Disclaimer applied. Masashi Kishimoto © Naruto.

Inspirado en Effy Stonem (Jamie Brittain & Bryan Elsely © Skins)


"Es como gritar y que nadie pueda oirte. Siempre te sientes culpable de que alguien pudiera ser tan importante, que sin ello, sientes que no eres nada. Nadie nunca entenderá cuánto duele. Te sientes sin esperanzas, como si nada pudiera salvarte. Entonces cuando se acaba y desaparece... casi desearías que todas las cosas malas volvieran, así podrías obtener las buenas" — We Found Love, Rihanna.


Anatomía de una mente autodestructiva.

Capítulo VIII: "Nosotros también podríamos ser extraños".

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Su corazón comenzó a latir, desaforado. Un sudor frío le recorría el cuerpo, sus ojos se abrieron de la sorpresa pero trató de mantener la cordura. Inhaló y retuvo el aire unos segundos. ¿Cómo? ¿Por qué? Él quería verla. En su cabeza quedó la idea que él podría llegar a pedirle al Dr. Aoyama para ver a Naruto primero. Sabía que los lazos con el rubio eran el triple de fuertes, compartían un pasado parecido y sufrieron por las mismas cosas. Teniendo en cuenta que se trataba de Sasuke, trató de no emocionarse, de poner la mente en frío, pero le era imposible.

—Sakura, ¿estás bien? —preguntó el hombre mirándola con preocupación— Estás pálida.

—Estoy bien —respondió de inmediato— Él... ¿quiere verme ahora?

Kenta asintió. Él pudo observar como la mirada de la chica había cambiado en tan solo segundos, lograba reconocer todas esas sensaciones. Amor. Miedo. Nerviosismo. Angustia.

Y estaba bien, ella tenía todo el derecho de sentirlo, supo desde el principio que Sasuke era importante para ella. Cada vez que la veía, sentía que ella solo quería ir hacia el azabache y abrazarlo con todas sus fuerzas, y llorar; porque las veces que salía el tema "Sasuke Uchiha" a flote, sus ojos brillaban, amenazando con soltar lágrimas. Haruno Sakura no era débil, es más, su corazón era el más fuerte del Equipo 7. Reconocía que llorar no era mostrar debilidad, sino que fue fuerte por mucho tiempo y a veces estaba bien tener que drenar, ya sea sola o acompañada. Sasuke Uchiha pensaba todo lo contrario, y ahí estaba el problema.

Ser alguien callado, alguien sin sentimientos... fueron tantas decisiones ajenas que afectaron su vida. Él podía haber elegido diferente, pero siempre está esa pequeña obligación familiar tironéandole la sangre y su completo ser. "Sasuke Uchiha, debes ser esto, esto y esto". Y las voces en su cabeza complicaban todo lo demás, su personalidad en la que podía sentirse un completo Dios a la persona más miserable del Mundo.

—¿Quieres verlo ahora o si quieres le digo que-...?

—Está bien, vamos —habló apresuradamente. Ni siquiera estaba peinada, así que se acomodó el cabello con las manos y palmeó toda su ropa como si pudiera convertir la ropa del trabajo en un elegante vestido. Cada vez que traspasaban y dejaban las habitaciones restantes atrás, el corazón de Sakura se aceleraba y su estómago era un zoológico, ella susurraba para que las malditas mariposas de colores se calmasen. Doblaron una esquina y allí estaban los ANBUS, vigilando con firmeza que Sasuke no dejara la habitación. El hombre asintió a ellos y éstos se hicieron a un lado.

Todo había pasado en cámara lenta, como él había tomado el pomo con lentitud, o por lo menos su cabeza eso era lo que pasaba. Sus manos estaban heladas y sudorosas. Las ganas de vomitar se hicieron presentes cuando el Dr. Aoyama asomó la cabeza antes de pasar. —Sasukeeee —canturreó con felicidad— Te he traído otra sorpresa.

Entró a la habitación y un inminente frío la atacó por completo, ¿por qué estaba tan helado en ese lugar? Y ahí yacía él, sentado tapado hasta la cintura. Si ella estaba pálida, él era un papel blanco de los que usaba con Naruto para jugar al Ta-Te-Ti. Sus ojeras eran tan grandes al igual que el desorden en su pelo, no podía ver sus pantalones pero llevaba una camisa grande. Estaba bastante delgado. Su corazón se estrujó por dentro al ver el estado de su ex compañero.

Él solo se quedó callado, casi con el ceño fruncido, mirándola como si estuviera escanéandola, reconociéndola.

Ya no reconozco tu rostro...

—Yo me iré, volveré en unos minutos. Aprécienlos —avisó Kenta dándose la vuelta y cerrando la puerta con lentitud.

