Disclaimer: Nada me pertenece. Todos los derechos a quienes correspondan.

A Drehn, porque nunca me gustó perder y no me resigno. Algún día, Andy…algún día sé que te va a gustar.

Amarillo.

Victoire era una marinera de agua salada. Eso era sabido.

Cuando conseguía escapar de las miradas de mamá y la abuela Molly (a quien le gustaban esos vestidos largos y bordados por todos lados, con puntilla y todos esos detalles quisquillosos) corría hasta la playa y estaba muy orgullosa de que la dejaran entrar en el mar hasta que el agua le tapara las rodillas.

Los ojos de Victoire, sabía Teddy, eran de mar.

Cómo le gustaba a él espiarla, esconderse entre su secreto y los matorrales, ser su espía y su confidente (por una cuestión de molestarla, de saber que si ella lo descubre se va a sentir perjudicada, más que otra cosa) y mirarla cuando se mojaba los pantalones hasta las rodillas, y su largo cabello se llenaba de sal y se despeinaba con el viento hasta quedar pegado a su ropa por el peso del agua.

A veces, ella lo invitaba a él a jugar, a chapotear un rato en el agua y a descansar sobre la orilla, a sentarse con las piernas abiertas y extendidas, armando montañas de arena mojada hasta que las olas se adueñaban de todo y lamían la arena y mojaban sus ropas.
Luego armaban castillos con arena húmeda (término medio entre la arena mojada y la arena seca). Castillos enormes.

Era cuestión de encontrar los juguetes de arena de Dominique, arrastrarlos juntos hasta la playa sin que nadie los viera y llenar los baldecitos de arena con ayuda de las palitas para después descargar la arena de los baldes sobre el suelo plano. Al quitar el balde, la arena tomaba la forma exacta del recipiente (eso sí, no había que tocarlo mucho).

La tía Hermione era muy hábil a la hora de jugar en la arena (pero generalmente no le pedían ayuda porque entonces la tía Ginny quería intentarlo…y cuando el tío Ron y el tío Harry –o peor: Hagrid– intentaban armar sus castillos, se destruían todos formando un desastre de arena que se mete por los ojos y juguetes que vuelan de aquí allá, y como son todos adultos, acaban peleando por ver quién tiene la culpa. Es que los adultos nunca entienden nada).

También corrían el riesgo de que los más niños se enteraran de que estaban jugando en la playa, entonces todos querrían hacer lo mismo y los adultos les negarían a todos el derecho (porque es peligroso que jueguen en el mar…) y para evitar que Fred y James comiencen guerras de arena que acaban cuando Albus termina con los pantalones llenos de arena y le molesta, o cuando Lily comienza a llorar porque se cayó y se raspó, e incluso cuando logran que Hugo se trague la arena que le arrojaron (fue sin querer); pasa que después se ahoga...

El caso es que eso es precisamente lo divertido de jugar en la playa (no que Hugo se ahogue, el hecho de tener que escapar de todos esos infortunios para poder disfrutar de las olas y la arena).

Cuando acaban, tienen cinco torres (una en medio de las otras cuatro) con dos ventanitas cada una, una muralla con varios dedos marcados que amenaza con derrumbarse, y un pozo manchado con los vestigios del agua que se esforzaron por trasladar desde el mar en baldecito hasta el pozo, que ha sido absorbida por la arena.
Ah, y un caracol en la cima de la torre principal, porque no consiguieron bandera.

Así y todo están muy orgullosos de su castillo de cinco torres. Pero al rato se olvidan de todo el rollo ese del castillo y acaban tumbados sobre la arena. El cabello de ella brilla entre la arena y el sol, y Teddy cree que es muy evidente que Victoire es una chica de mar y de arena.

(A Teddy siempre le ha gustado el mar).

Si llegaste hasta acá y dejás un review, Teddy te va a querer mucho.
(Y va a ser feliz)