Añoranza
(LP)
¡Mi alma desbordaba alegría! Todo el peso que llevaba sencillamente había desaparecido. En aquel momento no sentí que lleváramos dos meses separadas. Realmente ella estaba ahí, delante de mí. Después de dos meses, ¡no había desistido de nosotras!
Y yo no sabía por dónde empezar a darle las gracias. ¿Qué debería agradecerle primero? Jen me salvó de tantas formas ese día…
Yo todavía estaba en shock por todos los acontecimientos, y por mucho que fuera imposible, ella estaba todavía más bella de lo que me podía acordar.
No sé cómo conseguí respirar mientras me sostenía en sus brazos y acariciaba mi rostro. Sus ojos verdes mirándome eran tan reveladores que supe que buscaba en mí, en silencio, todas las respuestas a sus preguntas. Hice lo posible para que pudiese hallar en mí la paz que buscaba. La misma paz que yo había encontrado a su lado.
No quería y no necesitaba decir nada en ese momento. Cedí a mi deseos y, sin pensarlo mucho, la empujé hacia dentro, buscando privacidad. Mi cuerpo imploraba sentir una vez más su calor.
Continuamos la urgencia de nuestro beso, iniciado al otro lado de la puerta, ahora sin nadie que fuera testigo de nuestro amor. No sé con seguridad quién empezó esta vez, pero ninguna de las dos estaba preparada para despegar los labios. La cálida lengua invadiendo mi boca y el delicioso aroma a café reciente que exhalaba Jen me erizaron el vello.
Jamás había sentido tantas emociones con solo un beso.
Jen me apoyó en la puerta y presionó su cuerpo al mío. Mi respiración era corta, y me esforcé para no quedarme sin aire. Ella separó ligeramente mis piernas para que su rodilla quedase colocada estratégicamente entre ellas. Apartó sus manos de mi nuca y las deslizó hasta encontrarse con las mías, levantando mis brazos hacia la altura de mi rostro. Estábamos pegadas, la una a la otra, y pedí a Dios que aquello no fuese otro de mis sueños. El olor de su piel invadió mi mente y dejé que mi cabeza se inclinara hacia atrás.
Su delgada rodilla rozaba entre mis piernas, y yo cedía, abriendo paso cada vez más para que ella encontrase mi sexo, aunque fuera por encima de la ropa.
Sentí que ya estaba mojada. Escucharla gemir dentro de mi boca me trajo la certeza de que quería que aquello pasase tanto como yo. Supe que también ella estaba mojada sin necesidad de tocarla. Ya conocía el cuerpo de Jennifer.
Mis piernas flaquearon ante el toque de sus manos por todo mi cuerpo.
Necesitaba sentirla y tocarla por entero, para tener certeza de que aquello era real, solo besarla ya no me era suficiente. Quería hacerle el amor. Después de tantos problemas, la esperanza de que este día llegara había sido mínima.
Agarré firmemente su mano mientras la guiaba hacia mi cuarto que, obviamente, se trataba del cuarto de invitados. No fui capaz de dormir al lado de Fred ni una noche siquiera.
Jennifer me siguió sin decir una palabra. Nuestro amor era suficiente para llenar todo el espacio vacío a nuestro alrededor. Y definitivamente, aquel momento era demasiado real para ser interrumpido.
Recliné a Jen suavemente en mi cama y me coloqué encima de ella. Besé sus labios con dulzura, restregué mi nariz con la de ella. Una sonrisa brotó en mis labios al encontrármela con los ojos cerrados, disfrutando de mi caricia. Era como si, de alguna manera, ella tampoco pudiese creerse que estuviéramos juntas de nuevo.
Me arrodillé en la cama y desabotoné su blusa y pantalones, dejando su piel expuesta para mí.
Mi corazón estaba acelerado. La imagen de ella acostada solo en lencería llenó mi imaginación, aumentando todavía más mi necesidad de poseerla. Mi cuerpo respondió ante esa figura desnuda tirándose encima de la mujer cuya ausencia tanto extrañé.
