Reencarnación
Aclaraciones: Los personajes en la historia no me pertenecen, son de su respectiva empresa, yo solo me divierto con ellos, sin fines de lucro.
Capitulo lll – Su nombre es Er…
Había pasado una semana desde que iniciaron sus sesiones de hipnosis. En todas ellas la mujer se encargaba de que se recostara en un diván y hacerle dormir mientras ella accedía a sus sueños con técnicas de guía. Poco a poco podía ver y percibir más en ellos, podía disfrutarlos como si estuviera en tiempo real, como si viajara atrás ves del tiempo y se situare en otra época.
En los siete días de sesiones, podía entrar más allá de esa habitación donde le guiaba el rubio, recordaba ya casi todos los muebles, donde estaba situada la cama, el escritorio y también las ventanas. Podía sentir ya con una nitidez increíble el beso que siempre le depositaba en los labios, como pasaba sus manos por su cintura y como lo acercaba a su cuerpo. Pero aun no podía ver su rostro, ni escucharle, solo sentirlo y verlo borroso. Siempre antes de que pudiera verle, imágenes escalofriantes llegaban, como si se cambiara de lugar en un instante, aparecía en medio de un campo lleno de cuerpos ensangrentados y el con las manos llenas de sangre, antes de que sintiera como era alzado del suelo y encaraba a las fauces de creatura gigantesca.
– ¡AH! –Grito al despertar y salir del sueño. Mientras que la mujer sostenía su cabeza con su mano y lo hacía levantarse del diván, para que se sentara.
–De nuevo, me estabas platicando tan bien como te abrazo, cuando empezaste a llorar y luego gritaste. –Le comento la mujer mientras servía un poco de agua en un vaso cristalino. –Ten – Tomo el vaso que le ofreció y bebió con prisa el líquido, derramando un poco de liquido por sus comisuras, que seco al pasar su manga de su camisa.
–Casi le vi el rostro… vi su mandíbula y su boca. Luego… ah, mierda –Se llevo la mano a la frente al hacer una pausa, le dolía la cabeza por todo aquello. –aparecí de nuevo en ese campo… y creo que comía ese monstruo. –Se sentía agotado, como si hubiera corrido un maratón. –Creo que por esta noche me iré, ya casi pasa el último tren. –Agrego mientras tomaba su saco, que coloco en su brazo y luego tomo portafolio. –Nos vemos Zoe. –Se despidió de la mujer, dejándola pensativa en su silla y salió del local. ¿Por qué cuando estaba tan cerca de verle, llegaban esos tormentos sueños, los cuales eran el pasado de su alma?, no lo comprendía y eso le frustraba, por lo regular siempre sabia que hacer y ahora dependía solo de las habilidades de esa mujer que le ayudaba y cobraba muy caro.
Ya en la estación del tren se sentó a esperar el último tren. Pero estaba tan cansado, que dormito un poco, a él le pareció cinco minutos, pero en realidad fueron veinte minutos. En esos veinte minutos, volvió a soñar de nuevo, que se encontraba en los brazos de ese hombre. Percibía su aroma, su calor, pero era diferente esta vez, porque sus sentidos los sentían con intensidad, como si no fueran un sueño y fuera la realidad. Lentamente alzo la mirada para ver el rostro de ese hombre, temía que volviera a desvanecerte pero no fue así esta vez lo vio. Tenía rasgos muy masculinos, sus labios eran algo gruesos pero no exagerados, sus cejas era pobladas, pero provocaban que sus ojos azules como el cielo se acentuaran en una mirada que le hizo temblar y sin saber cómo se le escapo decir "Erwin Smith".
Despertó asustado, abrazando por inercia su portafolio cuando sintió caerse de la banca. Miro al rededor por si alguien lo había visto, pero estaba desierta la estación. "Me quede dormido" pensó peinando sus cabellos hacia atrás, luego miro su reloj. "Demonios es muy tarde, tal vez ya paso el último tren", pensó maldiciendo mientras se levantaba de su asiento y observo por el túnel, divisando por suerte unas luces. "Bien tengo suerte…pero… ahora…sé su nombre…" abrazo su portafolio, pensando en que ahora sabia el nombre de ese hombre que lo besaba, pero no solo eso había visto su rostro, era aun más guapo de cómo lo imaginaba y añoraba que fuese.
Cuando llego el tren y estuvo subirse al vagón, escucho a alguien correr, volteo a ver y vio que un hombre entraba al vagón de al lado "No puede ser, es él" exclamo a sus adentros y entro al tren apresurado, empujando a una mujer mayor.
–Lo lamento – Se disculpo con la mujer y camino por el pasillo a dirección del otro vagón que se conectaba. Discretamente observo al hombre que se sostenía con una mano y tomaba con la otra un portafolio color café. Estaba muy bien vestido, llevaba un traje color marrón obscuro, una camisa blanca y una corbata tinta. Tenía el mismo corte que él y peinaba su cabello a los lados como en sus sueños. Se movió con sigilo para obsérvalo mejor y ver si tenía esos mismo ojos, percatándose que así era, era el mismo rostro del hombre de sus sueños, tenía la misma nariz, los mismo rasgos, los mismos labios, las mismas cejas pobladas y los mismos ojos azules como el cielo. Solo faltaba saber si era tenía el mismo nombre y sabría que era él. ¿Pero cómo se lo preguntaría?, eran completos extraños, no podía llegar como si nada a hablar con él, además de que nunca había sido bueno para iniciar conversaciones espontaneas con extraños.
Sin dejar de obsérvale con discreción, pensaba en como acercarse. Podía fingir que tropezaba con él o fingir que estaba perdido y no sabía en qué estación bajarse, pero sentía que las piernas les temblaban con el hecho de acercarse un poco más a él. Mordió su labio inferior bajando la mirada pensativo y en ese momento vio que se acerco a las puertas. "¡Mierda, se va a bajar!" pensó abrumado y en ese arranque salió del vagón siguiéndole a unos metros "¿Que estoy haciendo?, esto es acoso…pero… no puedo dejar que se vaya", seguía pensando mientras lo seguía discretamente por la estación hasta que salieron de ella.
Manteniendo su distancia continúo caminando a unos metros de él, tratando de mostrarse normal y que no lo notase. Se escondió detrás de un buzón cuando él se detuvo frente a un local que vendía frituras caseras, que observo que compro, notando lo cortes que fue con el vendedor y lo gruesa de su voz. Luego continúo caminando detrás de él con mucha cautela de no ser notado, sorprendiéndose cuando viro en un callejón, así que le siguió algo incomodo por lo poco iluminado que se encontraba "¿A donde fue?" continúo caminando, pasando al lado de un contenedor de basura muy grande, cuando alguien le hablo.
– ¡HEY TU! – Giro para ver quien le había gritado, cuando sintió un fuerte golpe en la cara.
– ¡DEJA DE SEGUIRME! –Escucho de nuevo y cayó al suelo después del segundo golpe que le dio justamente en la sien. "¿Qué demonios?" casi inconsciente pensó cuando vio el rostro de ese hombre frente a él.
– ¡Dios mío, creo que lo mate!… ¡No te mueras sujeto!– Escuchando la voz de ese hombre, sus parpados se cerraron lentamente, sumergiéndolo así en completa obscuridad.
Fin del capítulo lll
