La libertad
(LP)
Había pasado una semana más y no he podido ver a Jennifer, ya son casi dos meses. No tuve la oportunidad de explicarme con ella, o simplemente no lo hice por cobardía. Me odiaba por ello. Odiaba todavía más que cuando más tiempo pasaba, más la amaba.
Pensé si todavía podía considerarla mi novia. No importaba. Siempre será mi novia.
Estaba siendo mantenida en cautiverio por mi propio marido. Salía del estudio y regresaba directamente a casa de Fred, donde me estaba obligando a vivir, salvo aquellas excepciones en que había algún evento relacionado con la serie o alguno que él impusiese. A todos los lugares que iba, él me acompañaba. Para ser sincera, poco me importaba salir de casa, si no era con ella. Y como no tenía esa opción, prefería aceptar las condiciones de Fred y mantenerme aislada.
Los recuerdos de nuestros momentos juntas era la motivación que necesitaba para tener fuerzas y seguir adelante. Me entristecía el hecho de que ya casi no me acordaba de algunos detalles de sus expresiones, por más que me esforzase, a veces la imagen de su rostro ya no me era tan nítida. Con excepción de sus ojos color esmeralda, ya no recordaba la forma que su boca adquiría cuando me sonreía, ni cuántas arrugas se le formaban en su frente cuando estaba afligida. Era desesperante. No quería olvidar nada que me pusiese recordar cuánto la amaba.
No voy a negar que pensé en quitarme la vida, pero hasta para eso, he sido débil.
Durante este tiempo, apenas hablaba con mi marido. Realmente, no hablaba con nadie. Los únicos momentos en que escucha mi voz era en las grabaciones. Y ni me podía reconocer en escena, ya que la voz que ponía a mi personaje no era la mía.
Jennifer no intentó acercarse ni dentro ni fuera de los estudios, no vino tras de mí, como hizo la última vez que nos separamos. Mi tristeza no era todavía mayor, porque puse todas mis esperanzas en pensar que ella no estaría sufriendo, al menos como lo estaba haciendo yo. A veces, intentaba pensar que, de alguna forma, ella sabía que yo no tenía elección. En realidad, la tuve, y la escogí a ella, en lugar de a mí. Su ausencia física era solo el alto precio que estaba pagando por su seguridad.
El anillo brilló en mi dedo desviando mi atención de lo que hacía. "Solo quisiera poder volver el tiempo hacia atrás…Solo querría tener una oportunidad de ser feliz"
Hacía mucho tiempo que no veía a mi madre. Estaba esperando su visita ansiosamente mientras le preparaba una tarta, como de costumbre. Era agradable saber que, finalmente, tendría a alguien con quien conversar.
La tarta estaba lista cuando el timbre de casa sonó "Mamá llegó"
«¡Mamá! ¡Te he extrañado tanto!» la envolvía en mis brazos con una nostalgia que no me cabía en el pecho.
«¡Oh, cariño! ¡Tú mamá ya está aquí!»
Mi madre estaba envejecida y lamenté haberme pasado tantos años de mi vida alejada de la persona que estimaba y quería tanto. Tenerla en mis brazos fue reconfortante ante todo lo que estaba sintiendo. Sentí la paz que hacía mucho que no sentía.
Nunca hablé fluido el español, pero lo poco que sabía me era útil para hablar con mi madre. Las dos extrañábamos mucho a papá y desde que él se fue, mamá y yo intentábamos mantener, lo máximo posible, la cultura puertorriqueña presente en nuestro día a día. Mamá habla fluido el idioma de mi padre y siempre que podía me enseñaba algo nuevo en español.
«Ahora cariño, ¿qué te pasa?»
«Ay, mamá…Lo de siempre, ¡Mi corazón!»
«Lana, ¿cuántas veces tengo que decirte…?»
«¡Ah, mamá!. Ya sé, ya sé. Pero esta vez es diferente, no entenderías…
«Hija, ¿crees que no leo las noticias? ¿Qué no sé lo que pasa con mi estrella?»
Mamá es realmente muy cariñosa y atenta. Crecí escuchando a mis padres hablar de amor, en aquella época lo creía tonto, cursi. Hoy entiendo perfectamente lo que intentaban hacerme entender.
Papá siempre decía que cuando el corazón está intentando decirnos algo, es eso a lo que tenemos que dar prioridad. Con certeza, sabría qué aconsejarme en este momento.
«Cariño, veo en tu mirada cuánto estás sufriendo…¿Por qué le estás haciendo esto a tu corazón?»
