La petición. I
(LP)
¡Finalmente ha llegado el verano a Vancouver! Con el sol que brillaba intensamente, también mi alma se calentaba. Mi parte latina agradecía el final de los días fríos y las temperaturas bajísimas. No era, ni de lejos, mi estación del año favorita.
No podía desear una vida mejor. Estaba, definitivamente, en el mejor momento de mi carrera. Todo los trabajos que ansiaba los conseguía firmar sin mucho esfuerzo y el show ya era un éxito en el mundo entero. Claro que cuanto más avanzaba mi carrera, menos privacidad tenía. Pero los cotilleos ya no eran un gran problema para mí. Estaba feliz, segura de lo que hacía. Ni me acuerdo de la última vez que me referí a los periodistas como buitres.
Fred seguía preso, su condena oficial vio la luz pocos meses después de haber sido arrestado bajo mis ojos. No tuve la sangre fría de dejarlo pudrirse solo en la cárcel y al final, le conseguí un buen abogado costeado con el poco dinero que quedó de su empresa. No lo hice por él, sino por sus hijos. Los pobres chicos no tenían culpa de los trapicheos de su padre y me partía el corazón verlos visitando a su padre en el ala de máxima seguridad. Decidieron irse a vivir definitivamente con la madre. Siempre que podía, me citaba con ellos en algún café. Sentía la falta de los chicos, pero ahora ya estaban más altos que yo.
La casa que compartí con la familia DiBlasio fue vendida para pagar las deudas de Fred con la justicia y yo volví a vivir en el apartamento en el centro de la ciudad. Jennifer se ponía furiosa siempre que iba a verme allí. Todavía no ha aprendido a vivir lejos del lujo que le proporcionaba LA y un sencillo paseo la dejaba irritada. Yo reía siempre que ella refunfuñaba sobre que yo debería tener, al menos, una plaza de garaje en el edificio.
Nunca más supe de Sean. Desde de que su espesa decidió mudarse a Australia, algunas semanas después de anunciar el embarazo, ninguno tuvimos noticas de lo que estaba haciendo. El tipo cayó en el anonimato rápidamente. Para ser sincera, nadie pareció sentir su ausencia. Me asusté de cuán rápido las personas olvidan a sus ídolos, por eso, siempre estudié y me forcé para tener una carrera consolidada.
Jen finalmente se vio libre de la acusación de agresión que el Estado había interpuesto contra ella. El juez entendió que mi novia había actuado en legítima defensa después de recibir el puñetazo de Sean. El Estado preguntó si ella tenía interés en denunciarlo para abrir una investigación sobre Sean. Pero preferimos archivar y olvidar de una vez el caso. Sean ya no era un problema y lo habíamos superado. No podría estar más agradecida al inspector Leblanc por todo lo que había hecho por nosotras.
Me di cuenta de que a lo largo de este agitado año al lado de Jennifer muchas buenas personas se habían cruzado en nuestro camino. Enterré fantasmas antiguos que arrastraba de mi pasado, descubrí lo bueno que era amar sin cadenas. Jennifer se enfrentó a todo y a todos, se volvió más segura de sí misma y finalmente la Doctora Anne le dio alta. Conseguí demostrarle a mi novia que Murphy no tenía a fin de cuentas malas intenciones. No sé si ella solo fingió creer, pero por lo menos, dejó de culpar a Murphy de cualquier cosa que saliera mal. Alix dijo que no iba a rendirse aunque se volviera a París. Yo no hice caso de sus promesas. Mi ex solo tenía un lugar reservado en mis recuerdos.
Nuestra última conversación tuvo lugar delante de mi novia actual. Evité cualquier tipo de desavenencia con Jen, y si ella prefirió estar presente, yo no quise oponerme. Como arrancar un esparadrapo de la piel, doloroso pero rápido, así fue la última vez que estuve con Alix. La mujer a la que nunca dejaría estaba con sus manos en las mías, con una hermosa sonrisa en el rostro y a mi lado.
Mi relación amorosa con Jennifer estaba en su mejor momento. Me arriesgo a decir que estábamos viviendo, por primera vez, una relación normal. Una óptima relación normal, quiero decir. Mis sentimientos por ella se volvieron más claros e intensos desde que me liberé de los traumas de mi pasado.
