El desayuno

Abrí mis ojos y todavía sentí algún efecto del alcohol de la noche anterior en mi cuerpo.

No me molestó la cabeza palpitando y el leve mareo cuando al mirar hacia un lado la vi durmiendo tranquila a mi lado.

No quería incomodar su sueño. Cogí mi móvil de entre los almohadones y fui a verificar si había soñado lo que realmente había hecho.

Me sentí satisfecha al pasar los mensajes y constatar que realmente estaba libre de Tony. ¡Me he sacado un peso de encima!

Habían sido años y años con él a mi lado. Aunque para ser honesta, nunca estuvo de mi lado, y si delante de mí. Tomaba las decisiones por mí. Escogía las entrevistas en las que participaría, decidía cuáles iban a ser mis respuestas para las preguntas que él elaboraba con anticipación, cuidaba mi alimentación, contrataba a mis peluqueros y maquilladores, los despedía también si era necesario, además opinaba sobre mi ropa.

No me gustaba ser una muñeca, pero siempre cedía fácilmente.

Tony me resultó de ayuda. Yo no estaba preparada para enfrentarme a la fama. Sé que gracias a su trabajo he llegado hasta aquí. Pero no podía dejar de lado todo mi esfuerzo y profesionalidad. Al final de cuentas, éramos un equipo perfecto. O mejor, un día fuimos ese equipo perfecto…O quizás, durante todo este tiempo, he sobrestimado su trabajo y me dejé convencer por mi hermana de que sin él no llegaría a ningún lado.

Lo único en que no se debería meter es en mis decisiones amorosas. Así comenzaron nuestras discusiones. Nunca imaginé que llegaría el momento de romper con él. Miré de nuevo a Lana y sonreí con la certeza de que era mejor así. Él nunca permitiría que viviese este amor.

Conocí a Tony a través de mi hermana. Tony trabajaba para Disney, cuidaba de la imagen de niños actores de la empresa y Julia fue descubierta por él cuando paseaba con nuestra madre. Después ella estrenó algunos trabajos en el canal. Tony solo tenía ojos para ella.

Convenció a mis padres de que ella sería una gran estrella, y dejó su trabajo para representar a mi hermana pequeña. Lo que él no imaginaba era que a Julia no le gustaba nada aquello, mientras yo comencé a hacer teatro motivada por mi hermana.

Una cosa llevó a la otra y Tony siempre estuvo cerca cuando Julia abandonó de una vez la carrera. Cierta tarde, recibí una invitación para hacer una audición para una serie de televisión, un papel importante. Julia me convenció para que llamara a Tony y me ayudara a prepararlo. Ni me lo creí cuando conseguí el papel que me lanzó al estrellato. Bien, Tony estaba ahí.

Me pregunté dónde estarían Josh y Ginny.

«¿Dónde estáis?»

Pocos segundos después, Josh respondió a mi mensaje.

«En casa. Necesitábamos volver por Oliver. Aprovechen el chalé, la nevera y los armarios están abastecidos. La limpieza debe llegar al final de la tarde, así que estén vestidas. LOL»

Puse los ojos en blanco.

«Gracias. Lana todavía está durmiendo, te aviso cuando nos vayamos»

"Entonces, solo estamos las dos…" No puede contener mi felicidad.

Me levanté con cuidado, sin tocar a Lana y fui a preparar el desayuno.

Realmente la casa de campo de Josh tenía más comida de lo que mi nevera había visto en un año. No sabía qué acostumbraba a tomar Lana para desayunar. Puse agua a hervir y empecé a buscar el té.

Encontré masa de tortitas. Adoro las tortitas y no comía una desde que Tony me prohibió ingerir alimento con harina blanca.

Separé algunas frutas e hice un zumo con todo lo que encontré. Manzana, plátano, papaya y leche.

Coloqué en la mesa mermelada de mora casera que tenía un olor increíble para acompañar las toritas, miel y mantequilla.

Ginny y Josh tenían guardados diferentes tipos de té. Ante la duda, los llevé todos para la mesa junto con la garrafa de agua caliente.

Mis ojos se deslizaron por la bolsa de granos de café. Pero desvié la mirada. Acompañaría a Lana y tomaría solo un té.

La mesa quedó lista, pero sin gracia. Me dirigí afuera en busca de algo para decorarla. Me encontré con una plantación de lirios blancos. Cogí las flores más bonitas del parterre, rezando para que Ginny no lo notase, y agregué algunos gajos coloridos de matorral salvaje. Cuando quedé satisfecha, entré de nuevo en la casa con mi buqué en las manos.

«Buenos días» Lana abrió los ojos y me pilló entrando por la puerta que quedaba de frente al sofá en que estaba durmiendo.

«Buenos días»

«Hmm…¿Huelo a…tortitas?»

«¡Sí! ¿Tienes hambre?» pregunté

«Aja»

«Entonces, ven, que la mesa ya está lista»

«¿Y esas flores?» señaló mi buqué, que no tuve tiempo de colocar en la mesa

«¡Son para ti!»

«¡Eres increíble!» sonrió mientras se levantaba y dejaba ver su vestido todo arrugado.

Le di las flores y ella me lo pagó con un beso en los labios.

«¿Dónde están los dueños de la casa?»

