Disclaimer applied. Masashi Kishimoto © Naruto.

Inspirado en Effy Stonem (Jamie Brittain & Bryan Elsely © Skins)


Anatomía de una mente autodestructiva.

Capítulo II: "Perder la mente estando sano".

No puedo respirar y no puedo sonreír.

La lluvia caía furiosamente sobre el césped y comenzaba a crear puros charcos, él estaba seguro que mañana los patearía como un pequeño niño, cuando nadie lo estuviera viendo. Los hoyos que había en el espacioso jardín los había hecho uno de los ninjas que había tenido una crisis una semana pasada. Lo recordaba, empezó a arrancar el pasto y a comérselo, por lo cual los enfermeros tuvieron que intervenir.

— Sasuke.

Sus pies estaban fríos, había bajado algo la temperatura pero dejó su capa arriba y no se le antojaba ir a buscarla. Era en esos momentos en los cuales les gustaría tener chakra.

— Sasuke, estoy hablándote.

— Hn.

Estaba fastidiado, no tenía ganas de hablar con nadie, pero la única manera de salir de allí era hablando. Un gran defecto en él, a Sasuke no le gustaba hablar. Consideraba el silencio como un gran amigo suyo, que lo vino acompañando varios años.

— ¿Debo responder? —preguntó vagamente.

— Si quieres que Itachi venga a visitar-

— Itachi está muerto, ¿qué diablos estás diciendo?

La Dra. Aoyama frunció el ceño. Así que este era uno de esos días. Nitori le ha dado el nombre de "días claros", eran los días donde Sasuke estaba lúcido y se apegaba más a su personalidad, podría ser bueno o malo. Y era uno de esos días, donde había que aprovechar lo máximo para sacar qué era lo que pensaba y sentía.

— Sí, es verdad. Lo siento. Itachi está muerto. —Naoko apretó los labios y sus ojos se llenaron de vacilación. Oprimió entre sus manos el objeto que tenía detrás de su espalda. — Una persona me ha dado algo, para que te lo diera.

— Hn.

Será mejor que esto valga la pena.

La mirada de Sasuke no estaba enfocada en la mujer, su mirada se perdía entre los árboles que rodeaban el hospital, y a veces podía ver, en un reflejo, el gran escudo de chakra que éste tenía. Imposible de romper, pensó. Ya lo había intentado millones de veces, por lo menos las primeras veces que había llegado.

— Mira.

Lo extendió hacia él, y el azabache posó sus ojos ónices en un viejo portaretratos. Tardó solo unos segundos en reconocer a las personas que se encontraban allí. — ¿Quién te lo ha dado?

— Una amiga tuya, Saku-

— Yo no tengo amigos —la interrumpió casi con rudeza.

— Hay mucha gente que te quiere, Sasuke, y desea lo mejor para ti.

— No me interesa esa clase de gente.

— ¿Qué te gustaba hacer de pequeño? —preguntó de repente.

Sasuke no contestó.

Me siento insensible la mayor parte del tiempo.

— Entrenabas mucho, ¿verdad?

Siguió en silencio.

— ¿De qué te arrepientes, Sasuke? ¿Qué cambiarías de tu vida?

— ¿Por qué no hablas, Sasuke? ¿Nadie te pregunta por qué?

— Deje de hablar luego de la masacre. No quería hacer nada con el mundo, ahí afuera. Creo que no era feliz, pero lo era estando callado, pero claro, jamás me dejarían solo. El episodio de estar solo no iba a durar para siempre, la escuela no me hacía ningún sentido pero tenía un propósito y yo deje todo por ese propósito. Me sentí mal por ellos pero cuando finalmente me fui, no significó nada. Lo de tocar fondo es mentira. Yo toqué fondo, pero siempre se puede llegar más abajo. Estás vivo. Estás muerto. ¿De verdad importa?

La Dra. Aoyama estaba deleitada ante las palabras del joven ninja, él jamás había dicho tantas frases juntas, todo lo tenía perfectamente anotado.

Ella suspiró, llevándose la mano al puente de la nariz, ajustándose los lentes. — Esta bien todo lo dijiste, ¿sabes? Sé que es difícil contarle tus cosas a una extraña, pero esto puede ayudarte, incluso en bajarte los años de condena cuando termine tu tratamiento.