«Fred, mami. Fred amenazó a Jennifer»
«Vamos, hijita, vamos a hablar y quiero saber todo lo que pasa a ese corazoncito»
Nos sentamos a la mesa para una "charla" como diría mamá. Logré decirle todo lo que había pasado, cómo me estaba sintiendo. Vi sus viejos ojitos arrugándose y llenándose de lágrimas. Infelizmente, la tarde pasó más rápido de lo que me hubiese gustado y mi madre se iría a final de la tarde a casa de mi hermana, en los Estados Unidos.
«Hija, sabes lo que tienes que hacer, ¿no?»
«Sí, madre» respondí con la cabeza gacha
«No bajes la cabeza, vamos. Si no haces lo que tu corazón te manda, de nada vale la herencia que tu padre te dejó. ¡La próxima vez que nos veamos, quiero conocer a mi nuera!»
Sonreí sin ganas, sin esperanzas. Jennifer no me había buscado. Probablemente, desistió esta vez, y no puedo juzgarla por eso. La culpa era toda mía.
Abracé a mi madre y me despedí, no sabía cuánto tiempo pasaría hasta volver a verla de nuevo. Me quedé mirando el taxi partir hacia el aeropuerto mientras las lágrimas caían por mi rostro.
Respiré hondo, cogí mi bolso y las llaves del coche. Pensé que ya era tiempo de salir sola, sin importarme si Fred aprobaría mi pequeña osadía.
Necesitaba tomar el aire, ver la calle y a otras personas.
Pensé que si pudiese dar marcha atrás, haría exactamente lo que hice el día que nos acostamos en aquel ascensor. Tontería la mía pensar que no me iba a enamorar de ella, pensar que aquello solo era un placentero entretenimiento.
Mientras conducía, dirigí mi mirada a una tienda cualquiera, su escaparate me llamó la atención. Estacioné en el primer sitio que vi. Caminé de prisa y me paré delante de la tienda.
El maniquí vestía un suéter negro, de punto, con el dibujo de un cisne blanco, grande, con una corona en la cabeza. ¡Era perfecto! "SwanQueen" . No pude dejar de pensar que la imagen que tenía delante podría ser una señal. No sé decir, tal vez un atisbo de esperanza de que las cosas todavía podrían arreglarse entre nosotras. Fui invadida por un sentimiento contagioso de esperanza, y era agradable sentirse de aquella forma. Una tímida sonrisa brotó en mi rostro, sorprendiéndome. Quería comprar ese suéter. Tener un recuerdo vivo de mis sentimientos era lo que más deseaba. Miré en mi bolso y vi que no tenía mi cartera "¡Mierda!"
Anoté la información del suéter y regresé a casa.
Antes de que pudiese hacer nada, vi el coche rojo de Fred estacionado en el garaje, me extrañé ante el hecho de que hubiese regresado tan pronto. Sentí un frío recorrer mi espina dorsal cuando me acordé de las consecuencias que sufriría por haber salido de caso sin avisarlo.
(Fred)
Aquella tarde no sería diferente de las otras. Estaba sentado en mi despacho, firmando algunos documentos importantes para la empresa, concentrado en lo que hacía. Mi despacho era espacioso y muy bien decorado, me sentía cómodo y seguro allí para elaborar nuevas estrategias de mercado. Lejos de la competencia.
Mi esposa tenía de visita a su madre en nuestra casa y no sé por qué, pero no me gustaría encontrarme con mi suegra, y ya que solo pasaría la tarde con la hija no necesité buscar ninguna disculpa para no estar presente.
Comencé a elaborar mi plan sobre la relación de Lana con su colega de la serie, Sean. No sé cuánto me iba a gastar en eso, pero no me importaba el dinero. Realmente, el gilipollas debería hacer el servicio gratis, ya que siempre quiso salir con mi esposa. Le estaba haciendo un favor. Al final soy bueno para los demás, no solo yo me vería beneficiado con el plan.
Línea 2. Era mi asistente personal al teléfono. Desvié la atención de las bobadas de mi vida amorosa.
«Puedes hablar, Katy»
«Señor Fred, el inspector Leblanc y el oficial de justicia Miller están esperando para hablar con usted»
Pero, ¿qué estaba pasando? Yo no había marcado reunión con ningún inspector. Tampoco conocía a ningún Leblanc o Miller. Abrí la agenda del ordenador y confirmé que no esperaba a nadie a esta hora.
«Katy, no tengo puesta ninguna reunión con nadie. Pídeles que concierten una cita, por favor»
«Sí, señor»
Regresé a lo que estaba haciendo e intenté concentrarme en los documentos que firmaba. Línea 2 llamando de nuevo.
