El rescate

(JMo)

Mi día parecía que quería durar una eternidad. La última vez que hablé con el inspector Leblanc estaba saliendo para finalmente meter a Fred tras los barrotes.

Yo esperaba el ok del inspector para poder ir a casa de Lana y finalmente tenerla en mis brazos, después de tanto tiempo separadas.

Desde que Lana me dejó en el hospital para marcharse con Fred sabía que algo no andaba bien. Estaba dispuesta a hacer lo que fuera para estar con ella. Pero no me imaginaba que estaba lidiando con un hombre tan peligroso.

Noté la constante presencia de dos hombres extraños alrededor de mi casa siempre que volvía tarde en la noche, después de un día de grabaciones. Siempre me hice la que no me daba cuenta de su presencia. Podía sentir a esos hombres seguirme con la mirada hasta entrar en el edificio, mientras yo fingía ignorarlos, a pesar del miedo que sentía. A partir de ahí, comencé a desconfiar que Fred podría ser mucho más peligroso de lo que yo pensaba, y percibí que sus amenazas eran reales.

Benjamín Thompson era mi nuevo agente. Ben, como lo llamaba, era totalmente diferente a Tony. Mi nuevo asistente respiraba seguridad y me hacía tener buenas ideas. A pesar de llevar poco tiempo conmigo, confié en su sugerencia de aceptar refuerzo policial para cuando estuviese sola. Realmente me sentí mucho más segura de ese modo.

Ben entró en mi mundo en un momento delicado de mi vida personal, pero él dejó claro que podía ser una bendición en mi día a día. Estaba en lo correcto. A nadie le debo más la prisión de Fred que a Ben.

Cuando Ben comenzó a trabajar para mí, me trajo un montón de información sobre la vida y el oscuro pasado del marido de Lana, haciendo que me diera cuenta de que alguien tenía que parar a aquel tipo. Fue impresionante el empeño que puso Ben en convencerme en llamar a la policía para que continuaran con nuestras investigaciones de aficionados, nos estábamos arriesgando mucho.

No voy a decir que fue una decisión fácil de tomar. Pero al enfrentarme a la realidad de que la única forma de tener a Lana conmigo de nuevo era denunciando a Fred, tuve la certeza de lo tenía que hacer.

El inspector Leblanc nos atendía con mucho cariño y dedicación siempre que íbamos a verlo.

Todo comenzó con la denuncia de la amenaza que Fred me hizo. La certeza de que Fred había mandado a aquellos hombres a vigilarme también fue sacada a la luz, y eso me garantizó una vigilancia constante, no solo cuando estaba sola.

Más adelante, entregué al inspector algunas pruebas de que Fred mantenía a Lana encerrada en la casa, no era mucho, pero suficiente para que la policía empezara a vigilar todos los movimientos del billonario.

Estaba sentada en la cafetería, compartiendo un café con Ben, cuando mi móvil sonó. Mi corazón bombeó más rápido al ver el nombre del que llamaba en la pantalla. Leblanc.

«¡Hola, inspector!»

«Hola, señora Morrison. La llamo para decirle que la misión fue concluida con éxito»

Inmediatamente una sonrisa apareció en mi rostro. Ben, que no escuchaba la conversación, sonrió también conmigo. Entendió que finalmente estábamos libres de ese hombre.

Sentir que el final de esa misión había llegado fue como quitarme un peso del pecho. Después de tanto tiempo, respiraba sin miedo. Todos lo que tenían que ver algo con Fred estaban también tras los barrotes.

¡Era hora de rescatar a la mujer que amo!

«Jen, querida. ¿No vas a aparecer en su casa así, no?»

«¿Así cómo, Ben?»

«Por favor, trata de vestirte decentemente, al menos ahora»

Ben era homosexual declarado. Detestaba mis elecciones de ropa de estar por casa, especialmente cuando también me las ponía para salir a la calle. Me miré y constaté que pantalones de chándal y sudadera podrían realmente ser mejorados. Tuve que dar mi brazo a torcer y admitir que mi ropa no era la apropiada para nuestro reencuentro.