Él rió sarcásticamente mientras jugaba con el almohadón. — Vas a perder tu mente tratando de entender la mía.

Cuanto más bajo caiga, más alto subiré.

— Estoy entrenada para que eso no suceda. Seguiremos hablando de esto mañana, ¿cómo estás durmiendo, quieres que de algún calmante para puedas dormir bien la siesta?

Era obvio que podía rechazarlo pero no admitiría que se había vuelto adicto a todas las cosas que le daban ahí. Le encantaba dormir, porque era una de las cosas que podía hacer libremente. Nadie puede meterse en sus sueños.

— No estoy durmiendo bien, tengo pesadillas.

Naoko frunció el ceño. — ¿Quieres hablar de eso?

— No.

Y el azabache fue honesto. Estaba cansado de hablar, no queria hacerlo por millones de años, si fuese mudo quizás todo sería menos complicado. La decepción fue clara en los ojos de la doctora pero no le reclamó nada.

— Le diré a las enfermeras que te den un somnifero no muy fuerte, ¿de acuerdo?

Él asintió sin mirarla.

Y me pregunto: ¿Por qué oscurecí solo para brillar?

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— Todo lo que tienes, Sakura-chan, las cosas comunes haces que se conviertan en algo útil, nee.

Naruto dejó colgado en la puerta el llamador de ángeles hecho por tapas de botellas. Sakura sin nada de dificultad, dejó las cinco grandes cajas que tenía en sus brazos en el suelo. — No lo he hecho yo, fue un niño del hospital, con leucemia.

Estaban en el nuevo apartamento de Sakura, quien luego de insistir a sus padres, le habían dado el permiso de vivir sola. Era un lugar acogedor, ni muy grande ni muy chico. Sakura no era como su amiga, Ino Yamanaka, quien le gustaban las ostentosidades. El rubio comenzó a jugar con sus manos, se comenzó a poner nervioso ante lo que iba a preguntar.

— ¿Y qué si lo vamos a ver? —sugirió en un susurro esperando el golpe pero no sintió dolor en su cabeza.

Hubo un silencio de unos cuantos segundos hasta que sintió la voz desasosegada de ella. — ¿T-tu dices? —preguntó murmurando, y luego recobró la compostura— ¡NO, NO, está prohibido! ¡Es por su bien! Deja de darme esas ideas, Naruto.

De mala gana comenzó a sacar las cosas de las cajas y la cara de Naruto se llenaba de desilusión. — ¿Cómo sabemos que está bien?

— Bueno pues, he hablado con la Dra. Aoyama y dijo que está haciendo lo posible para que Sasuke-kun se recupere. Venga, deja de hablar tonterías y ayúdame con esto.

El rubio dirigió su mirada a la ventana mientras la lluvia caía. Él no tenía un buen presentimiento, no lo tenía.

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En busca de la luz dorada.

Abrió los ojos, sin exaltación, podía escuchar risas y murmullos a lo lejos. Se encontró a sí mismo con las ropas que solía usar cuando era genin, y al equipo 7, a tan solo unos pasos de él. Se sorprendió ante eso pero no dijo nada, estaba consciente que estaba en un sueño, un sueño que venía soñando durante largos años. Esos típicos sueños que le carcomían el cerebro y lo que le quedaba de alma.

— ¡Sasuke-kun! —la miembro femenina lo recibió con jocosidad, irradiándolo con sus orbes verdes. — ¡Despertaste! Te dejamos un poco de sopa aquí...

Él no dijo nada ni tomó entre sus manos el plato que le estaba dando, solo se quedó allí. La desilución atacó a la niña, decidió dejar la fuente delante de él y se levantó. — Creo que iré a recorrer un poco los alrededores...

Apenas desapareció, el rubio comenzó a despotricar contra él. — ¡¿Por qué diablos hiciste eso?! ¡Debes tratarla mejor! ¡Conoces a Sakura-chan, ella-...!

— No me interesa, cállate.

