La fiesta

(JMo)

Habían pasado 46 días.

¡46 días de tortura!

Durante la convención estuve segura de que haríamos todo lo posible para estar juntas. ¿En qué momento todo comenzó a venirse abajo?

He sufrido mucho todo este tiempo. Me he roto la cabeza pensando y todavía no he entendido por qué eligió separarse de mí.

Sabía que ese dolor no pasaría…Ya no había más duchas frías que enfriasen mi cuerpo, ni carreras que aliviasen mi alma o amigos que abrigasen mi corazón. Solo estaba ella. Y yo. Separadas.

No tenía ganas de salir. Josh insistió en que fuese a su fiesta de cumpleaños y me dejó claro que Lana no iba a estar. Bien, no había ningún motivo que me hiciera cambiar de ropa e ir a una celebración. Pero le prometí que iría.

He comenzado a ver a una psicóloga, recomendada por mi hermana. Si Julia no estuviese a mi lado en este momento, no sé lo que habría sido de mí.

La psicóloga dice que debo buscar la felicidad más allá de Lana, pero, ¿dónde ha de estar sino a su lado?

Realmente, solo decía tonterías. Me acuerdo haber hecho terapia durante muchos años, en mi adolescencia, pero esta vez era totalmente diferente. Solo iba para pasar el tiempo y dejar a Julia feliz. Claro, Tony también insistía en que tenía que cuidar mi cabeza con un profesional. Sí, cedí a los caprichos de mi hermana y de mi agente.

Y ahora estaba a punto de ceder también a los caprichos de mi amigo. Fiesta de cumpleaños.

Sabía que no iba a haber prensa, pero los invitados publican siempre sus fotos privadas en las redes sociales, las imágenes viajan y llegar a mi página. A veces eso me irrita. No me sentía orgullosa de muchas fotos que estaban circulando por ahí, y si pudiese, haría desaparecer buena parte de ellas para no volverlas a ver. Decidí vestirme decentemente y salir finalmente de la cama.

Falda. Blusa. Tacones. Leve maquillaje. Ok.

¿Cabellos? ¡Ah! Recogido. No tenía paciencia para elaborar un elaborado peinado.

Me tragué las ganas de volver a la cápsula en que se había convertido mi cama y mi edredón y salí en dirección a la fiesta de mi amigo.

Organizaron todo a última hora. Decidieron que el chalet era una buena elección para recibir a los invitados. Yo pienso que está muy apartado de todo, pero si ellos lo prefieren así, sería bueno respirar algo de aire fresco. Quién sabe si podría escaparme un rato de la fiesta y quedarme sola un rato en medio del bosque.

Ginny y Josh decoraron toda la casa, quedó bonito. Había camareros sirviendo canapés y bebidas. Mi copa de champán estuvo siempre llena.

Saludé a todos los invitados que conocía. Y a los que no conocía fui presentada. La música era agradable, el Dj contratado llevaba las riendas del sonido, ni muy alto ni muy bajo.

Mi amigo parecía feliz y satisfecho de verme allí. Josh se alternaba con Ginny para comprobar que yo estavuiera bien o si necesitaba algo. Pero sorprendentemente, me estaba sintiendo bien. Para ser sincera, el efecto del alcohol ayudó bastante.

No había muchos invitados. Las personas que allí estaban eran discretas y tampoco querían aparecer en los medios. Era una fiesta reservada. Me sentí aliviada por haber ido.

Sentí que el champán hizo efecto más rápido de lo que yo esperaba. Necesitaba comer algo si no quería pasarlo mal.

"¿Dónde están aquellos canapés de queso de cabra que ahora mismo estaban por aquí?"

El camarero terminó de llenar mi copa y decidí buscar el buffet. Estaba distraída y con los reflejos un poco alterados. No supe realmente hacía donde miraba cuando sentí un cuerpo chocar conmigo haciendo que mi copa cayera toda en mi camisa blanca.

«¡Qué mierda!» repliqué

«¡Vaya! Disculpe, yo…»

Alcé la vista al reconocer aquella voz. Aquella voz aterciopelada con la que he soñado durante 46 días. Era ella. Y ella me había acabado de derramar la bebida encima.

«¡Lana!»

«¡Oh, Jennifer! Disculpa, realmente no te vi y…»

«¡No, todo está bien!» No estaba nada bien. La falta de aire. El corazón. El cuerpo. Y las braguitas.

«¿Cómo que bien? ¡Te he mojado entera! ¡Dios mío! Debería haberme quedado en casa»

«No…» dije bajito

«¿No? ¿No, qué?»

"¡Mierda! ¿No, qué?"

«No me has mojado entera. Mira, solo fue la camisa. Ya se seca» respondí rápido

«De todas maneras, lo siento mucho. Creo que ni debo quedarme aquí…»

«¡Lana, para!» agarré su brazo

«No quiero estropear tu noche, más de lo que ya la estoy estropeando» señaló para mi ropa húmeda

«No has estropeado mi noche, pero lo harás si sales por aquella puerta»

«¿Me estás diciendo que me quede?»

