Disclaimer applied. Masashi Kishimoto © Naruto.

Inspirado en Effy Stonem (Jamie Brittain & Bryan Elsely © Skins)


Anatomía de una mente autodestructiva.

Capítulo IV: ¿Por dónde empiezo?

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De lejos podría escucharse todo el barullo que el bar provocaba, como el palo de billar se estrellaba con brusquedad contra las bolas y como los vasos colisionaban por los brindis. Los ninjas de Konoha festejaban porque las misiones—en su mayoría—, había sido un éxito. Además de que era viernes. Se sienta con completa calma delante de ella. No iba a hacer ningún movimiento o se iba a poner a chillar para exaltar y lograr que su amiga se ponga peor. Sus uñas pintadas de coral se aferran al vaso de sake mientras fruncía el ceño. Sus ojos verdes parecían dos huecos vacíos que solo brillaban por la pura ebriedad.

— ¿Sakura? —la llamó. Apoyó sus manos en las de ella, tratando de que libere el cristal entre sus manos, pero ella no lo suelta—. Vamos, ya es suficiente.

— Déjame, Ino —murmura apretando los labios. Sonaba desolada.

— Dime que sucede.

— Yo... —las palabras no salían de su boca—. Yo...

— ¿Es acerca de Sasuke-kun, verdad? —pregunta y ante el nombre no pudo evitar sobresaltarse un poco. Definitivamente era eso.

Mi corazón está roto.

— Él está sufriendo —dijo arrastrando las palabras y las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos.

Que alguien lo arregle.

— Él va a estar bien, nos lo ha dicho Hokage-sama —decía la rubia con optimismo.

— No, no lo está. Tiene un problema, un problema mental. Está encerrado en un hospital, tiene un trastorno.

Sakura rompió en llanto e Ino trató de ocultar su impresión. — ¿Cómo lo sabes?

Mis paredes se están cerrando.

— Naruto robó unos documentos, no sé cómo lo hizo. Pero leí toda la verdad, él no está bien.

— ¿Quién más sabe esto, Sakura? —preguntó con seriedad.

— Tú y yo. Naruto no ha podido lograr leer los últimos papeles, si lo hubiera hecho, habría salido corriendo tratando de buscarlo —dijo dándole fondo blanco a su vaso.

— Hay que mantener la calma, ¿de acuerdo?

— ¿Cómo alguien tan fuerte puede ser tan vulnerable interiormente? —susurró como si se lo preguntara a ella misma.

Atrapado en un huyo profundo.

— Escúchame, Sakura —Ino apretó sus manos— Si estar con nosotros, hubiera sido algo bueno para la salud de Sasuke, es obvio que su doctora hubiera dejado que lo veamos. Quizás, el hecho de que esté exiliado, es algo bueno.

— ¿Puedo dormir hoy en tu casa? No quiero estar sola —las lágrimas comenzaron a acumularse de nuevo en sus ojos.

La rubia miró a su alrededor. — Primero salgamos de aquí, frentona.

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Las cortinas se abrieron con brusquedad y el sol impactó en toda la habitación, haciendo que él apretara los párpados y se removiera con molestia en la cama. — ¡Arriba, arriba, Uchiha-san! ¡Hora del desayuno! —. Gruño, tomó la almohada y se tapó la cara. — ¡Hoy va a ser un día muy muy hermoso!

— Púdrete —la insultó sin ningún filtro. Pero ella no respondió nada, y solo le sonrió con ternura. Una ternura que a él le daba asco. Sasuke no necesitaba de esa ternura.

Luego de que la enfermera saliera por la puerta dejando el desayuno servido en bandeja, unos tacos resonaron haciendo que el azabache refunfuñara. — Buenos días, Sasuke —. La Dra. Aoyama apareció sosteniendo una carpeta y una taza de gelatina de manzana. — ¿Cómo amaneciste?

Sin ganas y maldiciendo por lo bajo, el Uchiha se sentó en la cama y acercó la fuente y observó, arrugando la nariz, la comida frente a él. — ¿Y la visita tan temprano, se debe a qué?

Naoko ajustó sus anteojos y aproximó la silla para sentarse. — Ayer fue un día bastante agitado. ¿Recuerdas algo?

— Esto es mucha comida —murmuró revolviendo con los palillos.

— Sopa de miso, arroz, algunas tostadas, jugo, gelatina, ¿no te gusta?

— Parece demasiado, creo que el único que comería así en el desayuno sería Na-

Sasuke no terminó la frase, lo que hizo que la Dra. Aoyama frunciera el ceño. — ¿Sasuke, estás bien?

Atascado hasta el fondo, tratando de buscar ayuda.

El azabache agitó la cabeza. — Aa. Iba a decir algo, solo que lo olvidé.

