Cuando cruzaron la puerta, cerraron tras de ellos dando un fuerte portazo, no querían que la tierna y adorable Regan tuviera la oportunidad de seguirlos.

Los tres chicos habían esperado que esa pequeña puerta los condujera a un baño de proporciones más reducidas que estuviera a oscuras como en las anteriores ocasiones, pero se habian equivocado otra vez en sus conclusiones. Se encontraban en un enorme cuarto de baño de blancos azulejos desde el piso hasta las paredes, con varias duchas en cada pared.

Armados con sus rustica armadura –Una olla de cocina y una cubo de plástico- y empuñando sus respectivas armas –Un cuchillo para filetear, una sombrilla azul de florecitas con una sustancia verde de dudosa procedencia escurriendo, un sartén de teflón, un palo de gol y bate de beisbol- miraron a su alrededor buscando algún otro espeluznante espectro salido de las películas muggles.

Se tranquilizaron un poco al no encontrar nada por el momento. Draco que estaba hasta las orejas de vomito verde, cortesía de Regan, necesitaba limpiarse un poco y dado que tenían aun la ropa mojada por tener que nadar en aquel rio de aguas gélidas, pensó en meterse con todo y ropa bajo el agua de una de las muchas regaderas, para limpiarse un poco del posiblemente toxico vomito demoniaco, era una buena idea.

A Theo aquel lugar le ponía los pelos de punta, con desconfianza miraba a todos lados, empuñando con fuerza el bate de madera, haciendo que sus dedos se tornaran blancos de tanta presión ejercida. Algo no andaba bien y lo sabía, pero estaba tan nervioso y alterado que su prodigiosa memoria no estaba en su mejor momento.

De algún lado le sonaba aquel lugar de apariencia tranquila. Los pequeños azulejos blancos de piso a techo, las numerosas duchas de metal y esas llaves de apariencia antigua, estaba seguro que los había visto en alguna de las muchas películas que Granger les había puesto en sus aparatos electrómicos, pero por más que intentaba acordarse a cual de todas pertenecía o qué tipo de monstruo, fantasma u entidad paranormal aparecía, no lograba recordarlo.

Cuando la luz se hizo en su cabeza era demasiado tarde, Draco ya giraba las llaves de una de las regaderas para controlar la temperatura y flujo del agua en la ducha para enjuagarse de la porquería que llevaba encima.

-¡Joder contigo Draco! –Exclamo el castaño con desesperación en la voz, acomodándose el cubo que protegía su prodigiosa cabeza.

-¿Ahora qué? –Pregunto desconcertado, pues ahora no había hecho nada o al menos eso creía.

-¡Siempre terminas cagandola! –Secundo la acusación el moreno, estaba seguro que si Theo lo acusaba, era más que seguro que algo muy malo había hecho otra vez el rubio.

-¡Yo no hice nada! –Molesto se giro a sus amigos, aun bajo el chorro de agua tibia bajo la que intentaba asearse un poco.

A penas termino de pronunciar la frase la llave del agua fría se cerro por completo y las del agua caliente comenzo a girar hasta abrirse por completo, pero no solo lo hizo esa llave, si no la de todas las demás regaderas.

-¡Te lo dije! –Un tembloroso castaño se ponía lejos de los chorros de agua calientes que amenazaban con cocinarlos.

Zabini furioso, le propino un golpe en la nuca. –¡Serás idiota!

-Yo que iba a saber. –Trato de justificarse, huyendo también del agua caliente.

-Tú nunca sabes nada Malfoy y mira hasta donde estamos por tu puta culpa. –Acuso colerico el moreno, mientras el castaño afirmaba las palabras con un movimiento afirmativo de cabeza.

-¿Y ahora qué? –Cuestiono el rubio con el rostro pálido, preguntándose que seguía.

Los tres se encontraban en el centro del cuarto de las duchas, el agua extremadamente caliente salía de todas las regaderas y por más que se alejaban de ellas, parecía que los tubos crecían acorralándolos. Fue cuando el terror comenzó.

