Disclaimer applied. Masashi Kishimoto © Naruto.
Inspirado en Effy Stonem (Jamie Brittain & Bryan Elsely © Skins)
Anatomía de una mente autodestructiva.
Capítulo III: "Tus demonios lucen como yo".
— Uchiha, hace dos horas que lleva ahí adentro.
Soy un fénix en el agua.
Escuchó una voz masculina detrás de la puerta pero él siguió abrazando sus piernas, luego comenzó a acariciar el agua. Gracias al vapor, podía mantenerse el calor pero fuera, estaba helado. Se acostó en la bañera mirando el techo que mezclaba sus colores entre el gris y el blanco además de la humedad. Mantuvo su respiración y se hundió hacia abajo, lo único que lograba escuchar eran sonidos incongruentes. Sus ojos no comenzaron a picarle en ningún momento, quizás era porque él y sus gran pulmones estaban acostumbrados a pasar varios minutos debajo del agua. Estar inconexo con el afuera le daba mucho que pensar pero tampoco quería matarse pensando, porque sabía que eso afectaría su salud. Como había pasado en el pasillo.
Un pez que aprendió a volar.
Había despertado en su habitación, y a su lado se encontraba la Dra. Aoyama mirándolo, acongojada. — ¿Qué sucedió?
Ella tomó asiento a los pies de la cama. — Tuviste un ataque de pánico, Sasuke.
Apretó sus labios. — ¿Eso es grave?
— Si es controlado, claro que no. Te doy mis disculpas, no lo vi venir. No presentaste ningún síntoma, dime, ¿recuerdas algo?
El azabache frunció el ceño y sus ojos se dirigieron a las sábanas blancas. — Pude escuchar las voces otra vez.
— ¿Qué te decían?
— Solo mi nombre, ellos me llamaban por mi nombre —susurró.
— ¿Quiénes eran ellos? —preguntó.
— No lo sé, pero sé que los conozco de algún lado. Sus voces, las he escuchado.
Y siempre he sido un hijo, pero las plumas están destinadas para el cielo.
— Sasuke, escucha... —tomó su mano, lo que hizo que él la mirara, algo aterrado ante su toque. — Yo no he escuchado nada cuando estaba contigo. Nadie lo ha hecho.
— No estoy loco —refutó con confianza, alejando su palma. No quería que lo tocaran.
— Nadie dice que lo estés.
— Quiero estar solo —dijo aumentando el tono de voz.
Naoko suspiró y se levantó. — Si necesitas cualquier cosa, estoy en mi oficina, o solo... avísale a las enfermeras.
Él solo se dio la vuelta, ignorándola por completo.
Los recuerdos se esfumaron cuando alguien lo tomó por los hombros y lo llevó hacia arriba. —¡Uchiha, casi se ahoga!
El enfermero lo miró algo conmocionado mientras que Sasuke le frunció el ceño, claramente molesto. Él no iba a suicidarse. Pero hacia un enfermero experimentado quien está acostumbrado a lidiar con personas suicidas, él estaba actuando como uno. El azabache le arrebató la toalla que tenía entre las manos y se la ató a la cintura, saliendo del agua, apoyando sus pies en sus prendas sucias y luego hundiéndolos en sus pantuflas.
Hace frío afuera, abrígate, Sasuke.
— Lo sé —susurró él.
No tuvo ganas de competir contra las voces en su cabeza y terminó contestándoles. Decidió cambiarse detrás del biombo color café que se encontraba en el baño. El conjunto que tenía era igual al que solía usar siempre, pero este tenía los pantalones negros y la remera blanca—sin ningún símbolo atrás, por supuesto—.
Una vez que salió, los pasillos se encontraban deshabitados a no ser por las enfermeras que transportaban algunos pacientes, y la mayoría eran intratables. Jamás saldrían de allí. Y es por eso que él deseaba no ser uno de ellos, tenías ganas de estar afuera. Con su hermano, con Itachi.
Así que estoy deseando, deseando aún más por la emoción de llegar.
Su habitación se encontraba limpia y ordenada, las enfermeras hacían bien su trabajo cuando él se ausentaba. Caminó hacia su cajón, sacando el diario, el cual estaba cerrado y le rogaba a Kami que nadie lo haya leído. Era la mayoría de sus recuerdos. Y aún no sabía cómo había llegado a uno de esos puntos de comenzar a escribir, pero él sabía que algo malo pasaba. Cada vez que veía a su doctora, y le daba los buenos días, ella de inmediato fruncía el ceño. Como si fuese un pecado saludar a alguien, aunque sea por respeto.
