Hola de nuevo jejeje
aquí les dejo otro capitulo, ya el siguiente será el ultimo y tendrá lemon XD
ya no molestaré ;)
ADVERTENCIA: este capítulo contiene insinuaciones sexuales, leer bajo su propia responsabilidad
Este capitulo va dedicado a CamiiTaisho, por ser mi primer comentario y por siempre estar ahí conmigo. Un beso para ti.
Corría, corría a toda velocidad intentando alcanzarla. Pero no podía…
Kagome se estaba desangrando y yo no podía llegar hasta ella para ayudarla. La flecha había atravesado su pequeño cuerpo y se desangraba.
— ¡Kagome! ¡Resiste! ¡Kagome! —ella no podía oírme. Tenía las manos sobre su herida y sus ojos poco a poco perdían color. Corrí con todo lo que mis fuerzas me permitían hasta que pude al fin llegar a ella. Pero mis manos estaban manchadas con sangre… su sangre. Ahora Kagome me miraba incrédulamente y horrorizada. Me miré las manos y vi mis garras más grandes… intenté hablar pero solo solté un gruñido. Kagome palideció y vi su cuerpo ahora lleno de marcas de garras. La vi caer a mis pies muerta y vi mis garras goteando sangre. Me vi reflejado en sus ojos y me vi transformado en youkai. Aullé al entender que había sido yo el que la mató. Tomé el cuerpo sin vida de Kagome e intenté abrazarla, pero cada vez que la tocaba la hería más y más. El olor de su sangre me enfermaba. Solo podía sentir el odio hacia mí mismo por esto. Yo la había matado. Yo la maté— perdóname… perdóname… Kagome…
— ¡Inuyasha despierta! —abrí los ojos con brusquedad y la vi. Kagome estaba frente a mí con el rostro preocupado. No lo pensé y la abracé contra mí, sin importarme que Miroku y Sango nos estuvieran mirando— ¿qué… qué te sucede? —me preguntó con nerviosismo. Ignoré su pregunta y me dediqué a olfatearla. Su aroma dulce me inundó, borrando el aroma a su sangre que tenía demasiado presente en la memoria.
—Estás aquí…—me separé de ella y la miré a los ojos. Kagome estaba sonrojada y me miraba nerviosa— estás viva…
—claro que estoy viva, tonto —me dijo con una pequeña sonrisa. Llevó una de sus manos a mi mejilla y la acarició lentamente— no creas que con esto voy a perdonarte… —me dijo con el ceño fruncido pero con una pequeña sonrisa.
—Lo siento…—fue lo que le dije acariciando su cara con mis manos. Tenía el corazón acelerado por el miedo— no te mueras…
—Inuyasha, ¿Qué es lo que pasa? —me preguntó haciendo que la mirara a los ojos. Estaba preocupada y parecía inquieta.
—No quiero perderte…—fue lo único que pude decirle, cerrando los ojos con fuerza. La abracé contra mí, estrechándola contra mi cuerpo, oliéndola, sintiéndola, escuchando su respiración acelerada— no quiero que mueras…
—oh Inuyasha… —sentí sus manos rodearme y enseguida el miedo que sentía se fue. Sentí como ella alejaba todo lo malo, como me inundaba la calidez y la felicidad— no tienes por qué temer a que me muera… lo que va a pasar pasará. No tienes que preocuparte por cosas que todavía no han pasado…
—Tú no lo entiendes —le dije en un gruñido, alejándome de ella. Kagome me miró sorprendida. Me fijé en que los muchachos intentaban a toda costa parecer desinteresados en lo que pasaba, pero podía notar que estaban pendientes. Kagome seguía mirándome sin entender nada. Me enfadé— ¡nunca entiendes nada!
—Inuyasha… estás exagerando…—me dijo en un murmullo.
