Disclaimer applied. Masashi Kishimoto © Naruto.
Inspirado en Effy Stonem (Jamie Brittain & Bryan Elsely © Skins)
Anatomía de una mente autodestructiva.
Capítulo V: "Pensé que podía volar".
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No sé donde estoy.
Ambos se sentaron en un banco color blanquecino. Él jugaba con una rama rota mientras ella acomodaba algunos papeles. Cuando la Dra. Aoyama lo nombró, él se enderezó y la rama voló un par de metros.
— Me he dado cuenta que te aburres mucho aquí... —dijo en un suspiro.
Nevaba con intensidad pero ellos se hallaban debajo de un pequeño techo. Sasuke jamás fue fanático del calor. El verano siempre complicaba todo. Prefería las corrientes heladas y los grandes copos de nieve. No recuerda si era otoño o invierno, le dejó de preocupar hace mucho.
— Se podría decir que sí —le informó mirando hacia arriba. Naoko sonrió.
— ¿Qué tal si salimos de aquí y damos una vuelta... afuera?
Sasuke hizo una mueca imposible de adivinar pero luego sus ojos brillaron con intensidad. — ¿Afuera... del hospital?
— Sí, pero con vigilancia y encubiertos. Hay una aldea a un par de kilómetros, donde la mayoría de las aldeas principales suelen ir a comprar comida y ropa. Hay un parque también. Pensé que te gustaría ir... —dijo con lentamente, esperando a ver su reacción.
— ¡Quiero ir! —él simuló entusiasmo. Se sobresaltó ante su intensidad.
— Mañana comienza la Kamakura Matsuri, pero Sasuke... —interrumpió mirándolo con seriedad—. Algún intento con escapar, y no saldrás nunca más, ¿quedó claro?
— Sí.
Espero de pie en la parte de atrás. Y estoy cansado de esperar.
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Esperando aquí, en línea. Confiando en encontrar lo que he estado buscando.
— Sakura-neesan se ve triste hoy.
La dueña de ojos verdes dejó de mirar el panorámico de su ventana para observar al pequeño que se sentaba lentamente y con dificultad en la cama. — Oh Souta, haz despertado. Buenos días.
— Como lo estás viendo, Sakura-neesan —sonrió— Otro día más aquí.
Ningún destello de tristeza se notó en su cara al decirlo. Mucha gente conocía a Shouta en el hospital, era un pequeñin de nueve años con leucemia, una que despertó hace dos años.
— No digas eso —susurró ella y se dirigió a la carpeta colgada a la punta de su cama— Y no estoy triste.
El niño puso los ojos en blanco. — Sí lo estás —Ella comenzó a escribir cosas— ¿Es por Sasuke-kun?
El plumón hizo un zig-zag al mismo tiempo que su nombre fue nombrado. — N-no, no es por él. Algunas cosas están sucediendo.
— Sí... con Sasuke-kun. Venga ya, puedes contármelo. Soy el paciente más lindo del hospital —aseguró inflando su pecho.
— Es algo complicado... él está enfermo —murmuró acercándose a la ventana y observar las nubes grises.
Miré hacia el cielo. Estoy atrapada en el suelo.
— ¡¿Enfermo?! —exclamó como si fuera una blasfemia— Enfermo... ¿como yo?
Ella se dio la vuelta y le sonrió tibiamente. — No, nada de eso... —se acercó y le tocó la frente con dos dedos— Enfermo de aquí.
— Oh... ya veo —dijo llevándose una mano a la barbilla— ¿Se puede curar?
— Creo que sí, pero eso implica estar lejos de la aldea, de sus amigos, de mi... —contestó y su sonrisa se volvió a una triste.
— ¿Lo extrañas, verdad?
Él dio justo en el blanco.
— Por supuesto... —confesó— Quiero que esté bien, él ya ha sufrido mucho de aquí. — Y le tocó el pecho.
— ¿Y por qué no vas a verlo? —preguntó esperanzado.
Ella negó con la cabeza. — No está permitido.
— ¿Y si te necesita?
Un escalofrío pasó por su nariz y sus ojos se cristalizaron. Sakura miró hacia la ventana una vez más. — Él siempre demostró estar bien por su cuenta pero, las veces que lo miraba fijamente, estaba segura de que él necesitaba un abrazo, una compañía. A él, le arrebataron todo y yo... No es algo que pueda superar, lo veo solo, indefenso... y quiero darle todo lo que hace falta.