Mis manos recorrieron su espalda hasta encontrar el cierre de su sujetador, el cual fácilmente abrí. Deslicé mis dedos hasta las asillas, y, primero una y después la otra, las pasé por sus brazos y saqueé la pieza de su cuerpo. Sus pezones rosados estaban erectos y apuntando hacia mí. Me ahogué entre los mechones de cabello dorado que caía sobre su hombro. Mi mano agarraba fuertemente su pecho. Jen gimió para mí incitándome a continuar.
Mi lengua recorrió todo su cuello y vi cómo su espalda se arqueaba por el placer.
En un rápido movimiento, ella me giró e intercambiamos posiciones en la cama. Ahora yo estaba echada, y ella encima de mí.
La cola de caballo que traía ya estaba casi deshecha y, por fin, ella termino de soltarlo. Abrí mis ojos para asegurarme de que jamás olvidaría aquella imagen.
Sus manos fueron rápidas y encontraron la cremallera lateral de mi falda, la deslizó hacia abajo y me la quitó. Su mano apretaba con fuerza mi muslo, provocándome espasmos ante la sensación de su roce.
Aún sentada de rodillas, Jen se inclinó hacia mí y subió mi camisa por encima de la cabeza.
Miró mi cuerpo desnudo y se lamió lentamente su labio inferior antes de besar mis pechos.
Su lengua caliente hizo círculos alrededor de mi pezón y su otra mano se deslizaba por mis caderas buscando mis bragas.
Antes de desnudarme completamente, Jennifer deslizó la mano en mi sexo, y constató, poniendo una sonrisa pícara, lo que excitada que estaba. Gemí de placer.
Aproveché que estaba encima de mí y bajé también sus bragas. Dejé que nuestros cuerpos desnudos se pegasen, el uno contra el otro.
Jen colocó su pierna entre las mías y forzó su rodilla contra mi sexo, deslizándola fácilmente debido a lo mojada que yo ya estaba. No había un pedazo de mí que estuviera indiferente a su presencia y a la visión de su cuerpo desnudo.
Su rodilla rozando mi pelvis me excitó todavía más y empujé su trasero hacía abajo con fuerza.
Pasé mi brazo derecho entre nuestros cuerpos hasta que mi mano encontró su sexo.
Noté su clítoris mojado e hinchado. Jen cerró los ojos ante el toque de mis manos en sus partes íntimas y buscó mi boca en un beso cargado de tensión.
Éramos un único cuerpo en aquella cama.
Jen se sentó encima de mí, puso sus piernas a cada lado de mi cuerpo y se mantuvo arrodillada, apoyando su húmedo sexo en mi pelvis mientras me miraba fijamente a los ojos.
Aquella mujer era mi mayor pecado. Jen tenía una mirada seductora en ese par de iris verdosos, la sonrisa maliciosa y el cabello arremolinado. Me recordaba a una leona hambrienta. Jen tomó aire y me observó por un tiempo como si yo, ciertamente, fuera su presa.
Su mano recorrió todo mi cuerpo, solo parándose cuando encontró mi mojada intimidad. Cerré los ojos y alcé mi cintura hacia ella, la quería dentro de mí con urgencia.
Sentí dos dedos calientes invadir mi sexo. Tenerla dentro de mí nunca era suficiente. Me balanceé contra su mano, mi cuerpo quería más. Jen apoyó su codo en la cama y acercó su rosto a mi oído.
«Veo que nada ha cambiado, ¿verdad, Parrilla?» En un movimiento rápido, metió otro dedo dentro de mí. Gemí tan alto que, por un momento, pensé que alguien podría oírnos.
Sus ágiles dedos me llenaron completamente. Agarré su espalda y atraje su cuerpo bien cerca del mío.
«¡Nunca voy a cambiar, siempre seré tu perra!» Respondí bajo, casi en un sensual susurro.
Jen intensificó los movimientos en mi interior. Sus tres dedos prácticamente se deslizaban allí dentro. Ella sabía lo que yo quería y me estaba dando todo lo que necesitaba.
Sentí mi cuerpo vibrar, mis piernas comenzaron a temblar levemente. Mi respiración cesó en el momento en que mis latidos aumentaron bruscamente. Un líquido caliente se deslizaba por sus dedos. Abrí mis ojos, quería mirarla y, finalmente, Jen me hizo gozar salvajemente mientras nuestras miradas no se apartaron la una de la otra.
