Capitulo lV – Después del encuentro accidentado

Se encontró en una habitación de cuatro paredes, completamente blanca, desde el suelo hasta al techo. No había ningún mueble, excepto un espejo grande al fondo, al cual desconcertado se acerco a paso lento. Al estar frente a él, se observo. Su reflejo lo sorprendió, puesto que no tenía las ropas que solía usar, sino que era una especie de uniforme, de pantalón blanco, camisa blanca, chaqueta color café, correas de cuero y botas altas. Observo con mayor detenimiento cada detalle del uniforme, notando así un logotipo cosido en un bolsillo de la chaqueta, al igual que uno por la espalda pero de mayor tamaño. "Esto es…" pensó mientras tocaba la pañoleta que tenía alrededor del cuello. No entendía el por qué estaba ahí y estaba usando esa ropa extraña, pero la sentía familiar.

Se aparto del espejo, mirando alrededor de la habitación, cuando de repente una ventana apareció en una de las paredes, así que se acerco a ella y vio hacia a fuera. Ahí había un paisaje de una pradera, el cual miro maravillado, luego a lo lejos vio a ese hombre alto de cabellera rubia, usando el mismo uniforme que él. De repente ya no había habitación, las paredes desaparecieron y ahora se encontraba en la pradera a unos pasos de ese hombre, al cual sin saber porque se comenzó acercar.

Cuando estuvo detrás de él, el hombre le miro por encima de su hombro, sonrió y antes de que tocara su mano, uno de esos gigantes apareció de la nada y de un manotazo aparto de su lado al hombre alto y lo alzo como si fuera el juguete de un niño. Grito, horrorizado por aquello, pero su voz no se escucho, no escuchaba nada, todo estaba en silencio, no había ningún sonido, mas que el de su corazón, que retumbaba como tambores. Le dolía el pecho, le temblaban las piernas, tenía miedo y no quería mirar a ese monstruo, pero miro, miro al hombre rubio en manos del gigante, y vio su cara desolada, hasta que escucho como se esforzaba para susurrar, su nombre.

– Levi…Levi…

En un segundo vio como fue partido en dos y como la sangre cayó sobre sus ojos, que se cegaron.

– ¡AHH! –Grito y se levanto de un tirón sobre la cama en donde se encontraba, respirando agitado y desconcertado. "¿Qué demonios?" pensó al momento que se llevo una mano a su frente, antes de mirar lentamente a su alrededor, percatándose que se encontraba en una habitación de hospital. "Fue un sueño…no…fue una pesadilla" volvió a decirse a sí mismo, mientras se sentaba en la cama, colgando sus pies. "Tchh" se quejo para sus adentros y se volvió a llevar la mano a su sien, le dolía demasiado esa parte de la cabeza. ¿Qué había pasado, por que se encontraba en el hospital?

– ¡Demonios! –Exclamo cuando recordó lo que había pasado, había seguido al sujeto rubio y este lo había golpeado. "Entonces me desmaye, pero ¿cómo llegue aquí?"

–Señor ¿está bien? –Una enfermera le llamo, sacándole de sus pensamientos.

–A-a, ¡si!, estoy bien – Se paró un poco tambaleante y tomo su saco, que estaba en una silla, luego agrego. – ¿Sabe usted como llegue aquí?

La enfermera apresurándose a cualquier cosa, ya le sujetaba el brazo para ayudarle a reincorporarse. –Fue un señor quien le trago aquí. Dijo que le vio desplomarse mientras caminaba en la calle y que se golpeó al caer.

"Así que él me trajo" pensó en un instante al oír la respuesta de la enfermera, luego la miro y profirió mientras fingía una sonrisa.

–Oh que amable de su parte, ha sido mi salvador. He estado últimamente tan cansado tal vez fue por eso.

–No ha sido nada grave, hoy mismo esta de alta. Tuvo suerte que el señor que le trajo pasaba por ahí. –La enfermera muy amable le comento, sonriendo como reflejo de su sonrisa.

–Me gustaría agradecerle en persona. De pura casualidad dejo su nombre. Na-nanaba, ¿cierto? –Se refirió al nombre de la enfermera, al ver su gafette. Mucho tiempo en el negocio con proveedores, había aprendido como a persuadir a las personas con pequeños detalles.

–Si, soy Nanaba. Permítame unos minutos señor. Iré a revisar, sí se registro el señor que le ayudo.

En cuanto salió la enfermera de la habitación, se puso el saco, fajo su camisa y busco sus zapatos en un cajón de un pequeño mueble, los cuales después de tomarlos se calzo. En cuanto supiera el nombre de ese hombre sería más fácil buscarlo. Aunque algo en su interior le decía que era quien buscaba.