«¡Ay, Ben! Yo solo quiero ir a verla»

«De ninguna manera. ¡Hoy es un día muy especial! ¿Te has imaginado mañana en las portadas de las revistas vestida así?» me miraba con desdén «Venga, creo que tengo algo elegante en el maletero del coche»

Ben no dejaba de impresionarme. El hombre tenía un acervo personal dentro del coche. Realmente sabía para quién trabajaba y conocía mis necesidades como nadie. No pude dejar de sonreír al ver su empeño. Finalmente he encontrado a un colega.

«Aquí está. Ponte esto en el baño de la cafetería y ven corriendo que también haré algo en esa cara linda que tienes» me dijo mientras me daba una bolsa de ropa

Ben no era maquillador profesional, pero era perfectamente capaz de dejarme increíble en poco tiempo.

No me podía creer que me estuviera vistiendo en la cafetería. Reí sola mientras pensaba en cómo Lana me ha hecho volver a la adolescencia. Era una sensación placentera, una mezcla de ansiedad, pasión desenfrenada y locura.

A todo lo que me he enfrentado por estar con esa mujer era increíble, y no me arrepentía de ninguna de las decisiones que he tomado. ¡Lana era lo mejor que me ha pasado en años!

Ella hace que me sienta viva, como nunca antes. Por medio de lo que siento por ella, he sabido, con ayuda de la psicóloga, que la mayor prueba de amor que se puede dar a alguien es la libertad, pero también una de las más difíciles.

Ya cambiada, me di un rápido vistazo en el espejo de medio cuerpo que había encima del lavabo. Quedé satisfecha con la imagen que vi. Ben escogió unos pantalones rectos negros y una camisa de botones blanca y holgada. Terminé de meter la camisa dentro de los pantalones y salí del baño colocando mi pelo rebelde en una baja cola de caballo.

«¡Es impresionante lo que unas bien elegidas prendas pueden hacer con algunas personas, Morrison! Ahora sí. Ven acá, voy a esconder todas esas noches en que apenas dormías con estos polvos milagrosos»

Ben me dejó increíble. Tenía un maquillaje leve, lápiz de labio claro, blush, rímel y un ligero contorno de ojos.

Estaba ansiosa y la sensación de ver a Lana en breve hacía que mi corazón latiera desacompasado, pensé que iba a estallar.

Mi agente me convenció de que era mejor que él condujera hasta su casa, pues en el estado de nervios en que me encontraba podría provocar un accidente. Agradecí a Dios tenerlo a mi lado.

«¿Qué le vas a decir?»

«No lo sé» todavía no había pensado en nada

«¿En qué estás pensando, Morrison?»

«Yo…no sé, Ben…»

«Por todos los dioses, ¿cómo que no sabes?»

«La amo. Y eso basta» Sí. Mi amor por ella bastaba. La amaba tanto que era suficiente para no pensar en lo que tenía que decir, sabía que en el momento justo, mi corazón sabría que hacer, cómo actuar. Bastaba que siguiese lo que sentía, como venía haciendo, y que todo saliera bien.

«¿Ya pensaste en cuándo se lo vas a contar a tu familia?»

«Ben, quédate tranquilo, tengo un plan, y en su momento, también lo sabrás»

«Ok, Morrison, como prefieras. Pero mañana, todos sabrán que estáis juntas…Ya sabes, el escándalo del arresto de Fred, los fotógrafos en casa de Lana hoy, tú apareciendo por ahí…»

«La parte de la prensa te la dejo que la resuelvas tú, querido. Haz lo que creas mejor»

Confío en Ben. Sabe lo que hace. En cuanto a mi familia, estaba decidida. Después de estos meses de terapia con la doctora Anne, ya era hora de enfrentarlos, y eso incluía enfrentar también a Julia a la que he estado evitando a toda costa.

Ya no me sentía insegura o desamparada, solo estaba actuando conforme a mis decisiones. Si tenía la idea de pasar el resto de mi vida con ella, mis familiares necesitaban, al menos, conocer los hechos.

Hoy mismo se lo contaré a ellos, y mañana, si todo va bien, llevaré a Lana a Los Ángeles para que la conozcan en persona. Tenía que aprovechar nuestro último día libre para hacerlo, las grabaciones estaban acabando y la temporada también estaba casi terminando, o sea, tendría una agenda repleta de compromisos y eventos antes de tener mis deseadas vacaciones.

