Disclaimer applied. Masashi Kishimoto © Naruto.

Inspirado en Effy Stonem (Jamie Brittain & Bryan Elsely © Skins)


"Poco a poco el olvido me lleva frente al vacío que me absorbe. Con los ojos bien abiertos contemplo como la noche engulle todo lo que he querido y lo que quizás solo he soñado. Poco a poco todo se aquieta y se hace el silencio." —Miquel Martí i Pol.


Anatomía de una mente autodestructiva.

Capítulo VII: "Quédate tranquilo".

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Quédate tranquilo y sabrás que estoy contigo.

Sasuke Uchiha había tenido su primer ataque luego de su intento de suicidio y había sobrevivido sin ser medicado por intravenosa. Bien. Para él, no era nada especial pero para Kenta Aoyama, su nuevo doctor, era un gran avance. Haber podido encontrar la calma interna y haberse poder dormido por su cuenta, era algo que un paciente con todos sus problemas le costaría semanas pero él lo había hecho en poco tiempo.

Más allá de haber obtenido la paz, eso no se notó cuando sus gritos espantaron a casi todo el piso del hospital, haciendo que cierta muchacha se preocupara de sobremanera.

—Por favor... —susurró angustiada— Solo unos segundos.

El hombre se revolvió incómodo en el lugar, la chica estaba al borde del llanto y podía notarse la amargura en sus ojos. — Lo siento, Sakura. Sabes que no puedo, no sé si está preparado para semejante cosa.

—Pude escuchar sus gritos... —murmuró— Parecía que pedía por ayuda, fui corriendo a su habitación pero los ANBU me detuvieron en la puerta.

—Nadie puede entrar, es una orden directa de la Hokage —recordó— Y mia. No tengo nada en contra tuyo ni en contra de tus amigos, no es personal pero me importa la vida de mi paciente. Siendo médico... debes saberlo.

—Lo sé, pero siendo Sasuke-kun... no puedo soportarlo —dijo— Por favor, haga que se recupere. Si en cualquier momento necesitada mi ayuda... —le alcanzó un papel— Esa es la dirección de mi casa, estaré siempre disponible. Tendré que ir a una misión corta ahora mismo pero mañana volveré.

Quédate tranquilo y sabrás que estoy aquí.

—De acuerdo, trataré de ponerte en contacto con Sasuke lo más pronto posible, siempre y cuanto, él quiera verte también.

La kunoichi rió tristemente. —No lo veré nunca, entonces.

—¡Sakura-san! —Una enfermera corriendo hacia a ellos, algo agitada y nerviosa. —Estamos teniendo un problema con un paciente...

—Oh, iré enseguida. Dr. Aoyama... ¿podría darle esto a Sasuke-kun? No es nada que pueda hacerse daño así mismo, es solo... —Era una collar, parecía de oro, con una flor en medio. Una flor que brillaba con intensidad, era de color rosa pálido. —Me lo dieron de pequeña, mi padre... cuando él se fue a una misión, lo hizo para que yo no sintiera miedo. Y ahora por más que lo tenga, Sasuke es el quien no debe sentirlo.

—Se lo daré —dijo sonriendo tibiamente— Adiós, Sakura. Suerte tu su misión.

—Adiós y gracias, Dr. Aoyama.

Kenta vio como la chica de cabellos rosas se perdía por los pasillos, seguida de la enfermera. Dio un par de pasos y le asintió a los AMBUS que estaban en la puerta. La abrió con cautela y metió la cabeza para divisar a cierto azabache, que se encontraba sentado con su mirada completamente concentrada en su cama. No precisamente en su cama, sino todo lo que estaba esparcido sobre ella. Recortes, fotos y palabras pegadas.

—¿Sasuke? —llamó. Pero él no levantó la cabeza. —Sasuke... hola.

—Hola —murmuró mientras acomodaba las letras.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó, el hombre paró en seco cuando observó lo que estaba cerca del moreno— ¡Sasuke! ¡¿Cómo obtuviste esto?! —Tomó la tijera de metal que estaba a un lado del pegamento. —¡¿Quién te lo ha dado?!