Al paso de un rato la enfermera regreso y él ya se encontraba listo para retirarse. Ya no se sentía mal, le dolía un poco donde le había golpeado, pero de ahí en más ya no sentía ninguna dolencia.

–Señor, quien le trajo se apellida Smith, es todo referente que dejo antes de marcharse. –Al oír eso de la enfermera, se sorprendió porque tenía el mismo apellido que el hombre de sus sueños.

–Gracias. Eso sirve de ayuda – Agradeció y dispuesto a irse la enfermera le detuvo del brazo y musito.

–Permítame revisarle antes de que se vaya. – Ante esa reprimenda de la enfermera no le quedo de otra que quedarse.

Después de una revisión de quince minutos, la enfermera llamada Nanaba, le dejo libre. Al parecer era una mujer muy dedicada con sus pacientes y algo en ella se le hacía familiar, pero con las ganas de irse del hospital, no se quedo a platicar más con ella, solo recogió sus pertenecías y se fue.

Cuando salió del hospital camino un poco para despejar su cabeza, no podía creer que tal vez lo había encontrado, solo le faltaba buscarlo y hablarle, "¿pero qué le diré cuando me encuentre con él?, hola soy el sujeto que te siguió y dejaste inconsciente" pensaba de forma negativa y algo desanimado su encuentro había sido muy accidentado, le sería muy difícil volver acercarse para comprobar si era el Erwin Smith que buscaba.

Sin darse cuenta camino sin rumbo y por suerte, llego al edificio donde vivía. Al entrar saludo al guardia con amabilidad, era un hombre mayor que nunca le negaba una sonrisa y siempre amenizaba su día al llegar, pero ni la sonrisa de ese hombre le hizo sentirse bien del todo, solo subió por las escaleras arrastrando los pies, ya que el elevador estaba descompuesto. Y en su infortunio, su departamento estaba hasta en el noveno piso, el último del edificio.

Jadeando llego hasta su piso y al caminar por el pasillo se encontró con una figura femenina frente a su puerta, la cual sin reconocer, se atrevió a llamarla.

– ¿Mikasa?

–Si primo, soy yo. ¿Puedo quedarme aquí esta noche?

–Por supuesto.

De inmediato le abrió la puerta a su prima para que entrara a su departamento el cual era muy espacioso y cómodo.

– ¿Qué sucedió?, ¿Volviste a pelear con tus padres? –Le pregunto atento mientras se quitaba el saco y lo colgaba en el perchero dentro de un armario pequeño junto a la puerta.

–Si, de nuevo discutí con ellos.

– ¿Y ahora por qué? –Se sentó en su sofá el cual tenía un bonito diseño en color blanco, después de inquirirle con genuina preocupación pero sin manifestarlo del todo.

–Porque nunca van a los festivales de la escuela y esta vez, yo voy a participar en la obra escolar.

– Oh ya veo, pero no veo el porqué salirte de tu casa. No seas tan colérica Mikasa. –Al ser mayor tenía la responsabilidad de reprender a su pequeña prima.

–Me enfermaba estar ahí y nunca me ponen atención, se que están ocupados con el trabajo pero saben que me gusta la actuación y es importante para mi esto.

–Lo sé Mikasa pero los mortificaras si te escapas de casa. Voy a llamarles. –Se levanto un poco del sofá pero fue jalado por ella, ocasionando que volviera a sentarse con brusquedad.

–No, no los quiero ver, estoy enfadada. –Dijo con tono colérico la chica.

–Pero van a estar preocupados, déjame avisarles que pasaras la noche aquí. –Trato de convencerla con voz afable, logrando calmarla.

–Vale –Respondió su prima agachando la cabeza avergonzada.

Ante la respuesta de su prima se levanto y tomo su teléfono, así llamando al padre de su prima, quien era su tío lejano. Le aviso que pasaría la noche con él y que luego la llevaría en su auto a su casa. Y al terminar la llamada volvió con su prima y se sentó en el sofá.

–Listo, ya les avise y me dijeron que están preocupados pero que está bien que te lleve mañana.

–Gracias Levi. –Dijo la chica con tono tímido y luego le miro tomando su mano agregando. –Levi, ¿quieres ir mañana al festival y ver mi obra escolar? Es día de asueto, sé que no tienes que trabajar e ir a tu cafetería. Anda di que si.

Sin poder negarse a su prima que tanto quería por ser la única que se parecía en él en muchas cosas y además de su adorable rostro juvenil que sabia usar para convencerle, acepto dedicándole una sonrisa.

–Vale iré.

Fin del capítulo lV