Tú no respetas a nadie, Sasuke.
Raspó su oreja con el hombro y negó con la cabeza. Se acomodó en la cama, tapándose con los grandes acolchados. Cerró los ojos y por más de diez minutos, la habitación se mantuvo en pleno silencio... hasta que escuchó pasos y sus ojos se abrieron. Apoyó las manos en las sábanas, levantándose pero poniendo su espalda contra la cabecera de la cama, como si alguien podría hacerle daño por detrás. Estaba nublado pero la pieza estaba iluminada, aún así, la atmósfera era extraña. Como si estuviera en cámara lenta.
— ¿Hay alguien aquí? —preguntó en voz alta, pero nadie respondió. Suspiró y volvió a acostarse pero cuando puso su cabeza se encontró con unos ojos verdes mirándolo con ternura. — ¡Ahhhhh!
Cayó de la cama, con torpeza, uso sus brazos para alejarse y apoyó su espalda en la pared. — Hola, Sasuke-kun.
Apretó los puños y se levantó, con el ceño fruncido. — ¿Quién mierda eres?
Solo prefiero estar causando el caos que recostarme al filo de este cuchillo.
Ella se cruzó de brazos e hizo un mohín. — ¿No me recuerdas?
— Sal de mi cama, vete de aquí, quienquiera que seas. No quiero hablar con nadie.
— Vuelve a casa —le dijo, sonriendo.
— ¿Qué?
— Vuelve —La muchacha se acercó y le acarició la mejilla. — Este no es tu casa, Sasuke-kun. Konoha es tu casa.
— Konoha... —susurró él. Llevó su mano a la de ella. — ¿Sakura?
Porque dicen que es el HOGAR dónde tu corazón está grabado en piedra.
La sonrisa de ella se agrandó. — Dime tus secretos más profundos, tus mayores miedos. Tus deseos, tus sueños. Lo que piensas por las noches, déjame entrar. Déjame entrar.
Es donde vas cuando estás solo.
— ¡SASUKE!
Su corazón latía con rapidez, como nunca antes lo había hecho. Los ojos de la Dra. Aoyama lo miraban con preocupación, se encontraba empapado en sudor y su mirada estaba perdida. Habían piezas del rompecabezas que no encajaban, y el azabache estaba dándose cuenta de eso.
Es donde vas a descansar tus huesos. No es solo donde descansas tu cabeza.
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Refregó sus ojos y con su pelo enmarañado, caminó hacia la puerta y se sorprendió al ver quien era. — ¿Karin?
La pelirroja hizo una mueca y elevó sus labios, tratando de formar una sonrisa, pero todo lo que le salió fue una expresión de cansancio. — Hola, siento molestarte, yo solo-
— Ven, pasa. No te preocupes, es mi día libre. —La oficina de Sakura era parecido a su casa, coincidía en ser acogedora y ordenada además de simple. Karin tomó asiento en el sillón color crema y comenzó a acariciar sus piernas, algo nerviosa. La dueña de ojos verdes, no la miró fijamente cuando entró, fue directamente a la cocina. — ¿Café?
— Sí, por favor.
La mirada de Karin se deslizó hacia los portaretratos que se encontraban en la mesada, pero más en una persona. Él. No supo reconocer esa mirada que se plasmaban en las fotografías, pero no era nada comparada como la última vez que lo vio.
Quieta, Karin.
— Aquí tienes.
Los ojos de Sakura y ella se encontraron, y la pelirroja suspiró con alivio. Odiaba recordar ese día. — Gracias.
— Dime, ¿tienes alguna herida? —preguntó.
— No, yo solo... —las palabras no salían de su boca. — ¿Sabes algo de Sasuke-kun?
La pregunta la tomó por sorpresa pero para la decepción de la chica sentada adelante, le dio la misma respuesta que a todos los demás. — Él está en un mejor lugar ahora.
Hubo un silencio largo donde ambas kunoichis solo miraban su taza de café. Era algo incómodo, por lo menos para la dueña de ojos verdes, hablar de alguien a quien tienen en común y de maneras particulares.
