Para nyaza
Título: Fascinación
Rating: PG
Personajes: Pansy/Daphne
Advertencia Redundante: Femslash
Pansy Parkinson no es bonita. Ni en el sentido convencional del término ni en ningún otro. Sus rasgos carecen de la perfecta simetría perteneciente a la belleza clásica, son afilados y duros y un alma poco caritativa y maliciosa podría decir, sin exagerar demasiado, que su rostro parece el de un dogo. Sus pestañas no son largas y curvadas típicas de las doncellas de los cuentos, su cabello no cae en bucles dorados por su espalda cual sirena griega y su piel no es el fino cutis de una muñeca de porcelana.
Pansy Parkinson no es una belleza deslumbrante. Pero sus ojos son agudos e inquisidores y brillan siempre con diversión, malicia o curiosidad, sus manos son delicadas y suaves; deliciosas, tenues curvas se adivinan por debajo de la túnica y su voz, a medias ronca, a medias aterciopelada, siempre consigue producirle escalofríos.
Pansy Parkinson no tiene un físico despampanante, pero se mueve con una gracia – en parte natural, en parte estudiada – que atrae las miradas y ejerce una fascinación sobre ella que no logra explicarse. Muere por enredar sus dedos en la cortina de finos cabellos oscuros que enmarcan su rostro, por probar el sabor y la textura de esos labios fruncidos, de acariciar su piel hasta provocar los mismos escalofríos que a ella la recorren entera.
Daphne no se explica de dónde viene este ansia, este anhelo, porque Pansy no es una belleza deslumbrante, no tiene el físico de una veela y ni siquiera es bonita – pero la fascina y la subyuga por igual. La chica más curiosa de todo Slytherin no puede dejar un misterio sin resolver y está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias para descifrar la clave del influjo que Pansy tiene sobre ella.
La sigue a todas partes aunque sea con la mirada, sus ojos no se pierden detalle de todo lo que hace Pansy. Cuando está mascullando entre dientes contra las clases de Criaturas Mágicas, cuando se levanta de la cama con ojos soñolientos pero con sus cabellos negros perfectamente acomodados en sendas cortinas rectas enmarcando su rostro hasta el mentón, cuando flirtea con Draco aunque ya sepa – todos lo sepan – que él no le corresponderá nunca. En todo momento Daphne la observa, desarrollando teorías, formulando hipótesis, refutando conclusiones imprecisas... La fascinación es más fuerte que nunca, porque poco a poco Pansy empieza a invadir todos sus pensamientos – pero no está más cerca de descifrar el motivo de tal fascinación que al principio.
Cuando una noche Pansy, harta del juego, la aprisiona contra la pared en las escaleras que van al dormitorio de las chicas para reclamar sus labios con ansia, Daphne deja de preguntarse porqué, deja de formular teorías y se aferra a la cintura de Pansy para no caer y caer, pero ya está cayendo, lleva meses cayendo... y lo que es más, ni siquiera le importa.