— ¡no estoy exagerando, maldita sea! —me levanté y comencé a caminar de un lado a otro. El miedo volvía a recorrerme. Miré a Kagome y una imagen de ella sangrando y muriendo se me vino a la cabeza. Temblé y el miedo comenzó a comerme vivo. Kagome se puso frente a mí y me tomo de las mejillas. Sentía a mi corazón latir lleno de pánico.
—Cálmate…—me dijo con su voz suave— calma…
—No le restes importancia…—fue lo que le dije. Suspiré y me fijé en que todos los muchachos estaban con rostros preocupados y casi en posición de combate. Miré a Kagome y ella me sonrió tranquilizadoramente, acariciando mi mejilla.
—Tranquilo… —me dijo ella. Ahí comprendí que estuve a punto de convertirme en youkai y era por eso que estaban todos tan atentos. Como siempre Kagome siempre le restaba importancia al peligro y no se había alejado de mí— hola… —me dijo ella. Suspiré y aparte de mi cara su mano. Me cruce de brazos y la miré fijamente.
—No vuelvas a acercarte a mí cuando esté así —le advertí, sentándome en el suelo y cruzando mis piernas. Ella se acuclilló frente a mí y puso sus manos enfrente de ella, sosteniéndose. Me miró con una sonrisa y yo la miré inquieto— ¿Qué pasa contigo?
—A veces eres tan idiota —fruncí el ceño y le gruñí— pero otras veces eres tan lindo…—me sonrojé enseguida y los muchachos comenzaron a soltar risitas. Los miré amenazadoramente y ellos voltearon la cabeza, pero sin dejar de reír. Kagome llevó su mano a mi mejilla y me hizo mirarla a los ojos. Me sonrojé al verla tan cerca de mí e inevitablemente miré sus labios que se movían.
No tenía idea de lo que me estaba diciendo, solo podía pensar en besarla. Quería estar con ella, de cualquier forma posible, de cualquier manera que me permitiera estar junto a ella para siempre y cuidarla. Descrucé mis brazos y tomé sus mejillas entre mis manos sin dejar de mirar su boca. Quería tanto besarla, ser el más cercano a ella. Levanté la vista y la vi tan nerviosa y sonrojada, pero sobre todo me miraba como si no me conociera. Enseguida me reproché mi actitud. Era natural que ella me viera como si estuviera loco, jamás me comportaba así con ella, a pesar de que siempre pensaba en estar tan cerca de ella como fuera posible.
—te…—me mordí la lengua cuando la vi tan atenta a mis palabras. El nerviosismo por fin vino a mí y me ahogué— duérmete —fue lo único que pude decir. Vi como ella les dirigía a los muchachos una mirada de extrañeza y yo me avergoncé.
Nada me sería tan complicado si yo fuera un poco más como ella.
La vi alejarse de mí, no sin antes darme una mirada de extrañeza. Mi corazón latió con violencia cuando ella se alejó. No quería que se fuera. Una de mis manos se movió sin que lo pensara y a punto estuve de detenerla, pero hice mi mano puño y cerré los ojos. Cuando los volví a abrir, la vi hablar con Shippo. Había un amor tan profundo cuando ellos se miraban, que me puse estúpidamente celoso de ello. Kagome acariciaba al enano con tanta naturalidad, con tanto cariño. Secretamente siempre ansiaba lo mismo. Quería ser tan importante para ella, que siempre estuviera envuelta a mí alrededor.
—Lo de hoy estuvo impresionante —la voz de Miroku me sacó de mis pensamientos y lo miré con una mueca— jamás habían sido más evidentes tus intenciones hasta ahora…
—Cállate —le dije.
— ¿Qué fue lo que soñaste esta vez? —la mirada preocupada de Miroku me hizo sentir querido. Antes de Kagome jamás había tenido ningún amigo y ahora había uno dispuesto siempre a escucharme y a aconsejarme.
