Basada en la saga de Harry Potter, todos los derechos son de J.K. Rowling y la W.B.

"El regreso de un amor" es un fic de LINITOSA


LA VIEJA ORDEN

Belinda se tomo un gran vaso de agua mientras Fred les servía Café a todos, luego entro en la sala y vio que la bolsa de sangre que colgaba del perchero estaba casi llena, por alguna razón desconocida para ella, la sangre seguía brillando como un diamante.

Retiro la aguja del brazo de Ron y le ordeno que saliera y comiera algo.

-No tengo hambre-Dijo el chico.

Belinda le explico que no importaba si tenía o no hambre, debía comer para reponer fuerzas, le había sacado una cantidad considerable de sangre. El Auror negó con la cabeza, no quería comer.

-Hazlo por ella.
-¿Cómo?
-Quizás mañana necesite más sangre tuya-Mintió la doctora.-Necesito que te alimentes- dijo concluyendo la frase.

No era verdad, no podía sacarle sangre nuevamente al día siguiente, pero debía convencerlo de comer algo, estaba pálido y mal trecho.

Antes de salir de la sala el chico se agacho al lado de su esposa y le beso la frente, acaricio su rostro y le repitió muchas veces en el oído que la amaba, finalmente salió y dejo a la castaña sola con el Sanador.

Una vez afuera la chica le pedio a Harry que le diera de comer a su amigo. Luego hablo fuerte para que todos escucharan.

-Lo mejor será que todos se retiren a descansar, no pueden hacer nada aquí, vayan a sus casas y repónganse, mañana por la mañana nos veremos.
-¿Y tú?- Le pregunto Fred
-Yo me quedare.
-Yo no me iré a ningún lado- dijo Ron

Nadie quería abandonar el lugar pero lo cierto era que no se podían quedar todos ahí.

Molly y su marido se llevaron a los padres de la castaña a la Madriguera, Ginny protesto mucho pero finalmente cedió y se fue con ellos, George llevaría a Sofía hasta su casa pero dijo que luego regresaría, Harry se quedaría con Ron toda la noche y Fred no abandonaría a Belinda.

El moreno mago llevo a su pelirrojo amigo del brazo hasta la cafetería, a los minutos se les unió Fred. Harry solicito a la mujer que atendía el lugar que sirviera algo de comer para todos, él ojiverde no tenía hambre, pero haría el intento para acompañar a su amigo.

El rostro de Ron estaba desencajado, no decía nada, solo miraba el mantel.

Les sirvieron tres platos de un abundante guiso, el pelirrojo solo comió a desgano la mitad de su comida, Fred a penas toco su plato y Harry revolvió la comida con su cuchara pero no comió nada.

Ron que seguía con la vista perdida, pareció de pronto recobrar la cordura.

-Necesito que pongan aurores en la entrada de San Mungo, quiero otro en la puerta de la habitación de Hermione
-¿Pero Ron que dices?
-¿Es que no te das cuenta? ¿Y si la atacan nuevamente?

El moreno cruzo miradas con el gemelo, a ninguno de los dos les parecía necesario semejante despliegue, de todas maneras Fred se puso de pie y dijo que el iría personalmente al ministerio y solicitaría al ministro tres aurores.

Ron se sintió aliviado, su hermano le dio unas palmadas en la espalda y se fue.

A Harry le parecía un poco exagerado pero atribuyo el repentino ataque se seguridad de su amigo al mal momento que estaba pasando.

-Cálmate, nada malo sucederá.
-Necesitamos las cartas, necesito revisarlas, quizás encuentre algo que nos lleve hasta el mal nacido que le hizo esto a Herm.
-Ya cálmate, se que estas asustado por ella, pero esto no ayuda, no puedo traer las cartas ahora. Mañana conseguiré todas las cartas y revisaremos una por una, ahora tranquilízate.

Nada le pasara a Hermione aquí.

Belinda aposto una silla al lado de la cama de su prima, Ron se sentó al otro lado de la cama, la doctora miraba y revisaba constantemente a la chica, Ron no le soltaba la mano.

Hermione tenía en un brazo conectado el suero y en el otro la sangre que había donado su marido, el pelirrojo pudo ver como la sangre no dejaba de brillar, la joven medica se acomodo en su silla y lentamente se le fueron cerrando los ojos, el pelirrojo en cambio estaba tan despierto con un murciélago en la noche, con una mano sostenía el medallón con el trébol y con la otra sostenía la mano de su mujer.

Harry se acomodo en un banco de madera que coloco el sanador en la entrada de la sala, Fred regreso con Dorcet, quien preguntó

-Harry, como esta Hermione.
-Viva, y eso ya es mucho decir.
-Afuera están Nierlou y Gelly, todos los muchachos querían venir cuando se enteraron lo que pasaba, tú sabes que todos quieren mucho a Ron. Yo me quedare montando guardia contigo, nada pasara te lo juro, George también se quedo en la entrada, llego hace unos minutos.