—Me levanté hace una hora, ya estaba arriba de la mesa, pensé que habías sido tú —se defendió con el ceño fruncido.

—¿Estás seguro? —inquirió.

—¿Sabes qué? Si vas a hacer una increíble escena por esto, toma, llévatelo —dijo enojado y tirando los recortes de arriba de la cama— Voy a dormir.

—Sasuke... —suspiró el hombre— No hay nada malo con que pegues recortes o mires fotografías, pero no puedo dejarte usar tijeras.

—¡¿Por qué no?! —exclamó iracundo.

—Porque... no es seguro —finalizó.

El azabache lo miró como si lo hubiera insultado. —No voy a... olvídalo. —Sasuke se acostó, tapándose hasta arriba y dándole la espalda. Kenta puso los ojos en blanco.

—Sasuke...

—¿Con quién hablabas ahí afuera? —preguntó de repente. Uchiha Sasuke no era de las personas curiosas pero lo habían nombrado, y esa voz... le sonaba tan conocida para él.

—¿Te interesa? —remató.

—Estaban hablando de mi, ¿o no? —cuestionó una vez más. El hombre tenía una obsesión a la hora de suspirar rendido.

—Sí, con una amiga tuya —le dijo suavemente mientras tomaba asiento en los pies de la cama.

—¿Amiga? —se dio la vuelta para mirarlo, con una ceja alzada— ¿Quién?

—Haruno Sakura.

El ambiente en la habitación comenzó a hacerse pesado cuando el Uchiha menor no dijo nada, tan pesado que podría cortarse con un cuchillo. La mirada en los ojos de Sasuke había cambiado, sus mandíbula estaba apretada. Era como si quisiera decir algo pero no sabía cómo escoger las palabras.

Durante las sesiones con Naoko Aoyama, Sasuke no recordaba haberle hablado de sus amigos, quizás sí de su familia, pero cada vez que esforzaba por acordarse qué era lo que había pasado en la estancia de aquél siniestro hospital, un intenso dolor dominaba en su cabeza y todo se volvía blanco.

—¿No vas a decir nada? —curioseó al ver como la cara de él se modificó.

—Traté de matarla y ella me trató de matar a mi —soltó. Y el hombre intentó no sorprenderse pero teniendo en cuenta todo el cariño y la atención que la chica había demostrado hacia su paciente, le era imposible imaginar que alguna vez, por cualquier razón que fuese, hubiera intentado atentar contra la vida de Sasuke.

—¿Te arrepientes?

Sasuke cerró los ojos y se dejó ir por unos segundos, no había pensado nada en particular pero su cabeza se centró solo en el nombre de la muchacha recientemente mencionada. Volvió a abrirlos. —No, lo hecho está hecho.

Cuando la oscuridad venga sobre ti y te cubra con miedo y vergüenza...

El hombre le mantuvo la mirada por unos segundos. —Si tuvieras la habilidad de retroceder el tiempo, ¿qué es lo que cambiarías?

El azabache inhaló. Habían tantas cosas, pero por más que cambiara sus decisiones, él no podía cambiar las de todos los demás. La avaricia de su padre, la amabilidad de su hermano, la persistencia de Naruto y Sakura.

Naruto y Sakura. La mirada de Sasuke se volvió llena de indecisión y nerviosismo. —No puedo recordarlos... —murmuró.

—¿Qué?

—Sus caras, no puedo recordar sus caras... Naruto y Sakura. Siempre que tengo recuerdos sobre ellos, sus caras me aparecen en blanco. No puedo... no puedo...

—Está bien, Sasuke. Es algo normal, tuviste unas sesiones que son para olvidar exactamente eso —lo tranquilizó— Pero vamos a revertirlo.

—¿Y si no lo quiero revertir?