Después su cuerpo cayó sobre el mío. Pasó sus brazos a mi alrededor, envolviéndome en un placentero abrazo. Yo lo retribuí, pasando los míos por su espalda. La besé dulcemente en los labios, mientras la giraba en la cama, invirtiendo, una vez más, nuestras posiciones.
Jennifer tenía los ojos cerrados. Alcé mi cuerpo y me senté a su lado.
Admiré cada una de sus definidas curvas, mientras pasaba suavemente la yema de mis dedos por todo su cuerpo. Puede ver su carne erizarse conforme mis dedos se deslizaban por ella.
Besé su cuello, cada uno de sus pezones, su barriga, su ombligo, su pelvis, sus muslos, canillas y pies. Después, hice el camino inverso, deteniéndome en su pelvis. Comencé lamiendo la parte interna de sus muslos y la parte lateral de su sexo. Podía sentir cómo su respiración se iba acentuando gradualmente, su pecho subía y bajaba cada vez más rápido.
Abrí su sexo con mis dedos. Jennifer curvó su cuerpo levemente hacia mí. Aquella visión vivió en mi mente por muchos días. No fue un beso cualquiera. Besé su sexo como besaba su boca. Recorrí con mi lengua cada uno de sus pliegues y lamí cada gota escondida entre sus íntimos recodos. Mantuve mis ojos cerrados, quería disfrutar cada segundo del sabor único que ella tenía.
Su clítoris estaba hinchado, latiendo dentro de mi boca. Pasé, suavemente, mi lengua por él y Jen gritó de excitación.
Lamía calmadamente su miembro. De abajo hacia arriba, y de arriba abajo. Poco a poco fui aumentando el ritmo. Sentí cómo se mojaba cada vez más. Aparté mi lengua y recogí todo el sabroso líquido que emanaba de su interior. No tenía prisa por acabar con eso, para ser sinceros, quería pasarme horas chupándola.
Percibí que Jen estaba fuera de control. Sus manos me apretaban cada vez que desviaba mi lengua de su clítoris y cuando regresaba a él sus uñas rasgaban mi piel.
Jen aferró el edredón y retorció la tela mientras contorsionaba su cuerpo en la cama. Sabía lo que quería y decidí que se lo daría de una vez.
Sin avisar, introduje un dedo en su interior, mientras mi lengua todavía se deslizaba por su clítoris. Aumenté el movimiento de mi mano y mi lengua sincronizándolas, y poco tiempo después, la oí gemir más alto que yo, y sentí el delicioso orgasmo de Jennifer descender por mi garganta.
Trepé por su cuerpo tirado en la cama hasta llegar a su rostro y la besé profundamente.
Finalmente abrimos nuestros ojos y nos quedamos mirándonos apasionadamente por algunos minutos. Jen desvió su mirada hacia mi mano donde se encontraba la joya que ella me dio, brillando en mi dedo. Cogió mi mano, se la llevó a sus labios y depositó un beso cariñoso en ella mientras sonreía.
«¿Sabes? Tuve miedo de que no te lo volvieras a poner…» me dijo
«¡Acostumbro a asumir mis compromisos, Morrison!» respondí, rompiendo un poco la pesada atmosfera que comenzó a invadir el ambiente.
«Fue tan difícil imaginar lo que estabas pasando, Lana, que…»
«Nada de eso, Jen. ¡Hoy no hablaremos nada de eso!» interrumpí. No quería hacerla sufrir, ni quería recordar el dolor que su ausencia me había traído. «Quiero pasar el resto del día aquí, solas tú y yo. Así» dije dando por concluido el asunto
«¡Creo que eso no será posible!» me respondió Jen
«¡Ah, no! ¿No me digas que no tienes "un buen día" para dormir conmigo por primera vez?»
«Siempre tengo un buen día mientras tú estés en él. Pero no es nada de eso, ¡es que tenemos que coger un avión!»
«¿Qué?»
«Sí, nos vamos a Los Ángeles a hablar con mi familia. Y como no queremos llegar de madrugada, tenemos…» Jen miró la hora «…tenemos que estar en el aeropuerto en una hora»
La vi saltar de la cama y comenzar a recoger su ropa, sentí pánico al imaginar mi encuentro con su familia. ¡Qué mierda! Miré el anillo en mi dedo y me di cuenta de que no estaba preparada para ver de nuevo a Julia.