«En su otra casa»

Ella solo arqueó una ceja. Todavía estábamos de vacaciones y podíamos aprovechar todo el día.

«¿Llevas mucho tiempo despierta? ¡Debe haberte dado trabajo hacer todo esto sola!»

Lana pareció sorprendida cuando nos sentamos a la mesa que yo había preparado.

«No me he despertado mucho antes que tú, no te preocupes» respondí «¿Zumo o té?»

«Hm…¡Primero té y después zumo!»

«¿Cuál es tu té preferido?»

«Té inglés. Negro»

«Algo me decía que ese era. Aquí está, té inglés para la señora» dije imitando el acento británico

«¿No haces café?»

«¿No me digas que justo hoy vas a querer tomar café?»

«No, ya te dije que no me gusta. ¿Por qué no le estás tomando tú?» me preguntó con un tono diferente a la calma de segundos antes.

«Porque no quiero seguir tomando café. Cortando algunos vicios, ¿sabes? Intentando ser una persona mejor…»

«¡De ninguna manera! Trata de cortar otros vicios. ¡Ese se queda! Con permiso, tengo un café que hacer» dijo levantándose de la mesa y dirigiéndose a la cocina.

No entendí que había sido eso. No sabía si estaba bromeando o hablando en serio. Yo estaba feliz con el té negro. El gusto ruin del té ya no me incomodaba tanto. En verdad, hasta era sabroso.

Lana regresó con una garrafa térmica, igual a aquellas usadas por los scouts, y echó el líquido en una taza que tenía delante. Cerró la garrafa y me la puso enfrente.

«¡Listo! Tomate tu café negro y nunca más inventes eso de tomar té.

«¿A qué…ha venido esto?»

«Nada, Morrison, nada…Solo haz lo que te he dicho»

«¡Claro! ¿Quién soy yo para replicar una orden de la reina?»

La mirada furiosa de Lana se posó en mí.

«No confundas las cosas, Jennifer»

«Creo que ya puedes salir del personaje…» dejé caer una broma

«Puedo tener algunas rasgos parecidos con los de Regina…»

«¿Por ejemplo eso de dar órdenes a los demás?» interrumpí

«Jennifer, Jennifer…no juegues con fuego…»

«¿Si no me voy a quemar con su bolas de fuego, Alcaldesa?»

Lana se veía hermosa cuando se ponía nerviosa y yo adoraba provocarla. La vena de su frente saltó y sus ojos eran puro fuego. No conseguí aguantarme y me eché a reír.

«¡No le veo ninguna gracia!»

«No le ves la gracia porque la alcaldesa preferiría estar tomando su desayuno al lado de Robin Hood y no con la propia madre de su hijo»

«¡Hey! No hagas que me acuerde de Sean a estas horas que mi estómago se revuelve. Y podemos volver a ser nosotras dos, ¿por favor? Por un instante, tuve la impresión de que era Emma queriendo provocarme…»

«¿Y si te dijera que no?»

«¿Decir no a qué, Jen?»

«A lo que acabas de pedir…»

«Todavía no sé a dónde quieres llegar»

«Bah, déjalo. Es una tontería»

«No…Ahora quiero saber. ¿Qué estás diciendo?»

Respiré profundamente. Mi cabeza estaba rondando con esta loca idea desde hacía un tiempo.

«Está bien…No te rías, ¿vale?»

«Haré lo posible, siempre que no me digas nada muy ultrajante» Lana ya se estaba aguantando para no echarse a reír

«Quizás en voz alta suene mucho más extraño que la idea que tenía en la cabeza»

«¡Jennifer!»

«Ok»

Silencio

«¿Jen?»

«¿Sí?»

….

Reí. Me avergoncé al intentar explicar. No sabía si debería, o si me creería una loca. Tenía que estar loca por pensar contárselo ella.

«Bien…» mi rostro se puso rojo «Hace ya un tiempo que ando pensando en ello…»

«¿Cuánto tiempo?»

«¿Qué?»

«¿Cuánto tiempo andas pensando esto?»

«Pero no sabes de lo que se trata»

«No importa…Quiero saber cuánto tiempo llevas pensándolo y no me has dicho nada»

«Tal vez unos dos meses»

«¿Dos meses?» gritó

«¡Lana!»

«Está bien, continúa…»

«A ver, durante el proceso de desarrollo de Emma, me he dado cuenta de algo muy interesante sobre ella. Solo que no unía los puntos. Lo que creo es que tal vez, solo tal vez, ella quiere mucho, pero mucho, follarse a la alcaldesa Mills encima de la mesa de su despacho en la alcaldía»

«¡Claro que quiere! Eso ya lo ha visto todo el mundo…Por lo visto, continuaste leyendo pornografía swanqueen después de que te pille con las manos en la masa, ¿eh?»

Quería no tener que responder aquella indiscretas pregunta.

«Solo terminé el que había empezado…»

«¿Entonces?» preguntó

«¿Entonces qué?»

«¿Vamos o no vamos a dar vida a esas ficciones que has leído, Miss Swan?» sentí mi vagina palpitar al escucharla recalcar mi nombre.

«¿Alcaldesa Mills?»

«Parece que ha visto a un fantasma, sheriff»

"¡La madre que me parió! ¡Estoy a punto de follarme a la alcaldesa!"