—Yo la mataba…—le respondí estremeciéndome. La risa de Kagome evitó que me sumergiera en pensamientos tan turbios. La observé darle comida a Kirara y hablar animadamente con Sango. El deseo de estar junto a ella me devoró como siempre y quise caminar hasta ella, envolverme a su alrededor y que ella hiciera lo mismo—yo…
—Solo estás creciendo, al fin —dijo de forma graciosa Miroku dándome una palmadita en la espalda— no te sientas mal por lo que piensas…
—y tú qué sabes…—le dije dándole una mirada burlona.
—Sé que es lo que se siente cuando miras a la mujer que amas —la sorpresa de mi cara debía ser demasiado evidente para él porque soltó una risa— si lo que quieres es estar con ella solo ve…
—No puedo —le dije cerrando los ojos, odiando ese sentimiento de cobardía que me consumía.
—claro que puedes, solo debes atreverte. Ella no va a alejarse de ti a menos que tú se lo pidas —miré angustiado a Miroku y él solo me sonrió animadamente— si tú no te mueves nada va a cambiar y lo que sientes solo va a ser un sueño… una mera ilusión que siempre va a parecer inalcanzable…
—no seré yo el que la mate —recordé la pesadilla, mientras me retraía en mí mismo. Miroku me miró con preocupación— no puedo ser yo…
—Inuyasha… por acercarte a ella y decirle lo que sientes, no vas a matarla… —su voz transmitía toda la seguridad que yo no sentía— quítate ese estúpido sentimiento de inferioridad y ese miedo absurdo. Eres un hanyou y eso no importa. La señorita Kagome acepta lo humano y lo bestia que hay dentro de ti, eso ya deberías saberlo. Lo único que puede lastimarla es tu indiferencia, pero nada más. Debes creer en ti mismo, pero si no lo haces, al menos cree en ella…
—No voy a arriesgarme a lastimarla…—cerré los ojos y negué con la cabeza— tú no lo entiendes… si no son nuestros enemigos queriendo deshacerse de ella, soy yo cuando pierdo el control…
—Lo primero se puede evitar tanto como lo segundo —me dijo seriamente— tú pierdes el control cuando te dejas llevar por la desesperación… pero mírala —hice lo que me pidió y la vi ahí tan tranquila, como si mi casi transformación nunca hubiera pasado— ella no está asustada de ti. Te preocupas tanto por lastimarla y no ves que a ella solo le importas tú… debes aprender a confiar más en ti. No importa lo que hagas, esa jovencita tan adorable siempre va a permanecer a tu lado, así que lo mejor que puedes hacer es enfrentarte a tus miedos y a tus sentimientos… dile lo que sientes y deja que ella decida…
Miroku se levantó y se fue dejándome pensativo. Lo vi acercarse a Sango y suspiré cansinamente cuando lo vi tocarle el trasero. El golpe no se hizo esperar. Escuché la voz de Sango insultarlo y la risa alegre de Kagome al escuchar a Miroku defenderse, sonreí. Quizás el tonto de Miroku tuviera razón. Vi a Kagome levantarse con una toalla y me tensé. Esperé a que Sango fuera con ella, pero vi a Kagome negar pidiéndole un poco de privacidad. Sango la vio con extrañeza y vi a Kagome sonrojarse. Se acercó a Sango y le dijo algo en el oído. Sango se sonrojó y asintió. Shippo quiso ir con ella, pero Sango lo detuvo diciéndole que ella necesitaba ir sola. Cuando vi a Kagome alejarse me levanté de un salto y fui tras ella.
—Inuyasha… —escuché la voz de Sango, advirtiéndome.
—Déjalo… —dijo Miroku— no va a espiarla… solo se quiere asegurar de que esté bien…
—De acuerdo —dijo Sango— pero no te atrevas a espiarla…
—Keh —le dije fastidiado— no soy el imbécil de Miroku…—él hizo un sonido, fingiendo sentirse ofendido y yo solo lo miré burlonamente— mejor preocúpate de quedarte sola con él, Sango… no vaya a ser que su mano maldita cobre vida —Sango se sonrojó y miró amenazadoramente al monje que ya tenía la mano en movimiento. Me alejé de ahí moviendo la cabeza, divertido.