Así que, ¿por qué lo intento? Sé que me voy a ahogar.
Él la rodeó con sus pequeños brazos. — Eres alguien muy buena, Sakura-neesan. Y Sasuke-kun se merece a alguien como tú.
Ella correspondió el abrazo. — Solo quiero que sea feliz, incluso si no es conmigo. Quiero que esté frente mío y diga: "Estoy bien" y una vez que lo sepa, prometo alejarme y no molestarlo nunca más.
— Él merece ser feliz, al igual que tú. A las personas buenas, le pasan cosas buenas. Solo hay que esperar, Sakura-neesan. Mi mamá decía que el tiempo hace esclavo a cualquiera. Mírame a mi, aún estoy vivo.
— Que Dios te escuche, Shouta. Ojala lo haga.
Nunca sabré por qué todo se viene abajo.
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Su bolso era color gris oscuro y tenía lo suficiente como para tres días. Suspiró y se ajustó los anteojos. La cama estaba hecha, todo completamente ordenado. Lo que necesitaba estaba escrito en un papel que se escondía en su sostén.
No estoy lista para dejarte ir.
Lo que estaba haciendo no estaba permitido, era ilegal. Se lo hizo saber a sus compañeros pero nunca podrían sospechar de lo que iba a hacer, si iba a hacerlo. Él estaba mal, ella se lo llevaría lejos, lejos de todo el mal que los hospitales y la ley ninja podría hacer.
Porque entonces nunca sabría lo que me estoy perdiendo.
Se acostó en la cama y sus párpados comenzaban a debilitarse. Karin cayó en los brazos de Morfeo, antes de su gran partida.
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— Se ha largado la nieve con fuerza —ella murmuró. Costaba creer que con gente como él se hacía un gran silencio, pero desde que él se enteró que tan mal estaba su amigo, todo el esfuerzo que había hecho ella para animarlo, cayó en picada. Hinata se acercó a Naruto con un plato caliente de ramen—ella había aprendido hace poco a cocinarlo—, pero el rubio seguía tirado en la cama, mirando la ventana. — Naruto-kun... ya está el almuerzo.
Se removió en su lugar y se levantó, largando un suspiro. — Está pronosticado a que llueva toda la semana, datte-bayo.
La chica de ojos perla se sentó al lado de él, sonriendo tímidamente. — ¿Sabes? Podrías pedir una de las misiones fáciles, ir lejos, distraerte un poco.
El rubio levantó las comisuras de su labio. — ¡Tienes razón! Sakura-chan debe venir conmigo, ella también está mal.
Así que, ¿cuándo me rindo para renunciar lo que he estado deseando?
La sonrisa de ella se esfumó pero luego comenzó a forzarla. — Es una gran idea.
Él sorbió los fideos. — Y claramente tú también, Hinata. Esto está delicioso nee.
Ella río. — En vez de comerlo instantáneo, hacerlo casero es muy fácil, Naruto-kun.
— Sé que te lo digo muy seguido, Hinata. Pero, muchísimas gracias.
Un color carmín se concentró en sus mejillas. — Por nada.
La nieve siguió cayendo mientras el animo del Uzumaki se incorporaba con el pasar de la tarde.
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— ¡Aoyama-sama! ¡Aoyama-sama!
El grito de la enfermera la alertó y dejó de firmar los papeles esparcidos por su escritorio. Llegó agitada y despeinada.
— ¿Qué sucede? —preguntó alzando una ceja.
— Uchiha-san, está descontrolado —chilló y la mujer frunció el ceño y apretó sus labios. Se paró de inmediato y comenzó a correr. Los gritos retumbaban en los pasillos y los presentes en ellos, se daban la vuelta tratando de buscar de dónde prevenían los gritos.
— ¡Lárguense! ¡Quiero ir a casa! ¡¿Quién mierda son ustedes?!
¿Por qué estoy tratando? Sé que me voy a caer.
El azabache maldecía y manoteaba a los enfermeros, que una vez más, trataban de detenerlo. — ¡Sasuke! —exclamó furibunda. Había que radicar este problema y era urgente. — Llévenlo a la sala de electro, estoy cansada de esto —le susurró a una de las enfermeras, y ésta asintió, sacando una jeringa del bolsillo.
— Tranquilo, Uchiha-san.
Él miró la aguja con terror para luego fruncir el ceño. — ¡Sharingan! —. Pero sus ojos no fueron carmesí en ningún momento.