«Señor, disculpe…Pero parece que no están aquí por una reunión. Quieren hablar con usted ahora»
«¡Joder, Katy! No voy a recibir a nadie. Estoy ocupado»
Colgué le teléfono y cogí mi móvil que vibraba encima de la mesa. Bill me interesaba más que Katy en aquel momento.
"Baby, espero verte después de las clases para acabar lo que empezamos ayer. Bill"
De repente la puerta de mi despacho se abrió de sopetón. Me enfurecí ante esa actitud inesperada dentro de mi espacio personal en mi propia empresa.
«Señor DiBlasio. Soy el inspector Leblanc y este es el oficial Miller. Hemos venido por una investigación que se está llevando a cabo»
«¡Oh! Buenas tardes, señores, póngase cómodos. ¿Un té, un café?»
«Necesitamos que nos confirme la legalidad de su firma en estos documentos» Leblanc me enseñó una pila de papeles y reconocí mi firma en cada uno de ellos, asintiendo con la cabeza. Conocía aquellos documentos y no me olía nada bien todo esto.
«¿Dice que hay una investigación contra mí? ¿De qué se trata?»
«Hablaremos de eso en un momento, señor. Ahora necesito que colabore con nosotros»
«Claro. ¿Podemos conversar en mi casa?» Me di cuenta de que buena parte de la empresa estaba mirando a través de la abertura de la puerta. Lo que no necesitaba en ese momento era una platea curiosa y con información tergiversada que pusiera mi nombre en boca de todo el mundo provocando otro escándalo.
«Muy bien, señor DiBlasio. De todas maneras, necesitaremos hablar también con su esposa. Así que vámonos»
Estacioné en el garaje de mi casa y bajé del coche rápidamente. Quería hablar con Lana antes de que los policías la encontrasen. Para mi sorpresa, mi esposa no estaba en casa. Me quedé preguntándome dónde se había metido. Una vez más, Lana se estaba saliendo del tiesto. Mi rabia era tanta que si no estuviese con dos perros husmeadores a mis espaldas, sin duda, hubiera mandado a mis hombres a darle un susto a Jennifer. No estaba bromeando. Pero aquello podía esperar hasta que me librase de estos tipos.
Invité a los hombres a sentarse en el salón y poco segundos después escuchamos la puerta de abrirse. Era Lana. Vi que estaba intentando pasar desapercibida, debe haber visto el coche en el garaje y supo que no estaba solo.
Puse mi mejor sonrisa falsa en el rostro. Quería impresionar a los policías y mostrarles que solo era un hombre común, como cualquier otro. Mis pequeñas infracciones estaban muy bien escondidas bajo la alfombra y no había la menor posibilidad de que hubiesen rastreado las irregularidades que he cometido. Solo necesitaba mantenerme calmado y descubrir cuál era el precio de aquellos dos…
(LP)
Entre deslizándome por el pasillo. Pero él ya me esperaba junto con otros dos hombres vestidos con ropa de policía en el sofá de la sala.
«¡Lana, amor! ¡Qué bien que has llegado!»
Estaba visiblemente asustada ante lo que veía. Mi marido no estaba enfadado, todo lo contrario, parecía aliviado de que estuviese de regreso y me sonreía mientras los otros dos hombres que lo acompañaban me miraban sin casi pestañear.
«Hola Fred. Buenas tarde, señor…»
«Miller» el hombre respondió extendiendo su mano hacia mí
«Señor Miller. ¿Pasa algo?»
«Señora Parrilla, este es el inspector Leblanc. Discúlpenos por haberla asustado. Hemos venido a causa de una denuncia hecha contra su marido»
Miré a Fred sorprendida. Mi corazón estaba acelerado y mil cosas pasaban por mi mente.
«¿Denuncia?»
«El señor DiBlasio está siendo acusado de tramitar contratos fraudulentos, señora Parrilla. Esos contratos no tienen validez fiscal, y a partir de la denuncia que hemos recibido, hemos comenzado una investigación en los negocios de su marido, y hemos encontrado una larga lista de delitos cometido por él» explicó el inspector Leblanc, mientras Miller conversaba con mi marido.
«Yo…yo…» estaba en shock, no conseguía decir nada.
«Quédese tranquila, señora. Usted también fue investigada y su nombre está limpio»
Respiré más aliviada al oír esas palabras. Ya había firmado algunos documentos a petición de Fred. No sabía de lo que se trataba, pero confiaba en él cuando me pidió que los firmase.