El hombre le sostuvo la mirada por unos segundos. —Sasuke, voy a decirte algo muy importante, la memoria del ser humano es única como nosotros mismos. Mi hermana pensó que quitándote la memoria iba a conseguir que te recuperaras. Eres una persona que es esclavo de sus recuerdos, pero los recuerdos te hacen la persona que eres hoy, con tus errores y virtudes, este eres tú. Y sí, tienes una enfermedad mental, y sí, terribles cosas te han pasado pero eso no le da derecho a robarte algo tan maravilloso como tu memoria. Y yo sé que en tu mente, cosas horrorosas son las que piensas día a día, pero mucho más allá de eso... Naruto, Sakura, y Konoha, sea cual sea la relación que tengas ahora, formaron una parte muy bella de tu pasado. Y quizás eso sea lo que te haga sanar, a pesar de tu negación. Hubo un día donde amaste a esas personas, aférrate a eso y déjalo ser.

La habitación se introdujo en un silencio y los ojos de Sasuke se dirigieron a la ventana. —Ellos solo me recuerdan a todo lo que hice mal... y si pudiera olvidar todo acerca de tener lazos luego de la masacre, lo haría. Quiero dejarlo así.

Kenta se paró y se encaminó a la puerta, pero antes de salir, fue hacia la mesa de luz y dejó la joya. —Al parecer, Sakura no tiene ganas de revertir nada. Y no creo que lo haga.

Y salió de allí, dejando al Uchiha con la palabra en la boca... mientras miraba de reojo el collar que reposaba en la madera pulida.

Quédate tranquilo y recuerda que estoy contigo. Y diré tu nombre.

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—¡Está estable!

La muchacha de ojos verdes suspiró mientras secaba el sudor de su frente. Su alrededor pareció desinflarse cuando el pulso del pequeño Shouta quedó inalterable. De un momento a otro, las enfermeras comenzaron a aplaudir y el nudo en la garganta de Sakura desaparecía con el pasar los minutos.

—Es el sexto paro en tres semanas —comentó una de las practicantes— El cuerpo se hace cada vez más débil...

—Lo sé —contestó la kunoichi— Pero mientras podamos salvarlo... se quedará con nosotros.

Se marcho no sin antes arropar y dejar un dulce beso en la frente del niño.

Cuando Sakura salía del hospital, sentía que toda la presión en el cuerpo se esfumaba y que todas las preocupaciones se encerraban en el blanco edificio... pero había otras que la seguían hasta casa. Y trataba de no pensar en ellas, de no pensar en él. Pero estaba solo a metros y habitaciones a distancia y se sentía tan mal por no poder verlo... y lo peor de todo era que él no se interesaba en querer hacerlo también.

Es obvio, ¡para alguien que trató de matarlo!, pensó internamente. ¿Por qué las cosas tenían que ser tan complicadas? Debería haberse marchado ese día con él, y en silencio. Sin decirle ninguna estupidez, ir detrás de él y a pesar de que él le dijera algo... ella debería haber insistido, más y más. No había día en el cual Sakura Haruno no quisiera regresar hasta el día donde Sasuke se fue de la aldea, o aún mejor, el día de la matanza de su clan.

Para quedarse con él, abrazarlo y susurrarle que todo estaría bien. Para decirle que el mundo era una desastre pero que podían crear uno hermoso, los dos.

—Sakura.

Una dulce voz hizo que subiera la mirada. —¿Hinata?

La muchacha le sonrió tibiamente. —¿Ha terminado tu turno en el hospital?

—Sí, algo parecido. ¿Qué hacías tú por aquí?

—Haciendo algunas compras, la heladera de Naruto-kun siempre está vacía —comentó con timidez.

La sonrisa de Sakura se ensanchó. —Gracias... por todo lo que estás haciendo por Naruto, y lo que hiciste. Si no fuera por ti, él probablemente sería un desastre ahora mismo. Espero que se de cuenta que tiene a una gran chica a su lado, y me disculpo si no lo hace, suele ser muy cabeza hueca además de ciego.