Ella suspiró, aliviada. — ¿Cómo dormiste?

— Bien, hasta que me despertaron —rezongó, dándole un sorbo al jugo.

— ¿Qué hiciste ayer? —preguntó tratando de no sonar pesada.

Él mordió una tostada. — Tomé un baño y me pasé todo el día en la cama, leyendo. ¿Por qué?

— Nada. Te dejaré desayunar tranquilo.

— Hn.

Salió de su habitación pero se topó con alguien que no esperaba. Él le sonrió, mostrando sus dientes amarillos y casi podridos. — Ya casi no recuerda nada, ¿verdad?

Ella apretó sus labios y se cruzó de brazos. — Deberías estar en tu habitación.

— Oh, querida. Somos pocos y nos conocemos mucho... pero si quieres que su vida empiece de cero, ya sabes que método usar —canturreó mientras se alejaba.

Los puños de la Dra. Aoyama se cerraron con fuerza y caminó directo hacia su oficina. Nitori acomodaba unos papeles mientras le daba un sorbo al café, no se quejaba de su trabajo porque le encantaba pero no le venía nada mal un descanso. Se sobresaltó cuando su maestra entró dando un fuerte portazo. — ¿Sensei, qué sucedió?

— ¿Recuerdas ese paciente? Hace tres años atrás, Kinomoto.

Los ojos de ella se abrieron de repente y luego asintió. — Entró por esquizofrenia y luego de seis meses se recuperó.

— ¿Y recuerdas el por qué? —preguntó susurrando.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la joven y carraspeó. — ¿Con quién quiere probar otra vez ese método, sensei?

— Sasuke.

La muchacha comenzó a balbucear mientras que la mujer revolvía la biblioteca. — ¿Usted cree que sea necesario? No sabremos si el Uchiha se recuperará después de esto, además no sabemos si ahora es legal —murmuró lo último.

— Nadie tiene por qué enterarse de lo que hicimos para que se recuperara. Cuando esté como nuevo en Konoha, nadie preguntará por qué. Van a agradecerlo, pero primero hay que hacerle un test...

— Podría matarlo y-

— Un jutsu no lo matará. No es cuestión de voltaje sino de la intensidad de la corriente, además, si lo hicimos una vez, ¿por qué no otra? —comentó mientras sacaba un archivo lleno de polvo— Esto dirá como proceder sin hacer semejante daño.

— Sensei... —comenzó la muchacha— No creo que-

— ¿Estás adentro o no, Nitori? —preguntó y su voz fue fría y directa.

Ella tragó saliva y asintió. — De acuerdo.

Naoko suspiró. — Tenemos una buena razón, los recuerdos de Sasuke lo están matando. Llama a las enfermeras, que se aseé y que lo traigan para mi oficina.

— ¡Voy en camino!

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Sus dedos índice y anular se juntaron y golpearon la puerta con sutileza. Se sorprendió cuando ésta se abrió repentinamente soltando un molesto rechinido. Titubeó en entrar sin permiso, pero inhaló y en un impulso ya estaba pisando el suelo de madera, se quitó los zapatos y comenzó a caminar. — ¿Sakura?

Nadie contestó.

El ambiente era silencioso y lo único que alcanzó a ver fue unos papeles desparramados en el suelo del living. Quizás ella ya no estaba, dio dos pasos atrás pero paró en seco cuando una foto que reposaba en el piso llamó su atención. La atesoró en sus manos y levantó las demás hojas y a medida que leía, su cara se aterrorizaba más y más. Las lágrimas se incrementaron debajo de sus ojos y dejó caer los papeles y salió corriendo de allí. Dejó la puerta abierta y la fotografía cayó al suelo.

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— ¿Cómo te llamas?

— Uchiha Sasuke.

— ¿De qué color es esta pluma?

— Blanca.

El azabache suspiraba con cansancio ante las preguntas—que él consideraba estúpidas—de su psiquiatra. ¿Por qué preguntarle cosas tan básicas? Se sentía como una rata de experimento y más con la idiota de su "sirvienta" anotando todo.

— ¿Y entonces? Dime —la voz de Naoko colisionó en su cabeza y la miró, confundido.

— ¿Qué?

— ¿Por qué estás aquí? —volvió a preguntar.

Él cerró los ojos de repente y dentro de su cabeza, albergaba una imagen que para él solía ser conocida, la veía tanto que la tenía grabada en su memoria. — . Porque estaba triste.

No está en su personalidad normal, pensó la Dra. Aoyama.

¿Por dónde empiezo? Para recogerlo todo cuando se está cayendo a pedazos.

— ¿Por qué estás triste?

El ceño de Sasuke se frunció y su mirada se llenó de terror cuando vio los brazos que salían de las paredes. Están listos para atraparlo.

Sasuke.

