Basada en la saga de Harry Potter, todos los derechos son de J.K. Rowling y la W.B.

"El regreso de un amor" es un fic de LINITOSA


UNA NUEVA VIDA

Los sucesos pasados en el pueblo tenían a Harry muy preocupado, para los demás parecía ser un hecho aislado, pero para el auror había más. Nuevamente su sexto sentido estaba en marcha, como tantas otras veces su cabeza no descansaría hasta encontrar todas las respuestas.

Estaba sentado en la mesa de su cocina, Ginny se había ido con su madre a San Mungo para un control de su embarazo. La mesa estaba llena de pergaminos con informes y declaraciones, nada tenía sentido, el único nombre conocido en los papeles era el de Percy Weasley, pero ¿quien más lo había ayudado? -Posiblemente, lo hizo solo-Pensó.

Pero, ¿podía ser esto posible?

Regreso a esos informes por lo acontecido en el pueblo, buscaba algo, algo que conectara a Percy con el ataque al pueblo, parecía bastante improbable que él tuviera algo que ver pues en ese momento estaba detenido. Lo que necesitaba era una conexión, pero el que había profundizado en esa investigación era su amigo Ron.

El secretario se reunió varias veces con el Ministro de la magia esa semana, trato de minimizar los hechos, no quería alarmar a la población. Para suerte del moreno Auror, el ministro tenía plena confianza en él, si decidía ir más lejos, si necesitaba investigar más, contaría con el apoyo del ministerio.

El mundo mágico había aprendido una gran lección con Voldemort, una dolorosa lección, los funcionarios sabían que era mejor prevenir y no tener que lamentar muertes inocentes, por esta razón las investigaciones sobre cualquier hecho sospechoso eran apoyadas por todos los funcionarios. El único preocupado por que el tema no tomara una trascendencia pública desmedida, era el secretario, la preocupación del auror iba más allá del hecho de que el pueblo haya sido invadido, se preguntaba por qué Hogsmeade, por que no se llevaron nada, las preguntas se sucedían una tras otra.

La comunidad mágica vivía un tiempo de relativa paz, no que es que no hubiera maldad, claro que existía, pero no el nivel que Voldemort aplico su maldad, por lo menos eso pensaban todos. La derrota del mago más tenebroso del mundo mágico dio a la comunidad una paz desconocida, sin embargo, los aurores como Harry y Ron, sabían que habría otros que intentarían ocupar su lugar.

Harry se preguntaba quién podría estar detrás de estos hechos, quien quiera que sea debía de estar preparando esto desde hace mucho tiempo, tomo registro de los últimos magos tenebrosos atrapados y perseguidos, ninguno parecía tener conexión con Percy.

El pelirrojo siempre había querido figurar, detestaba la mediocridad y creía en el protocolo, los rangos y las diferencias sociales, para él era más importante ocupar un lugar de privilegio en el ministerio que ser amado y respetado por su familia.

¿Quién pensaría que los gemelos era unos traidores? si alguien los odiaba, ¿cuál era el motivo? Ellos se dedicaban a su tienda y sus inventos, nada tenían que ver con el ministerio, ¿qué significaba?

Fred se encontraba recostado en su cama, tenía los brazos pegados al cuerpo y miraba un punto fijo en la pared, pensaba en Belinda, la chica era perfecta para él, de pronto, sin aviso, la vida le puso enfrente a una mujer que parecía ser su otra mitad, pertenecían a mundos muy distintos, pero a pesar de esta gran diferencia no podía dejar de pensar en ella, nunca le habían interesado los muggles, ahora creía que eran maravillosos.

La vida de Fred había transcurrido de manera tranquila a pesar de todo lo vivido, después de que él y su gemelo salieron volando del colegio de magia y hechicería, abrieron su tienda con gran éxito, luego abrieron otra y consiguieron tener varias sucursales, cada tanto realizaban fiestas en su tienda, fiestas en las que no faltaba la diversión, las brujas jóvenes lo rodeaban, era exitoso, buen mozo, ¿qué más podía pedir?, sin embargo ninguna chica le había interesado lo suficiente como para ocupar un lugar en su corazón, ninguna lo había hecho pensar en tener una relación sería, ahora tenía a Belinda metida en su cabeza la mayor parte del tiempo, recordaba su sonrisa, su cabello, la forma de sus ojos, se quedo mirando fijamente la pared y dio un suspiro largo.