El carmín se apoderó de las mejillas de la Hyūga. —D-de nada, no es ninguna molestia.

—Me gustaría quedarme a charlar, pero tengo que ir a prepararme para una misión. Envíale saludos al idiota de mi parte.

Hinata rió. —Que tengas buen día, Sakura. Suerte.

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—Como sabes solo he tenido respuestas rápidas por parte de tus compañeros, tú no podías hablar con nadie porque te había agarrado un ataque de nervios. Y es completamente entendible, ¿puedo llamarte Karin, verdad?

La pelirroja asintió mientras le daba un sorbo a su café caliente. Karin había mejorado desde la última vez que la había visto, ya no andaba tapada con grandes sábanas a donde quiera que fuese ni tenía grandes ojeras en sus ojos. —Me han dado calmantes... fue todo... muy shockeante.

—Sé que se lo he dicho a mucha gente, pero pido disculpas por parte de mi hermana —comentó apenado.

—Sin ofender ni nada, pero su hermana es una jodida perra —soltó con crueldad.

Al contrario de enojarse, Kenta lanzó una risotada. —A veces actúa así, pero es una doctora muy dedicada que a veces no entiende de límites. El tratar de querer curar a todo el mundo... logra nublarle el juicio.

—Doctor, ¿qué es lo que Sasuke-kun recuerda? —preguntó con preocupación— Nadie lo ha podido ver más que yo... pero él no era él el día que intentó matarse.

—Lo sé, siéndote sincero, yo tampoco estoy seguro. Estos tipos de procedimientos siempre se hacen con un familiar ya que ellos me dicen todo sobre el paciente e incluso sus memorias o lo que creen que él debe saber. Pero en el caso de Sasuke es como un libro con páginas en blanco. No sé hasta qué punto recuerda y hasta cual olvidó.

—Si quiere yo podría...

—Lo siento, Karin. Sé que lo conoces a Sasuke pero necesito a personas que hayan tratado con él desde que era pequeño también, por eso tengo que entrevistar a Haruno Sakura y Uzumaki Naruto.

Ella apretó la mandíbula. —Pero puedo decirle cómo era él cuando estaba en Taka... cuando nos encomendó buscar a Itachi para asesinarlo.

—Lo que quiero saber fue exactamente lo que pasó hasta el intento de suicidio.

La pelirroja asintió. —Había ido a casa de Haruno Sakura para hablar con ella, encontré papeles esparcidos en el suelo y fotos de Sasuke, por curiosidad... leí un par de cosas y salí corriendo de allí. Me encontré con mis compañeros para contarles y convencerlos de ir a buscarlo pero ellos se negaron, así que decidí ir sola. Cuando estuve a punto de irme, ellos aparecieron diciendo que me apoyaban y que iríamos todos juntos, como equipo —esbozó una sonrisa— Y llegamos a una aldea muy pequeña y una señora nos recibió, luego de tomar algo caliente, decidí ir a recorrer el pueblo... cuando llegue al final de éste, alguien me acorraló en los callejones, fue tan rápido que no tuve el tiempo de leerle el chakra. Y era Sasuke-kun. Lucía nervioso, cansado y ojeroso. Tenía prisa por irse, por lo cual decidí seguirlo, todo iba bien... hasta que...

—¿Hasta qué?

—Él me llamó "Sakura" —respondió con algo de resentimiento en la voz.

Eso si logró sorprender a Kenta. —Continua.