Caminé siguiendo el rastro del aroma de Kagome hasta llegar a un lago. Me quedé a la distancia suficiente para darle privacidad y estar atento a todo lo que hacía. Cerré los ojos y me apoyé sobre el tronco de un árbol. Le escuché dar un pequeño quejido de dolor que me puso alerta de inmediato.
—En mala hora llega… —dijo a la nada. Escuché su suspiro lleno de frustración y yo cerré los ojos. No entendía que pasaba, pero no era nada serio si ella no se quejaba. Me quedé atento, escuchando. Me sonrojé cuando escuché el agua moverse, y aunque muy en el fondo quería mirar, me detuve. Yo no era Miroku— está tan fría… —dijo su voz.
Me pregunté en ese momento porque demonios si estaba fría se había metido al agua. La escuché chapotear y tararear una melodía tranquila. Enterré mis garras en mis manos cuando los deseos de mirarla se hacían más fuertes. No importaba cuantas veces me lo negara, siempre quería verla, incluso desnuda. Me sonrojé por mis pensamientos y gruñí molesto conmigo mismo. Presté atención a los sonidos pero no había ninguno. Esperé un rato sin escuchar nada. El miedo me invadió. No escuchaba la ropa moverse, indicándome que estuviera vistiéndose. Esperé un poco más pero no había nada. Salí detrás del árbol y vi las ropas de Kagome tiradas y el agua quieta. En dos segundos yo me había lanzado al agua a buscarla. La encontré hundiéndose, con los ojos semi abiertos. La tomé de un brazo y nos saqué a ambos del agua. La dejé arrodillarse en la hierba y me saqué mi haori, sacudiendo el agua que tenía y poniéndoselo encima. Froté sus hombros intentando que entrara en calor.
—Estúpida, estúpida —la regañé, con el corazón acelerado. La vi mirarle con la vista perdida y la abracé contra mí pecho, intentando darle un poco de calor y también intentando sentirla viva contra mí.
—Inuyasha… no sé… que pasó —me dijo ella con voz temblorosa por el frío.
—yo sí, que eres una estúpida —me separé de ella y la hice mirarme a los ojos. Un olor a sangre me paralizó. Me separé de ella intentando ver de dónde provenía. Cuando vi unas gotas deslizarse entre sus piernas el pánico sacó lo mejor de mí— ¿Qué te pasa Kagome? —le pregunté sin esperar respuesta.
—Nada —Kagome me miró sorprendida y extrañada para luego mirarme avergonzada cuando le saqué mi haori, intentó cubrirse de mis ojos, pero yo no presté atención. La miré completa buscando donde había sido herida
— ¿Quién te lastimó? —pregunté moviéndola, para buscar el lugar de donde provenía la herida.
—Inuyasha, suéltame —me dijo roja y enojada. Yo no entendía cómo podía estar tan tranquila— ya basta…—me dijo. Seguí mirándola hasta que vi que la sangre salía de su entrepierna. Kagome se cubrió y yo me levanté, preocupado y avergonzado en partes iguales. Ahora me daba cuenta que la había tocado y visto desnuda, pero mi preocupación por la sangre fue más fuerte que mi vergüenza.
—Tengo que llevarte con Sango, ella puede curarte —le dije sin ser capaz de tocarla. Kagome negó con la cabeza, emanando furia. Yo intenté levantarla, pero Kagome me dio un manotazo en la mano— ella va a sanar tu herida…—intentando que comprendiera.
—No es una herida —ella me miraba enojada y avergonzada.
