La cascada

(LP)

El agua helada cubría nuestros cuerpos y Jennifer tenía razón, estaba más caliente ahí que afuera.

Sé qué me estaba hundiendo en problemas hasta el cuello al entregarme de esa manera a ella. Sentí tanta falta de Jennifer. Era algo casi inhumano. Fue inevitable.

Jennifer todavía tenía olor a café, incluso embriagada de champán, el aroma a café que exhalaba su piel era distintivo. Mi corazón habló más alto y entonces decidí dale a mi cuerpo lo que venía pidiendo desde hacía 46 días.

Mis manos se deslizaron hasta su larga cola de caballo. Solté sus rizos rubios y rebeldes. Adoraba su belleza salvaje con la mirada de una niña.

Sus manos agarraron con urgencia mis nalgas. Sabía exactamente cómo se sentía porque yo no estaba diferente.

Estaba un poco alterada por el alcohol, como ella, así que no pasó mucho tiempo para que nos engancháramos sin pudor alguno. Olvidamos completamente las complicaciones que había detrás de nuestra historia. Deseché cualquier fantasma que pudiese hacernos sombra. Allí solo éramos dos mujeres normales que se deseaban. Me convencí de eso.

Antes de darme cuenta, ella ya me había quitado el sujetador y lo había dejado florando en el lago. Sus manos apretaban mis pechos y gemí de placer. Arranqué mis bragas y las tiré junto con el sujetador.

Vi que los ojos de Jennifer se incendiaron. Sabía que estaba lista, conocía esa mirada.

Nadé y me puse detrás de ella. La puse de espaldas a mí. Besé sus hombros, su clavícula y lamí toda la extensión de piel hasta donde llegaba el agua. Jennifer gimió bajo el toque de mi lengua. Solté su sujetador y deslice las asillas hacia abajo hasta que la prenda salió completamente de su cuerpo. La abracé por la espalda y llevé mis manos hasta sus pechos. Mis movimientos y el balanceo del agua hicieron que mis pezones se endurecieran al rozar su espalda desnuda.

«Lana…» gimió

«Estoy aquí. Ahora quítate también tus bragas»

Jennifer me obedeció. Pasó la pieza por cada una de sus piernas y simplemente las soltó en el agua.

Completamente desnuda, se dio la vuelta hacia mí. Sentí mi cuerpo en llamas. En aquel momento sentí calor.

Jennifer se precipitó encima de mí, dejando ver toda la necesidad que también sentía de mi cuerpo.

Sus manos fueron ágiles y agarraron mi cintura, se deslizaron hasta mis pechos, pasaron por mis piernas y por mi trasero. En sus brazos definidos se marcaban cada uno de sus músculos conforme se movía encima de mi cuerpo. Todo en ella me excitaba, pero sus brazos eran mi perdición.

Levantó mi pierna izquierda y la apoyó en su antebrazo. Cruzó el brazo por debajo de mi pierna levantada. Su mano derecha encontró mi sexo expuesto bajo el agua.

«¡Te he echado tanto de menos, mi putita!» me sonrió maliciosamente cuando me tocó entre las piernas.

Quedé empapada. Incliné mi cabeza hacia atrás. Apoyé mis manos en su hombro izquierdo, facilitando el acceso a mi sexo mientras intentaba no perder el equilibrio en el agua.

«Estás mojada para mí, eso significa que también me echabas de menos dentro de ti, ¿eh?» Jennifer se mordió el labio inferior.

Gemí alto para ella. El toque de sus dedos en mi hinchado nervio era delicioso.

«¡Vamos, mi puta! ¡Háblame! ¿Quieres que te folle aquí dentro?»

«¡Q…quiero!» balbuceé

No conseguía articular palabra. Estaba muriendo de tensión y ansiaba sentirla dentro de mí.

«¡No lo oí! ¡Pídelo bien!»

