Dragon Ball no me pertenece. Es obra original de Akira Toriyama. No obtengo absolutamente nada con este escrito, solo la satisfacción de que la gente lo lea.
Acerca de Piccolo y el tema de la sexualidad, varias entrevistas con Toriyama y la DragonWiki aseguran que los nameks son hermafroditas, así que simplemente obviaré el detalle de dar explicaciones sobre su sexualidad. El amor es un sentimiento universal y todo ser vivo es capaz de sentirlo, si no no haría explicación al afecto que le tomó al pequeño Gohan. Bueno, tras esta explicación, continuamos.
Capitulo 2: Una visita a la ciudad
Los meses pasaban, y a pesar de la oscura descendencia del pequeño, Ox Satán empezaba ver a Piccolo Junior como a su propio hijo. Toda esa maldad que creían que podía poseer había desaparecido, muchos creían que era gracias a la amabilidad e inocencia de Chichi, algunos creían que simplemente esa maldad nunca existió. Sin embargo, no podían negar que era el hijo del malvado Piccolo Dai Maho, empezando por su apariencia y por las continuas pesadillas que el pequeño tenía casi todas las noches. EL pobre niño sufría al ver como en sueños su malvado padre le recordaba su misión de conquistar al mundo y matar a Goku, muchas veces Chichi trataba de consolar al pequeño por aquellos horribles sueños, pero era casi imposible, ya que el aquel malvado monstruo le dio la vida para seguir sus pasos, y aunque intentara reprimirlo, muchas veces pensaba que sería imposible escapar de su destino. Sin embargo, no se rendía, ya que la amabilidad de aquella terrícola le hacía convencerse aún más de que debía redimirse y de que la maldad no era tan satisfactoria como su padre decía.
Pasó el tiempo y finalmente sólo quedaba un año para el próximo Torneo de las Artes Marciales, todos estaban entrenando muy duro, pero nadie sabía de la existencia del hijo de Piccolo, únicamente Goku, Kamisama, Chichi y Ox Satán. Mientras Goku y Kamisama entrenaban día y noche pensando en un método para derrotar a Piccolo Jr. en el Torneo, Chichi se dedicó a ser amable con el pequeño, siendo ella la salvadora del mundo esta vez.
Piccolo y Chichi habían convivido bastante en estos últimos dos años, jugaban juntos, entrenaban juntos, incluso Piccolo había agarrado el gusto a comer, y aunque debido a sus genes no le era necesaria la comida para vivir, simplemente lo hacía por acompañar y saborear lo que la Chichi le preparaba. Además, Chichi también disfrutaba la compañía del pequeño Namek, aunque una cosa que no esperaba era ver la velocidad de crecimiento de su compañero de juegos, tanto en madurez como en aspecto. Ya tenía dos años, pero aparentaba los dieciséis. Si, la raza de los Nameks tienen una infancia muy corta.
En esos días, Chichi y Piccolo aparentaban la misma edad. A Chichi le preocupaba que su crecimiento no fuese a parar, pero Piccolo estaba ya llegando a una edad en la que los Nameks duran casi toda su vida, un cuerpo joven y fuerte que les permitirá luchar por más tiempo, al igual que los Sayayin.
ChiChi empezaba a mirar al pequeño Piccolo con otros ojos, ya no era aquel niño pequeño que llevaba al bosque a jugar y a entrenar, ya era todo un hombre y diciendo las cosas claras, Chichi estaba tan acostumbrada a él, que hasta le comenzaba a ver como a un hombre bastante atractivo. Ella no entendía porque lo veía así, ya que era el hijo aquel malvado monstruo, quizá eran las hormonas de la edad, quizá realmente el no era feo, o simplemente podía ver más allá de su físico, simplemente entendió que empezaba a verlo de otra manera y no entendía muy bien como describirlo.
Hoy era el día antes del décimo séptimo cumpleaños de la princesa ChiChi,y como era tradición, su padre quería hacerle una gran celebración a su hija, pero la princesa no estaba muy entusiasmada con asistir a otra fiesta con los mismos pueblerinos de siempre. A decir verdad, esta vez quería romper las reglas, ella quería conocer la gran ciudad, quería ver otro tipo de personas, quería comprar ropa nueva, ir a comer a un restaurante, al cine; todas esas cosas que tenía la gran ciudad, ya que siendo franco, su pueblo era bastante aburrido.
Chichi sabía que su padre se negaría rotundamente a su petición, ya que era muy conservador, por lo que decidió planear su escape hacia la ciudad ese mismo día. Sabía que su padre estaría haciendo los preparativos esa noche y la mañana siguiente, por lo que pensaba que no le haría ningún mal darse una pequeña escapada a la ciudad aquella noche. Así que sin pensarlo mucho fue con Piccolo a pedirle que la acompañarla, sabía que si iba con el no le pasaría nada, ya que siendo realistas, el era el hijo del malvado Piccolo DaiMaho, el hombre que casi gobierna al mundo con su gran poder, el cual, por suerte, había heredado su nuevo amigo. Piccolo no estaba muy convencido del plan, la verdad era una persona un tanto reservada y no quería que el mundo se enterara de que era el hijo de aquel demonio. Sin embargo, a el le agradaba estar con Chichi, por lo que decidió acompañarla. Afortunadamente Chichi improvisó un atuendo para el joven namek, le consiguió unos jeans, unos zapatos deportivos, una camisa amarilla de manga larga que cubriría aquellos parches, y lo más importante una gorra que ocultara su identidad.