Sasuke-kun...

Se alborotó en el sillón y apoyó la espalda en aquel lo más que podía, sus ojos seguían con desesperación los alrededores de la habitación.

— Sasuke, ¿qué sucede?

Miró a Naoko y al instante, las manos desaparecieron. Estaba respirando, agitado y sudaba en frío. — Las manos, en la habitación, quieren atraparme. Me quieren matar.

¿Por dónde empiezo? ¿Por qué parece tan difícil?

Nitori compartió una mirada discreta con sus sensei. — Uchiha-san, no hay manos que quieran dañarte. Nadie quiere lastimarte.

— N-no lo sé —susurró.

La Dra. Aoyama cerró su libreta de repente. — De acuerdo, Sasuke. Voy a hacer que las manos se vayan, pero debes ayudarme, ¿de acuerdo?

Él asintió, temeroso.

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— ¡Lo sabía, joder! ¡Sabía que algo andaba mal! —gritó el ninja apuntándola con un dedo.

Ella puso los ojos en blanco. — ¡Cierra la boca, estúpido pez! ¡Esto es serio!

Era uno de los restaurantes donde Chōji Akimichi amaba comer, pero hoy raramente, no estaba presente. El ex equipo Taka estaba apartado de la gente que degustaba gratificantemente su almuerzo. Jūgo jugaba con el extremo de la taza de café mientras miraba con preocupación a su compañera pelirroja.

— ¿Cómo estás tan segura, Karin? —preguntó en un susurro.

— Vi los papeles, estaban firmados por la Hokage y la otra vieja que me cae mal —dijo con algo de pesadumbre.

— ¿La Dra. Aoyama? Ella me regaló caramelos luego de terminar la sesión. Fue amable —la defendió el grandote.

— No lo sé, Jūgo. Tengo un mal presentimiento. Creo, creo que deberíamos ir a verlo.

— Aguarda, aguarda, aguarda —dijo Suigetsu agitando las manos— El maldito nunca se preocupó por nosotros, ¿por qué tendríamos que hacerlo? Además es ilegal, no quiero meterme en más problemas.

— En esa parte tiene razón el pez, él no dudo en matarme —susurró la pelirroja tocando la herida cerca de su hombro— Pero más allá de eso, estamos hablando de Sasuke-kun.

— No cuentes conmigo, estoy bien aquí, cobrando un buen sueldo, en una linda casa y haciendo misiones interesantes. Estoy fuera —respondió el muchacho de ojos violetas y se levantó dejando un billete y pagando el café.

Los ojos de Karin se dirigieron al único compañero que le quedaba. — ¿Jūgo?

— Estoy seguro que los doctores hacen lo que sea necesario para la salud de Sasuke. No hay que preocuparse, estará bien.

Y se quedó sola, llena de dudas y con una tristeza que destruía su corazón, mientras que el café emanaba humo y se enfriaba a la vez.

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El lugar mezclaba la humedad, lo gris y blanco. Una gotera insistente hacía que gotas cayeran en una esquina o esa era todo lo que podía observar. También escuchaba susurros de las enfermeras alrededor, pero no podía pararse. Acostado en la camilla, los cinturones lo sostenían firmemente para que no hiciera movimiento alguno. La Dra. Aoyama se acercó a él y lo miró. — Haremos esto y las voces desaparecerán, Sasuke.

Sus ojos manifestaban el nerviosismo y terror. Él nunca había estado tan asustado. Los cables en la cabeza y el casco le daban inquietud, no le gustaba no poder moverse. Pero él no tenía ni voz ni voto. Ya no más. Si esto iba a curarlo de lo que sea que esté sufriendo, entonces lo aceptaría.

— ¿Estás listo? —preguntó Naoko pero su voz sonaba lejana. Él asintió y ella colocó las dos manos en el casco. — Raiton... ¡Seishin-teki ten'i no jutsu!

Abrí la puerta hacia una pesadilla.

No sintió nada en los primeros cinco segundos, pero luego...

¡AHHHHH! —Sentía como si la cabeza estuviera a punto de explotar. La electricidad pasó desde la punta del cabello a los pies. Comenzó a revolverse en la camilla tratando de zafarse pero le era imposible. El dolor era intenso, las venas de la frente y el cuello comenzaron a resaltarse, los dedos de los pies a doblarse. — ¡DUELE, DUELE, JODER!

Sus ojos empezaron a humedecerse y los cerró. Una imagen se plantó en su cabeza, era todo blanco a su alrededor, pero podía ver como el rosa de su cabello resaltaba y sus esmeraldas también. Le sonreía con calidez, a su vez, alguien a su lado aparecía. Le era imposible olvidar su risa juguetona y su molesta manera de llamarlo: "Teme". Alguien detrás de ellos comenzó a mostrarse.

