hola, cuanto tiempo verdad, jeje pues aquí con otra parte, espero que la disfruten.
Esa mañana se sentía muy fresca, la verdad es que esta clase de días me hacía sentir con nuevos ánimos, olvidar todo lo que paso con aquel medio demonio y sus extensiones no es fácil, por eso tengo que proponerme y recordarlo cada día, para que siga teniendo fuerzas suficientes para derrotarlo, no me importa si en eso me llevo la vida, no si es con tal de proteger a los que amo.
-Es una linda mañana, no chicos, creo que es tiempo de ir a visitar a Aome –dije con una sonrisa en la cara. Aome, mi dulce Aome, cada vez que veo su rostro siento que tengo otro motivo por el cual levantarme cada día, si tan solo ella no estuviera con esa bestia. Eso no debe importarme, sé que algún día ella sabrá como me siento, algún día…
-joven Kouga espérenos – las voces de mis amigos suenan algo lejos, no me importa, no quiero detenerme hasta llegar a la aldea donde sé que encontrare a Aome, no me detendré ante nada.
Llego a la aldea de la anciana kaede, pero parece que hace rato que se fueron. No importa puedo olerla no está muy lejos. Eso es su olor es muy característico, esa mezcla de fragancias que simplemente hacen que pueda volverme loco.
Ella está ahí, con una sonrisa como siempre, me saluda con una sonrisa y yo me acerco a toda velocidad.
-Joven Kouga, ¿Qué lo trae por aquí? –
-¿Qué haces aquí lobo rabioso? –Inuyasha, ¿Por qué siempre tiene que estar cerca para arruinarme los momentos especiales?
-Nada que te importe bestia – no quiero perder este momento, tomo la mano de Aome, que tampoco opone mucha resistencia –vine a verte Aome – le dedico una sonrisa antes de que un aullido a lo lejos me interrumpa. –Supongo que es hora de irnos – miro al cielo despreocupado –hasta pronto mi dulce Aome – y acelero la velocidad –pero solo hasta pronto pienso.
Cuando llego a casa el gran jefe me está esperando, no parece tener una buena pinta, sea lo que sea no es tan bueno, pero creo que tampoco es ángel grave.
-joven Kouga, creo que es tiempo de que hablemos de la unión de tribus –
Por un momento mis mejillas se sonrojan, la idea es perturbadora –lo siento joven señor, pero creo que sabe muy bien cuáles son sus obligaciones, mejor demos un paseo por las cuevas.
Asiento y camino atrás de él gran jefe.
-como lobos somos una manada cierto, nos protegemos el uno al otro –su voz suena ronca y cansada –sabes bien que el número de lobos ha disminuido considerablemente, pues los recientes ataques de youkai combinados con las masacres de aquel que llaman Naraku no ha dejado en desventaja, creo que es hora de hacer una unión por el bien de todos.
Esta conversación no está tomando un buen sentido –No se preocupe gran jefe, ya casi tengo la ubicación de Naraku, solo es cuestión de días para que sepa donde está, y así poder exterminarlo, no creo que sea necesario… - me interrumpieron.
-no podemos esperar tanto, nuestras tropas se debilitan día a día y no hay nada que podamos hacer, tenemos que unir tribus ya –o cual solo significaba una cosa… tendré que casarme con Ayame, pues ninguna otra tribu tiene por líder a una mujer.
-pero yo no quiero dejar a Aome! Grito para después salir corriendo a toda velocidad.
No, no es posible que deje a Aome en manos de esa bestia, sé que tal vez su corazón lo ame a él y no a mí, pero yo quiero protegerla, decirle que estoy aquí para ella, consolarla cuando este triste, no quiero que algo le pase, no, la sola idea es fatal. Además casarme con Ayame significaría hacer todo eso por ella, y si bien es cierto que alguna vez se lo prometí, no sería real y no puedo jugar así con ella, no, no es justo para nadie.
Sin darme cuenta llegue hasta donde se encontraba Aome, tal vez mi corazón la quiera mucho más de lo que pienso.
-joven Kouga –esta vez parece que se ve mucho más contenta de verme, no , no puedo decirle lo mucho que siento que ya no la podre cuidar, tal vez a ella no le importe, quizá hasta se alegre, pero eso sería algo que mi corazón no podría soportar.
-lo siento Aome, tengo que irme –ahora no podía verla, no podía simplemente.
-Joven Kouga – Gintta y Hakkaku vienen persiguiéndome desde no sé cuánto tiempo.
-que hacen, ¿Por qué no van y me consiguen un par de… -o no tengo una excusa para alejarlos-
Ellos dos sonríen, creo que me conocen demasiado bien y saben que quiero estar solo.
-Ven Gintta, creo que nos llaman en la tribu – y así como llegaron se alejaron, ese par…
Me quedo yo solo con mis pensamientos, creo que esto es aún peor, no quiero casarme con Ayame, no la amo, solo le haría más daño, tengo que aclarar las cosas, ahora más que nunca es importante convencer al jefe de que no necesito casarme, necesito hacerme más fuerte, además de dejar salir toda la furia que llevo dentro, ahora es el mejor momento.
Empiezo destrozando arboles sin piedad, no me importa la vegetación ahora, solo calmar mi furia, salen algunos youkai que en menos de un segundo ya no existen… no me importa destruirlo todo, en verdad no lo hace, no puedo contenerme hasta que una flecha me atraviesa, es fría, pero me calma, no me puede hacer un gran daño más sin embargo caigo desprevenido al suelo, ¿de dónde vino esa flecha? Tal vez nunca lo sabré.
