La visita
(JMo)
Ben me acompañó todas las veces que tuve que ir a la comisaría. Aquella pelea idiota tomó una proporción mayor de lo que pensaba. Sean me había denunciado y ahora el estado tenía que juzgarme por agresión. ¡Genial! Todo lo que menos necesitaba era ser acusada de agredir a alguien y correr el riesgo de ir presa. ¡Mierda!
Lana me ayudó bastante cuando decidió, repentinamente, meter al inspector Leblanc en el asunto, pero después, mi novia estoy sin hablarme días. Convencerla de que realmente estaba arrepentida no fue tarea fácil. Sabía que quería mostrarme que no podía resolver mis problemas tirando botellas a los demás. En el fondo, sabía que ella tenía razón, por eso no me enfadé con su actitud. Infelizmente, eso pasó durante nuestro período de vacaciones, y todo lo que había programado para hacer juntas se fue por el desagüe. Inclusive nuestra primera noche. Es más, parecía que esa primera noche juntas nunca iba a suceder. Y de repente, dormir juntas tomó una proporción mucho mayor de lo que debería ser, al final, ya conocíamos el cuerpo entero de la otra. El peso de dormir y despertar al lado de ella se hizo grande y comencé a creer que solo viviría eso si me casaba con ella.
No es que no pensara en casamiento. Estar con Lana formaba parte de mis planes a largo plazo, quería envejecer al lado de esa mujer. Pero casarse con ceremonia, vestido e invitados creo que era demasiado para mí. No sé si algún día lo haría. Sin contar que probablemente mi familia no estaría presente, y de alguna forma, pensar que ellos no me aceptaban dolía bastante.
Papá demostró cierto apoyo cuando estuvimos en LA, pero nunca más me buscó y creí mejor separarme también, no quería sufrir por algo por lo que ya no quería ni podía luchar más.
A petición del inspector, volví a la terapia con la Doctora Anne. Y cuando comencé la primea sesión, Lana volvió a hablar conmigo de nuevo. Me di cuenta de que ella esperaba algún gesto mío en relación a la pelea, por mucho que dijera lo arrepentida que estaba, las cosas se arreglaron solo cuando ella vio que estaba dispuesta a tratar mi "agresividad", como ella decía. Yo sabía que aquello solo era la explosión de la bomba formada por celos, bebida y tal vez un poco de inseguridad.
Incluso pensaba que ella debería ponerse un poco en mi lugar, nunca la escuché decir que me amaba. Oírlo sería diferente, volvería todo más real, y algo había que le impedía soltarse.
Agradecí mucho a Leblanc que dejara el caso bajo sumario. De esa forma los medios no se enteraron de mi acusación. Pude hacer mi vida normal, sin interferencias desagradables de los periodistas. Preserve lo máximo que pude mi imagen. Sean tampoco quería aparecer en las revistas como el hombre que pegó a una mujer. Eso sería un inconveniente para su matrimonio con Tanya. Estaría bien jodido si la esposa supiese la verdadera razón que me llevó a tirarle esa botella a su cabeza. El silencio era lo mejor para todos.
Claramente mi relación con el actor de la serie quedó extremadamente rota. Incluso estando de vacaciones, con poco o ningún contacto con el resto del equipo, Adam me llamó para tener varias reuniones y decidir lo que haríamos de ahí en adelante.
No podíamos negar que las cosas estarían tensas en el set si tuviéramos que grabar juntos. Era lamentable todo lo que había pasado. Tuve miedo de perder mi trabajo.
Ben también tuvo algunas reuniones solo con mi jefe, y no sé cómo consiguió convencer a Adam que lo mejor que se podría hacer era que Sean no renovase el contrato para la nueva temporada que se comenzaría a grabar en pocas semanas.
Tuve que celebrar, aunque por dentro, la salida de Sean de mi vida. No quería oír nunca más de ese hombre y ni novia no tendría que pasar horas de su día a su lado.
Supe que preparaban una pequeña despedida para él. Lana fue invitada a la fiesta, pero no me dio ningún detalle, solo me informó que no iría. Ella también estaba muy enfadada con él por lo que me había hecho. Me sentí aliviada al ver que ella tampoco apoyaba su actitud.
Deseé tanto las vacaciones y ahora que estaba finalmente libre de compromisos, mi vida continua en el mismo torbellino de antes, con algunos problemas más. Desde que había conocido a Lana, parecía que las cosas nunca habían vuelto a estar en calma. No sé si ella me traía la agitación o si yo me volvía una incompleta inconsecuente cuando se trataba de ella. Perder el control a cada momento era irritante, ya no me reconocía. Pero en ningún momento deseé estar en otro lugar que no fuera su lado. Lana era lo único cierto que tenía en mi vida. Cada día que pasaba la amaba más y me sentía más segura de que nunca la dejaría por nada.