—Preferí seguirle el juego, sabía que él estaba mal pero nunca supe qué tanto... y llegamos a un lugar bastante desierto y destruido. Nada llamaba más la atención que el símbolo de los Uchihas en una de las paredes, ahí fue cuando Sasuke comenzó a perder los estribos. Hizo una pregunta como: "¿Escuchaste esa voz?", y yo jamás escuché nada. Empezó a decir como que reconocía el lugar, que alguien se había lastimado allí y comencé a ponerme nerviosa. Pensé que era una gran broma y toda la verdad brotó de mi boca, le dije quienes éramos, que sí me conocía... pero él lo negaba totalmente —la voz de la pelirroja quebró— Él decía que no me conocía, y yo insistí... y después él comenzó a gritar, diciendo que él había matado a Itachi en ese lugar, que no había nadie y que estaban todos muertos y comenzó a gritar a los cuatro vientos algo así como: "Pasó pero nunca pasó" y sin querer, le di una bofetada. Pensé que se calmaría, que era algo del momento, pero fue muchísimo peor. Pidió que lo golpeara otra vez, que no tenía miedo. Eso lo repetía siempre: "¡No tengo miedo! ¡Golpéame!".

—Luego salió corriendo hacia la cascada, ¿verdad? —preguntó mientras su muñeca y el bolígrafo se movían a velocidad del viento.

La muchacha asintió. —Nunca lo había visto así.

—¿Por qué vas tan lejos por él?

Las lágrimas comenzaron a caer de los ojos de ella con rapidez. —Lo amo.

—Ya veo... ¿él correspondió tus sentimientos alguna vez?

A Karin la golpeó la cruel realidad. —No, él tiene sentimientos por otra chica y no soy yo —dijo con algo de resentimiento y soledad en su voz.

Kenta alzó una ceja. —¿Qué quieres decir?

—Sakura. Y con eso le digo lo suficiente, y seguro que le habrá dicho mucho a usted.

—Sasuke no me ha dicho nada —respondió— Y creo que estás equivocada, él no muestra tener sentimientos por nadie. Y eso es un gran problema.

—Sasuke-kun siempre ha aparentado no tener sentimientos por nadie, pero no es así —habló— Y los tiene por Sakura y Naruto. Son personas importantes para él, quizás no lo admita... pero si algo llegara a pasarles a ellos, él se desmoronaría, aún más si es posible.

El hombre anotó lo que la chica le había dicho en mayúscula y lo remarcó. —Muchas gracias por tu tiempo, Karin —la chica iba a decir otra cosa pero el hombre la interrumpió— Y sí, cuando Sasuke quiera verte o yo lo consideré correcto, dejaré que entres a visitarlo.

Ella sonrió mientras se secaba las lágrimas. —Muchísimas gracias, Aoyama-san.

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Sakura deslizó su cuerpo por el saco de dormir y su mirada se dirigió al cielo completamente estrellado. Ino dormía pacíficamente a unos metros, antes de seguir el camino hacia Konoha, habían decidido tomar un pequeño descanso. La kunoichi de ojos verdes se encontraba agotada por sus horarios del hospital, agregándole sus problemas personales, su mente estaba en crisis. Ironía pura. No debería estar quejándose de ella cuando sabía que cierta persona estaba pasándolo peor. Decidió dejar de pensar y dejarse caer en los brazos de Morfeo luego de unos minutos.

Si el terror cae sobre tu cama...

En otro lado, un azabache estaba en la misma posición, mirando por su ventana, con una mano a través de su cabeza. El sueño no venía por él, incluso luego desde que haya pasado largo tiempo desde ingerida su medicación. No era pesada como la Dra. Aoyama solía darle, lo que tenía Kenta es que le daba menos medicina posible y Sasuke estaba completamente agradecido pero nunca se lo diría.

Y ya no puedes dormir...

En las largas noches que Sasuke no conciliaba el sueño, él trataba de esforzar su mente tratando de recordar todo lo que había olvidado, ¿pero cómo podía empezar? Cerró los ojos y volvió a pensar en su época de genin, y ahí estaba él cumpliendo misiones y pasando cada vez más dificultades y pero no podía... no podía ver las caras de nadie. Frunció el ceño y se sentó en la cama. Trató de no observar lo que brillaba en su mesa de luz pero era lo único que destacaba en la habitación. Lo tomó con lentitud y apenas lo observó mejor, las imágenes pasaron por su mente.

—Sakura-chan... —comentó el rubio fascinado— ¡Qué hermoso es tu collar!