Despierto en el mismo lugar a donde caí, no sé cuánto tiempo estuve dormido, pero me siento en paz, mi corazón esta aliviado, me paro con dificultad y camino tropezando, de pronto una fragancia muy conocida llega hasta mi nariz, Aome, está cerca, no esta vez su esencia es algo distinta, pero sé que es suya, me dirijo a donde proviene el olor, no es Aome, es un bello campo de flores repleto con su aroma, es delicioso y sutil, siento que este olor me envuelve y que no me quiere dejar ir, ojala supiera como se llaman, una sensación poco conocida invade mi alma, tengo deseos de ver a Aome y llevarle estas flores, si eso hare, son tal delicadas, casi como ella, procuro cortarlas con cuidado, para que no se maltraten y cuando ya tengo suficientes parto a donde se encuentra ella, cada vez más ansioso de verla, corro, a tal velocidad que casi siento que vuelo.
Allí esta, hermosa y frágil, me acerco y tomo su mano –Mi hermosa Aome – traigo escondidas las flores, pero creo que ya las vio, no tiene caso seguir ocultándolas –son para ti, me recordaron tu olor – creo que la vergüenza es demasiada y tengo que irme, noto una bella sonrisa en sus labios.
-bueno, es hora de irme – me alejo corriendo, no sin antes gritar que nos volveremos a ver, es una promesa.
Cada día que pasa siento la necesidad de verla, así que mis visitas se hacen más frecuentes., no me importa tener que verle la cara a esa bestia con tal de poder ver a Aome, mis superiores me molestan por lo del compromiso, pero he decidido no hacerle caso, además la herida de la flecha ya desapareció, todo va viento en popa.
Una hermosa tarde decido buscar más flores para Aome, pero no recuerdo el camino y término dando vueltas en círculo. Una esencia muy conocida para mi desgracia llega hasta mi nariz. Esa bestia anda cerca pienso, pero hay alguien con él, esa escena no es de Aome, es de… de… la señorita Kikyo.
Me escondo detrás de un árbol para evitar ser visto, no me sorprendería que no me detectaran, pues están muy metidos en su mundo.
-Inuyasha, ¿te iras al infierno conmigo?
-Te prometo que hare o que sea necesario para protegerte Kikyo. – esa promesa fue sellada con algo que hubiera deshecho a Aome –pero necesito saber quién te ha hecho esto.
No quiero escuchar más, eso significa que Inuyasha llevara a Kikyo al campamento sin pensar en los sentimientos de Aome, no puedo más, no me acercare a ella, se vería demasiado sospechoso, en vez de eso, creo que si hay algo que pueda hacer.
Corro a donde mi tribu se encuentra, si, necesito pedirles un favor.
Me lo niegan, ponen como condición que tengo que casarme con Ayame, con el corazón dolido acepto, no hay otro remedio.
Empiezan a escucharse los pequeños aullidos de los lobos, como una canción de cuna, sonidos que van al unísono y que relajan, este es mi pequeño regalo Aome, tu libertad unida al consuelo, lo siento es todo lo que puedo darte, digo con el Corazón destrozado y las lágrimas escurriendo por mis mejillas, mañana iré a darle la noticia, mañana es un día que desearía que no pasara.
La mañana que más temía llego, tengo el corazón roto, pero no por eso dejare que Aome me vea así, tengo que sonreír, puesto que ella deberá estar más triste que yo.
Lleno corriendo con una gran sonrisa, veo a Aome salir de la cabaña y mi corazón palpita de alegría y tristeza.
-¿Cómo estas mi querida Aome?- tome sus manos con fuerza, -¿Dónde está esa bestia?- después vi salir a Inuyasha de la tienda dudas aclaradas.
No me pude contener, tome a Aome con fuerza la sometí a un abrazo dulce, fue más para mí que para ella, no puedo soportar la idea de perderla es demasiado dolorosa.
-Estoy bien Kouga, -eso me trajo de vuelta a la realidad.
No quiero separarme de ti, pensé para mí, no, debo ser fuerte, todo lo hice por ella, no hay marcha atrás. –Bueno supongo que… - un gran ruido interrumpió mis planes, muchas extensiones de Naraku salieron por detrás de mí.
-Quédate detrás de mí Aome,- la batalla comenzó, derribábamos extensiones una tras otra, pero solo lograba que cada vez salieran más, todos contribuíamos un poco, incluso Kikyo que estaba herida, era demasiado, pero no me rendiría, no hasta lograr que Aome este a salvo, la miro de reojo, está ocupada con otras extensiones, no una se acerca por su espalda, no puedo derribarla, viene con demasiada fuerza, en vez solo veo una salida posible, proteger a Aome con mi cuerpo, es todo lo que creo poder hacer.
Lo siento, un pedazo de extensión atravesándome por competo, la sensación es horrible, puedo sentir como mi cuerpo pierde la vida, pero salve a Aome, eso es todo lo que me importa, debo sonreír, sonreír hasta el último momento para ella, aunque mi cuerpo este manchado de un rojo carmesí, sé que debo sonreír.
-Aome, -mis últimas palabras, junto con mi sonrisa, al menos eso podrá recordar de mí,- y-yo, te-te. – No puedo lograr decir mis últimas palabras – escucho que Aome me llama, puedo sentir la histeria en su voz y sus lágrimas cayéndome en la cara –lo haría otra vez solo para salvarte – le digo con la sonrisa más linda y pura que tengo. No tengo fuerzas y todo lo que está a mí alrededor se vuelve negro.
"mientras alguien te descuida, siempre hay alguien que daría lo imiposible por tenerte en su vida."
¿y que tal estuvo? espero me dejen sus comentarios y lo que opinan, además necesito ideas y estoy abierto a escucharlas,
pues espero sigan mis otras historias, nos estamos leyendo.