Se puso de pie y comenzó a caminar al lado contrario donde ella se había ido. Naruto seguía gritándole barbaridades pero Kakashi, descansando en un árbol, no le decía nada. Típico de él, pensó. No quiso alejarse mucho, sabía que en cualquier momento iba a despertarse y a volver al mundo real. Todavía seguía sin saber por qué soñaba lo que soñaba, y no había considerado entre sus opciones el hecho de contárselo a la Dra. Aoyama. ¿Cómo hacía para controlar lo que hacía? Eso no sucede, eso no sucede en los sueños de nadie, pero hoy raramente podía hacerlo y no se quedaría al lado de su viejo equipo quienes iban a traerle sus viejos recuerdos para atormentarlo.

Estar al lado de ellos era lo peor que podía-

¡Ahhhh!

Es un sacrificio razonable.

Se dio la vuelta de inmediato y reconoció el grito desgarrador. Sakura.

Sus pies no podían moverse, estaba haciendo fuerza. No podía hacerlo, él quería moverse, él quería-

— ¡Uchiha-san!

Y despertó para encontrarse con una de las enfermeras de la noche que lo miraba con algo de lástima. Plasmado en sudor que se mezclaba con su agitada respiración. — ¿Q-qué? ¿Qué hora es?

— Cinco de la mañana. Tuvo una pesadilla, sus gritos se escuchaban por todo el pasillo.

¿Gritos? Él no había gritado, de eso estaba seguro. No quiso desmentirlo, podrían pasar millones de cosas mientras estaba dormido. Cuando se había ido de Konoha, había prometido que todo podría tenerlo, que todo iba a poder controlarlo, pero últimamente no lo estaba haciendo y eso comenzaba a hacer un problema.

— Vete, ya estoy mejor —soltó con brusquedad dándose la vuelta y cubriendo su cabeza con la almohada.

La enfermera no replicó, pues era una de las que estaba desde el principio, conocía sus manías y no estaba en posición de iniciar ninguna discusión con él. El azabache suspiró cuando sintió que la puerta se cerraba con lentitud, y su mirada se reposó en la luna llena y en el cielo nublado. La lluvia había parado pero el frío se triplicó, Sasuke decidió poner su mente en blanco y no tratar de pensar en algo o alguien puntualmente, sino cuando menos se daría cuenta, estaría dormido otra vez.

Abrió uno de los cajones mientras apoyaba sus codos en la cama, un cuaderno viejo y un lápiz era lo único que había. Lo abrió, las primeras páginas estaban ocupadas, encontró una vacía y comenzó a escribir:

15 de agosto, el mismo sueño de la vez pasada, pero Sakura gritaba al final. Dicen que estuve gritando y se escuchaba en todos los pasillos, pero pienso que no fue así.

Escuchó pasos y guardó el cuaderno de inmediato. Agudizó su oído pero por pura inercia cerró los ojos.

— ¿Otro episodio?

Era la voz de la Dra. Aoyama, podría reconocerla a kilómetros.

— Sí, esta vez gritaba el nombre de una tal "Sakura", doctora.

Sasuke frunció el ceño cuando las voces comenzaron a alejarse, él quería seguir escuchando a pesar de que la actitud de "chusma" se asemejaba mucho a Naruto y no a él. Pero tratar de hacerlo le dio un tremendo dolor de cabeza, quizás era mejor tratar de dormir y esperar hasta mañana.

Dormir siempre curaba cualquier mal. Dormir hacía olvidar.

Brilla, brilla, brillante.

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— Pero vieja-...

— ¡He dicho que no!

El grito perpetró en las paredes de la oficina, ella jamás dijo una palabra, sin embargo nadie podía callarlo a él. Naruto la observó, enojado. — Solo dame una razón, ¿qué le están haciendo?

— Esas son cosas confidenciales, aunque quisiera no podría decirte nada, solo puedo decirte que está en un mejor lugar.

Él suspiró derrotado y Sakura lo miró con lastima. Había sido una cobarde porque si ella insistía con él, solo así lograría sacarle algo más que un "está en un lugar mejor". Como sea, ¿qué clase de respuesta era esa? Eso no hacía que estén tranquilos, por su parte, él y ella y quizás Kakashi porque a Sai no le importaba si el Uchiha estaba vivo o muerto o en parte sí, ya que "la felicidad de sus amigos se hacía inestable en lo que le pasaría al idiota" o eso le había dicho Ino.