—Estás sangrando —le dije, enojándome— después puedes preocuparte por tu estúpido pudor… tengo que hacer que ella te cure…
—No es una herida —insistió ella, levantándose y mirándome sonrojada y furiosa— y no iré con Sango…
—Voy a llevarte, aunque sea a la fuerza —Kagome abrió los ojos con sorpresa y yo solo la miré a los ojos. La tentación de mirar la piel que dejaba ver mi haori mal cerrado sobre su cuerpo era demasiada.
—Abajo —el dolor de la caída me hizo olvidarme de la preocupación que pronto se volvió furia.
—Maldita estúpida —le dije levantando la cabeza del suelo, enfurecido— ¡tienes que curar tu herida!
— ¡no es ninguna herida! —Me gritó— es normal…
— ¡¿Cómo demonios puede ser normal sangrar?! —cuestioné furioso. La mirada de Kagome cambio y miró hacia el suelo, avergonzada— ¡contéstame! —demandé.
—Es mi periodo…—me dijo en un susurro. Enseguida me sentí como si fuera un idiota. Me sonrojé y le di la espalda para que no viera mi cara. Había hecho un problema de algo que en realidad no era. Cerré los ojos pero decidí abrirlos cuando la imagen de ella desnuda me invadió.
—lo… lo… lo siento —dije nerviosamente. No fui capaz de voltear a verla— será mejor que…—cuando la escuché dar un gemido de dolor, volví a olvidar todo y me gire de golpe viéndola tocarse el vientre. Sin pensarlo realmente, remplacé su mano con la mía y masajee el lugar. Sentí la mirada de Kagome sobre mí, pero la ignoré. Estaba avergonzado, pero mi preocupación principal era que no sintiera dolor. La miré a los ojos y vi una mirada extraña en ella. La vi llevarse los brazos a su pecho para cubrirse y la solté— lo siento —le dije intentando darme la vuelta— yo solo… —Kagome me detuvo y la miré. Se notaba sorprendida por su acción pero no me soltó. Yo estaba tan avergonzado y sorprendido como ella. Mis ojos bajaron por su cuerpo y sin entenderlo me endurecí. Me avergoncé más si era posible al ver que uno de sus pechos estaba expuesto, la punta sobresalía y un sudor frío me recorrió— cúbrete, por favor…—le pedí, suplicante. Ella se sobresaltó y a toda prisa se cerró el haori sobre sus pechos, pasando a llevarlos. Ella gimió de dolor y no supe que hacer—yo… ¿duele demasiado? —pregunté tratando de saber y a la vez intentando ignorar lo que pasaba.
—sí…—murmuró. La vi estremecerse y la abracé con cuidado. Cuando sentí su pecho contra el mío, temblé y una ola de excitación me recorrió. El olor a sangre era persistente, pero también había un aroma diferente, olía como el aroma normal de ella pero con algo completamente distinto. Llevado por el deseo y la curiosidad, mi nariz fue a su cuello y me sentí embriagado— ¿Qué haces? —me preguntó. No respondí nada. Este aroma nuevo intensificaba mis deseos. Presioné mi nariz contra su piel, olfateándola. Kagome soltó una risa por las cosquillas que representaba mi respiración en su cuello. Seguí olfateándola hasta llegar en medio de sus pechos. Los latidos de su corazón eran tan fuertes como el mío— Inuyasha… —me llamó inquieta.
—hueles tan bien…—fue lo único que pude decir. Kagome se estremeció y se apretó contra mí. Moví el haori hacia un lado y vi su pezón rosado y endurecido. Llevé mi nariz hasta él y olí. Gemí un poco cuando más de su aroma me rodeo. Una de mis garras fue hasta su pezón y lo presioné, fascinado. Kagome gimió— ¿te duele? —pregunté con una voz ronca que no reconocí como mía.
