Striptese

Hermione no podía creer lo que acababa de hacer Luna. Tras bambalinas ella había observado con la boca abierta y los ojos desorbitados todo el baile de su amiga, incluso la vio terminar completamente desnuda delante de Nott sin mostrar síntoma de pena, vergüenza o pudor alguno. Incluso cuando termino de vestirse y regreso al resguardo de las cortinas en la parte oculta de la pista la vio radiante con las mejillas arreboladas por el esfuerzo que le implico el baile y las manos llenas de billetes, pero sin ningún atisbo de molestia o nerviosismo.

Lo cierto era que en ese momento envidiaba su manera de ser simple, tan ajena al peso de los prejuicios, los tontos escrúpulos y los lineamientos sociales, así no se encontraría en ese debate interno entre seguir adelante o desistir ante lo que ella consideraba algo sumamente vergonzoso.

Era la última, ya se había quitado la bata que la cubría, tenía el rostro rojo, mas aun porque en la mesa principal frente a la pista, ya no estaba solo los muchachos, sino que también se les habían unido con sendas sonrisas, Ginny, Astoria y Pansy. Solo Luna estaba a su lado, siendo que recién había terminado su participación en el dichoso reto.

-¿Estás bien? –Le pregunto la rubia poniendo su delgada mano sobre la frente de su amiga que había pasado de estar con el rostro enrojecido a estar pálida como un fantasma.

-Sí. –Afirmo aunque no creía demasiado esa declaración.

-Estas muy pálida y tienes las manos heladas. –Indico pues después de tocar su frente le tomo sus temblorosas manos.

-¡Estoy bien! Son solo los nervios.

-¡Lo harás bien! –Animo con convicción.

-No estoy muy segura de eso Luna. –Sonrio con tristeza.

-¿Por qué? -Pregunto inocente como siempre.

-Creo que yo solo lograre hacer el ridículo. Yo no soy tan atrevida como Ginny o tan hábil, sensual o desinhibida como Astoria y Pansy o tan natural y espontanea como tú, ni siquiera soy capaz de mostrarme así sin sentir que el rostro me arde de vergüenza. –Le dijo señalando la poca ropa que vestía.

-Esto es un juego, deberías disfrutarlo.

-¿Disfrutarlo? –Pregunto atónita. –¿Cómo podría disfrutarlo?

-Yo pensé que disfrutarías de poner en su lugar a Draco y demostrarle que Hermione Granger no es nada mas una mujer inteligente, que eso es solo una parte de quien eres. –Dijo apretando ligeramente su mano. –Quizás es que no te das cuenta de cómo te ven los demás, necesitas darte cuenta de lo fabulosa que eres, no necesitas ser como Ginny, Astoria, Pansy o yo, cuando ser Hermione debe ser grandioso.

La pista de música ya sonaba cuando Luna aun hablaba con Hermione. Tuvieron que detenerla unos minutos al darse cuenta de que la castaña no salía.

En la mesa sus amigos comenzaban a murmurar y hacer apuestas de que la leona después de todo no se atrevería, los Slytherin ya cantaba victoria y solamente Draco trataba de ocultar su decepción con una media sonrisa de suficiencia.

La castaña temblaba de miedo y nerviosismo mientras escuchaba a su amiga. Era verdad que ella era mucho más que solo una chica inteligente, podía ser que consideraba ese reto un tanto machista y retrograda, pero después de todo era un juego, uno en el cual podía mostrar que tenia muchas facetas y que no se iba a acobardar por salir de su zona de confort.

En ese preciso momento admitió que lo que la tenia paralizada no eran todas esas excusas que había puesto sobre considerar aquella prueba demasiado, sino eran sus propios complejos los que la tenia amordazada y acobardada.

Quizás era verdad que ella no tenía todas las cualidades de sus amigas y compañeras, pero sí que podía con esfuerzo demostrarse a si misma que podía lograr lo que se propusiera. Tal vez ese era solo un estúpido baile, parte de un juego, pero también representaba enfrentarse a sus miedos más profundos; al rechazo y la desaprobación, a no ser lo suficientemente buena.

Dicen que el miedo puede paralizarte de tal manera que te limita, pero también dicen que cuando sientes tanto temor que tu respiración se agita y tus latidos se aceleran, tu propio instinto de conservación te da un golpe de adrenalina que te permite correr mucho más rápido que en una situación normal.

Hermione tenía miedo de fracasar, estaba paralizado cuando las luces se ajustaron de nuevo y por segunda vez la música que marcaba su entraba comenzó a sonar. Era momento de quedarse ahí escondida de sus temores o salir para encararlos, para mirar a la cara al miedo y decirle que eres mucho más valiente de lo que tú misma imaginaste.

Cuando amordazo al miedo, solo quedo la adrenalina y eso fue suficiente para que lo demás desapareciera.

-Gracias Luna. –Le dijo sonriendo de maneja genuina mientras se ajustaba el sombrero y salía a escena.