La niña de doce años se sonrojó. —¿Lo has visto? Me lo pongo cada vez que mis padres salen de misión. —explicó ella. Sasuke comía su comida en silencio. —Cada vez que sienta miedo, debo apretarlo con cuidado y se va.

Naruto sonrió y el azabache suspiró. —Debemos continuar... la aldea no está tan lejos.

El moreno contempló la alhaja una vez, la atesoró en sus manos y la estrujó con cuidado.

Recuerda todas las palabras que dije... quédate tranquilo, quédate tranquilo y sabrás.

Sasuke no pudo explicarlo, pero el aire de la habitación había cambiado, no estaba tan cargado y él no sentía una presión en su pecho. Se relajó por primera vez en semanas, abrazó su almohada y cerrar los ojos.

Abrió los ojos se repente a causa del barullo que se encontraba del otro lado de la puerta. Era de día y el sol irradiaba su habitación como ningún otro día. Gruñó con molestia y se paró, caminando hacia la salida. Él jamás había intentado salir, acercarse mucho a la puerta le quitaba el aire. Él jamás se lo había dicho a nadie pero luego de la gran crisis, no podía pensar en dejar el Hospital. Tomó el pomo y lo giró con lentitud, aún esperaba el golpe de los ANBUS para que no saliera pero cuando asomó la cabeza, los pasillos estaban completamente vacíos. Él había jurado escuchar voces y a gente corriendo, pero sabía que no podía fiarse de sí mismo. Descalzo, salió de allí y comenzó a recorrer los largos pasillos. Llegó a las escaleras y las bajó y fue ahí cuando recién empezó a escuchar sonidos. Eran enfermeras. —¡La perdemos!

Se manifestó delante de la ventana de unas de las habitaciones y quedó de piedra con lo que vio. No podía ver su cara ya que estaba mirando hacia otro lado, pero su cuerpo... su cuerpo inerte. Cadavérico, pálido. El corazón de Sasuke se estrujó.

Y cuando vayas por el valle y la oscuridad venga bajando por la colina...

— ¡Carguen a 300! ¡Despejen! —Su cuerpo fue hacia arriba cuando las paletas se pegaron a su pecho, pero nunca abrió los ojos. — ¡Carguen una vez más! ¡Despejen!

No se estabilizó.

Jamás lo hizo.

—¿Hora de muerte?

—10:15 am.

Lo único que hacía ruido era la máquina que se encontraba al lado de Sakura, haciéndole recordar que estaba muerta.

Se había ido, para siempre.

Si la mañana nunca llega a ser, quédate tranquilo, quédate tranquilo.

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—¡SASUKE! —Se levantó con agitación, el sudor recorría todo su cuerpo y Kenta lo miraba con preocupación—. Fue solo una pesadilla, tranquilo.

Se sentó en la cama y el hombre le alcanzó un vaso de agua, él lo agarró con manos temblorosas y dejo que el líquido viajara por su garganta, aliviándolo un poco. —¿Qué hora es?

—Las diez en punto, he venido a verte, las enfermeras me dijeron que no querías levantarte.

—¡Las diez! —exclamó como si fuera un insulto. Se levantó con rapidez de la cama y se encaminó hacia la puerta.

—¡¿A dónde crees que vas?!

Sasuke se giró mirándolo con seriedad. —Sakura está mal.

La expresión en la mirada de Kenta cambió y lo miró con suavidad. El azabache trató de abrir la puerta pero estaba cerrada. —Sasuke... —lo llamó con sutileza—. Él intentó con más fuerza. —¡SASUKE!

—¡¿Qué diablos quieres?! —vociferó— ¡Mientras estamos aquí, Sakura está en peligro!

—Sakura está bien —dijo con tranquilidad.

El moreno lo miró desconcertado. —¿Qué?

—Hablé con ella antes de entrar, volvió de un misión hace unas horas. —La tensión en los hombros de Sasuke desapareció por arte de magia y exhaló, soltando el picaporte—. Dime que soñaste.