— No te resistas, Sasuke. No puedes usar tus habilidades aquí.
El moreno se tranquilizó y dejó que la enfermera se acercara. — Quiero a Itachi. Quiero irme de aquí.
— ¿A Itachi? —preguntó.
— Y visitar la tumba de mi madre... su cumpleaños se está acercando —susurró mientras el contenido de la aguja se metía en su sistema.
— ¿Visitar su tumba? ¿Qué hemos dicho? Pasó pero nunca pasó —dijo ella seriamente, y él caía lentamente al suelo.
— Pasó pero nunca pasó —repitió, mecánicamente.
El azabache perdió la consciencia.
Pensé que podía volar, entonces, ¿por qué me ahogué?
En lo único que podía pensar era en el intenso dolor que sufría su espina dorsal y su cabeza. Dios, sentía que sangraba o que estaba a punto de estallar. Su cuerpo entero también dolía, estaba como entumecido o como si le hubieran dado una buena paliza.
Tampoco consideró estar despierto pero ver borroso o ver sombras, era lo más cercano y seguro que tenía a despertarse. — ¡¿Sasuke, estás despierto?! ¡Paren con los choques! ¡¿Sasuke?!
Y fue arrastrado por las sombras, una vez más.
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La noche cayó rápidamente en la aldea de la Hoja. Su mirada estaba decidida pero en el fondo sentía un gran nerviosismo. Salió por la ventana, saltando entre techos y techos hasta llegar a la entrada.
— Así que... lo irás a buscar.
— Y sin nosotros...
Ella paró en seco y se dio la vuelta. — ¿Suigetsu, Jūgo?
Ambos ninjas estaban mirándola fijamente, pero un cierto detalle no pasó desapercibido por la pelirroja. Los dos tenían una mochila colgándole por la espalda. — ¿Creías que te iríamos dejar ir sola?
Karin los miró con confusión. — Pero... ustedes dijeron...
— Sí, idiota —contestó el ex ninja de la niebla— Sé lo que dijimos, pero a pesar de que Sasuke haya sido un gran hijo de puta de los hijos de puta..., todo el mundo puede redimirse.
— Yo prometí que lo salvaría con mi vida —respondió el grandote— Y si las cosas están tan mal como dices, pues, no debe quedarse ahí adentro.
Los ojos de la pelirroja brillaron y asintió. — De acuerdo, Taka, esta es nuestro última misión: Rescatar a nuestro líder.
— ¡Vamos por ellos! —bramó Suigetsu.
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Abrió sus párpados con extrema lentitud, lo primero que notó era que estaba cubierto por muchos acolchados y que tenía mucho frío. Su segundo pensamiento fue de que el dolor de cabeza había desaparecido por completo y que el vacío de su pecho, que venía sintiendo desde que era pequeño y que nunca supo por qué, se había evaporado. Se sentó en la cama.
— ¿Cómo te sientes, Sasuke? —preguntó una voz, y alzó la vista para encontrarse con la Dra. Aoyama.
— Bien, ¿por qué me siento tan bien? —murmuró y sonrió de medio lado.
— ¿Te sientes bien? ¿Qué recuerdas?
— Lo que recuerdo... —él dijo, levantándose de la cama— ¡Es que... tenemos una fiesta a la cual ir!
Ella frunció el ceño. — No, lo pospondremos. Iremos otro día, debes descansar.
Sasuke apretó los labios. — Lo prometiste.
— Lo sé y-
— Me siento bien. Salgamos —insistió.
Ella le dirigió una mirada llena de inseguridad pero finalmente suspiró y asintió. — De acuerdo, pero ya sabes las reglas.
Él, extrañamente, sonrió.
Confiando en encontrar, lo que he estado buscando.
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Luchando contra la nieve y las grandes ráfagas, Sakura se encontró así misma enfrente de su casa.
Su respiración se cortó cuando encontró la puerta de su apartamento, entreabierta. Ella la había dejado cerrada antes de salir ayer en la noche, ¿verdad? O quizás se había olvidado, pero era imposible... Se puso en posición de defensa y con su mano derecha la empujó para abrirse completamente, largando un chirrido insoportable. No sentía ningún chakra. — ¡¿Quién está ahí?!
Sintió algo debajo su pie y cuando lo levantó, pensó en lo peor. Era la foto de Sasuke. Los papeles estaban esparcidos. La puerta entreabierta. Salió rápidamente de allí, cerrando la puerta con llave y yendo en dirección a la casa de cierto rubio.