Jennifer llegó a acusarme de banalizar la frase "Te amo". Decía que usaba esas dos palabras incansablemente durante todo el día. Realmente estaban presentes en todo lo que fueran mensajes, llamadas, encuentros, despedidas, besos, al final de las películas románticas, en mitad de las escenas de terror, elogios en público, solas cuando hacíamos el amor, en todo lo que hacíamos encajaba esas palabras… Era liberador poder decir te amo. Todavía más delicioso que expresar todo ese amor era poder, finalmente, ver el brillo en los ojos de mi novia y descubrir cuánto apreciaba ella oírlas.
Habíamos acordado que dormiríamos juntas por primera vez cuando se cumpliera un año de nuestra relación. Ya que habíamos esperado tanto tiempo, ¿qué serían unas semanas más de tortura? Estábamos ansiosas por ese día. Pero yo tenía algo todavía mayor preparado para ella.
Debo admitir que Jennifer tenía la razón a atribuir a Murphy nuestra falta de suerte. Siempre algo salía mal cuando el asunto era nuestra primera noche, por más que lo planeáramos, la noche nunca acababa como queríamos. La gota de agua para que desistiéramos de intentarlo fue unas semanas atrás cuando la grúa se llevó el coche de Jennifer, estacionado frente a mi apartamento.
Jennifer, como era habitual, no quiso andar algunas manzanas y aparcó el vehículo en un sitio prohibido, aunque nunca confesó que su pereza fue la causante de otra larga noche en la comisaria. Gracias al agente de mi novia, conseguimos retirar el coche sin que Jennifer perdiese su carnet. Ben asumió la culpa en su lugar, cosa que consideré absurda, y como sanción se le obligó a ir a clases de conducción si quería volver a obtener el carnet.
De todas maneras, la fecha se acercaba e intenté correr a contra tiempo para organizar nuestro día. Mi ansiedad ya no cabía dentro de mí y el motivo era que el día de nuestro aniversario le iba a pedir que se casara conmigo.
Estaba muy afligida. Confieso que sentí mucho miedo a que ella no aceptase mi petición.
Pensé en muchas formas de sorprender a Jennifer. Quería hacer algo especial. No necesitaba que fuera grandioso, pero debería reflejar cómo me sentía con ella. Nunca imaginé que fuera de las que pide la mano a la novia, pero me vi escogiendo el anillo perfecto para sorprender a mi novia.
No quise seguir la tradición y darle a Jennifer un anillo parecido al que ella ya me había entregado. Tenía que ser diferente. Original. Como había sido nuestra relación.
Fui a un joyero conocido en Vancouver ya con algunas ideas en mente. Le pedí al hombre que hiciera un anillo único en el mundo. Exactamente como Jennifer era para mí.
Escogí una pieza de oro blanco, engastada con pequeños diamantes que rodeaban toda la circunferencia del anillo. En la parte de arriba, le pedí que pusiese un gran diamante en forma de corazón suspendido en tres pequeñas astas. Cada una de estas astas tendría un diamante menor en sus cumbres. Al final resulto una joya de quitar el aliento. Rica en detalles de oro y diamantes.
En la parte del centro de la joya hice que grabaran la siguiente inscripción "Fue el destino el que me llevo hasta ti" Deseé que Jennifer amase tanto como yo este objeto que simbolizaba nuestro amor. Lo guardé en su cajita de terciopelo rojo que escondí en un cajón en el fondo del armario en mi habitación.
Jen y yo le habíamos pedido a Adam que nos dejara el día de nuestro aniversario libre de grabaciones, ya que los capítulos de la nueva temporada estaba a todo vapor. Casi ya tenía ganas de vacaciones de nuevo de lo tan cansada que estaba.
Me extraño el hecho de que, durante la semana precedente a la petición, no sentí náuseas ni una sola vez. Por otro lado, parecía que cargaba con una familia de elefantes en mi barriga, tan grande era mi ansiedad. Nunca pensé que sería tan difícil pedirle la mano a alguien. Ciertamente, yo no sabía nada de pedidas de mano.
Ya estaba todo debidamente organizado y finalmente amaneció el tan esperado día.
