lo hacia, no lo soportaría.

— ¿Que te pasa? —pregunto Emmett desde la puerta de mi habitación mientras se quitaba la corbata.

Tras la breve platica con Jane y Royce, Emmett había optado por sacarme del hotel con el pretexto de trabajar en nuevo proyecto que ambos teníamos en mente. Rogué al cielo para que creyeran que lo que decía el fuera verdad, ojala y lo fuera, si Emmett y yo tuviéramos una relación normal de marido y mujer, las cosas serian mas fáciles.

—Me voy, no estoy bien —dije ahogando sollozos, mi voz estaba quebrada.

— ¿Por dios y ahora que demonios te pasa? También vas a prohibirme hablar con Jane? —Emmett hizo un ademán con las manos — ¡Tu deja de hablar con Royce primero!

Era perfecto, el mismo me había dado el motivo así que me puse de pie y seguí empacando. Me atemorizaba la idea de tener que darle una explicación a Emmett sobre mi comportamiento, peor aun, que el hubiera notado que mientras Royce me acosaba, yo tenia un cuchillo en la mano.

Me lleve la mano a la frente intentando pensar en una excusa.

—Coqueteabas con ella —lo acuse como siempre sin pensarlo, estaba desesperada y solo buscaba razones para irme y desviar el tema de Royce.

— ¿Coquetear? ¡Por dios! ¡Hable con ella, condénenme a muerte! —Dijo en tono burlón — ¡Es mi prima, no puedo ignorarla! ¡Tu si podrías ignorar a ese imbécil y no lo haces! ¿Porque iba yo a dejar mi vida de nuevo por ti?

—Porque yo no permito que me humillen y menos en publico. Todos saben que dormiste con ella —le dije buscando mi pasaporte, necesitaba ir a Italia con Jasper, Forks y Londres no eran una opción segura en esos momentos —¡Como con Chelsea, Renata y Heidi! Quieres que siga?

Esa ultima era la que mas me dolía, se había paseado con ella por mas de dos meses, una eternidad comparado con el resto, de haberme llegado la demanda de divorcio, habría ido yo misma a arrogársela en la cara.

—¡Lo olvidaba, tu eres la santa y digna esposa! —Se quito el saco y lo arrojo al piso con furia —Tal vez deberíamos publicar tu pequeña aventura, así podremos jugar iguales.

—Al menos yo no me paseaba por ahí con todo el mundo —le grite histérica, necesitaba sacar la furia contenida en esos tres años —¡Después de esa vez no hubo nadie Emmett, no había nadie!

—No fue necesario, ya no había nada mas que pudieras mandar al diablo! —exclamo con furia.

Estábamos uno frente al otro y por un momento pensé que el me golpearía, estaba muy molesto, mas de lo que yo jamás lo había visto. Intente calmarme a mi misma, respirando profundo y ahogando mis lagrimas, me limpie el rostro mientras me paseaba frente a el en pequeños círculos.

—Quiero irme de aquí —sentencie mas tranquila.

—No —fue lo único que me dijo.

—No quiero estar aquí, que no entiendes, me hace daño estar en esta casa, en este lugar! —estaba desesperada, ya no sabia que hacer —Me asfixias con tus arranques!

Comencé a buscar mi teléfono móvil, tenia que llamar a Jasper, iba a provocar una pelea innecesaria pero el era el único que iba a ayudarme sin preguntar nada.

—A mi también me duele estar contigo, me lastima! — Me quede quieta escuchando lo que tenia que decirme, yo estaba atemorizada, pero el estaba furioso —Me da rabia verte con otro hombre! Después de que me fui de esta casa, tú regresaste a Forks como si nada, yo fui el villano, el maldito insensible que te abandonó después de que perdiste a ese bebe. A ese niño que ni siquiera era mío! Todo el mundo creyó que yo era un infeliz que solo pensaba en si mismo. —Su mirada cambio y se lleno de dolor —Creo que se equivocaron de persona, pero nadie lo aclaro jamás.

No pude escuchar mas, me deje caer al piso y me tape los oídos, apreté mis ojos con fuerza para no escucharlo más.