La epifanía

(JMo)

"¡Hija de puta! ¡Eso es lo que ella es! ¡No merece el aire que respira! ¡Hija de puta!"

Sabía que no me equivocaba sobre ella desde el principio, y jamás debería haber dejado que entrara así en mi vida. Es sucia. Sentí asco. Pena también. Pero más asco. De ella y de aquel gilipollas de Fred.

También sentí asco de mí misma, no lo voy a negar. De alguna manera era cómplice en ese ridículo secreto de los dos. Realmente debería haber buscado un psicólogo. Mis pensamientos fueron interrumpidos por los frenéticos toques de mi móvil.

«Hola, Tony. ¿Alguna novedad?»

«Jen…Jennifer…¿Dónde estás?»

«¿Qué ha pasado?»

«Responde, ¿dónde estás?»

«En casa, ¿por qué?»

«Entonces, creo que será mejor que te sientes»

«¡Joder, Tony! Habla ya, ¿qué está pasando?»

«Pon la tele. Canal 5»

"Canal de cotilleos…¿Qué mierda es esta?»

Corrí a coger el mando a distancia, con el móvil pegado a la oreja.

"¡Dos actrices de una serie actual han sido pilladas en momentos íntimos! Hot: ¡Todavía están en el armario! ¡No cambien si quieren saber quiénes son estás bellezas!"

«¡LA MADRE QUE LOS PARIÓ!»

«Calma, Jen. Solo es una amenaza, no tiene pruebas»

«¿Me estás pidiendo que me calme, Tony? ¿Calma? ¿Cómo puedo estar tranquila? ¿Y qué mierda es esa de que no tienen pruebas?»

«Solo tienen la información, Jennifer. Están tirando balones fuera. Las copias que fueron esparcidas todavía no han sido negociadas. Parece que cuestan una fortuna y nadie quiere pagar sin saber de lo que se trata»

«¡Vete a la mierda, Tony! ¡O te das prisa y consigues esas copias, o estás en la calle!»

«Entiendo tu rabia y estoy de tu lado, pero amenazarme no va a resolver tus problemas. ¿O piensas que después de lo que has hechos los agentes van a agolparse en tu puerta?»

El hijo de puta tenía razón. Lo mejor que podía hacer es tragarme a Tony y aceptar la situación, podría ser peor. Mucho peor.

«Ok. Haz lo que tengas que hacer y hazte con ese video»

«Er…Jen…¿Puedo?»

«¿Y ahora qué?»

«¿Por qué rayos con ella?»

«Tony, ¡adiós!»

«Esa es la pregunta que yo me hacía a cada minuto. ¿Por qué rayos con ella?"

No había llegado a conclusión alguna. Me serví un poco de café.

"¿Habrá visto ella también el canal 5? ¿Qué estará haciendo? Buf. Probablemente intentando arreglarse con su maridito para poder posar juntos, y a mí qué me den, cuando la bomba explote de una vez"

Tomé un primer sorbo y me tiré en la cama. Quería aprovechar mi día de descanso, pero por lo visto, mi cabeza no me dejaba que me relajara. "¡Tengo una familia, por Dios! ¿Qué van a pensar de mí?"

Por un instante pensé que tenía que llamar a mi hermana pequeña para, al menos, explicarle, quién sabe, a lo mejor me daría algún consejo. Pero no tuve el valor de marcar el número.

«¿Y ella, qué tiene que perder? Nada. Al final, seducir mujeres parece que es un hábito en la vida de Lana Parrilla»

De hecho era la primera vez que yo había estado con una persona de mi mismo sexo. Nunca sentí curiosidad y mucho menos deseo. Un hecho aislado no me haría lesbiana, no era como si buscase enredarme con otras mujeres, nada de eso.

"¿Habrá estado con muchas? Ay, Jennifer, ¿y eso qué importa? Claro que ha estado…No eres su primera. Como ella lo fue para ti: la mayor locura que has cometido en tu vida. ¡Despierta! Solo eres una pieza en el jueguecito barato de seducción" Suspiré "Y ahora estás metida hasta los dientes en esa mierda de enredo en que ella y su marido se metieron"

Quería encontrar un modo de poner fin a todo esto y olvidar de una vez por todas.

"Si el arrepentimiento matase…" Comencé a recoger el desastre que habíamos hecho, llevé las tazas a la cocina, empujé el sofá hasta el lugar correcto y de repente lo vi, caído en una esquina del salón, el trapo. Lo recogí y me dirigí a la basura, algo me hizo pensarlo y no tuve valor de tirarlo. Lo guardé en una de los cajones del mueble de la sala para no tener que enfrentarme a la prueba viva dentro de mi armario cuando por la mañana me fuera a vestir.