George llego al cuarto con su delantal color magenta aun puesto y le hablo a su gemelo:

-Bueno, ya cerramos, fue un día bastante agotador. ¿Cenamos?
-Claro.
-¿Y a ti que te pasa?
-Nada.
-Yo pensé que se llamaba Belinda, pero me he equivocado, se llama nada jajaja
-Cállate, ¿por qué me molestas?
-No me maltrates, no sé qué demonios te pasa, pero yo no tengo la culpa.

Salió del cuarto y dejo solo a su gemelo. Fred se levanto de la cama lentamente, tomo el pomo de la puerta y al abrir la lustrada puerta vio a su hermano sentado en una silla y le dijo:

-Lo siento.

Su hermano hablo sin mirarlo, tenía la vista fija en las llamas de la chimenea.

-Siempre me has contado todo, desde que conociste a Belinda estas distinto, no me hablas, murmuras cosas en vos baja, te ríes mientras caminas por la tienda, si te gusta, porque no se lo dices.

El gemelo se sentó junto a la chimenea, su cabello se veía aun más rojo cuando lo iluminaba el fuego. Era verdad, estaba diferente y Fred decidió hablar:

-Y si se lo digo y no quiere…
-¿Y por qué no querría?
-Es muggle George.
-¿Estas enamorado?
-No lo sé.
-¿Eso te detiene? ¿Qué es muggle? Mira, tú sabes las consecuencias de enamorarte de una muggle, asúmelas y sigue adelante.
-¿Que consecuencias?
-Bueno, las diferencias, tenemos costumbres distintas, pero eso no quiere decir que no pueda funcionar. Nuestro mundo está lleno de historias de amor entre magos y muggles. ¿Porque tienes miedo?
-No se, simplemente me aterra.
-A mí me pasa con Sofía, me aterra jajaja.
-Pero ella es bruja, tienen más en común.

George preparo la cena y los dos hermanos comieron en silencio.

Hermione estaba en su cama, Ron estaba sobre ella besándola con pasión, pasaba sus grandes manos sobre el cuerpo de la castaña, le besaba el cuello y sus manos intentaban desabotonar su vestido.

-Detente Ron
-No, no puedo detenerme- Decía el pelirrojo besándole el cuello
-Espera, tengo que decirte algo.
-¿Que pasa mi amor?
-Yo, no…

-Despierta Herm, aterrizaremos en 10 minutos, despierta.

El pelirrojo movía con sus manos el dormido rostro de su esposa, ella abrió los ojos abruptamente respirando con dificultad y su esposo le preguntó:

-¿Te encuentras bien? Tienes la frente sudada, ¿que pasa?

La chica se acomodo en su asiento y se paso la mano por la cara.

-Estoy bien, solo fue un sueño, nada más. Ya quiero llegara a casa.
-Yo también, ya falta poco y estaremos en nuestra casa- dijo mientras tomaba su mano.

El avión aterrizo sobre la pista 4 del aeropuerto de Londres, los pasajeros fueron bajando y siguieron el camino hasta llegar a la zona de embarques, el joven matrimonio aguardo por sus valijas y fueron hasta el estacionamiento, habían dejado su coche guardado ahí hasta su regreso.

Colocaron las valijas en el baúl del auto y partieron a su hogar, a su nueva vida.

El frío estaba castigando duro a la ciudad, la noche y el cielo gris hacían de Londres un espectáculo sin igual, ella lo tomo de la mano y le dijo:

-Te amo-

Su casa estaba en total oscuridad, abrieron la puerta de entrada y encendieron las luces, dejaron las valijas en el pasillo, en la chimenea había varias cartas tiradas.

-Hemos recibido correo- dijo el pelirrojo

Sacaron las cartas y las apoyaron sobre la mesa ratona, ella encendió la chimenea para calentar la fría casa y se sentó junto a su esposo a leer las cartas.

La primera era de Frederick y Floirand, lamentaban no haber asistido a la boda, pero estaban con mucho trabajo y les era imposible, de todas maneras enviaban sus cariños y deseos de felicidad a la pareja.