Algunos comentan que cuando se tiene pánico escénico lo mejor es imaginar que el publico esta desnudo; Hermione no quiso arriesgarse con esa técnica… Prefirió usar aquel consejo que dice, que es mejor imaginar que se está completamente solo y que nadie más puede verte. Por eso imagino aquella mesa vacía, le ayudo en mucho el juego de luces que mantenía el lugar casi en una oscuridad absoluta.

Por un momento ella dejo de ser Hermione Granger para tomar el papel de Erin Grant en la película de Striptease. Le había gustado ese personaje porque le pareció una mujer con clase e inteligente, que se había visto forzada en trabajar en aquel bar para mantener a su hijo. Visualizarse de esa manera le dio seguridad pues a pesar de ser una desnudista era integra.

Se les corto el aliento cuando las luces se encendieron y la vieron al inicio del escenario metida completamente en su personaje, con un cigarrillo entre los dedos y dando una calada antes de dejarlo caer y pisarlo con gracia con su zapatilla para apagarlo.

Las carcajadas y las burlas que antes habían dominado a la mayoría murieron en sus bocas desencajadas y sus ojos sumamente abiertos, solo Ginny sonreía orgullosa, como debía sonreír una madre cuando ve a su pequeña hija triunfar.

La pelirroja era la única que había visto antes la presentación de Hermione. La castaña se había negado en rotundo practicar delante de cualquiera, prefirió hacerlo sola hasta que llegara el momento de la verdad. Pero Ginny era demasiado curiosa para respetar su decisión, por eso se había escondido muy bien la noche anterior para poder ver a escondidas el performance que su amiga estaba preparando.

Esa era la razón por la que se había mantenido en silencio, ante los comentarios burlones de las serpientes que afirmaban que Hermione no iba a poder con la presión y que si lo hacía era tan seguro que fracasara por ser tan pudorosa y recatada, que quizás era esa la verdadera razón por la que no se atrevería. Por eso se quedo callada y les obsequio una sonrisa lobuna que no paso desapercibida por Draco, que se aferro a la poco esperanza que esta le daba, para ver a Granger en paños menores.

Ginny no se había equivocado al suponer que les haría tragar sus palabras demasiado pronto. Con satisfacción estiro sus manos y con la punta de sus dedos empujando hacia arriba, le cerró la boca a Draco y a Pansy.

Frente a ellos estaba una Hermione irreconocible con sus zapatillas negras de tacón alto a juego con ese traje formal, saco negro, camisa blanca completamente abotonada, corbata anudada a la perfección y un sombrero a juego que mantenía oculta su tupida mata de cabello; se podría decir que era conjunto demasiado masculino o convencional, si no fuera que el pantalón en cuestión era más bien corto, muy corto, es más correcto decir que era un short negro que mostraba completamente las largas y torneadas piernas que sumados a los tacones marcaban bastante bien las pantorrillas y los muslos al mantenerlos en tención.

Cruzo con maestría y sin perder el equilibro parte de pista, ocultando un poco el rostro tras la sombra del sombrero, tomo con una mano el tubo para dar vueltas a su alrededor sin soltarse, agitando sus caderas, bajando hasta casi tocar el piso con su trasero y después levantándose pegando su anatomía a aquel frio metal, como si lo estuviera seduciendo.

Blaise estaba enloquecido, gritando como proceso, silbando y aplaudiendo, cuando el resto todavía estaba recuperándose de la impresión de ver a la siempre perfecta Gryffindor mostrando que no era buena solo con los libros.

Hermione estaba tan concentrada en seguir la música, que parecía que todo a su alrededor había dejado de existir. Quiso pensar que estaba sola como cuando practicaba.

Un cambio en la música y el saco negro se abrió por completo, para darle acceso a un par de manos que trazaron un camino por entre sus pechos, su estomago y su vientre, y que con maestría bajaron para desabotonar y abrir el cierre del corto pantalón, en un solo movimiento deslizo el pantaloncillo hasta sus tobillos y con una gracia que no le conocían libero una de sus piernas, para después con la otra que seguía atorada en la tela hacer volar la prenda, que cayó en manos de Steven el dueño de aquel lugar, que la cogió al vuelo con una radiante sonrisa.

Ron estuvo a punto de caerse de la silla, cuando intento apoyarse en la mesa y fallo por varios centímetros y casi de va de bruces contra el suelo, por no prestar atención a otra cosa que no fuera la sensual castaña que alguna vez fue su novia, la misma que considero que era demasiado sosa y con la que había terminado por las mismas razones.

Por otro lado Pansy y Astoria tampoco podían creer lo que sus ojos veían, habían esperado encontrarse con una presentación mediocre de una tímida leona, sin embargo, lo que veía estaba demasiado alejado de lo que habían imaginado.

La veían mover su cuerpo al ritmo de la música, agacharse, abriendo y cerrando sus piernas, agitando sus caderas, pasando con suavidad sus manos en una caricia atrevida sobre sus curvas. Después se va levantando segura y coge de nuevo con una mano el tubo para mantener el equilibrio y echar su cuerpo hacia atrás formando un arco con su anatómico cuerpo hasta que su cabeza roza el piso.