Sasuke se sentó, un poco más calmado, en la cama. Observó el suelo por un momento, dubitativo. —He visto a Sakura en un sueño, no le vi la cara pero supe que era ella.

Kenta sonrió pero al ver que el azabache no había hecho ningún gesto de ser algo positivo, la sonrisa se esfumó. —¿Deberías estar feliz o...?

—La recordé muerta —dijo de inmediato— Ella estaba en una cama, muerta.

Kenta se logró acordar de lo que Karin le había dicho. —Si ella llegara a morirse, es evidente que te preocuparías. Si algo llegara a pasarle a Naruto, sería igual. Dime, ¿por qué tu negación en admitir que ellos te importan?

El Uchiha menor se mantuvo en silencio por unos minutos, el hombre seguía mirándolo fijamente esperando una respuesta. —La preocupación me hace débil, los lazos... es algo de lo cual no me he podido deshacer a pesar de que los años pasaran. Estaba preparado, ¿sabes? Mientras entrenaba con Orochimaru, pensé que esos sentimientos habían desaparecido pero... no lo hicieron.

Si olvidas el camino a seguir, y pierdes de donde viniste...

—La muerte de Itachi no fue el problema en sí —le explicó el hombre— Fue lo que te enteraste después... y como te lo había dicho antes, explotaste emocionalmente, Sasuke.

—De acuerdo —murmuró.

—¿De acuerdo, qué? —preguntó confundido.

—Hazme recordar.

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—Ya dije que estoy bien.

—¿Seguro?

—Que sí, Sakura-nii.

Shouta no era un niño que solía mentir, su cuerpo estaba adolorido pero no quería alarmar a dueña de ojos verdes. Las recaídas en él eran constantes, se había acostumbrado a ello, pero el cuerpo le pasaba factura después. Le sonrió de oreja a oreja con calidez para tratar de tranquilizarla. La chica suspiró y se sentó en los pies de la cama mientras le alcanzaba la bandeja con el desayuno; al ser uno de los pacientes más viejo en estar internado siempre le preparaban algo especial. Miró con los ojos iluminados la comida y comenzó a devorarse todo. Era otra cosa que odiaba del cáncer, siempre estaba con hambre.

—¡Podremos seguir pintando el dibujo de ayer! —comentó con emoción. Sakura lo miró con azorada—. ¡Mira!

Debajo de la almohada, el pequeño desdobló un papel, mostrando lo que había dibujado, orgulloso. —¿Acaso somos...?

—¡Sasuke-nii, Naruto-baka, Kakashi-sensei, Sai, tú y yo! Solo hay que esperar que Sasuke-nii se mejore, además de mi y seremos el nuevo Equipo 7.

Un nudo se formó en la garganta de la kunoichi quien se levantó de inmediato y sonrió forzada. —Por supuesto, ahora tengo que ir a firmar un par de informes pero volveré más tarde.

Salió casi corriendo de allí pero al doblar la esquina, chocó con un pecho fornido y cayó al suelo. Los papeles salieron volando, ella miró hacia arriba para ver al Dr. Aoyama a punto de entrarle un ataque de risa. —Oh lo siento, lo juro, pero ha sido divertido.

Ambos entraron a reír y él estiró su brazo para que ella pudiera pararse. —Dr. Aoyama, pensé que estaría con Sasuke-kun...

Quédate tranquilo y sabrás que yo lo estoy...

—Sí, hablando de él...

—¿Ha pasado algo malo? —preguntó con temor.

—Él quiere verte.

Quédate tranquilo y sabrás que estoy contigo.


Soy tan cruel que voy a dejarles el encuentro Sasuke y Sakura para el próximo capítulo, que sin falta y si es que puedo (escuela) lo subiré el jueves.

Como siempre saben, contesto todos los reviews que sean constructivos.

El próximo capítulo será llamado: "Nosotros también podríamos ser extraños".

Nos leemos.

Misa xo.