«¡Quiero!» respondí casi que instintivamente

«Entonces, ¡suplícamelo!» Jennifer bajo los efectos del alcohol era algo muy peligroso y tentador. Exhalaba esa fuerza masculina y dominadora en todo lo que hacía y me dejaba todavía más excitada y con menos control. Mi deseo era ser su putita para siempre.

«¡Por favor!»

«¿Por favor, qué, Parrilla?»

«¡Fo…» toco mi clítoris con más violencia «lla…» colocó un dedo en la entrada de mi vagina, haciendo que me faltara el aire «…me!» metió de forma deliciosa aquel dedo dentro mí «¡Ahhh!» grité. De satisfacción al recibirla en mi interior.

Apreté su dedo entre las paredes de mi vagina.

«¡La madre que te parió! ¡Qué delicia!» dijo ella en medio de gemidos, inclinando su cabeza hacia atrás.

Acerqué mi cuerpo al de ella y la besé fogosamente. Ella mordió mis labios y sentí un gusto a hierro en mi boca.

Literalmente me mordió un trozo de mi boca. Me gustó aquella sensación. Deseé que me follase todavía más fuerte, con más brutalidad.

«¡De donde ha venido ese pueden venir muchos otros!»

«¿Y? ¿Qué tengo que hacer para merecerlos?» Jennifer no sacó su dedo de dentro de mí.

«¡Fóllame!» ella curvó su dedo en dirección hacia mi vientre «¡Ahhh! ¡Quiero…quiero más!»

«¡Ajá! ¡Sabía que ibas a querer!»

Sentí dos dedos más entrando y saliendo de dentro de mí con una fuerza mayor que las otras veces. Yo ya estaba completamente loca.

Quitó su otra mano de mi cadera y la bajó hasta mi vagina. Su pulgar inició un frenético masaje en mi clítoris.

Sentí el viento helado de fuera del agua y el fuego que había dentro. No me aguanté. Ni lo intenté, en verdad. Había deseado ese momento por tantos días que ahora quería sentirla completamente en mí.

«Jen…Voy a…»

Me calló con un beso lujurioso. Acaparó mi respiración y con ella besándome me corrí. Ella gimió conmigo.

Envolví mis piernas en su cintura, el agua se balanceaba, y mi sexo, todavía húmedo, rozó su barriga, estimulándome de nuevo. La agarré por el cuello y mordí mi labio inferior antes de besarla de nuevo.

«¡Tu putita quiere más!»

«¿Y quién dijo que había terminado de follarte?»

Una de sus manos me agarró por la espalda y con la otra me penetró comenzando un vaivén conmigo en su regazo.

Mientras me follaba moviendo sus dedos dentro de mi sexo, Jennifer comenzó a salir del agua. No me importó el frío. Su cuerpo era suficiente para mantenerme caliente.

Me acostó cuidadosamente en las rocas que había al borde del lago. Sin sacar sus dedos de mi interior, se inclinó en mi frente. Separó mis piernas, y lamió mi clítoris sin ceremonia.

«¡Ah!»

«¿Te gusta así?»

«¡Mucho!» no había nada de ella que no me gustase

«Entonces, quiero que me mires mientras te chupo. Quiero que veas lo sabrosa que eres»

Aquella petición había sido inesperada. Apoyé mi peso en mis codos y bajé mi cabeza para mirarla. Me esforcé en mantener mis ojos abiertos mientras el placer me inundaba.

Su lengua comenzó a moverse por toda mi pelvis. Sentía pequeños calambres en todo mi cuerpo, que me hacían temblar por entera. Jennifer me miró de una forma sádica y parecía divertirse ante mi esfuerzo de concentración.

No dejé de gemir ante la sensación de su boca caliente besando mi sexo, sus dedos penetrándome hasta el fondo y su mirada en mí. Su mano libre recorrió mi cuerpo. Clavó sus dedos en mi trasero y finalmente, sumergió todavía más su cabeza en mi sexo. Arqueé mi espalda y agarré su cabeza para que no parase de chuparme. Sentí un líquido caliente saliendo de mí.