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— De acuerdo, aquí nos separaremos —ordenó la pelirroja, mientras que llegaban a las puertas de un pueblo. Suigetsu comenzó a observar alrededor de la aldea con una mirada bastante confundida.
— Creo... que estamos perdiéndonos de algo.
Y fue ahí cuando sus otros dos compañeros miraron al pequeño pueblo y cómo estaba decorado de una manera bastante peculiar. El blanco prevalecía como una típica tradición, acompañado con el rojo y el dorado. Todo el mundo vestía de colores pálidos y la risa de los niños podrían escucharse por todos lados.
— Ellos están felices en su Kamakura... —escucharon de repente. Taka volteó a ver a una anciana que les sonreía gentilmente. — ¿Son de Konoha, verdad? —. Los de Taka asintieron con desconfianza y la sonrisa de la mujer se agrandó más. — Soy Airi. Estamos en deuda con Hokage-sama, la aldea de la Hoja nos ha ayudado mucho para desarrollarnos como una aldea. ¿Quieren tomar algo caliente?
Karin posó una mirada significativa en sus dos compañeros pero ellos se mantuvieron callados hasta que Suigetsu rompió el silencio con una sonrisa traviesa. — Estamos congelándonos aquí.
La pelirroja suspiró. — Nos gustaría...
— ¡Vengan, síganme! —exclamó la anciana, que hablaba más alto ya que la música había comenzado. El ex equipo Hebi estaba deleitado con lo que veían alrededor a medida que se adentraban al pequeño pueblo. Algo se festejaba y ellos se sentían incómodos al no saberlo. Llegaron a un pequeño bar familiar, y el calor colisionó con sus cuerpos. Jūgo suspiró mientras se quitaba la bufanda.
— Disculpe, ¿qué se está festejando? —preguntó con cierta timidez a la señora que le alcanzaba una taza de café caliente.
— La Kamakura Matsuri —respondió mientras tomaban asiento en unas mesas apartadas— Servirán Yakisoba, ¿lo han probado alguna vez? —Ellos negaron—. Es una delicia.
La pelirroja jugó con sus dedos, nerviosa. — Airi-san, ¿puedo hacerle una pregunta? —La mujer asintió mientras le servía más café a un alegre Suigetsu—. ¿Conoce en qué dirección se encuentra el hospital de Aoyama Naoko?
Ella se llevó una mano a la barbilla y luego levantó el dedo como si se le hubiera prendido la lámpara. — A una tarde de aquí, hacia el oeste.
Karin suspiró aliviada. — Muchísimas gracias.
— ¿Tiene a un amigo allí? —preguntó curiosa. Jūgo taladró a su compañera con la mirada.
— Oh no —mintió, había entendido el mensaje perfectamente—. Tenemos que hacer una consulta por un familiar. Al parecer está viendo cosas... que no existen. Y queremos un tratamiento.
— Está cuckoo-cuckoo —agregó Suigetsu mientras se tocaba la frente.
— Lo lamento mucho —expresó la mujer con cierto dolor en sus ojos. — Espero que su familiar se recupere pronto.
— Iré... —Karin se levantó ganándose la mirada de los presentes—. A recorrer el pueblo, vendré en un rato.
Ellos asintieron y entablaron una agradable conversación mientras su compañera salía por la puerta.
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— No me lo habías dicho —afirmó.
Naruto estaba descalzo, despeinado y en pijama, podía ver su expresión de dolor y decepción. Ella apretó los labios—. Lo siento, pero si sabías... irías detrás de él y sabes que no es lo correcto.
— ¡Al diablo con lo correcto! —exclamó con el ceño fruncido. Sakura contuvo su respiración. — ¡¿Cómo pudiste ocultarme semejante cosa?!
El rubio era alguien que solía expresarse a los gritos pero jamás, casi nunca, se enojaba con ella. Él tenía razón, tenía todo el derecho de enojarse con ella pero tenía que entender que era por un bien mayor.
— Aguarda... —susurró ella— ¿Tú no estuviste en mi casa hoy?
Naruto se tranquilizó y la miró, extrañado. — Claro que no.
— Entonces... ¿quién?
Pasaron unos segundos hasta que los orbes verdes de ella se abrieron desmesuradamente y su amigo la miró con cautela. — ¿Sakura-chan?