— ¿Alguna vez... miraste a alguien a los ojos y te diste cuenta que los habías perdido para siempre?
Sakura no supo que cara poner ante las preguntas de la chica, ¿se refería a Sasuke-kun? Era obvio que quería saber cómo ella lo estaba llevando, quizás así la pelirroja podría comparar su dolor con el de ella, pero Sakura sabía que era muy diferente. Desde pequeña, ella lo conocía y con el tiempo se había enamorado de él. ¿Cuánto tiempo Karin lo llegó a conocer? ¿Dos años... o menos? Apretó los labios, sintió un calor en la nuca.
— Solo pienso que siempre hay una parte de esa persona que se queda consigo. No importa cuanto cambie, siempre hay algo.
La cara de Karin se llenó de muecas cálidas, casi poniendo una sonrisa invisible. — Él de verdad ha cambiado mucho, la última vez que nos vimos, lo comprobé. Ya no hay vuelta atrás.
La sonrisa era de dolor.
Los pulmones de Sakura se llenaron de aire para luego exhalar. — Nunca pierdas la fe. Eso fue lo único que me ha impulsado a esperar todos estos años.
Ninguna de las dos se dirigieron a Sasuke directamente, porque quizás no nombrarlo, hacía que doliera un poco menos.
Mientras estemos juntos, ¿qué importa a dónde vayamos?
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— Luces cansado.
— No lo estoy —contestó de inmediato.
— ¿En qué piensas?
— Mi hermano.
— ¿Su muerte? —ella preguntó.
— Yo lo maté —respondió brevemente.
Así que cuando esté listo para ser más audaz...
— Sí, pero, ¿qué recuerdas de él?
Una imagen de un Itachi sonriente coronó en la cabeza del azabache, pero luego, todo se tornó de color rojo y ver a su hermano agonizando en el piso, y después sus padres... todo el mundo.
— Sangre. Casi siempre.
— Cierra los ojos, Sasuke —pidió la Dra. Aoyama y el muchacho la miró frunciendo el ceño. — Solo hazlo.
Él hizo caso. — ¿Y ahora?
— Imagina: Tu clan nunca fue destruido, Itachi nunca tuvo que cumplir ninguna orden. Solo imagina eso.
— ¿Cómo puedo imaginarme algo que nunca pasó? —inquirió tedioso.
— Sí pasó, pero nunca pasó. ¿Entiendes? ¿Ahora, qué ves?
El azabache suspiró pero en su mente todo parecía tan real, apretó los párpados con más fuerza, y todo comenzó a retroceder. Itachi jamás asistió a la oficina del Hokage. Itachi nunca fue un espía doble. Su clan nunca tuvo sed de ser los líderes de Konoha ni ganas de derrocar al Sandaime. Todo estaba bien.
Y mis cortes se hayan curado con el tiempo...
— Itachi está sonriendo, acaba de llegar de una misión y mi madre lo recibe con un fuerte abrazo. Mi padre es un hombre pacífico, y vino de hablar con la Hokage para asegurar más la aldea. Pasó, pero nunca pasó —repitió él, escondiendo una sonrisa.
La Dra. Aoyama disimuló su entusiasmo. Por fin, Sasuke estaba cooperando y no haciendo nada a medias.
La comodidad descansará sobre mi hombro, y enterraré mi pasado atrás.
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— ¡¿Cómo pudiste hacer eso?! —ella exclamó.
Había un ápice de culpabilidad en los ojos del rubio. El aire se convirtió de agradable a pesado, no evitó levantar la voz aunque él se lo haya susurrado.— Hinata y Sai me ayudaron.
Eso no hacía que Sakura se sintiera mejor. Hace media hora, Karin había dejado su casa y decidió dormir un poco más pero se despertó ante los golpes desesperados de su amigo.
— Pensé que Hokage-sama tendría estas cosas quemadas o guardadas con jutsus más complicados —murmuró observando lo que tenía entre las manos.
— Debemos leerlo —animó Naruto sentándose en el sillón.
Ella le entregó los archivos al rubio. — Tú primero.
La cara de él se tornó blanca y sopesó su acción pero finalmente abrió la carpeta. Lo primero que resaltó fueron tres fotos de Sasuke, cuando era pequeño, otra cuando era genin y la última, de adolescente. Naruto carraspeó.
