Enamorada
(JMo)
Ya era hora de que alguien tomara una decisión. No estaba dispuesta a perder a Lana por culpa de los buitres carroñeros de los medios de comunicación. Si querían tema para plasmar en las revistas, yo les acababa de dar carnaza.
Estaba segura de que finalmente podría vivir sin miedo a los escándalos.
Mi cuerpo aún temblaba cuando salí del escenario. Enfrentarme a todas esas personas es algo en lo que no había sido entrenada. Actué por instinto. Actué para protegerla. Verla tan débil, siendo devorada por un montón de imbéciles me partió el corazón. Cuando la primera lágrima se deslizó de sus ojos, no tuve más dudas sobre lo que tenía que hacerse.
Debo decir que sentí el mayor golpe de adrenalina de mi vida. No fue más difícil porque tenía en brazos a la mujer más hermosa del planeta y aquello me bastó para tomar coraje.
«Jen, necesito contarte algunas cosas» me dijo Lana asustada mientras salíamos por los bastidores.
«¡Absolutamente nada de lo que me digas me hará dar marcha atrás!»
«Yo no estoy tan segura de eso…»
«Lana, ¿qué más necesitas para darte cuenta de que no me voy a ir a ningún lado?»
La pegué a la pared de detrás del escenario. Reparé una vez en lo hermosa que era. Pasé mi pulgar por su cicatriz, humedecí mis labios. Miré su boca roja. Lentamente apoyé mi peso sobre su cuerpo, pegado a la pared. Llevaba un escote que hizo que mis ojos saltaran hacia esa dirección. El efecto de ese escote invadió todo mi cuerpo.
«¡Lana! ¡Jennifer!» Ginny venía corriendo y nos giramos hacia ella
«¡Ah! ¡Joder! ¿De nuevo? ¡Ya dije que os fuerais a un lugar más discreto! Perdonadme por interrumpir…»
«¿Qué es esta vez?» preguntó Lana
«¡Fred!» ella tomó aire «Quiere…» una vez más paró para respirar «…quiere entrar al camerino»
«¿Fred está aquí?» pregunté sorprendida
«¡No te preocupes, Jen!» Josh llegaba detrás de su esposa «Los de seguridad ya han sido avisados de que tiene prohibida la entrada»
«¿Y por qué quiere entrar?» pregunté
«¡Porque quiere matarte!» Ginny me dijo de un tirón
Sentí un escalofrío subir por mi espalda. Lo que más necesitaba era tener un loco influyente y suelto por ahí queriendo matarme.
«¡Pero yo jamás dejaré que le toque un pelo!» dijo Lana furiosa
«Lana…Creo que no podrías mucho para impedirlo»
«¿Qué está pasando, Josh?» pregunté
«Fred fue el que pagó a la prensa para que os hicieran hoy esas preguntas. Además de filtrar la información de que ya no estáis juntos» explicó Ginny «Y todavía tiene una carta bajo la manga para separaros»
«¡Dios mío, con qué clase de psicópata te casaste, Lana! ¿Y cómo saben ustedes todo eso?» pregunté todavía disconforme.
«Es mejor que se lo cuentes, Lana…» avisó Josh «Sabemos por qué está ahí fuera montando un escándalo. Gritando para quien quiera escucharlo»
«¿Contarme qué, Lana?» pregunté angustiada
Lana comenzó a llorar. Yo no quería herirla. Nada de lo que me contara me iba a separar. Ni siquiera el gilipollas de Fred. Estaba dispuesta a todo para hacerla feliz.
«Jen, Fred compró las copias del video del ascensor» ella lloraba copiosamente mientras yo la abrazaba «Él me entregó cinco copias, dijo que eso era todo. Yo lo creí. No pensé que sería capaz de…»
«Está bien, Lana…¡todo va a ir bien! Deberías haberme dicho que tenía las copias. Yo lo habría comprobado…»
«¡Lo sé! Disculpa. Por favor…»
«Está bien. Quédate tranquila. Vamos a resolver esto juntas, ¿vale?» Apoyé su cabeza en mi hombro y acaricié su cabello. Quería llevármela bien lejos de ahí. Sentí mi móvil vibrar en mi bolsillo varias veces. Lo ignoré.