- ¿Por qué me tengo que vestir de esta forma? No me gusta nada. – Dijo Piccolo después de probarse un atuendo que ChiChi le dio para acompañarla.
- Porque necesito que no espantes a la gente. - Contestó Chichi.
- ¿Me estas diciendo que si no salgo vestido de payaso la gente se va a asustar de mi? – contestó Piccolo con tono sarcástico.
- Eres el hijo del malvado que aterrorizó a la tierra matando a miles de personas, y lamentablemente se nota que eres su hijo – le contestó ChiChi.
- Estoy harto de estas tonterías. ¡Como si me interesase ahora ponerme a conquistar este estúpido planeta!- Dijo Piccolo furioso.
-Eso lo sabes tu, mi padre y yo. Los demás no se van a parar a preguntarse sobre tus intenciones, solo tratarán de hacerte daño. - Dijo Chichi preocupada por él.
- Como me toquen les rompo todos los huesos. - Dijo Piccolo violentamente.
-Si, pero quiero tener un lindo día en la ciudad, y quiero estar en paz y armonía, no esquivando golpes. – Argumentó ChiChi. Piccolo no podía contra esa mirada, y dejó de discutir inmediatamente.
Chichi también quería lucir bonita, por lo que se puso por primera vez algo de maquillaje, y una linda blusa con una minifalda. Cuando estuvieron listos, el joven Piccolo tomó a Chichi por la cadera y juntos se fueron volando del pueblo natal de Chichi, afortunadamente Ox Satán no sabía leer el ki, así que su huida pasó totalmente desapercibida.
Piccolo nunca había estado en la ciudad. Y ver tanto tipo de gente lo impactó. A el no le gustaba mucho relacionarse con la gente, pero esta vez hizo una excepción. Estando junto a ChiChi era tolerable cualquier actividad en cualquier lugar.
Esa tarde Chichi aprovechó para comprarse algo de ropa, y más noche quiso pasear por la ciudad, emocionándose al ver tantas cosas que hacer. Tantas discotecas, tantos bares, aunque aún era menor de edad y tendría que buscarse una forma de colarse en aquellos sitios. Tomó al Namek por el brazo y lo arrastró a una discoteca que le había llamado la atención.
- Señorita, usted no puede entrar, es muy pequeña. - Le contestó un guardia que se encontraba en la entrada.
- Vamos. Es mi cumpleaños. - Trató de disuadir la pequeña adolescente.
- Si no es su cumpleaños numero dieciocho no puedo dejarla pasar. - A Piccolo no le gustó como estaba tratando el dependiente a su amiga, lo cual le hizo enojarse y acercarse al dependiente alzándolo por el cuello. El guardia empezó a sudar de miedo.
- Piccolo déjalo no es para tanto. Podemos buscar otro sitio.
- Pero si tu quieres entrar a este, este será. - Miró amenazante al dependiente. El otro lleno de miedo asintió, acto seguido Piccolo soltó al hombre por el cuello dejándolo caer e ignorándolo, tomó a Chichi por la mano y entraron a aquella discoteca.
- Muchas gracias por defenderme Piccolo. - Le dijo mirándolo de reojo. Aunque sin recibir respuesta.
Dentro de aquella discoteca las cosas eran bastante ruidosas y a Piccolo le molestaban bastante los oídos, pero bueno, era el cumpleaños de Chichi y no iba a arruinarlo por nimiedades. Chichi comenzó a bailar en la pista bastante contenta. Piccolo solo intentaba no rozarse con nadie, nunca había estado rodeado de tanta gente, generalmente en el pueblo de OxSatán solía recluirse en el bosque, ya que no le gustaban las personas. Así que no era difícil imaginarse lo tenso que era todo esto para el en este momento, sin embargo, Chichi estaba teniendo un buen momento y no quería arruinarle la velada. Así que decidió y a reposar a la pared mientras su amiga se divertía.
Mientras Chichi bailaba, Piccolo la observaba desde algunos metros, desde hacía algunas semanas, por alguna extraña razón que no entendía, empezaba a sentir una atracción muy extraña hacia ella, no era simple amistad ni hermandad, era algo más, y esos sentimientos le molestaban bastante. En cuanto a su fisionomía ya tenía el cuerpo de un adolescente, a pesar de tener sólo dos años de edad.