Por la mañana, Jennifer recibió lirios acompañados de una cesta como desayuno en su casa junto con la siguiente nota
"Amor de mi vida
De tantas cosas que he vivido, ninguna se compara contigo. Sí, tú eres mi vida. Y sea así hasta la eternidad. ¡Te amo! L.
PS: Encuéntrate conmigo en el parque donde todo comenzó a las 13:00"
Ya la estaba esperando en el sitio acordado desde mediodía. Tenía en las manos un ramo de tulipanes rojos como la sangre, esta vez, acompañados de una tarjeta y de su regalo. No sentí hambre ni sentí el menor deseo de comer nada en ese día. La ansiedad era lo único que comenzó a apoderarse de mi cuerpo, haciéndome olvidar cualquier otra necesidad básica.
Ella llegó radiante. Inmediatamente Jennifer corrió hacia mi encuentro y me besó prolongadamente bajo uno de los bellos árboles que allí había. Todo mi cuerpo se calentó ante su toque. Ah, ¡qué maravilloso era abrazarla y besarla!
Aquellos ojos verdes me miraban y yo casi me derretí antes de poder concluir lo que estaba haciendo. Era maravillosa en todos los aspectos.
«Si me trajiste para almorzar sushi, creo que está cerrado…»dijo riendo
«¡Claro que no, boba! Te traje aquí porque este es el sitio adecuado para que recibas tu regalo»
«¡Hm, no sabía que intercambiaríamos regalos hoy!»
Primero le entregué las flores, y ella pareció sorprendida al recibir otro ramo. Como mínimo, habrá concluido que soy una exagerada. Le entregué la postal. Quería aprovechar mientras ella leía para ausentarme unos instantes y poder ir a buscar su regalo.
"J.
Necesito decirte: ¡has estado equivocada sobre mí todo este tiempo!
La verdad es que mi mundo siempre giró alrededor de tu ombligo. Nunca existió otra razón que no fueses tú para querer despertarme e ir a los estudios cada mañana. Podías ignorarme cuanto quisieras cuando nos conocimos. Yo siempre me daba cuenta de que lo hacías, pero mi amor por ti ya me quemaba por dentro. Era inevitable. Intenté buscar disculpas y culpar a la atracción física, pero no, ya era amor, desde antes del comienzo, ya te amaba.
Perdóname por haberte hecho pensar, durante todo este año, que aquel encuentro en el ascensor había sido fortuito. Lo que realmente pasó fue que tuve que correr para alcanzarte aquella mañana, quería estar cerca de ti, solo eso, aunque fuese en silencio. No esperaba que no te hubieras dado cuenta, en el camino hasta el ascensor, de todos los anuncios que informaban que el ascensor iba a apagarse a primera hora de la mañana, pero me sentí feliz por tu falta de atención.
Me aproveché de ti, Jen. Me aproveché de tu ingenuidad, de tu dulzura, de tu cariño y especialmente de tu cuerpo aquella mañana.
¿Ahora entiendes que nunca hubo Murphy? Siempre fue el destino. El destino cruzó nuestros caminos, pero nosotras escogimos cómo trazar nuestra historia.
¡Siempre voy a escoger el camino que me lleve a ti, siempre!
En esta fecha, he escogido regalarte algo que selle todavía más nuestras elecciones. Quiero que simbolice el inicio de una nueva vida. Nuestra vida, nuestro amor, porque no hay nada más que me impida decirte que ya no hay un tú y yo separadas, ahora existe un nosotras.
Un "Te amo" multiplicado por 365, por cada uno de esos días juntas, incluso por aquellos en que no te lo he dicho.
L"
Cuando regresé, encontré a Jennifer con lágrimas corriendo por su rostro. Aquel momento también me emocionó a mí. No podía esperar para ver lo que pasaría cuando viese lo que tenía en mis manos. Me puse más nerviosa al pensar cómo reaccionaría ella en el momento de la petición.
«¡Lana! ¡Esta postal es…es maravillosa! No tengo palabras para…» sus ojos se desviaron hacia mis manos y vio el regalo que le había comprado. Vi sus labios alzarse en una enorme sonrisa y sus manos se extendieron para agarrarla «¡No! ¿Para mí?» preguntó extasiada al encontrase con una cachorrita de shitszu con un lazo rojo en la cabeza que yo llevaba en mis brazos.