Ellos habían comenzado una relación, era algo bueno, se había puesto feliz por su amiga apenas se lo contó. Podría haber reaccionado con más alegría pero sus problemas tenían nombre y apellido: Sasuke Uchiha.

Él era una tortura, pero lo amaba. Era puro masoquismo. Él no se cansaba de destruirla y ella de reparar todo. Reparar su corazón, de a pedazos.

— Por favor —susurró ella— Déjenos verlo, solo una vez.

— No —dijo en definitiva.

— ¡Ugh!

El chico de ojos azules salió corriendo de allí ante la mirada alerta de Sakura. — ¡Naruto, espera!

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/ - / - /

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— ¡¿Él no vino?!

La enfermera se asustó cuando el azabache golpeó el escritorio y le dio una mirada llena de enojo. — D-dijo que estaba muy ocupado, Uchiha-san.

— ¿Qué está sucediendo, Sasuke?

Se dio la vuelta ferozmente para encontrarse cara a cara la Dra. Aoyama, se acercó a ella con los puños apretados. — Itachi me prometió que hoy iba a venir, ¿dónde está?

Ella miró fijamente el brillo en los ojos del joven ninja, y cómo había cambiado. — Sasuke, ya hemos hablado de esto ayer. ¿Recuerdas algo?

El muchacho frunció el ceño, pues tenía pocos recuerdos del día anterior, es como si su mente se hubiese dormido. — No.

— Vamos a mi oficina.

La oficina de Naoko Aoyama rebozaba en libros y estaba estrictamente ordenada, aunque arriba de su pupitre habían papeles esparcidos y carpetas de colores. Sasuke observó a su alrededor como si no conociera el lugar. Había una sillón rojo que parecía lucir muy cómodo de lejos y un candelabro que colgaba de las paredes color crema pero no estaba prendido, ya que la gran ventana tenía las cortinas corridas y dejaba ver todo el patio del hospital. Es más, podría verse donde él estaba siempre, como si pudiese vigilar a todos y a todas.

— Toma asiento —invitó ella. El sillón escarlata terminó siendo más cómodo de lo que pensaba. — ¿Cómo te sientes hoy?

— ¿Dónde está Itachi? —preguntó con aspereza.

— Ha mandado un mensaje, ayer, cuando dormías. Dijo que no iba a poder venir.

Eso había sido una patada en el estómago. — Él lo prometió...

— Lo sé, pero créeme que él es muy fiel a la aldea y-

— ¿De qué aldea? Nunca supe de qué aldea era.

Touché. — Konoha, ustedes son de Konoha, así como toda tu familia. Eran un clan muy poderoso.

— Ellos murieron en un incendio. Itachi me lo ha dicho.

Naoko apretó los labios. Esto estaba yéndose por las ramas, no estaba bien. — Además de Itachi, tienes a tus amigos.

— ¿Amigos? —inquirió, sus ojos oscuros se iluminaron por unos segundos. — ¿Tengo amigos?

Olvido a mi familia. Olvido a mis amigos.

— Sí, Sasuke, claro que los tienes. Ellos están afuera, esperándote, por eso debes curarte.

El animo del azabache pareció subirle en unos cuantos segundos pero luego, apareció una mueca de dolor. — ¿Y cómo hago con las voces? ¿Y la gente que quiere matarme?

— ¿Quién quiere matarte, Sasuke?

Se encogió en el asiento y miró al suelo. — No lo sé, gente.

— ¿Qué es lo que te incomoda, qué tienes ganas de hacer? —preguntó con cautela.

— Lastimarme, para detener el dolor — bisbisó.

No puedo abrirme y llorar, porque estuve en silencio toda mi vida.

El lápiz se deslizaba en la hoja con rapidez al mismo tiempo que ella preguntaba: — ¿Crees que no existiendo, calmaras todo tu dolor?

— A veces.

— Mira esto, Sasuke.

Apenas observó la foto, se reconoció al instante. Pero, ¿quienes eran las otras personas? Algo se le hacía familiar.

— Esa sonrisa... —musitó.

— ¿Qué sucedía con esa sonrisa, Sasuke? —cuestionó.

— Ella tenía una sonrisa del tamaño de su dolor, una enorme.

— ¿Te molestaba?

Oscurezco y estoy en el infierno.