Al volver a mis sesiones con la Doctora Anne, me di cuenta de que nunca debí haber interrumpido las sesiones antes de recibir el alta. Me hizo comprender que realmente no sabía lidiar con los celos y que aún tenía que recorrer un largo camino si quería ser una mujer mejor para la persona que amo. No había nada que quisiese más que merecer estar con Lana. Tomé la decisión de no dejar la terapia hasta sentirme más confiada y Lana me apoyó, incluso sin saber exactamente el motivo de que yo insistiera tanto en entenderme mejor.
Pensé varias veces si dejarla partir no sería lo mejor para ella. Dejarla libre para que encontrase a alguien que no le trajese tantos problemas y mereciese de verdad estar a su lado. Solo eran pensamientos vagos, no conseguía hacer nada de eso.
Estar con ella era lo único que daba sentido a mi vida, y ni por un segundo me imaginaba sin su sonrisa que admirar, sin sus besos. No hubiera necesitado prometerle que no la dejaría, que no iría a ningún lugar sin ella, nunca lo conseguiría, aunque quisiese. Algo me atraía siempre de regreso a sus brazos.
Estaba sola en casa. Ya era invierno en Vancouver, y aquel día estábamos siendo castigados con temperaturas bajísimas. El único sonido que oía en mi casa era el castañear de mis dientes. Dejé la televisión encendida, aunque nadie la estaba viendo y yo estaba esperando, tediosamente, que las horas pasasen.
Llené mi taza de café fuerte para mantenerme despierta. No tuve ganas de correr ese día. Solo deseé que las horas pasasen rápido para poder ir a buscarla y comer juntas en algún sitio. Por la noche mi cuerpo se calentaría con el calor de su cuerpo, no podía esperar para poder tenerla de nuevo en mis brazos.
Escuché el sonido de mi móvil avisándome de que tenía un mensaje. Era Lana
"Jen, creo que hoy no podremos cenar, siento mucho tener que anularlo. He recibido una visita completamente inesperada"
Me extrañó que no mencionase quién había aparecido por su casa. No quería que los celos me invadiesen otra vez. Respiré hondo e intenté parecer tranquila, aunque odiaba el hecho de que no me contara todo de una vez. ¿Quién habrá aparecido inesperadamente en la casa de mi novia?
"¡Oh! ¡Jo! Mi día solo tenía sentido porque iba a verte esta noche. ¿Por qué no llevamos a tu visita a la cena?"
"Porque hace mucho tiempo que no la veo. Ha venido a Vancouver para hablar conmigo, no sé nada todavía, ella no parece estar bien. Creo que llevarla por ahí no es una buena idea"
Pero, ¡qué mierda! ¿Quién es esa persona misteriosa que no puede ir a una sencilla cena? No era cuestión de celos. Quería entender por qué Lana no quería que conociera a esa persona. Decidí no escribirle nada más. Estaba enfadada.
Ya que iba a pasar la tarde sola en casa, escogí una película como compañía.
Intenté, en vano, apartar mi pensamiento de Lana. Llamé a mi psicóloga para que me diera algún consejo, pero nadie lo cogió. Antes de cogerla también con ella, me acordé de que la doctora Anne había dicho que estaría en un Congreso en Alemania aquella semana, y que si lo necesitase, tendría que contactar con su colega, dándome el número de otra psicóloga completamente extraña para mí. Nunca la llamaría.
Bufé. Estaba de manos atadas y la rabia comenzaba a consumirme. No quería ser dominada por ese sentimiento de nuevo, así que luché con todas mis fuerzas para apartar los pensamientos negativos.
Además de eso tenía frío y hambre. No quería cocinar nada. Ni sé si había lago en la despensa. Hacía tiempo que no pisaba el super.
Decidí invitar a Ben a cenar conmigo. Cuando, finalmente, me cogió el teléfono, me dijo que iba a salir a cenar con uno de los ligues del grupo de teatro que él patrocinaba. Ben era, además de agente, una especie de cazatalentos. Cosa que era bastante común entre los agentes, ya que los propios artistas podían entrar en contacto con el público a través de las redes sociales.
Ben tuvo la delicadeza de preguntarme si necesitaba algo, que estaba disponible para atenderme, pero yo le había dado la noche libre. No tuve valor para pedir que anulase su compromiso solo para que me hiciese compañía. Preferí dejar que se divirtiera un poco, al menos uno de nosotros estaría feliz esa noche. Le di las gracias a mi agente y le deseé buena suerte en su cita.
Realmente me estaba esforzando por ser una persona mejor, por no dejar que los celos tomaran cuenta de mí, no quería actuar por impulso, nunca más. No podía correr el riesgo de enfadar a la mujer que tanto amaba, no por una tontería que, probablemente, era cosa de mi cabeza. Me concentré en ese pensamiento y las horas parecían pasar más rápido cuando me distraje con la película que parecía interesante, captando mi atención de una vez por todas durante unas horas.