«¿Qué va a pasar ahora?» pregunté
«Estábamos esperando a que usted llegase para detener a su marido» comentó el policía
«¿Qué?» Fred gritó enfadado al escuchar lo que Leblanc había dicho
Yo simplemente retrocedí unos pasos, y pude ver a los dos hombres acercarse con las esposas hacia mi marido.
«Señor, si lo prefiere puede guardar silencio. También tiene derecho a un abogado al que puede llamar directamente desde la prisión»
«Están de guasa, ¿no? ¡Los delitos fiscales tienen derecho a fianza! Vamos, pago lo que sea necesario, no necesitan sacarme de aquí esposado, tengo vecinos, ¡por el amor de Dios!»
«Señor, los delitos fiscales que usted ha cometido deberán ser resarcidos ante la sociedad de alguna manera. En cuanto a la fianza, creo que no tiene dinero»
«¿Cómo que no?» Fred estaba desesperado, luchando de todas las formas con esos hombres «Lana, mi bien, llama inmediatamente al abogado de la familia para que resuelva esto» me pidió
Yo no conocía al abogado de la familia, ni sabía que había uno. Mi cabeza estaba confusa. No se estaba creyendo lo que mis ojos estaban viendo.
«Está siendo arrestado, además de por delitos fiscales, por amenaza de homicidio y cautiverio domiciliario. Y estos últimos sí que no tiene fianza. Lo siento mucho, caballero, el coche de policía nos está esperando fuera»
Fred me miró airado. Yo no había metido a la policía. ¡No era posible! Sentí un fuerte mareo y me apoyé en la pared. No lograba entender lo que Fred hablaba mientras era llevado esposado hacia el coche. Mi marido estaba siendo arrestado ante mis ojos y yo no sabía si debería estar desesperada, cuando en realidad todo lo que sentía era el aroma de la libertad invadiendo mis pulmones, trayéndome una inmensa felicidad.
Sabía que Fred no me iba a perdonar por aquello, no se creería que no hubiese sido yo la que había envuelto a la policía.
El delgado se acercó amablemente a mí
«Señora, espero que ahora todo vaya bien»
«¡No entiendo!»
«Cálmese, su pesadilla ha acabado. Ese hombre permanecerá tras los barrotes largo tiempo»
«Pero, ¿cómo? ¿Cómo lo han descubierto?» ¿De qué estaban hablando? ¿Qué sabían?
«Por medio de un denunciante que ha pedido anonimato. El denunciante nos ha ayudado en todo el proceso de investigación. ¿No sabe quién puede ser ese ángel de la guarda?» el inspector me guiñó un ojo
«N…no…Quiero decir…¡No!» De repente, todos los espacios en blanco se llenaron y aquello que no tenía sentido, inmediatamente, comenzó a encajar. ¡Fue ella! ¡Jennifer! ¡Claro!
«Señora Parrilla, lamento mucho lo que su marido le ha causado. Comenzamos a investigarlo y descubrimos que mantiene a una cuadrilla de bandidos que hacen todo el trabajo sucio por él. Están todos detenidos, no se preocupe. Pinchamos los teléfonos y no fue difícil descubrir que además de amenazarla a usted, también estaba cometiendo delitos fiscales»
«Realmente no sé por dónde comenzar a agradecerles lo que han hecho»
«No tiene nada que agradecernos a nosotros, solo hemos hecho nuestro trabajo, pero sí a alguien muy valiente que se ha dedicado con uñas y dientes durante toda la investigación solo para hacer que usted vuelva a ser feliz»
Sonreí al pensar en Jen, en todo su valor. Realmente no había desistido de nosotras. Aferré con mi mano izquierda el anillo que todavía lleva en el anular derecho.
«¿Cómo sabe sobre nosotras, inspector?»
«Ah, señora…Tantos años como inspector, es muy difícil que me guarden un secreto, y la forma en que la denunciante relataba los hechos dejó todo bastante claro. Ahora quiero que sea feliz al lado de quien ama de verdad»
«¡Claro, inspector! El destino me está dando una segunda oportunidad, y no la desperdiciaré»
«¡Ah! Creo que esto le pertenece» el inspector me entregó un pen drive
«¿Qué es esto?»
«La última copia de cierta grabación…en un ascensor…»
Sentí mi rostro ponerse rojo de vergüenza. Si pudiese, me habría escondido en aquel momento. El inspector me estaba dando finalmente el último paso hacia mi libertad.
«Señora Parrilla, no hay nada de lo que avergonzarse. Su marido es quien debería estar ruborizado en este momento, y mire, está ahí, resistiéndose a ser detenido. Con permiso, señora, tengo que llevarme a ese hombre a prisión de una vez por todas. ¡Qué tenga un buen día!»