-¡Aquí no pasa nada! -Se escucho una voz cavernosa bajo sus pies.

Brincaron a un lado, alejándose de la coladera.

-¡Solo quería saludarlos! –Continúo aquella tétrica voz.

-¡Carajo! –Exclamaron los tres a la vez, con los ojos desorbitados, amenazando con salírseles de las cuencas de tanto abrirlos.

-No voy a hacerles daño. –Prometió con burla. –Esto es muy estrecho para mi, tendré que agrándalo un poco.

A esas alturas los tres se abrazaban con las espaldas pegadas a una pared, viendo con terror como unos dedos enguantados se asomaban por el agujero de la coladera, haciendo que esta se abriera como si fuera de goma, lo suficiente para dejar pasar al dueño de aquella voz tétrica, que comenzaba a reír a carcajadas.

Un payaso de enorme cabeza, asomaba medio cuerpo por aquella que habia sido la pequeña abertura de la coladera, vestía un traje sumamente antiguo de payaso de colores azul, verde y morado; la pechera de su traje eran franjas amarillas y naranjas adornadas con pompones, además de holanes blancos; tenía todo el rostro pintado de blanco, solo las cejas y los labios delgados en color negro que le daba una apariencia demasiado tétrica, ademas de pequeños triángulos azules en sus parpados, la nariz roja sobresalía en ese rostro sin color, al igual que el cabello rojo alrededor de una calva en la parte frontal de su cabeza horriblemente desproporcional.

Les sonreía mostrando sus dientes amarillentos, saludándoles agitando su enorme mano protegida con sus guantes blancos. – Aquí estoy pequeños. Creo que les gustara ver, lo que hay acá abajo.

-¡Joder con el payaso pervertido! –Zabini no sabía si reír o llorar de pura desesperación.

-No les servirá de nada correr, pequeños mocosos. Me apareceré en tus sueños. Vendré muchas veces, trae a tus amigos. –Invito sonriente agachando un poco el rostro y cuando lo levanto sus ojos eran de un amarillo enfermizo al igual que sus dientes afilados como los de un tiburón.

Draco estaba blanco como la cera, nadie, absolutamente nadie hubiera pensado que el príncipe de Slytherin tuviera alguna fobia, todos los que lo conocían suponían que no tenía miedo a nada o al menos eso aparentaba, porque incluso en sus peores momentos ante el innombrable había sabido ocultar muy bien sus temores para no parecer débil ante él, sin embargo, hay un punto en el que hasta el mas valiente puede quebrarse, un punto donde el miedo se vuelve irracional.

Las fobias es un miedo intenso y desproporcional, hacia cosas o situaciones, que para los demás puede parecer sumamente normal. Son terrores tan extremos que pueden desatar una crisis nerviosa a quienes lo padecen. Puede ser hacia algo tan inofensivo como los insectos, las alturas o los lugares cerrados y son tan comunes que a veces ni siquiera lo notamos hasta que es inevitable no darse cuenta. Por ejemplo, Draco pensaba en ese momento, que está bien que toda la puta noche hubieran estado corriendo como locos despavoridos, tratando de salvar sus vidas por qué todos los demonios, monstruos, seres de la noche, asesinos seriales, zombies y demás trataban de atraparlos; podía tolerar el dolor en cada parte de su hermoso cuerpo, sus adoloridas piernas de tanto correr, su trasero por el golpe que recibió cuando Dracula los mando a volar con un simple empujón, los rasguños, golpes y moretones, no eran nada serio, pero ahora, justo en ese momento estaba a punto de mandar todo a la mierda.