«Ginny se va a enfadar si te marchas de esta manera…»

«¡Ah, sí! Ginny…»

«Lana, no fue lo que quise decir. Lo sabes, nosotras…»

«Entiendo, Jennifer. No tienes que explicarme nada»

«¡No! ¡Deja ya eso! Además, realmente quiero hablar contigo, ¿podemos?»

«¿Estás segura, Jen? No quiero meterme en tu vida, y…estropearlo todo»

«Vete a saludar a la gente, yo te espero fuera, así podemos estar solas»

«Está bien»

Sentía pánico. La bebida me dio valor, pero no tenía ni idea de lo que le diría.

No cabía en mí de gozo. Ver a Lana Parrilla en la fiesta era un sueño. Estaba todavía más bella y olía más bien que la última vez. Me esforcé en recordar la ropa que había visto hacía cinco minutos, pero no lo conseguí. Estaba completamente bebida.

Solo recordé que su cuerpo lucía perfecto dentro de esas prendas.

En aquel corto diálogo, me di cuenta de que ella ya no era la mujer fuerte que me folló en el ascensor. Era una niña arrinconada con miedo.

Quería poder haber estado a su lado estos últimos 46 días y haberle mostrado lo dispuesta que estoy a enfrentarme a todo. Mostrarle cuán grande es el amor que siento. Pero ella interrumpió pronto mis intenciones.

Llené una vez más mi copa. Miré alrededor y no había nadie cerca, así que cogí dos botellas de champan que estaban dentro de una hielera. Me dirigí hacia fuera.

El jardín estaba en silencio y podía oír mi corazón resonando por encima de los árboles que allí había. Estaba nerviosa.

Caminé de un lado a otro sin parar. Intenté formular lo que quería decirle, pero nada vino. O vinieron pensamientos aleatorios que no conseguía unir en algo coherente. Aproveché y agradecí a Dios por haber aceptado la invitación de Josh.

«¿Jen?»

Me giré. Allí estaba ella. Finalmente me acordé, sus prendas eran blancas como la nieve. Parecía una frágil muñeca de porcelana, allí parada, mirándome.

Inmediatamente los malos pensamientos se esfumaron, dejándome solo la certeza de que ella era lo que yo quería. Para siempre.

Estaba decidida a dejar la terapia. Despedir a Tony. Cambiar de profesión. Fuese lo que fuese. Pero no iba a perder de vista a esa mujer. Nunca más.

«¡Hola!» respondí haciendo señal con las manos para que se acercara.

Ella se acercó casi corriendo y me envolvió en un abrazo. Besé su cabeza. Nos quedamos así por un buen rato.

«Ginny me dijo que no ibas a estar»

«Josh me dijo lo mismo de ti» sonreí imaginando el plan de nuestros amigos.

«Jen, no sé por dónde comenzar a explicarme»

«¿Qué tal si me explicas lo que ocurrió el día de la convención? Estaba todo bien, y de repente, quisiste marcharte y nunca más volviste. Nunca más atendiste mis llamadas, me evitabas en el estudio…»

«Creí que no merecías pasar por todo aquello»

«¿Qué es todo aquello, Lana?»

«La presión de tu agente solo es la punta del iceberg. Lo peor todavía tendría que venir»

«¿Qué sabes de la presión de mi agente, Lana? Nunca te conté nada de eso»

«No fue necesario. Os escuché hablando por teléfono»

«Si él fue el que hizo que te marcharas, mañana mismo está despedido»

«No fue solo Tony, Jen»

La miré sorprendida.

«Aquella noche, en tu casa, además de haberte oído hablar con tu agente, tu hermana…»

«¿Qué hizo Julia?»

«¡Calma! Tal vez no te sea tan fácil de escuchar, Jen…»

«Vamos, Lana…¡Habla de una vez»

«Tu hermana también me dijo algunas cosas»

«Te avisé de que era temperamental. Pero aprenderás a lidiar con eso. Ella solo debe haber sentido celos…»

«No, Jen…Julia no siente celos. Tu hermana no está dispuesta a respetar tus decisiones. Me amenazó. Si yo no me iba por las buenas, me arrancaría de ahí con el resto de tu familia, y entonces sí, tú ibas a detestarme»

«¡Ella no haría algo así! No puede ser»

No podía creer lo que Lana me estaba contando. Julia haría cualquier cosa por verme feliz. Hablamos innumerables veces de lo ocurrido, ella sabe cuánto estoy sufriendo. Julia me ha ayudado a superarlo. Ha hecho lo posible por apoyarme y aconsejarme, y ella no me contó esa conversación mantenida con Lana. Lana debe haber entendido mal.

«En estos 46 días, ¿acaso Julia te ha pedido que me busques o que me preguntes lo que ha pasado?»

«¿También sabes cuántos días hemos estado separadas?»