«¿De verdad estás arrepentida o lo harías todo de nuevo? Arrepentida, claro" Me sentí aliviada por cortar la relación antes de enamorarme.

«¡Cielos! Necesito un baño de agua fría para sacar a la tóxica de Lana Parrilla de mis pensamientos"

El agua fría golpeaba en mi espalda como palmadas. Era energizante. Decidí pasar el resto de día en casa, no quería ver a nadie. Me puse un mono viejo y conecté internet en mi portátil. Murphy no ha jugado limpio conmigo desde que todo esto comenzara.

En cuanto abrí el Twitter, una imagen de Lana con su marido me saltó a los ojos. No quería haberlo visto. La legenda decía "Día de descanso" Ella todavía llevaba la misma ropa y tenía al subnormal envuelto en sus brazos.

Hice lo máximo que puede para mantener mi cordura, bajé la pantalla del ordenador y me tiré en la cama. Abracé mis piernas y me quedé dormida sin darme cuenta de las lágrimas que corrían por mi rostro.

Ya era tarde cuando me desperté con el sonido del móvil. Tony.

«¡Hola!»

«Hola, Jennifer, ¿qué voz es esa?»

«Estaba durmiendo. Di. ¿Conseguiste la copia?»

«No. Pero no te he llamado por eso. Solo quería confirmar tu presencia en el evento de la serie, a finales de semana»

«¿Qué evento, Tony?»

«Una convención. Aquí, en Vancouver»

«¿Cuál es la pauta?»

«Nada de otro mundo, solo publicidad. No te preocupes, impediré todas las preguntas sobre Lana y tú»

«Ah. ¿Ella estará?»

«Sí, estarán todos»

«No»

«¿No, qué?»

«No voy»

«¿Cómo que no vas? Tienes que ir, eres la actriz principal»

«Actriz, Tony. A-C-T-R-I-Z No payasa de un circo. No voy…»

«¡Jennifer, no jodas! Solo estás fuera de ti»

«Tal vez…»

«Entonces, te dejo y vuelve a acostarte, mañana hablamos de nuevo de esto»

Intenté volver a dormirme, pero la impaciencia no me dejó. No soporté estar dando vueltas en la cama. Me levanté, me cambié de ropa, peiné mis cabellos y los sujeté en una cola de caballo, cogí las llaves del coche y cerré la puerta de mi apartamento.

La noche era oscura y la luna llena me iluminaba el camino. Caminé hasta donde había aparcado el coche la pasada noche.

Conduje por la ciudad, sin saber a dónde ir.

Estaba hambrienta, no había comido nada en todo el día. Era una bella noche que no combinaba con mi humor.

Paré frente a un parque lleno de gente. Había algunas barracas de comida y decidí comer algo allí mismo. No me importaba si era fotografiada comiendo sola y en un lugar ridículo.

Caminé hasta la barraca de sushi e hice mi pedido. Escogí una mesa apartada y me llevé a la boca uno de los trozos de sushi que tenía en el plato. Algunos niños me miraban curiosos y algunos adultos intentaban acercarse. Solo les di un autógrafo a aquellos que insistieron mucho y les pedí amablemente que no me sacaran fotos.

Me levanté de allí y caminé hasta el parque. Cuanto más me alejaba, más solitario quedaba el sitio. Divisé un banco apartado de todo el mundo. Sin saber realmente lo que estaba buscando, me senté allí y miré cómo mis pies tocaban el suelo.

Cerré mis ojos y sentí el aroma de la naturaleza de alrededor. Extrañaba mi hogar. Me faltaba el desastre organizado de Los Ángeles, quería poder abrazar a mis padres. Me acordé de cuando compartía mi cuarto con mi hermana pequeña y solo nos íbamos a dormir después de conversar sobre nuestro día. ¡Dios mío! Cómo extrañaba el olor de mi casa. Me quedé allí algunos minutos, dejando que la nostalgia me invadiera. Mi corazón se sentió encogido. Quería realmente dejarlo todo y marcharme, ser una persona común. Como cualquier otra.

Una pelota de colores chocó con mis pies y tras ella vino una pequeña niña.

«Hola» me dijo la pequeña cuando le di su pelota

«Hola»

«¿Por qué estás aquí sola?» Aquella pregunta me desconcertó. No sabía qué responder.

«¡Porque esto es muy bonito!» dije mientras señalaba los árboles que había a nuestro alrededor

«Pero mis padres no me dejan venir hasta aquí y quedarme sola, está muy oscuro por la noche. ¿Los tuyos te dejan?»

«Mis padres no viven aquí, pero probablemente tampoco me dejarían» ella me sonrió

«¿Cómo te llamas?» me preguntó

«Jennifer, ¿y el tuyo?»

«También me llamo Jennifer. ¡Qué bien!»