Inmediatamente, Jennifer lo succionó, lamiendo hasta la última gota.

«¡Apriétame!» me mandó «¡Ahora!»

Hice lo que me pidió. Contraje las paredes de mi vagina y, casi inmediatamente mi respiración se aceleró, estaba alcanzando de nuevo otro clímax.

«¡Ven! Goza en mi boca, te quiero entera para mí» cerré mis ojos y le di lo que me pedía. Tuve uno de los mejores orgasmos de vida en ese momento.

«¡Ahhh!»

«¡Eres deliciosa! ¡Mi delicia!» me dijo mientras terminaba de chupar el líquido que había acabado de salir.

Jennifer vino a mi encuentro deslizándose por encima de mi cuerpo y me abrazó, aún desnuda. Nos calentamos en la orilla del lago solo con nuestros cuerpos desnudos, como ella había dicho.

«¿Tienes frío?»

«¡No! Tenías razón. Bastó con que me abrazaras y el frío pasó»

«Deberías escucharme más veces» sonrió sarcásticamente

«Entonces, ¡ven aquí!» me senté y la coloqué en mi regazo

Abrí nuestras piernas. Crucé mi pierna derecha por encima de su pierna izquierda. Dejé caer mi peso en mis manos, pegando nuestros sexos y el resto de nuestros cuerpos. Pasé mi brazo por su cintura y ella hizo lo mismo. Apoyé mi cabeza en su hombro y la obligué a que apoyase también la suya en el mío.

Nos hicimos un solo cuerpo.

Sentí lo mojada que estaba Jennifer cuando mi sexo se pegó al suyo. Comencé a balancearme, rozando nuestros clítoris, uno contra el otro.

No pasó mucho tiempo para que Jennifer se corriera en mí. Su líquido caliente baja por mi pierna. Oírla gemir hizo que yo también me corriera mientras nos besábamos.

Todavía estaba bajo el efecto de tres orgasmos en mi cuerpo.

«¿Qué tal si vamos a quitarnos esta tierra de encima?»

Esta vez ella me llevó en sus brazos directamente a la cascada. Nos bañamos en silencio, ya que el ruido de la caída del agua nos impedía hablar. Jennifer me miró apasionadamente y me besó mientras el agua caía sobre nuestras cabezas.

Di por perdida mi ropa interior, y ella también lo hizo. Me acordé que todavía teníamos que volver a la fiesta. Ni sabía el tiempo que habíamos estado fuera.

«Un beso por tus pensamientos»

«Nada, Jen» lo encontré gracioso y reí sola

«Venga, ¿qué estás pensando?»

«En cómo vamos a regresar a la fiesta sin ropa interior y con el pelo mojado»

«Creo que ya nos hemos enfrentado a problemas mayores que ese»

«Creo que tienes razón»

«Lo sé. Te dije que deberías escucharme más veces»

«Voy a comenzar a pensar seriamente en el asunto, Morrison»

Cogió mi mano y entrelazó sus dedos a los míos, llevándome de vuelta por el mismo camino que hicimos a la ida.

«A pesar de lo mucho que has bebido hoy, puedo afirmar que tienes un gran sentido de la orientación»

«¿Y quién dijo que he bebido más que tú?»

«No fue necesario que nadie me lo dijera, el hecho de que tropezaras conmigo y te tiraras la bebida encima lo demuestra»

«Si así fuera, tú ya llegaste bebida, porque fuiste tú quien tropezó conmigo»

«¡Admítelo, Morrison! Estuviste bebiendo antes de que yo llegara»

«Una o dos copas, nada alarmante»

«¿Por qué estabas bebiendo?»

«Para intentar paliar»

«¿Paliar el qué?»

«¡La falta que me haces!»