Lamento la tardanza... pero como lo prometido es deuda aqui esta el capitulo 7... espero que lo disfruten ;)
NOTA: No soy dueña de Victorious
Capitulo 7: Gritos y lagrimas
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En la casa de los West nunca hubo gritos ni peleas, como se solía creer, al contrario nunca se oía nada, los padres no se hablaban entre ellos ni con sus hijos, solo lo hacían cuando era estrictamente necesario. El día en el que Jade escucho a su padre decir su nombre por vez primera fue el día en el que juro nunca enamorarse.
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- Mike, ¿qué te pasa?
- No es nada importante, solo ve a tu cuarto
- ¿Por qué estas llorando? ¿Dime que pasa?
- no me oíste…¡ TE DIJE QUE TE FUERAS A TU CUARTO! – grito un muy exasperado Mike, pero pronto se arrepintió al ver un par de pequeños ojos azules verdosos llenos de lagrimas – lo siento… no quería gritarte, es solo… que ahora tengo muchas cosas que pensar y me gustaría estar solo, pero por favor no llores
- no quiero que estés triste ni enojado, me caes mejor cuando estas sonriendo- al oír esto una pequeña sonrisa apareció en la cara de Mike- ¡no estés triste! Ven a jugar con migo, podemos pintar un cuadro lleno de colores o hacer galletas de chocolate o ir con Emily a jugar al parque- al oír el nombre su sonrisa se desmorono en un instante
- Tengo cosas más importantes que hacer, ve a tu cuarto – dijo Mike en un tono robótico y sin ninguna emoción en su rostro, poco a poco fue empujando suavemente a Jade hasta llevarla afuera de su cuarto y cerro la puerta tras ella.
Jade tenía una extraña sensación en su estomago, algo que no le gustaba pero decidió ignorarlo, en cambio pensó en hacer un gran dibujo para animar a su hermano. La casa de los West tenia un pequeño patio interno, la ventana de la habitación de Jade y de su hermano daba hacia este patio, en el cual solo habían unas pequeñas plantas y la lavadora, aun así era uno de los lugares favoritos de Jade; justo al lado de la puerta había una pequeña mesa con una silla de plástico, en ella Jade extendió todos sus lápices de colores y comenzó a hacer una tarjeta para su hermano.
Sus padres se encontraban en casa entonces, era raro verlos a los dos en casa pero como de costumbre ni se dirigían la mirada; pasaron 2 horas y Jade ya tenia terminado su dibujo, era un paisaje enorme lleno de colores con flores, pajaritos cantando, un arco iris y con un dibujo de ella y su hermano con caras sonrientes.
Se levantó satisfecha con su trabajo y se disponía a dirigirse a la habitación de su hermano. Cuando se dio la vuelta, él salto del segundo piso desde la ventana de su habitación. No pudo llegar al suelo, una cuerda atada a su cuello se lo impidió. Su madre grito de horror, pero no fue eso lo que asusto a Jade, ni la silueta de su hermano colgando sobre las flores, fue cuando su padre grito su nombre que se dio cuenta que algo malo había ocurrido.
- ¡JADE! – Dijo su padre llamando su atención, la tomo por el brazo y la llevo hacia la puerta de la casa, dejándola en las escaleras de la entrada – quédate aquí y no te muevas, vuelvo en un momento- dijo su padre antes de volver corriendo a la casa. Muy pronto aparecieron los vecinos, que al oír la conmoción llegaron al lado de Jade. Una de las vecinas llamada Martha le dijo:
- ¿Estas bien? Cuéntame nena ¡¿Qué paso?! – Jade se quedo mirándola, aun no entendiendo completamente lo que quería decir
- ¿Por qué se oían gritos en tu casa?
- Mi hermano… - Jade dijo observando el dibujo que acababa de crear, y entonces se dio cuenta de todo lo que estaba ocurriendo, como si despertara de un sueño, entonces se puso a llorar. Las lágrimas no dejaban de caer de sus ojos al pensar que nunca podría jugar con su hermano otra vez. Una ambulancia llego minutos mas tarde anunciando el final que ya todos suponían, la familia West no volvió a ser igual desde entonces.
Natalie vivía en la negación de pensar que su hijo había muerto, desde ese día nunca lo menciono de nuevo y estaba decidida a vivir el resto de su vida sin recordarlo; Natalie solo tenía una hija, y era la única que tuvo, la única que en verdad existía. Richard se volvió más frio, si es que eso era posible; la muerte de su hijo lo devasto de una forma la cual no podía expresar, y desde entonces dedico cada día de su vida a olvidarse del mundo y del dolor. ¿Y Jade?... Jade ahora solo coloreaba sus dibujos con crayones negros.