«¿Y qué estás haciendo aquí sola si tus padres no te dejan?» pregunté mientras miraba a ver si los veía

«Están ahí, en la barraca de los churros. Esta vez me han dejado venir solo para buscar la pelota, me están vigilando. Siempre dicen que pierdo todo»

«Entonces, tal vez tengas que cuidar mejor las cosas que tienes, Jennifer»

«Por eso vine hasta aquí. Aun teniendo miedo a la oscuridad, no podía perder mi juguete favorito. ¿También sueles perder tus cosas?» Tragué en seco

«Creo que es mejor que vuelvas. Tus padres deben estar preocupados»

«¡Sí! Me voy. Ah, tampoco deberías quedarte aquí sola. Tu novio debe estar preocupado por ti» me aconsejó la pequeña mientras se iba dando saltitos con su pelota en la mano.

Aquella pequeña tan valiente, de no más de 8 años, me hizo ver lo que estaba buscando. Me levanté y caminé lo más rápido que puede para salir de aquel parque. Me di cuenta de que también había perdido algo muy importante para mí. Antes de abrir el coche, la vi de nuevo. La pequeña Jennifer estaba allí, agarrando su pelota de colores, dando la mano a sus padres. Me vio y me hizo una seña, que yo le devolví.

"Gracias, Jennifer"

«¿Dónde está tu novio?» me gritó desde el otro lado de la calle

«¡Ahora mismo voy a resolver eso!»

Conduje en dirección opuesta a mi casa.

«¡Tony!»

«Jennifer, ¿no ibas a descansar? ¿Dónde estás?»

«Ya, pero acabé dando vueltas en la cama y he decidido resolver un asunto. Dame el teléfono de Lana»

«¡Qué! ¿Para qué quieres su número? Ya hable con su agente y lo estamos resolviendo todo juntos. Vete a descansar»

«¡Quiero su número! Venga, tengo prisa»

«¿Qué vas a hacer? ¡Jennifer, no! Si es lo que estoy pensando, la respuesta es no»

«Pero, ¡qué mierda, Tony! ¡Haz lo que te pido! Me das su número o me presento allí sin avisar»

«¿Dónde estás, Jennifer?»

«De camino a su casa»

«Solo puedes estar loca, apunta»

«Gracias, te quiero, Tony. ¡Ah! Puedes confirmar mi asistencia a la convención»

Mi corazón estaba acelerado. La adrenalina corría por cada célula de mi cuerpo. Marqué el número.

«¿Diga?»

«¿Lana?»

«¿Quién es?»

«Lana, soy Jennifer»

«¿Jennifer? Dame un minuto, para ir a un sitio más silencioso» Escuché al otro lado ruido de muchas personas hablando.

«¡Hola!» me quedé en silencio «¿Jennifer?»

Respiré hondo. Enfrentarme a los hechos no era algo a lo que estaba acostumbrada.

«Lana…¿Dónde estás?»

«Jennifer, ¿está todo bien?»

«Sí. Quiero decir, no. Más o menos, ¿estás en casa?» le llevó varios segundos contestarme

«En realidad, no»

«Está bien, ¿dónde estás? ¿Tienes cinco minutos?»

«Jennifer, estoy en casa de los padres de Fred, es el cumpleaños de su madre. No sé si tengo cinco minutos. ¿Qué quieres?»

Lana estaba siendo mucho más amable de lo que yo sería si estuviese en su lugar, pero aun así me di cuenta de que quería evitarme.

«Quería verte en persona»

«No sé si es una buena idea. ¿No puedes esperar dos días hasta la convención?»

«No. ¡En dos días ya puede ser muy tarde!»

«Está bien. Espérame en los aparcamientos del "coffe mug" en West St en quince minutos»

«Gracias, Lana»

«Voy a inventar cualquier excusa, así que no te retrases»

«Estaré allí puntual»

Miré mi abatida expresión en el retrovisor. Estaba hecha un cromo. Arreglé mi pelo en la cola de caballo. Cogí mi bolso y encontré un viejo correcto y un pinta labios de color claro, intenté mejorar mi aspecto. Abrí la guantera y saqué mi rímel de allí. Me miré de nuevo en el espejo y la imagen que vi me agradó un poco más.

Estacioné el coche en el sitio acordado. Comprobé que estaba en el sitio correcto. Miré la hora y vi que había llegado con cinco minutos de adelanto. Eternos cinco minutos.

Mi garganta se secó. Busqué un caramelo de jengibre que solía tener en el coche, pero no encontré.

Miré hacia la cafetería vacía y decidí ir a buscar un café caliente. Antes de que saliera del coche, alguien intentó abrir la puerta del pasajero, era ella. Destrabé el seguro y ella se sentó cerrando la puerta tras ella. Mis ojos se iluminaron al ver su bella silueta sentada ahí, mirándome. Mi corazón dejó de latir y sentí dificultad en respirar. Realmente necesitaba un café.