Él giró ligeramente su cabeza, como si la foto podría cambiar al hacerlo pero todo siguió como estaba. — Solo quería herirla un poco más. Cada vez que la veo, me produce dolor. ¿Qué es lo que sucede con esta gente?

Dejó el portaretratos en el escritorio como si quemara y Naoko mantuvo muy en cuenta su actitud. — ¿Los conoces?

— No. Siento... siento que los vi antes.

Necesito un amigo, pero no puedo gritar.

La cara de confusión en él hizo que la doctora lo mandase a descansar. Era suficiente trabajo por hoy, la mente de Sasuke era como la caja de Pandora, nunca se sabe con lo que se puede encontrar. Los pies del azabache se arrastraban por los pasillos y llevaba el ceño fruncido, la cabeza comenzó a dolerle con intensidad.

— Uchiha-san, ¿está bien?

Una de las enfermeras lo reconoció. — Solo quiero ir a mi habitación.

— Uchiha-san... su habitación está del otro lado.

No soy bueno, no soy bueno para nadie.

Nunca supo cuando cayó al suelo y todo se volvió a tornar borroso. Sentía que alguien le estaba pisando el pecho, lo suficiente para no poder respirar.

Sasuke-kun...

Teme...

Porque lo único que me interesa es ser el número #1

— ¡Puedo escuchar las voces otra vez! —gritó pero ningún sonido salió, dejó de sentir el piso cuando lo subieron a una camilla y la Dra. Aoyama apareció diciéndole cosas que no podía escuchar, solo vio como sus labios se movían. — ¡Las voces!

Sintió un pinchazo en el brazo y todo fue negro.

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/ - / - /

.

Hace quince minutos que se encontraba allí, en un rincón, mirándolo. Tenía un nudo en su garganta, y las lágrimas amenazaban con caer de sus ojos. Los puños de Naruto sangraban sin parar mientras se estampaban en un árbol a medio destruir. No tenía la suficiente valentía en decirle que se detenga, sabía por qué estaba así. Maquillaba su exterior con una hermosa sonrisa, pero por dentro, Naruto Uzumaki estaba destruido. Hinata había sido una buena y sana distracción pero no era lo suficiente para hacerle acordar dónde estaba su amigo, quien quizás podría estar sufriendo, solo. Eso le rompía más el corazón.

Aún recordaba cómo lo había capturado. Miedosa. Por detrás, como toda una cobarde. Clavando un kunai en su brazo, envenenado, con suficiente somnifero para dormir a un elefante. Logró asesinar a Danzou, eso no le importaba mucho, tarde o temprano, él iba a ser una amenaza para la aldea. Una vez que lo hizo, sintió como si lo hubiera traicionado, ¡y vaya estupidez! Él no era nadie para hablar de traición, tampoco.

— Naruto, detente.

Él siguió, con más violencia.

Sakura frunció el ceño. — ¡Esto es mi culpa también, joder! —él se detuvo, respirando con agitación y casi gimiendo del dolor. — Siempre vuelvo a ser la persona que estoy intentando no ser, últimamente había conseguido que las cosas me dieran igual, pero al final nada. No tenía que sentir nada por él, ¿entiendes?

La kunoichi se desmoronó. — Lo sé, Sakura-chan. Si hay algo que no sé, es que no sé qué decir en este momento.

— Lo quiero aquí —dijo con determinación y secándose las lágrimas. — O si por lo menos está muy lejos, quiero saber exactamente todo.

— ¿Cómo vamos hacerlo? Son archivos que la vieja tiene guardados.

Ella sonrió con satisfacción. — ¿Olvidaste quién soy?

— Según Sai, si es algo muy importante, luego de leerlos, los quema —dijo algo derrotado.

— Eso es porque Sai nunca se topó con Sakura Haruno.

Si hay algo que al rubio le gustó de ese día era el brillo lleno de determinación de su amiga. Así tendría que ser todos los días, y rezaba porque así fuera.


(*): Numb by Marina And The Diamonds.

¿Qué tal? Sé que no subí la continuación el día que prometí, pero sepan que armar este fic es algo raro y suele costarme bastante, escribo medio capítulo y después lo vuelvo a borrar, estoy indecisa pero acá esta finalmente (excusa patética la mía)

Espero que les haya gustado, y los reviews son como caramelos, lo saben ;).