Estábamos cerca de la casa de Lana y pude ver a una muchedumbre tomando la calle que daba acceso a su residencia. Lo esperaba, así que no me asusté. Había fotógrafos, periodistas, fans y curiosos. ¡Todo un plantel!

Nos desviamos del camino y cogimos una calle pequeña que debería dar de frente a su casa. ¡Bingo! ¡Me acordé perfectamente del camino!

Miré a Ben, respiré hondo y abrí la puerta. Salí del coche y caminé hacia el portón. La gente notó mi presencia y los fotógrafos dirigieron sus cámaras hacia mí. Los periodistas tendieron sus grabadoras y también dirigieron su atención hacia mí. Ben se colocó delante y dijo que él hablaría con los periodistas, abriendo camino para que yo pudiese llegar finalmente a su puerta, sin decirle palabra a nadie. Mantuve mi paso firme hasta encontrarme con la puerta cerrada. En aquel momento, muchas cosas pasaron por mi cabeza, no voy a negar que el miedo comenzó a tomar cuenta de mí.

Apreté el timbre y esperé. Mis manos estaban frías y húmedas mientras el resto de mi cuerpo parecía en brazas. Era todo muy perturbador.

Estaba a punto de dejar salir todos mis sentimientos, no solo con ella, sino para todo el mundo. De repente, no supe si estaba preparada para eso. Quise recular, dar media vuelta y correr hasta el coche. Escuché cómo se abría la puerta. Y la vi, vi la figura de Lana de pie en la puerta. Todos mis miedos se esfumaron, y la certeza de que estaba en el sitio justo apareció ante mí.

¡La amo! La linda sonrisa, los ojos castaños, la piel suave y su olor, todo estaba ahí, a solo unos centímetros. No pude ni quise evitarlo, sin decir nada, envolví su cintura con mis brazos, y la atraje hacia mí.

Nuestras cabezas se pegaron. Sus ojos estaban encharcados, y en aquel instante, lamenté que hubiese tenido que sufrir tanto para encontrarnos ahí. Sus manos subieron hacia mi cuello y se cerraron en un apretado abrazo. Me acerqué hasta cerrar completamente el espacio entre nosotras con un apasionado beso. Era un beso urgente, lleno de nostalgias y sentimientos explosionando en nuestros pechos. No dejaba de ser un beso romántico, igual que aquellos dados en el cine.

Las dos supimos que era el primer beso del resto de nuestras vidas.

Separé nuestros labios, quité mis manos de su cintura y las llevé a su rostro. Pasé mi dedo índice por todo el contorno de su cara, admirando cada trozo de piel. Su nariz había sido diseñada a la perfección para su rostro, sus cejas, arqueadas por naturaleza, encuadraban la perfecta expresión de su belleza, sus expresivos y redondeados ojos, marrones como almendras, reflejaban la belleza de su corazón. Sus labios carnosos y suaves eran una invitación sensual para un camino sin retorno. Con mi dedo acaricié la cicatriz encima de su labio superior, pensé cómo aquella marca podría haberle causado en algún momento vergüenza. Aquel trazo era, sin duda, lo que más me gustaba. Los pequeños defectos en el rostro de Lana eran, para mí, sus grandes virtudes.

Nunca había visto nada parecido a la belleza de la mujer que estaba en mis brazos.

Mi cuerpo entero sentía los efectos de estar mirándola. A pesar de que sentía cómo me faltaba el aire en mis pulmones, la adrenalina recorría mis venas, causándome placenteros escalofríos que recorrían toda mi columna. Dentro de mi barriga sentía una bandada de mariposas aprendiendo a volar.

«¡Siento tanto por lo que has pasado, no tienes idea!» todos mis sentimientos estaban a flor de piel, y supe que no podría contener las lágrimas. Era mucho para mí

«¡No digas nada! ¡Solo quédate conmigo!»

Vi el resplandor de las luces de los flashes de las cámaras de fotos. Estaban ahí, haciendo su trabajo, y nada que pudiese hacer, iba a impedir que siguieran. No me importó. Sabía que Ben estaba encargándose de que todo marchase como habíamos convenido.

Di un último asentimiento a los periodistas mientras miraba a mi agente que me sonrió tranquilo.

Lana, finalmente, me empujó hacia adentro, cerrando la puerta tras de nosotras.