—sssí… un poco —me dijo su voz agitada. Me erguí y la miré desde toda mi altura. Kagome levantó su cabeza y me vio con unos ojos que solo podían reflejar deseo y vergüenza. Moví mi mano hasta ahuecar su pecho en mi palma, frotándolo. Kagome gimió y entrecerró los ojos. Despacio masajee su pecho y Kagome se estremeció en mis brazos. El aroma de su sangre mezclado con su nuevo aroma me tenía desquiciado— yo…
— ¿te sientes bien? —pregunté ansioso porque me dijera que sí y me permitiera seguir tocándola. Kagome me miró sonrojada y solo pudo asentir. Gruñí y temblé de deseo. El aroma literalmente me tenía embriagado. Llevé mi otra mano a su otro pecho, imitando mi acción y ella gimió. Sentí como frotaba sus piernas juntas y yo me acerqué a ella— Kagome… —la llamé con la vista nublada.
—Inuyasha…—me dijo como toda respuesta. Estaba hermosa con la vista perdida y las mejillas sonrojadas. Me acerqué todo lo que pude contra ella, haciendo que ella abriera los ojos sorprendida cuando sintió mi miembro endurecido contra su vientre— yo…
—Tócame —le pedí. Tan embriagado y necesitado como estaba, no sabía lo que estaba haciendo— por favor… —la vi sonrojarse y mirarme con un brillo extraño en sus ojos— hueles tan bien… por favor —volví a pedirle, presionándome contra ella, mostrándole mi necesidad— tócame… —no sabía lo que estaba haciendo, pero sí sabía que lo necesitaba— por favor… tócame…—vi la pequeña mano de Kagome tocar mi pecho y moverse lentamente hacia abajo. Gemí de pura necesidad y froté sus pechos con más intensidad, escuchando su gemido de placer y olfateando con placer más de su intenso aroma.
— ¡Kagome! —la voz de Shippo me sacó del trance y me separé de ella lo más rápido que pude, mirándola avergonzado y sorprendido. Kagome me veía de la misma forma, igual de sonrojada de lo que yo estaba.
— ¡Kagome! —esta vez fue la voz de Sango que me hizo despertar completamente.
—Lo siento… —le dije alejándome de ella rápidamente.
Corrí y corrí sin detenerme. Olvidándome de mi haori que deje con Kagome. Corrí lo más lejos que pude de todos, con la sensación de los pechos de Kagome en mis manos. Las imágenes de su cuerpo desnudo llenaban mi cabeza, sumadas a la sensación de mi cuerpo y el suyo juntos como nunca lo habían estado antes. Me detuve en lo más denso del bosque y di un gritó de frustración y de rabia.
— ¡mierda! —fue lo que grité. Estaba avergonzado por mi comportamiento y asustado. Nunca había pasado algo así. Sí, yo la deseaba, no podía negar eso. Sí, había imaginado alguna vez estar con ella de esa forma, pero solo era eso: imaginación. Recordé la vez que, dormida, Kagome había succionado mi dedo y gemí. Llevé mis manos a mi cabeza y la agite hacia ambos lados. Se supone que no debía, no debía acercarme tanto. Ni siquiera podía echarle la culpa a su sangre. Su aroma… su maldito aroma y su cuerpo que parecía salido de una ilusión o del mejor sueño— no puedo volver… —me dije temblando. Mis garras habían crecido y podía sentir mi youki aumentar— maldición… —pensé en la vieja pulga Mioga y sin pensarlo realmente corrí en dirección a la cueva de Totosai, porque ese lugar no podía llamarse casa. Tenía que encontrar a la pulga y tenía que alejarme de Kagome lo más posible— Kagome… —me detuve un momento y miré hacia atrás. Odiaba alejarme de ella, odiaba cualquier tipo de separación, pero sabía que era necesario en este momento. Necesitaba respuestas, porque el aroma que Kagome tenía era casi demasiado parecido a cuando ella estaba en celo y no podía arriesgarme— lo siento…—me alejé de ahí a toda velocidad, rogando que me tomara el tiempo suficiente encontrar al viejo Mioga para no estar tanto tiempo lejos de ella.