Necesitaba una manera de salir sin ser vistas. Divisé una puerta de emergencia al final de anfiteatro. Cogí las manos de Lana y ella me siguió.
En menos de dos minutos estábamos en mi coche. Lana aún lloraba. ¡Era desesperante! Aceleré cuanto pude para irnos bien lejos de ahí.
«Jennifer, Fred va a hacer todo lo que esté a su alcance para separarnos»
«¿Y por qué querría hacer eso, Lana?»
«¡Porque yo rompí las malditas reglas! Porque…porque… ¡Porque me enamoré!»
Frené el coche.
Mi corazón aceleró. La adrenalina tomó mi cuerpo entero y ya no era consciente de mis propios actos. Escucharla decir que estaba enamorada era una suave melodía para mis oídos en medio de aquel torbellino que estaba viviendo. Estacioné en una calle aislada. No había nadie por ahí que nos impidiera ser felices.
«¿Tú qué?» pregunté para comprobar lo que había oído
Ella se acercó a mí, sentí sus ojos castaños penetrando en mi alma. Sonrió. Pasó sus dedos por todo el contorno de mi rostro.
«¡Me he enamorado de ti!» repitió finalmente, de forma calma, lo que yo necesitaba oír.
Incliné mi cuerpo hacia delante y los pocos centímetros que nos separaban fueron cerrados. La besé con urgencia. Nuestras lenguas se encontraron. Giré mi cabeza hacia un lado y profundicé aún más el beso. Ella siguió mis movimientos.
Esa vez la sensación de tenerla en mis brazos fue diferente. Lana estaba frágil. Por más que quisiese sentirla dentro de mí, me di cuenta de que nuestros movimientos eran más sosegados. Sin separar nuestros labios, palpé el cinto de seguridad y lo solté. Apoyé mis brazos en mi asiento y levanté el cuerpo. Llevé mis brazos a su cintura y la levanté, trayéndola conmigo a mi asiento. La senté en mi regazo, girada hacia mí, sus rodillas quedaron dobladas en los laterales de mis piernas. Su espalda apoyada en el volante.
Ella deshizo el nudo de mi corbata mientras me miraba profundamente. Mis manos encontraron sus pechos, todavía cubiertos por la tela de la ropa. Cerré mis ojos y gemí al tocarlos. Su boca carnosa no dejó de besarme.
Mis manos recorrieron su cuerpo. Su mano sacó mi camisa hacia fuera de los pantalones y sus ágiles dedos comenzaron a desabrochar cada botón.
«Mi garçon…¡Te quiero tanto!»
Mi cuerpo también quería el de ella.
Subí la fina blusa que llevaba hasta hacerla pasar por su cabeza y retirarla completamente. Me hundí en sus redondos pechos dentro del sujetador. Mis manos y mis labios estaban explorando cada centímetro de aquella zona de su cuerpo. Deslicé mi mano hasta su espalda y desabroché la pieza que cubría sus pechos. Apoyé mi cabeza en el reposaba cabezas. Aquella visión era mucho para mí.
La piel morena, los cabellos arremolinados, casi sueltos del peinado, sus pechos rígidos apuntando en mi dirección. Y su olor…El olor dulce de Lana me volvía loca. Estaba empapada y solo ella podía darle a mi cuerpo lo que este necesitaba. Ella aprovechó que yo retrocedí para observarla y terminó de sacarme la camisa.
«¡Eres maravillosa, Jennifer!»
Sentí mi sexo palpitar. Estaba lista para ella.
Bajó la cremallera. Yo bajé la de ella.
Sin quitarnos los pantalones, comenzamos una suave caricia. Ella pasó sus dedos por mi húmeda vagina.
«Siempre estas lista para recibirme…es tan…tan…»
La interrumpí invadiendo su sexo con dos dedos.