Cuando se levanta retira el sombrero que hasta el momento había mantenido oculto sus cabellos, y caen sobre su espalda como una marea de rizos castaños que rebotan y se agitan al ritmo de sus movimientos.

Lanza el sombrero, este cae en el regazo de Draco, que no puede evitar sonreír y colocárselo en su cabeza, maravillado, de lo que sus ojos están admirando.

Se quita el saco dejándolo caer para seguir con la corbata, que afloja de un tirón, lo que hace que incluso Nott tenga que pasar saliva con dificultad. Desase el nudo y estira la corbata, utilizándola para continuar con su baile se la pasa entre sus piernas, meneándose que da gusto. Y es entonces que se atreve a acercarse a la mesa, siguiendo en su papel de Erin se inclina y el único que parece entender algo es Steven que se apresura a colocar un par de billetes en el elástico de la fina tanga, Blaise lo imita, Theo tenía todas las intenciones de aportar a la causa de Granger pero Luna lo a dejado sin dinero y Draco esta tan fascinado, tan excitado que cuando audaz la acaricia al ponerle un billete Hermione se levanta y utiliza la corbata como si esta fuera un latigo que le ayuda a apartar al atrevido rubio.

Ya solo con la blusa blanca encima se restriega contra el tubo sin dejar de bailar erótica, su rostro es un poema de sensual prosa, con un par de ojos intoxicados por la adrenalina, brillantes, seguros y desafiantes, con un par de labios que sonríen, sin sonreír, que están disfrutando la tortura de unos dientes blancos al ocultar sus nervios tras una seguridad apasionante.

Les da un remanso de paz cuando camina en línea recta hacia el inicio de la pista. Todos piensan que es todo, que ha terminado, pero están equivocados, lo saben cuando la ven girar sobre sus talones en el momento preciso que la música cambia.

Hay una explosión de euforia cuando regresa sobre sus pasos, sensual y abre de un tiro la blusa blanca haciendo volar los botones. Queda entonces en ropa interior demasiado pequeña en color dorado, con cuentas brillantes, la parte alta a penas son dos pequeños triángulos que se atan con sintas a la espalda y nuca de la castaña y las bragas a juego son tan pequeñas y lucen triunfantes sus tesoros pendidos del elástico, varios billetes se asoman como si fueran un trofeo.

Las luces son más fuerte, la música más estridente y ella es una bomba sobre el escenario, es sensual, es fuego y nadie puede creerlo, ni siquiera Ginny que ha visto como a se a obrado una transformación en ella tan demoledora que le cuesta trabajo reconocerla.

Es como si fuera otra mujer la que estuviera sobre el escenario, girando en torno a un tubo brillante, endeudando y desenredando sus piernas y brazos, agitando y meneando sus caderas.

Hermione ha tenido que agregar un final a ese preformas pues en la película Erin ha sido interrumpida abruptamente por un hombre que ha enloquecido por su baile. Por tanto la castaña ideo terminar de manera simple con un último giro sobre el tubo, pero de algún modo ya no le parece suficiente y se arriesga a hacer algo más atrevido.

Un último giro, sabes que poco después de eso las luces se apagaran por completo. Aprieta los dientes tratando de no pensar, que lo más seguro es que se arrepentirá de lo que hará, pero eso será después, por ahora disfruta mucho de saber que le ha ganado en su propio juego a Malfoy.

Inclina de nuevo todo su cuerpo hacia atrás haciendo un arco con su espalda se endereza mirando desafiante al rubio y gira dando la espalda, para después desatar los cordones y liberarse del sostén.

Silencio, todos contienen en aliento pensando que mostrara sus pechos desnudos, grasó error, pues cuando está a punto de girarse para estar de frente, las luces se apagan y Blaise aúlla con frustración.

Cuando las luces se encienden de nuevo la larga cabellera rizada esconde la desnudes de sus senos y sonríe radiante, triunfadora, sabiendo que judío al príncipe y sus secuaces. Le reconforta saber que ahora va la suya y que les hará pagar con creces por su atrevimiento. Con ese pensamiento se va abandona el escenario para irse a vestir.

-Sera mejor que vayan a refrescarse un poco. –Les sugiere la pelirroja a los varones. –No creo que le agrade mucho a Hermione verlos así. –Dijo señalando sus pantalones que mostraban un evidente abultamiento.

-¿Celosa pelirroja? –Pregunta descarado Zabini.

Ginny se encoge de hombros. –Era solo una sugerencia si no desean que la leona los castre por degenerados.

La sola mención de tal acción le hizo estremecer a todos, de manera instintiva se protegieron la entrepierna y se excusaron para ir a refrescarse un poco antes de que llegara a la mesa la Gryffindor.

Draco pensó para su adentros que cualquier reto que fuera a ponerles Granger, merecía completamente la pena por lo que había acabado de presenciar.