— "Tiene un aire de misterio y perturbación en él, como algo que sabes hace muchos años pero en verdad no lo conoces. Chico problemático, joven y confundido. Un mundo que ha creado en su mente y no está bien". Sakura-chan, esto casi no tiene sentido.
— Para un psiquiatra, creo que sí. ¿Qué más dice?
— Esto parece borrado, no puedo leerlo —contestó frustrado y la kunoichi le quitó el papel de las manos.
Sakura frunció el ceño, afinando la mirada. — "A veces, cuando estoy por mi cuenta, me imagino a mi en el tiempo. La vida saliendo-". Diablos, lo demás está borrado.
— Hay mucho más papelerío aquí... pero solo son tratos con la aldea, para hablar de él. Conferencias.
— ¿Crees que las frases que están entre comillas, las ha dicho Sasuke-kun? —preguntó.
— Puede ser... Sakura-chan, esto es muy confuso.
— Todo es muy confuso. Pero hay algo que está claro, Sasuke-kun no está bien —concluyó ella.
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— ¡Sasuke, basta!
El azabache forcejeaba con desesperación con cuatro enfermeros. Los gritos de su doctora no parecían calmarlo y era que todo estaba bien. Lo había dejado solo unas horas, y comenzó a ponerse violento con cualquiera que le hablase. Eso no era normal. Decidió acercarse y hablarle pero él contestó con un manotazo agresivo. Eso tampoco era un ataque de pánico.
— ¡Déjenme! ¡Suéltenme! ¡Quiero irme de aquí! ¡Naruto! ¡Sakura!
Siempre te mantendré conmigo.
Tú estarás siempre en mi mente.
— ¡Sasuke, si no te calmas, voy a inyectarte! —amenazó la mujer pero eso no pareció afectarle. Él seguía gritando hasta que sus cuerdas vocales explotaran.
— ¡Quiero ir con mi equipo, no debo estar aquí! ¡Ayuda! —rugía el azabache.
Pero hay un resplandor en la oscuridad, nunca lo sabré a menos que lo intente.
Nitori apareció de repente, y clavó la aguja directo en el omóplato y Naoko la reprendió con la mirada. — ¿Qué? No iba a calmarse nunca, parecía un gran caso de TEI(**)
Sasuke comenzó a perder las fuerzas. Los enfermeros lograron acostarlo en la cama, y salieron acomodando sus ropas tratando de no soltar ningún improperio delante de su jefa. "Ese Uchiha siempre causando problemas".
Sus párpados comenzaron a amenazar con cerrarse pero comenzó a murmurar. — A veces creo que nací al revés, ¿sabes? Que salí de mi mamá de la manera equivocada. Oigo voces que van hacia atrás. A la gente que debería amar, la odio. Y a la gente que debería odiar...
Y cayó en los brazos de Morfeo.
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Eran las cuatro y cuarto de la mañana cuando le dio un sorbo a su café y lo dejó en la mesa, a un lado, tratando que no mojara ninguna de las hojas esparcidas en el suelo. Había corrido al costado la robusta mesa de madera como a sus ganas de dormir. Unas ojeras oscuras se escondían debajo de sus ojos pero no era algo que le importase, le importaba más los documentos que tenía delante. Naruto se había horas antes y se los dejó a cargo—siempre queriendo deshacerse de sus problemas fácilmente—, y se fue a su casa antes de lanzar un suspiro de alivio.
Y allí se encontraba ella, terminando de leer el archivo que tenía su maestra guardados.
— "No se encontró bien esta semana, se despierta gritando a la madrugada y tiene muchas alucinaciones. Hemos puesto otra especie de medicación, espero que eso funcione. Saludos".
No tenía ni firma, ni era demasiado extenso pero era la única hoja que tenía palabras al menos entendibles. Las demás parecían tener un código ya que no eran claras.
Se arrastró hacia el sillón. ¿De qué servía trasnochar si no era con él? Ella iría a verlo en sus sueños.
CONTINUARÁ...
(*) Home by Gabrielle Aplin.
(**) Trastorno Explosivo Interno.
¡Hola! Perdón por la tardanza, pero acá está. La continuación será subida el domingo, sin falta.
Gracias por el apoyo.
Misa xo.