— Sakura, Naruto, Kakashi, ¿qué hacen aquí?

Sintió como si le acariciaban el cabello en gesto amistoso, miró hacia arriba y vio a Itachi, sonriendo.

— ¿Nii-san, qué está sucediendo? —preguntó y se observó así mismo. No llevaba la ropa de siempre, él... él tenía doce años. La voz de Naruto hizo que prestara atención.

— ¡Yo pensé que nunca tendría un vínculo real con nadie. Hasta que conocí a gente como tú e Iruka-sensei, sabía que siempre estabas solo, me sentí mejor al saber que había alguien como yo. Quería pasar a saludarte, simplemente me hizo feliz, pero no podía. Estaba celoso de lo fuerte que eras, por lo que te convertí en mi rival. Yo quería ser igual que tú. Empecé como nada más que... finalmente hice un lazo. Fuimos en misiones como el Equipo Kakashi y te perseguí... con ganas de ser tan fuerte, tan genial... ¡Estoy muy feliz de conocerte!

Sasuke frunció el ceño. — Naruto...

Sakura se acercó al oído de él. El azabache la miró confundido ante su acción. — ¿Por qué, Sasuke? ¿Por qué nunca me dices algo? Siempre este silencio...

— ¡Suéltalo! —gritó Kakashi— Debes olvidar las venganzas, créeme. En este negocio he conocido a muchos que han sentido como tú, en serio. Los que siguen el sendero de la venganza nunca terminan bien, solamente te alejarás del mundo, y aún teniendo éxito, consiguiendo tu venganza, ¿qué lograrás entonces? Nada, sólo un vacío.

El Uchiha se alejó dos pasos y los miró, desconcertado. Cualquier gesto que reflejase amor o alegría, desapareció de las caras de los presentes. Ellos solo lo miraban con seriedad.

— Recuerda, Sasuke —dijo Naruto.

— Por favor, Sasuke-kun —suplicó Sakura.

Ojala pudiera volver a casa.

— ¿Qué tengo que recordar? —preguntó irritado.

— De donde eres.

— De donde eres.

— De donde eres.

Las voces se entreveraron en su cabeza, fueron tantas que comenzaron a causarle un dolor inmenso. Se tapó los oídos y cayó al suelo, apretando fuertemente sus párpados.

— Sasuke.

Los abrió y se encontró en la tranquilidad de su habitación, la reconoció de inmediato a pesar que estaba viendo doble. Mareado y con sed.

— Sasuke.

A sus pies, vio a la Dra. Aoyama y era imposible adivinar su mirada pero tenía los labios apretados y jugaba con sus manos.

— Sasuke, por Dios, ¿cómo te sientes?

Se llevó una mano a la cabeza y se dio cuenta que tenía un venda alrededor de ella. A pesar de eso, él sonrió. — Me siento bien.

La mujer alzó una ceja. — ¿Qué tan bien?

— Genial... —respondió— Me duele la cabeza, pero me dieron ganas de hacer muchas cosas.

— ¿Qué cosas? —inquirió.

— Pintar, nunca aprendí a pintar. O quizás tocar un instrumento puedo hacer un montón de cosas. La vida es larga —comentó, agrandado más su sonrisa. Lo que hizo que ella sonriera también.

— Se te ve mucho mejor —respondió con entusiasmo.

— ¿Cuándo voy a poder levantarme, Naoko? —preguntó mirándola vehemencia— No me gusta estar acostado mucho tiempo.

Ella se sorprendió cuando la llamó por su nombre. El Sasuke que conocía nunca la habría llamado así, verdaderamente, el tratamiento había sido un éxito. — Eh... descansa un par de horas, ¿sí? Ahora vendrá una de las enfermeras a traerte la comida.

Se levantó de la cama pero antes que salga de la puerta, él dijo: — Muchísimas gracias.

La Dra. Aoyama se dio la vuelta y respondió: — De nada, Sasuke. Estamos aquí para hacerte sentir bien.

Naoko desapareció por la puerta y la sonrisa del Uchiha se desvaneció.

De verdad, tenía que salir de ahí, urgente.

¿Por dónde empiezo? Para recogerlo todo cuando se está cayendo a pedazos.


(*): Where do I even start by Morgan Taylor.


¿Qué tal?

Jesússss, falta tan poco para el final y no pongan ninguna cara, esto siempre fue un shortfic desde el principio. ¿Qué hará Karin, irá en busca del chico que ama? ¿Y Sakura, se quedará de brazos cruzados? ¿Naruto se enterará de la verdad? ¿Sasuke intentará escapar?

Chaaaaaaaaaaan. Lo sabremos el próximo miércoles.

Gracias por los reviews, los estoy contestando todos uno por uno.

Saludos, Misa xo.