«¡Oh, Jennifer! ¡Te quiero tanto!»
Levantó el cuerpo para colocar mejor mis dedos dentro de ella. Sentí el fondo de su mojada vagina "Ahmmm…Te necesito así todos los días!" Ella masajeaba mi clítoris con movimientos circulares. Yo movía los dos dedos mientras ella los cabalgaba. Era como si estuviésemos realizando una danza erótica.
Hundí mi cabeza en su cuello. ¡Era la mujer más exquisita del mundo!
Lana inclinó la cabeza hacia atrás y se apoyó por completo en el volante. La pita sonó. No nos preocupamos. No se podía ver nada a través del empañado cristal. La intensidad de los movimientos aumentó.
«¡No pares, Jennifer! ¡No pares!» gritó
Sentí las paredes de su sexo contraerse y se mojó todavía más.
«¡Córrete conmigo! ¡A…hora!»
Yo no conseguí aguantar. Nos corrimos juntas. Nuestros cuerpos temblaron juntos y nos apretamos, desnudas, la una contra la otra. La pita dejó de sonar.
Ella envolvió sus brazos en mi cuello. Yo extraje mis dedos de su interior. Suspiró con el movimiento. La envolví por la cintura en un abrazo. Pegamos nuestras cabezas y nos besamos apasionadamente.
«¿Qué haces conmigo, Lana?»
«¿Qué que hago contigo?»
«Me has dejado completamente…completamente enamorada»
«¡Esa era la idea, Morrison!»
Nos sonreímos.
«Mejor nos vestimos antes de que aparezca alguien…»
«¡Oh, Jen! Nadie va a aparecer por aquí. Además, el coche está todo empañado, nadie nos vería aquí dentro»
«Lana, mejor no tentar a Murphy»
«¡Está bien, dama de hierro!» la miré curiosa
Lana regresó a su asiento. Cogió su sujetador y comenzó a ponérselo. Yo ajusté la camisa dentro de los pantalones.
«¿Dama de hierro?» pregunté
«Sí…» ella rio
«¿Qué es eso?» pregunté mientras me abrochaba la camisa
«Nada. Otro día te lo cuento…»
«Lana, Lana…No voy a cobrarme esa explicación ahora porque creo que es mejor que salgamos de aquí y vayamos a un sitio más seguro. Además mi móvil no ha dejado de sonar desde que salimos de la convención» saqué el aparato de mi bolsillo trasero.
Tony. Tony llamó. Tony mandó un mensaje. Tony dejó mensaje de voz. Tony mandó un email. ¡Ah! Julia, mi hermanita también llamó.
«¡Pesado!» rezongué en voz alta
«¿Qué pasa, Jen?»
«Mi agente…¡Un pesado!»
«Calma. Solo debe estar preocupado. ¿Vamos?»
«Después resuelvo esto. Vamos, sí, pero, ¿a dónde señorita Parrilla?»
«¿Quieres tomar un café?»
«A ti no te gusta el café» ella sonrió
«Pero a ti sí»
«Está bien. Tomamos un café y después nos vamos a mi casa, ¿te parece?»
«Hm…¿Ya me estás proponiendo pasar una noche juntas, Morrison?»
«¡No solo una! ¡Todas!»
Conduje tranquilamente hasta la cafetería a la que suelo ir por las mañanas. Lana mantuvo sus manos en mis piernas durante todo el trayecto. En aquel momento pude imaginarme cómo sería la vida a su lado. Sonreí ante mis propios pensamientos.
Nos dirigimos hasta la barra de la cafetería bajo la mirada de las personas que allí estaban. Me sentí algo incómoda. Nunca había pasado por eso en ese sitio tan familiar. No cogí las manos de Lana y ella pareció estar de acuerdo. No quería llamar todavía más la atención.
Pedía mi café de siempre y Lana me sorprendió al pedir un té con leche caliente.
Nos sentamos en una mesa apartada. Saqué el móvil del bolsillo, decidí que ya era hora de apechugar con las consecuencias de mis acciones.