La otra era de Molly, los esperaba el Domingo para almorzar en su casa y darles la bienvenida, también había invitado a los padres de su nuera.

La otra carta era de Harry, solo decía. Necesito verte.

El pelirrojo guardo la carta de su amigo sin preocupación, lo vería al día siguiente en casa de su padre.

-Tengo hambre.

La chica se levanto y fueron juntos a la cocina, buscaron comida en la alacena y prepararon una modesta pero reconfortante cena.

-Debemos comprar alimentos, no tenemos mucho.

El pelirrojo asintió y levanto los platos sucios dejándolos en el fregadero, preparo Té y llevo las tazas a la sala, ya en el lugar se sentó en su escritorio y reviso sus papeles, la chica tomo un libro y acomodo los pies sobre el sofá.

Luego de un rato de estar enfrascado en sus papeles miro a la chica, se veía preciosa iluminada por las suaves llamas, leía con mucha atención un pequeño libro, él la observo unos instantes, siempre le había gustado verla leer, cuando lo hacía se la notaba concentrada, sus facciones se marcaban, noto como ella llevaba delicadamente con su mano izquierda la taza de té a sus labios, pudo ver la brillante alianza de la joven en su mano.

Se levanto de su asiento y fue hasta ella, le arrebato el libro y la taza de té de las manos, la castaña protesto, él simplemente ahogo las protestas con un profundo beso:

-Te amo, eres tan hermosa.

Su esposa lo rodeo del cuello y lo beso con delicadeza, miro sus profundos ojos azules y le murmuro al oído:

-Eres lo más importante de mi vida, nada tiene sentido sin ti.

Su marido la abrazo y aspiro su suave perfume, estaban a punto de comenzar una nueva vida juntos.

-Voy a darme un baño, estoy cansado.
-Bien, yo leeré un rato más.

Cuando el chico se fue al cuarto de baño, la chica busco el libro que su esposo le había arrebatado, estaba sobre la mesa ratona, el fuego necesitaba que lo avivaran, fue hasta la chimenea y apuntando con su varita mas llamas aparecieron enseguida.

Miro de reojo el escritorio de Ron, vio una carpeta de color madera, sintió curiosidad, pero no la toco, sabía que no debía. Regreso a su sillón y recordó la propuesta del ministro, ya había tomado una decisión sobre el tema, se recostó nuevamente sobre el sofá y se dedico a la lectura.

Fred estaba ya en su cuarto de baño, se había lavado los dientes para acostarse a dormir, se miro en el espejo, estaba pálido, se lavo la cara con abundante agua y seco su rostro. No lo soportaba más tenía que decirle a Belinda lo que sentía, si lo rechazaba prefería que fuera pronto, ya no aguantaba la situación.

Salió del cuarto de baño y en lugar de ir a su habitación tomo su chaqueta de un perchero y salió de su casa, una lluvia tímida comenzaba a caer, camino unos metros y se concentro, cerró los ojos y desapareció.

Se materializo en a dos cuadras de la casa de Belinda, la lluvia en esa zona era mucho más intensa, corrió por la calle mientras la lluvia azotaba su cuerpo, de su pelirrojo cabello caían grandes gotas de agua, jadeante llego hasta la puerta de la casa de la joven doctora, toco el timbre del portero eléctrico y espero, llamo nuevamente pero nadie respondió, se sentó en la puerta del edificio sin darse cuenta que estaba empapado como si se hubiera metido vestido en una pileta, decidió esperar, -Quizás esta de guardia en el hospital-Pensó.

Paso una hora y él seguía ahí sentado, desanimado se puso de pie y comenzó a caminar por la calle, no había un alma en la calle salvo un auto rojo que paso lentamente por su lado, se volteo para mirarlo y con asombro descubrió que el automóvil se detuvo en el edifico donde vivía Belinda, se escondió en la entrada de una casa y observo desde ahí.

Su corazón se aceleró, del coche bajo un hombre alto de cabello castaño, rodeo el auto hasta llegara a la puerta del acompañante, la abrió y Belinda bajo rápidamente colocando las manos sobre su cabello para protegerse de la lluvia.

Ambos entraron en el edificio frente a la triste mirada de Fred.