Asentí con la cabeza confirmándolo. Estaba feliz al ver lo mucho que le gustó a Jennifer la perrita que le había comprado. Mi novia era una apasionada de los cachorros y siempre que podía expresaba su deseo de tener uno.
«Ava…» dijo mientras levantaba a la perrita y la miraba detalladamente
Yo estaba babeando con las dos. No podía haber escogido mejor.
«¿Ava?»
«¡Sí! ¡Se va a llamar Ava! Mi Ava. Cosita más linda de mamá…»
«¡Adoro el nombre, Jen!»
«Y yo he adorado mi regalo, Lana! Creo que este es uno de los mejores días de mi vida»
"No te imaginas lo que te espera!
Mi novia me beso y me dio un fuerte abrazo. Ava se quejó cuando nuestros cuerpos la aplastaron.
«¡Disculpa, amor! ¡Mamá todavía es torpe!» Jen dijo mientras la perrita respondió moviendo su peludito rabo hacia mi novia
«Creo que formáis un bella pareja, os entendéis muy bien» dije divertida
«Un trio. Formamos un bello trio» respondió Jen agarrando mi mano para que fuéramos a pasear con la nueva integrante de la familia a su lado.
Mi corazón se aceleraba a medida que el tiempo pasaba y se acercaba la noche.
Nos sentamos bajo un árbol y extendimos un mantel para un pic-nic. Jen había traído algo de comer y beber. En cuanto supo que tenía que encontrarme en el parque, tuvo la idea de que hiciéramos un pic-nic, a lo que yo, alegremente, accedí.
Pasamos una tarde deliciosa y romántica. Me eché en el regazo de mi novia mientras ella se relajaba y leía un libro apoyando la espalda en un árbol. Ava corría en círculos a nuestro alrededor, y nosotras como bobas mirando a la cachorrita repetir ese movimiento hasta que cayó al suelo y se quedó dormida. Después, comenzaba todo de nuevo.
Yo observaba el rostro concentrado de mi novia de arriba a abajo. Analicé lo delicado de sus rasgos. Desde su mandíbula cuadrada y perfilada hasta sus rizos rubios que nacían un poco erizados en lo alto de su cabeza. Era increíble, no tenía ningún defecto. Toda su silueta me agradaba. Jen me acariciaba el brazo con la mano que tenía libre, y con la otra giraba las páginas de su libro. Ella tenía una expresión seria. No sé por qué, comencé a excitarme al verla de esa manera y eso no se le pasó desapercibido.
«¿Qué fue, Lana?»
«Nada»
«¿Por qué me miras así?» preguntó cerrando el libro y colocándolo a su lado
«¿Así cómo?»
«Sabes muy bien cómo»
Le sonreí maliciosamente. Ella me devolvió la sonrisa con la misma malicia. Jennifer también estaba excitada y lo sabía solo por la forma en como me miraba.
Con la misma idea en mente buscamos a Ava con la mirada, y vimos que dormía tranquilamente a nuestro lado. Observé el parque vacío a nuestro alrededor. Jen también lo notó. Hacia horas que no pasaba nadie cerca de nosotras.
No podía esperar ni aguantar más el deseo de tenerla dentro de mí. Quería sentir su piel. Poco a poco, lentamente, deslicé mis dedos por debajo de su blusa de algodón hasta encontrar sus pechos por debajo del sujetador. Jen cerró los ojos ante mi toque e inclinó su cabeza hacia atrás. Ella solo esperaba eso. Oí un tímido gemido saliendo de su boca.
Me levanté y me senté a su lado. Ella me miró. Atrajo mi cuerpo más cerca de ella y yo terminé de cerrar el espacio entre nosotras con un beso urgente. Me senté en sus piernas estiradas y quedé de cara a ella.
Empujé la blusa y el sujetador de Jen hacia arriba, pero no los quité enteramente. Hundí mi boca y mi lengua en los pechos rosados de mi enamorada. Sus manos subían y bajaban por mi espalda, podía sentir sus uñas clavándose en mi piel.
Estaba muy sabrosa. Pero aquello era demasiado peligroso. Demasiado arriesgado.