Julia. Marcar.
«Lana, voy a llamar a mi hermana. Solo un minuto»
«¡Jennifer! ¡Qué pasa contigo!» Julia no sonaba para nada como la chica tranquila que yo conocía
«Hola, Julia. ¡Conmigo está todo bien, gracias por preguntar!»
«¡Aj! ¡Déjate de tonterías! ¿Dónde estás? Tony está desesperado buscándote. Y yo estoy en la puerta de tu edificio hace…ahhh…desde hace dos horas»
«Estás en…» "¡Mierda!" Ahora me acordé de que había llamado a Julia para que pasara el fin de semana conmigo, prefería hablar con ella en persona.
«¡Jennifer! ¿Estás loca? ¿Te olvidaste de mí? He dejado todas mis cosas en Los Ángeles para venir a hablar contigo…»
«No, Julia. ¡Perdona! Solo estoy un poco atrasada. Te veo en diez minutos»
«¡Jen…espera!» me cortó antes de que colgara «¿Qué está pasando? Tony me llamó y me dijo que estás muy diferente…¿Debo prepararme para alguna sorpresa? Porque yo no sé cómo reaccionar a las sorpresas, así que es mejor que me digas con qué voy a encontrarme» Yo reí
«¡Julia, estate tranquila! No estoy tan diferente…Pero sí, ¡tendrás una sorpresa!» Miré a la sorpresa que tenía delante y sonreí «Espérame ahí»
«¡Ok! Entonces, ven rápido. ¡Me estoy congelando en el coche!»
Me sentí horrible por haberme olvidado de mi hermana. Sé que no es fácil dejarlo todo y volar hasta Vancouver.
«¿Puedo saber qué está pasando?»
«¡Vamos! ¡Tengo que ir a casa! ¡Vas a conocer a mi hermana!» dije sinceramente feliz y tranquila
«¿Qué?»
«¡Lo que has oído! Vamos, ven. La he dejado a la pobre esperando dos horas, no puede hacerla esperar más»
«Jennifer…Yo puedo irme a mi casa y así las dos habláis…No sé si debo ir…»
«¡Claro que debes venir! ¡Serás el tema de conversación! ¡Vamos rápido!»
Agarré la mano de Lana y la arrastré afuera de la cafetería. No me importaba si estaba llamando la atención de las personas. El viento era bastante frío, y antes de entrar en el coche, abracé a Lana.
«Todo va a ir bien. Mi hermana es buena gente. Un poco temperamental a veces, pero buena»
«Entonces, ¿debo asumir que ese comportamiento es de familia, Morrison?»
«¿Qué estás diciendo, Parrilla?»
«Esa montaña rusa de emociones…ora detestas a una persona, ora estás locamente enamorada…» ella rio mientras yo todavía la abrazaba
«Ah, señora Parrilla, ¿usted no cambia, eh? ¿Sigue pensando que el mundo gira alrededor de su ombligo?» bromeé deliberadamente
«Morrison, como ya dije la otra vez, el mundo no gira alrededor de mi ombligo. Pero hoy, he demostrado, una vez más, cuanto gira tu mundo a mi alrededor…»
«No voy a discutir contigo aquí porque hace mucho frío y tenemos a una persona esperándonos en la puerta de mi casa»
«¡No vas a discutir porque no tienes argumentos, esa es la verdad, señora enamorada!»
«¿Acaso soy la única que anda por ahí con una sonrisa boba estampada en la cara?»
«¡De ninguna manera!»
Las dos reímos y yo abrí la puerta para ella. "¡Cielos, necesito calmar mi corazón cuando estemos cerca, si no, no sé lo que va a pasar!"
De camino a mi casa, me puse algo nerviosapor lo que Julia diría al saber lo que había hecho…Tranquilicé mi corazón cuando vi a la mujer que estaba a mi lado. Apoyé mi mano derecha en su pierna mientras conducía. Era imposible que no comprendiera.