Porque podía ser que a esas alturas hubieran pasado por varios infiernos y aun asi, temblorosos, asustados, cansados y adoloridos, seguían enteros, quizás con los nervios destrozados y su ritmo cardiaco por los cielos, pero aun vivos y completos. También era cierto que se sentían como unos críos a punto del llanto –Blaise ya había sucumbido a ese deseo- y que iban de susto en susto, temiendo incluso de sus propias sombras, sin embargo, y a pesar de todo, seguían adelante, maldiciendo con los dientes apretados la estupidez de Draco, pero seguían, a medias y con un miedo que da gusto, pero no habían pronunciado esa maldita palabra que los libraría de ese suplicio. Ante todo por que temían lo que darse por vencidos les podría acarrear con Malfoy.

Además eran Slytherin y aun de mierda hasta el cuello eran orgullos, no importaba que lloraran como niños y gritaran como chicas, eran hombres, no los mas valientes, pero hombres y si Draco no renunciaba, ellos no lo harían por mucho que lo desearan. Lo que no se imaginaban era que su rubio amigo, se rendiría en ese momento, si fuera capaz de hablar, si al menos pudiera moverse y correr, si tuviera la capacidad de coordinar sus pensamientos dispersos y ordenar a su cuerpo que se moviera y saliera corriendo de cómo alma que lleva el diablo.

Theo y Blaise ni siquiera notaron el horror en su rostro al ver el payaso "Eso". Salieron de ahí, tan rápido como pudieron, arrastrando por inercia al rubio que seguía sin poder moverse, presa de su miedo desproporcional, Draco sufría de coulrofobia, fobia a los payasos

*o*O*o*

-¿No crees que ya es demasiado? -Pregunto la pelirroja comiendo palomitas de un gran cubo, sin perder detalle de lo que ocurría, como si estuviera viendo una película.

-Ya lo se, pero no puedo hacer nada, mientras ellos no lo pidan, no puedo ayudarlos. –Había angustia en su voz, incluso después de lo que ese trió les hicieron hacer, pensaba que ya era demasiado hacerlos sufrir.

-Y si los ayudamos. –Pregunto con voz soñadora Luna, la miembro honoraria en el grupo de los Leones.

-Pues no se ustedes, pero al menos nosotros no la estamos pasando en grande. –Dijo el pelirrojo y Harry afirmo esa declaración.

-Nosotras también opinamos lo mismo. –Sonrió con cierta malvada Pansy y Astoria.

-No creo que les parecería gracioso si fueran ustedes.

-Te recuerdo Granger que fue tu idea.

-Sí. –Admitió. –Pero no crei que esos tres estaría al límite de la histeria.

-¿Qué esperabas? Con ese maratón de películas de horror a cualquiera se le funde el cerebro.

-Creo que lo mejor es que lo saques. –Esta vez Harry lo pensó mejor, ya era demaciado.

-Créeme que si pudiera lo aria, pero hasta que ellos no digan la palabra de seguridad, nada puedo hacer.

-Creo que están demasiado asustados para recordar siquiera las instrucciones que le diste. –Afirmaba la rubio de enormes y expresivos ojos azules.

-Tiene razón Luna, lo mejor será que alguien vaya con ellos.

-¿Pero quién? -Pregunto la pelirroja sin dejar de comer palomitas.

-Supongo que seré yo. –Suspiro con frustración.

-¿Sera seguro?

-Mientras estén listos para sacarnos en cuanto los haga decir la palabra, no abra problema. –Dijo con seguridad la castaña, aunque en el fondo temía que esa panda de despistados al final no lograran sacarlos y si era así, tendrían que llegar hasta el final, lo que no iba a resultar para nada agradable. -¡Entonces hay que hacerlo!

-¿Estás segura?

-Estoy segura. –Acepto con aplomo.

-¡Entonces hagámoslo! –Dijo con entusiasmo la morena y la rubia Slytherin, que se notaba que la estaban pasando en grande.

-Aplaquen ese entusiasmo si no quieren que las mandemos a ustedes. –Amenazo el pelinegro.

Las sonrisas se apagaron al instante.

Hermione se preparaba para acompañar a Nott, Zabini y Malfoy al peor lugar del mundo, su pesadilla personal.