- ¿Quieres bailar preciosa? - Interrumpió sus pensamientos un chico que se acercó a Chichi tratando de cortejarla. A pesar del ruido, su oído podía distinguir entre diferentes canales de sonido. Chichi sólo quería divertirse así que accedió y empezó a bailar con el joven. Piccolo trató de ignorar la situación, sabía que debía dejar a Chichi divertirse, simplemente le había acompañado para cuidarla. Pero sin embargo, el hecho de verla cerca de aquel sujeto hizo que la sangre del namek empezara a hervir. No sabía porqué pero lo único que quería era volarle la cabeza a ese tipo.
Piccolo trató de contener su enojo, pero le estaba costando controlarlo, y encima de todo su forma de gruñir había ahuyentado a todos los que tenía a menos de 3 metros, la gente en aquella discoteca estaba aterrada con la presencia del namek. Pero su paciencia se agotó cuando aquel chico tomó a Chichi por la cadera y le plantó un beso allí mismo, dejando a Chichi con los ojos como platos. Pero no duró mucho, ya que el puño del príncipe de los demonios golpeó su rostro estrellándolo en la pared.
- ¡Piccolo, no tenías que hacer eso! - Le gritó enojada.
-¿Qué demonios hacías con ese imbécil? - le preguntó groseramente Piccolo a Chichi.
-¿Que.. acaso te importa? - Le contestó enfadada. El tono que estaba usando para dirigirse a ella le molestó bastante. Piccolo la miró rabioso, pero sin saber que contestar a esa pregunta. - Piccolo, que te pasa, pensé que veníamos a divertirnos.
- ¡¿De verdad te estabas divirtiendo con esa cosa?! - Le contestó señalando amenazante a aquel sujeto inconsciente.
- ¡Alguien llame a una ambulancia! - Se oyó gritar a una chica que se había acercado al muchacho para ver como estaba y vio que apenas respiraba. Todos empezaron a ver a Piccolo con miedo, pero la advertencia de la chica en vez de ayudar al joven hizo que todos los que allí se encontraban salieran corriendo del negocio.
- Vaya, que cobardes. Chichi, nos vamos. - Habló el namek. Estaba harto de ese lugar.
- Pero... - Sin dejarla terminar, la tomó por la cadera y salió volando atravesando el techo del recinto.
- Piccolo, quiero bajar.
- Regresaremos ya a casa, no debemos molestar a tu padre.
- No quiero, bájame. - Dijo enojada empezando a forcejear tratando de soltarse. Piccolo trataba de controlarla, pero no podía y sin darse cuenta soltó a la terrícola. Lo que Chichi no sabía es lo alto que estaban, pero bueno, afortunadamente Piccolo voló rápidamente y se colocó debajo de ella, logrando atraparla con ambos brazos. Acto seguido, Chichi rodeó su cuello con sus brazos y empezó a sollozar. Piccolo empezó a sentir algo en el pecho que no le permitía estar tranquilo, el llanto de aquella terrícola le hacía sentir un nudo en la garganta, no sabía porqué, y eso le molestaba. Así que decidió aterrizar cerca de una cascada que estaba cerca de allí.
- ¿Porqué estas llorando? - Le gritó el namek una vez la soltó en el suelo.
- No entiendo porque me has hecho esto, solo intentaba tener una velada divertida contigo. - Le contestó entre sollozos.
- ¡¿Conmigo?! ¡Si te la pasaste bailando con ese imbécil! - En ese momento Chichi comprendió lo que estaba pasando.
- Piccolo... ¿Estás celoso? - Preguntó aún sabiendo la respuesta.
- ¡¿De que estas hablando?! ¿Yo celoso? ¡Ha! ¡No me hagas reír! - Gritó Piccolo ruborizándose del todo. ChiChi al mirar su reacción empezó a reírse.
-¿Que te hace tanta gracia? - Preguntó Piccolo. Sin entender que estaba al fin lo había entendió, Piccolo estaba enamorada de ella, y si lo pensaba detenidamente, ella también lo estaba de el, sólo que ninguno de los dos se había dado cuenta. Quien lo diría, enamorada del hijo del malvado Piccolo DaiMaho que hace dos años había intentando dominar el mundo.
- Estas celoso. - Le contestó con una sonrisa. - ¿Piccolo.. yo te gusto? - Le preguntó acercándose un poco mas, sin embargo, Piccolo desvió su mirada. - Piccolo, mírame. - Piccolo no sabía si hacerle caso, tenerla tan cerca lo ponía muy nervioso, el corazón le latía a mil por hora y no sabía si iba a ser capaz de controlarse si la volteaba a ver, pero tomando el valor necesario, volteó a verla, realmente estaba más hermosa que nunca. ¿Será esto aquel sentimiento llamado amor?
ChiChi se acercó mucho más a el, y rodeó su cuello con sus brazos. Piccolo estaba muy nervioso y totalmente ruborizado. La tenía a pocos centímetros de el, mirándolo, y sin darse cuenta, sus ojos lo atraían cada vez mas a ella.
En ese momento se dieron su primer beso.
Continuará...