«Sé hasta las horas…»

Ahí se había marcado un punto. Julia nunca me aconsejó hablar con Lana. Todas las veces que intenté ir detrás de Lana, Julia se enfadó. Y me mandó a una psicóloga que ha hecho todo lo posible para que olvide mis sentimientos.

No tuve fuerzas para mantenerme en pie. Busqué apoyo en un árbol cercano y me senté en el suelo deslizando mi cuerpo por el tronco.

Bajé mi cabeza y hundí mi rostro en mis manos. "¿Cómo no me di cuenta?"

«¡Hey, no te pongas así, Jen!» Lana se arrodilló a mi lado, apoyando su mano en mi hombro.

«¡Mi hermana me ha engañado todo este tiempo, Lana! Me ha hecho ir de nuevo a terapia. ¿Sabes cuánto tiempo pasó para que la última vez me dieran el alta?»

Lana rio

«¿De qué te ríes?»

«Pensaba que la dama de hierro no aceptaba hacer terapia y mucho menos que se confesase en público»

Aquello me llamó la atención, no era la primera vez que lo escuchaba.

«A ver, ya me has llamado así alguna vez, ¿qué significa?»

«¡Si te lo cuento, tendría que matarte!»

Las dos reímos. Anoté mentalmente que tendría que descubrir que significaba ese mote.

Abrí la botella de champán y tomé un buche para celebrar la preocupación que mi querida hermana tiene por mí. Bebí de la propia botella, lancé mi copa a lo lejos y me quedé satisfecha al oír cómo se rompía en pedazos en algún sitio. Como mi corazón.

Le pasé la botella a Lana, que, sin ceremonias, repitió lo que yo había hecho. Nos quedamos un largo tiempo en silencio, admirando el paisaje y escuchando el sonido de la cascada en algún lugar por allí cerca. Me di cuenta de que habíamos acabado con las dos botellas.

«¿Y ahora?» pregunté

«¿Qué quieres hacer?»

Tuve una idea. Bajo los efectos del alcohol, tuve valor para ponerla en práctica.

«¡Pásame tus zapatos!»

Sabía que ella no aceptaría si se lo contaba, así que corrí lejos de la casa arrastrándola conmigo por el brazo.

Estábamos riendo mientas corríamos descalzas por medio del bosque.

«¿A dónde vamos, Jennifer?»

«A buscar una cosa»

«Si supiese que estamos buscando, te podría ayudar a encontrarla»

«¡No es necesario!»

Me estaba guiando por el sonido del agua. Cuando más próximo era el sonido del agua cayendo, más cerca estábamos del lugar al que quería llegar.

Después de unos dos minutos corriendo entre los árboles, finalmente encontré la cascada.

"¡Qué lugar maravilloso! ¡Perfecto!"

«¡Jennifer, no!»

«¿Por qué no Lana? ¡Vamos!»

Me quité mi blusa y mi falda de un tirón y las coloqué al lado de nuestros zapatos en la tierra.

Ella se quedó mirando mi cuerpo. Subió su mirada y encontró mis ojos que le pedían que me acompañase.

«¡Venga, rápido, hace frío!»

«Y si hace frío, ¿por qué crees que debería quitarme la ropa y entrar en esa agua helada?»

«Porque la única manera de calentar un cuerpo frío es con otro cuerpo desnudo abrazándolo»

Ella arqueó una ceja, mirándome y yo me separé de ella, y sin desviar la morada, metí mis pies en el agua.

«¿Me vas a dejar morir congelada aun sabiendo que eres la única que me puedes salvar?»

Finalmente se quitó su vestido y corrió a mi encuentro.

La envolví en mis brazos y pegué mi cuerpo al de ella. Lana estaba helada. La levanté en brazos y ella pasó las piernas alrededor de mi cintura, cerrando sus brazos detrás de mi cuello. Sentía la falta de su cuerpo pegado al mío.

Caminé hacia dentro de agua con ella en mis brazos hasta donde hacia pie. Sentí todo mi cuerpo enfriarse ante el toque del agua helada. Pero en segundos ya estaba caliente de nuevo.

El paisaje no podría ser más romántico. Estar con ella era todo lo que yo necesitaba. Aunque solo fuera esa noche. Aunque solo fuera ese minuto.

Nuestras cabezas estaban pegadas. No había nada que separase mi cuerpo del de ella, y nadie que pudiese impedírnoslo.

Sus ojos almendrados miraban los míos. Su nariz tocó la mía suavemente en una agradable caricia y ella cerró los ojos. Yo seguí admirando su belleza bajo la luz de la luna llena. No quería cerrar mis ojos y perder aquel momento, simplemente por miedo a que acabase.

Su boca estaba entreabierta, y su respiración era suave.

«Querría tanto besarte ahora…» me dijo

«Nadie te lo está impidiendo» susurré

Solo dejamos que el balanceo del agua aproximase nuestros labios. Lana me apretó fuerte contra ella, estrechando aún más sus brazos en mi cuello y sus piernas en mi cintura. Yo abrí mi boca y dejé que su lengua entrara y se encontrase con la mía.