— ¡Mierda! —maldijo, levantándose bruscamente de la silla. — ¡Mierda!
Y salió corriendo y saltando por la ventana en presencia de la vista absorta del rubio. — ¡Sakura-chan, espera!
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Los guantes y la bufanda la abrigaban con fervor y cuando exhala, un ligero humo salía de su boca. Sus pasos eran lentos, le gustaba apreciar todas las luces y la nieve cubriendo las casas. Los pequeños niños, riendo y haciendo sus Kamakura, los comerciantes ofreciéndole cualquier tipo de comida pero ella negando. Todavía tenía en mente su misión y era encontrar a Sasuke, eso era lo más importante en este momento.
Caminó unos metros más y vio las últimas casas, la pequeña aldea ya terminaba. Suspiró y dio el recorrido por terminado, dándose la vuelta para volver al bar.
Y ahí todo pasó tan rápido.
Dolió cuando la arrinconaron contra uno de los callejones, haciendo que sus gafas se sacudieran pero no fue suficiente fuerza como para que se cayeran. — ¡¿Qué diablos?! —. Acomodó sus anteojos para ver mejor a su atacante, y cuando lo hizo... su respiración comenzó a fallar y sus ojos se abrieron tanto que parecía que salían de sus cuencas. Jamás, nunca en su vida, podía olvidar esos ojos ónices por nada del mundo. El chico estaba ahí parado, mirándola con seriedad, esa seriedad y frialdad que solía caracterizarlo. Lucía cansado y estaba completamente pálido. — ¿S-Sasuke-kun? —Su voz tembló y sus ojos brillaron. Él la tomó del brazo y comenzó a arrastarla hacia el bosque. — ¡Sasuke-kun! ¡Hemos estado buscán-...!
— No hay tiempo —dijo él y comenzó a correr, sin soltarla del brazo. La pelirroja comenzó a tropesar pero trataba de seguirle el ritmo. — Hay que salir de aquí, lejos, tú y yo —decía sin quitar la vista del frente.
El color carmesí dominó las mejillas. — ¿Tú y yo?
El azabache asintió mientras miraba hacia todos lados, alerta. — Tenemos que comenzar a correr...
— ¡Aguarda! —chilló ella, soltándose del agarre del moreno. — ¿Cómo...? ¿Cómo hiciste para escapar?
— ¡Eso no importa! —exclamó Sasuke, dándose vuelta y clavándole la mirada. Parecía frustrado y su frente dejaba ver su sudor— ¡Debemos huir! ¡Se la han pasado dándome choques eléctricos! ¡Estoy cansado de esto, Sakura!
Karin palideció y sintió como su corazón se hacía pedazos, con lentitud. El azabache siguió caminando con rapidez pero ella no avanzaba. — Soy... Karin —murmuró, pero no sabía si él la había escuchado. Apretó sus puños y comenzó a seguirlo.
No estoy lista para dejarlo ir, porque entonces nunca sabré lo que podría llegar a perderme.
(*): Down by Jason Walker.
Oh shittttt.
El próximo capítulo, definitivamente será mi preferido. Es un capítulo bastante importante en el fanfic y creo que a muchos de ustedes o a los que leen el manga (el 690), notaron la cara de Sasuke cuando se acabó la guerra, esa cara de tristeza y confusión, el siguiente capítulo es perfecto para ustedes.
Perdón por la tardanza, pero prefiero no subir nada antes de que tener que subir así no más. Los reviews los estoy contestando además de todas sus dudas. Falta poco para el final y no puedo estar más triste que ustedes.
El próximo capítulo se inspiró en el momento de crisis de unos de mis personajes favoritos, y nunca vi sufrir tanto a alguien así que para los amantes de Skins, espero que lo disfruten.
La pregunta del millón es, ¿logrará Sasuke ser feliz?
Nos leemos en el próximo capítulo titulado: "Devuélveme a la vida". Y he aquí un pequeño adelanto.
— He estado aquí antes... —susurró él— Algo malo sucedió aquí...
— ¿Qué? —preguntó ella.
— Yo... —los ojos perdidos de Sasuke se dirigieron al suelo, recorriendo las ruinas y la tierra removida—. Alguien se lastimó, estaba sangrando.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la pelirroja. — De acuerdo, Sasuke. Esto ya es tenebroso y no es divertido.
— Alguien se lastimó, ¿de qué estás hablando? —dijo, encarándola.