«¿Jennifer? ¿Qué?»

«¡Lana!» el aire finalmente llegó a mis pulmones

«¿Está todo bien? ¡Me dejaste preocupada!»

«¿Y has venido hasta aquí porque estabas preocupada por mí?»

«Por favor, Jennifer…¡Para con eso! ¿Qué pasó? Si es por el reportaje de la tele, mi agente ya está en ello y parece que no saben qué actrices están envueltas…»

No quería hablar sobre el video, pero verla y escucharla era tan encantador que decidí dejarla seguir solo para poder mirarla algunos minutos. Así como todo lo que tenía a mi alrededor, lo que decía no tenía mucho sentido para mí. Excepto su imagen.

No escuché nada más. Observé que sus cabellos estaban largos y suelto por detrás de sus orejas. Noté que vestía un traje chaqueta elegante, y una camisa que combinaba perfectamente con el resto de las prendas. ¡Llevaba gafas! La miré por un instante, sin que lo notase, me di cuenta de algo nuevo: ¡me gusta Lana Parrilla con gafas!

«¿Me has escuchado?»

«Sí, te escuché» ella puso los ojos en blanco «Hey, he oído lo que has dicho. Pero ya sabía todo eso»

Me dirigió una mirada curiosa.

«Lana…» cogí aire «Acabo de salir de un parque y allí he conocido a una pequeña llamada Jennifer. Y entonces he tenido una epifanía…»

«¿Qué? ¿Me has llamado para decirme que has tenido una epifanía?»

«Calma…¿Sabes esos momentos en que de repente te das cuenta de algo y ves toda tu vida pasar ante tus ojos?»

«¡Lo sé, una epifanía! ¡Ya lo has dicho! Mira, lo siento mucho, pero no puedo estar fuera mucho tiempo, y…»

Puse mis manos sobre su pierna para interrumpir lo que decía. Acerqué mi cuerpo al suyo. Lana estaba visiblemente asustada y retrocedió. Pensé en la pequeña Jennifer y no tuve miedo de continuar.

«¿Podríamos comenzar de cero?» dije de un tirón

Ella tocó mis manos con las suyas. Después se colocó el cabello detrás de la oreja y desvió la mirada.

«Jen, no lo sé, es complicado…»

«¿Qué podría ser más complicado que dos actrices "en el armario" tengan un video pornográfico a punto de salir en los medios?»

Ella se quedó inmóvil. Mi corazón se ajó y me odié por haber tardado tanto en darme cuenta de lo que por mucho tiempo había estado ante mis ojos. Aparté mi mano, y la reposé en mi pierna, y encajé mi cabeza en el reposacabezas. No quería mirarla de nuevo. Desvié mi mirada hacia delante y me encontré con un aparcamiento vacío y oscuro.

«Jennifer, ¿y toda la conversación que tuvimos hoy? Dijiste cosas…cosas que me hirieron»

«No pensaba lo que estaba diciendo. Sentí algo extraño cuando mencionaste a tu marido, ¡actué por impulso!» bajé mi cabeza. Estaba destrozada al saber que la había herido «¡Siento mucho haberte herido!»

«¿Me estás pidiendo disculpas por haber sentido celos?» Finalmente ella me miró

«¡No! Quiero decir…creo que sí»

Las dos nos reímos. Yo intenté explicarlo.

«Celos de que estés casada con alguien no te ama. Alguien que no se va a molestar en decirte que cada día estás más hermosa, alguien que no sabe que tienes un lunar muy pequeño en un muslo. Alguien que no tiene que darse duchas frías para sacarte de la cabeza, alguien que no se estremece al escuchar tu voz por las mañanas…» dejé salir todos mis sentimientos ante aquella mujer para que hiciera lo que quisiese con ellos.

«¡Jennifer!»

A cambio, Lana me devolvió una gran sonrisa y una mirada reluciente por culpa de las lágrimas que se habían formado.

Secó sus ojos, respiró hondo y giró levemente su tronco hacia mí. Rozó mi rostro con sus dedos y lo giró hacia ella, obligándome a mirarla. Sus ojos querían decirme tantas cosas. Pero ella prefirió no hablar y entendía sus motivos.

«No será un camino fácil, Jen»

«¡De todas maneras estaba buscando algunos desafíos, Señora Parrilla!»

Mis brazos terminaron de atraerla hacia mí y se cerraron en su cintura. Sus manos encontraron el camino hacia mi cuello y la distancia entre nosotras disminuyó hasta cerrarse completamente en un apasionado beso.

Era eso. Estaba completamente enamorada de aquella mujer a la que detestaba.