«No deberías gastar toda tu energía ahora» me dijo mientras tomábamos aire para continuar el beso «¡Esta noche voy a querer follarme a mi zorrita! ¿O te olvidas de que día es hoy?» me estremecí entera ante lo que escuché. Si realmente quería que parase, nunca debería haberme llamado así. Jen conoce las reglas, sabe exactamente cómo reacciona mi cuerpo ante eso.
«Tengo energía suficiente para ti. Ahora y esta noche» respondí sensualmente manteniendo nuestra mirada.
Jennifer no tuvo dudas y se abalanzó encima de mí. Cerré mis ojos ante el placer que sentí al ver en sus ojos la necesidad de poseerme.
Mi novia era deliciosa. Sus brazos desnudos pasando por mi cuerpo me dejaban todavía más mojada. Mi vagina palpitaba suplicando por una caricia.
Arrastré su mano hacia el botón de mis pantalones y ella rápidamente lo abrió invadiendo mi intimidad. Rodeé su nuca y la atraje más hacia mí, pegando su cuerpo al mío.
«¡Fóllame!» pedí
Mi novia no tuvo dificultad en penetrarme lentamente. Estábamos completamente expuestas en medio de la tarde en el parque de la ciudad. Pero todo lo que importaba era nosotras dos y nuestro deseo.
Gemí en su oído pidiendo que continuase moviendo sus dedos dentro de mi vagina. Contraje mi músculo apretando sus dedos en mi interior y aumentando todavía más mis deseos de correrme en ella. Necesitaba ser rápida si no quería correr el riesgo de ser vistas, o peor, grabadas. No estaba preparada para eso otra vez. El miedo a ser pilladas me excitó aún más y no conseguía sentirme culpable por eso.
Mi mano apretaba su erecto pezón. Jennifer se mordía los labios mientras me follaba y sentía mis manos deslizarse por su piel bajo la ropa.
La apreté fuertemente contra mí y ajusté mi cuerpo encima de su mano. Me bamboleé suavemente encima de ella. Estaba loca. Mi respiración era corta y jadeante, así como la de Jennifer.
Enterré mi cabeza en su cuello en el intento de ahogar el sonido de mis gemidos, que aumentaban de volumen e intensidad conforme a las embestidas de Jennifer en mi sexo.
Finalmente Jen dio la última estocada en mi interior, más fuerte, más intensa. La estocada oportuna para que alcanzase el orgasmo. Por fin me relajé y dejé caer mi cuerpo sobre su pecho.
Todavía pegada a su cuerpo, busqué a Ava. La perrita nos miraba con curiosidad.
«¡Ava, deberías estar durmiendo!» dijo Jen al darse cuenta de que estaba siendo observada.
Y entonces, Ava movió el rabito y caminó hacia nosotras alegremente. Apoyó sus patitas en la pierna de mi novia como si pidiese marcharnos a casa.
Miré a Jennifer y comencé a reír. Volví a sentarme a su lado mientras me cerraba el botón de mis pantalones. Aquello había sido muy intenso y estaba sufriendo para hacer volver a mi cuerpo a la normalidad.
Apoyé mi cabeza en el árbol a mis espaldas y agarré la mano de ella y la coloqué junto con la mía encima de mi muslo. Cerré mis ojos por un instante, y como en una película, varias escenas vinieron a mi mente. Imaginé cómo sería ser la madre de sus hijos. Pensé en si continuaría actuando o me dedicaría exclusivamente a mi familia. Tenía tantos planes para hacer al lado de esa mujer, pero ¿y si ella no aceptase? ¿Si simplemente no quiere casarse conmigo? Dios mío, ¿estaría apresurando las cosas? No sé cómo reaccionaría si ella dijese que no.
«¿Lana?» me llamó
«Sí…Disculpa, yo…estaba pensando»
«¿Nos vamos? ¡Ava parecer estar cansada!»
«¡Claro!» hice una caricia en la cabeza de la cachorrita «Vamos. Entonces, ¿nos vemos a la noche?»
«¡Con toda certeza! Pero, ¿me puedes decir a dónde vamos a ir? No quiero correr el riesgo de vestirme inapropiadamente»
«Solo estate lista para mí. Te recojo a las 19:00»
Me pregunté dónde estaría esa mujer decidida a pedir en casamiento a su novia. Tenía el presentimiento de que podría estar a punto de cometer una locura.