Fue interrumpida de nuevo por el sonido del móvil. Era un nuevo mensaje. Mi corazón se inundó de esperanza.
"Jen, Hospital materno de Vancouver. ¡Ven a conocer a nuestra pequeña Emma que acaba de nacer! Love, Josh y Ginny"
"¡Emma! ¡Qué idea fantástica para el nombre! De cierta manera, me sentí homenajeada"
Me sentí enormemente feliz con lo que leí en el mensaje y olvidé completamente lo que llevaba pensando durante todo el día. Di un salto del sofá y me fui al cuarto a vestirme. Obviamente quería estar presente el día del nacimiento de la hija de mi amigo.
Separé el regalo que ya le había comprado para dárselo en la maternidad. Además de haberles dado la cuna cuando supe que Ginny estaba embarazada, también quise darle a la pequeña un pequeño mimo cuando llegase al mundo.
Recuerdo cuándo compré el regalo. La vendedora creyó que era yo quien estaba embarazada. Al comienzo aquello me asustó, nunca pensé en tener niños, pero después de pensar un poco sobre el asunto, aquella idea no parecía tan mala y me divertí pensando en cómo sería de maravilloso tener un hijo. Pensé en Lana embarazada y mis ojos lagrimearon inmediatamente. Sin ninguna duda sería la madre de sus hijos. Adoraría mimarla durante la gestación. Imaginar a la criatura que podría, quién sabía, un día venir al mundo, llamándome mamá, me dejó soñando durante días. No lo resistí y también compré una mantita de croché blanca para satisfacer mi pequeña locura. Llegué a casa y antes de guardar el regalo en el fondo del armario, eché una mirada a la prenda mientras soñaba con la posibilidad de ser madre.
Nunca le conté a Lana lo de la manta. Creo que me moriría de vergüenza si ella supiese que había hecho eso. Nunca hemos hablado seriamente de tener hijos, estaba esperando el momento apropiado para saber lo que ella pensaba sobre ser madre.
En menos de una hora, ya estaba esperando para que me llamasen y conocer al nuevo miembro de la familia Dallas. Me extraño que Lana no estuviera ahí, al final, Ginny era su mejor amiga. Pensé en llamarla o mandarle un mensaje, pero no quise distraerme antes de conocer a la bebé, a fin de cuenta, había ido hasta allí, exclusivamente, para eso y no estaba dispuesta a desviar mi atención por boberías.
Mientras esperaba, actualicé algunas cosas en las redes sociales, señalé a mis fans la película que había visto, y reí con los comentarios que recibía como respuesta. Estaba completamente distraída.
«¡Jen!»
Miré hacia arriba asustada y vi a la mujer en la que pensé durante toda la tarde de pie delante de mí. No pude dejar de sonreír al encontrarla. La echaba de menos. Me levanté y la abracé fuertemente. Quería besar sus labios, pero no sabía si sería un buen sitio para hacerlo, ya que estábamos en maternidad y otras personas, como siempre, nos estábamos mirando atentamente. Lana parecía preocupada y su abrazo me demostró lo tensa que estaba.
Cuando abrí mi boca para preguntarle si todo estaba bien, otra mujer llegó por detrás.
«Lana, dejé el coche con el aparcacoches. No había sitio en la calle»
Me la quedé mirando por unos segundos, mientras la mujer se acercaba a entregarle las llaves a Lana. Era alta, delgada, bonita y tenía un acento diferente, indudablemente era extranjera y pronunciaba con muchos errores, típico de los franceses. Definitivamente aquella mujer era francesa. Me pregunté si aquella mujer era la visita misteriosa de Lana.
«¡Hola!» me dijo ella sin mucho entusiasmo.
«¡Ah, sí, Jen! Esta es Alix, ha venido a visitarme. Alix, esta es Jennifer, de quien te hablé antes» Lana nos presentó con un poco de vergüenza, confirmando mis sospechas de que era la mujer que estaba en casa de mi novia.
«Un placer en conocerla, Alix» dije extendiendo mi mano para saludarla con una sonrisa forzada. Estaba poniendo mucho de mi parte para parecer indiferente ante la presencia de una mujer extraña acompañando a mi novia.
«El placer es todo mío, Jennifer. Lana me ha contado mucho sobre ti…sobre las dos, realmente»
Me sentí satisfecha al saber que Lana ya le había hablado de nosotras, pero no entendí lo que pasaba ahí, ya que la mujer sonó bastante indiferente cuando puso los ojos en mí.
Fuimos interrumpidas por la enfermera que venía a avisarnos de que ya podíamos entrar.
Caminamos en silencio hasta el cuarto que nos señaló. Lana agarró mi mano y entrelazó nuestros dedos mientras me sonreía. Tuve la certeza de que escuché a Alix suspirar irritada detrás de nosotras. ¿Qué problema tenía?