Harry abrazo a Dorcet muy agradecido, si bien Dorcet no tenía el mismo rango que el pelirrojo y él, siempre había demostrado ser un muy buen compañero y un leal Auror.

Los tres se sentaron en el banco de madera, Fred se cruzo de brazos y sin darse cuenta se durmió, Harry y Dorcet estaban con los ojos muy abiertos.

A las dos de la mañana Harry fue en busca de Café, el lugar estaba silencioso, nadie caminaba por los pasillos, la cafetería estaba vacía y cerrada.

El moreno mago pego la vuelta, si bien no estaba permitido hacer magia dentro de San Mungo, Harry supuso que en ese caso lo entenderían.

Regreso al banco y con su varita hizo a parecer una pequeña mesa con una jarra de café caliente y tres tazas, al instante una luz roja comenzó a titilar en el pasillo, tres sanadores aparecieron por el pasillo con las varitas en alto.

El moreno mago se puso de pie y Dorcet también elevo su varita en alto, Harry le hizo un gesto para que la guardara.

-Perdón, he sido yo, estamos montando guardia, somos Aurores, fui hasta la cafetería pero estaba cerrada.

Los tres sanadores miraron con recelo al moreno mago, de la punta del pasillo apareció vestido con una bata el Sanador que había atendido a la castaña.

-¿Que pasa aquí?
-La cafetería estaba cerrada, solo hicimos aparecer una jarra de Café.

El sanador ordeno al los tres sanadores que estaban con la varita en la mano que se retiraran.

-Sr. Potter, mi oficina esta doblando por aquel pasillo, si quiere algo, búsqueme, ya no haga magia en el pasillo.

Harry se sintió muy estúpido, debió suponer que las reglas estaban para ser cumplidas, él era Auror y más que nadie debía respetar las reglas.

-Lo siento.
-¿Donde está la sanadora muggle?
-Esta con Hermione, dijo que la cuidaría durante toda la noche.
-Oh, estoy impresionado con esa chica ¿sabe? Hizo algo increíble, ahora mismo estaba tomando nota de lo que le vi hacer, muy impresionante.

El moreno mago sonrió a desgano, no tenía ganas de conversar, pero el hombre los había salvado de un buen lió, por lo tanto no cabía ser descortés con él.

Durante la noche Belinda abría los ojos y revisaba el pulso de su prima, le tomo la presión dos veces y controlo que la transfusión de sangre estuviera correcta, a las tres de la mañana retiro el suero que ya estaba vació, coloco otra bolsa en el perchero y la conecto, mientras lo hacía le guiño un ojo a Ron y se sentó.

-¿Sabes?-Dijo en voz baja, -Mi prima es muy valiente, es una chica fuerte, se pondrá bien, mírala, ya tiene más color.

El pelirrojo examino el rostro de su esposa con la mirada, quería creerle, pero la veía igual.

Belinda cerró los ojos y el cansancio la venció, el sanador entro a las cuatro de la mañana en la sala y reviso a la paciente, hablo en voz muy baja para no despertar a la joven doctora.

-No se preocupe Sr. Weasley, se pondrá bien. Sin más salió del cuarto.

Ron apoyo la frente en el borde de la cama y apretó la mano de su mujer, sin darse cuenta sus ojos se cerraron y se durmió.

Harry estaba de pie de espaldas a la entrada del edificio, sus pensamientos estaban revueltos, por un lado su amigo tenía razón, debían revisar las cartas, era lo único que tenían o por lo menos lo más parecido a un indicio.

Lo tenía decidido, a la mañana siguiente a primera hora iría por las venditas cartas.

Estaba sorbiendo su café de la taza cuando una mano se poso en su hombro, se sobre salto tanto que dejo caer la taza al piso, al girar sobre sus talones no pudo creer lo que veían sus ojos.

-Lupin, ¿qué haces aquí?

Su viejo maestro de defensa contra las artes oscuras y compañero de batalla contra Voldemort estaba parado enfrente de él.

El hombre que seguía entrando canas estaba como siempre, su capa estaba raída y su rostro pálido, de todas formas conservaba su mirada cristalina y cálida, Harry lo abrazo con todas sus fuerzas mientras Dorcet miraba la escena sin comprender, los dos hombres se fundieron en un abrazo profundo, Harry no sabía porque, pero la vista de su viejo maestro era una calma para su corazón.
Lupin le hablo al oído.

-No he venido solo Harry.

Lupin le mostró el pasillo al moreno mago, por él venían caminando, McGonagall, Alastor Moody, Tonks y Hagrid.

El moreno mago tuvo la sensación de que la vieja orden del Fénix, caminaba hacia él.