Pasaron unos minutos donde la mirada de ella se encontraba en el suelo, porque sabía que él la estaba mirando directamente hasta que exhaló y decidió hablar. —Hola, Sasuke-kun, ¿cómo te encuentras?

—Pensé que tus ojos eran azules —habló con voz ronca. La seriedad en sus ojos no se había ido en ningún momento.

Ni siento las caricias que adoro...

Se sorprendió levemente pero luego recordó los últimos sucesos que le habían pasado. —Los de Naruto son azules —dijo con suavidad. —Los míos son verdes.

—Hn.

Silencio.

Ya no reconozco tu rostro...

Y no tendría que extrañarse, pero ella estaba tan esperanzada que su actitud sería un poco más diferente, y que por su enfermedad—y que Kami la perdonara—, sería algo más comunicativo. Pero no, era el mismo chico cerrado y frío de siempre. Admitiría que estaba decepcionada.

—Usaron una especie de terapia para quitarme la memoria —dijo él de repente, asombrándola por ser él quien corte el silencio.

—Lo sé —susurró ella.

Es solo un sitio que estoy buscando...

Sasuke intercalaba la mirada entre ella y la sábana, y a veces se la quedaba mirando como si escondiera el secreto más importante de su vida. No diría que le había innovado la forma de su rostro, tenía rasgos completamente preciosos, él pensaba que su cabello sería más corto pero le llegaban hasta por debajo de los hombros, y no tenía una raya en medio, sino que tenía flequillo hacia un costado. Pero no estaba mejor ni peor que él, aún estando afuera y teniendo la libertad que le correspondía por ser buena ninja, ella también conservaba ojeras y su cuerpo estaba tan delgado que parecía que podría romperse. Casi igual que en su sueño, pero ella no estaba tirada en una camilla. Una sensación de calma lo azotó.

Nosotros también podríamos ser extraños en otro pueblo...

—Naruto es rubio —murmuró el azabache, más para él que para ella. Sakura asintió de pura inercia.

—Es escandaloso pero es buena persona —dijo en el mismo tono, dudó en decírselo o no— Él te quiere mucho, eres su mejor amigo, lo sabes... ¿o no?

El moreno se encogió de hombros, casi con indiferencia. A Sakura en ningún le molestó eso, estaba acostumbrada, desde pequeña, a esos tratos por parte del Uchiha. —Trataste de asesinarme.

—Solo quería dormirte—mintió ella, seria.

Él largó una risa llena de ironía. —Todos terminamos siendo la misma porquería tarde o temprano, por más que te guste negarlo.

Podríamos estar viviendo en diferentes mundos...

Sakura suspiró, lo que menos tenía ganas era de comenzar una pelea. —Creo que... creo que todos crecimos, y nos convertimos en la persona que dijimos que nunca seríamos... —exhaló— Al final del día, tú eres el que envía a todos lejos, así que deja de actuar como si fuera mi culpa. Tenías una decisión que hacer y escogiste el mal camino. Es algo con lo que tienes que aprender a vivir. No eres el único harto de todo esto, no tienes una maldita idea de como Naruto esta sufriendo, o tus compañeros de Taka. Todos estamos sufriendo.

—¿Eso debe importarme? Ni siquiera conozco a esas personas... —comentó alzando una ceja, casi con burla en su voz.

—Si no te importaría, yo no estaría aquí parada.

Más silencio.

No conozco tus pensamientos estos días...

La Sakura Haruno de ahora no se quedaría más callada, además, como el Dr. Aoyama le había dicho, Sasuke necesitaba darse la cabeza contra la pared un par de veces. Una dosis de verdad.

—Vete —dijo él, cortante como un kunai que iba hacia ella y le atravesaba lentamente el corazón. La capa de indiferencia lo había cubierto una vez más. La muchacha se dio la vuelta pero antes de poner la mano en el pomo, con sus ojos brillosos, se giró.

—Quiero que te acuerdes de mi —le contestó con seriedad. Sasuke la observó directamente a los ojos. —Si tú me recuerdas... no me importaría que los demás me olviden.

Somos extraños en un sitio vacío.

Salió de la habitación sin mirar hacia atrás, casi apresurada, y se encerró en el cuarto de suministros médicos. Comenzó a respirar con agitación, y los sollozos empezaron a salir al igual que las lágrimas. Se sentó contra la puerta, deslizándose. Encontrarse con Sasuke había sido mucho por un día, plus, había retenido mucho y hace rato que no lloraba. "Es hora de dejarse ir", recordaba las palabras de sus madre cuando Sakura no quería llorar delante de ella.

Mientras tanto, Sasuke quedó con un gusto amargo en la boca, un nudo en la garganta imposible de explicar. Él no la conocía, no recordaba mucho de su vida de pequeño. Solo imágenes que pasaban rápido y que la incluían a ella y Naruto. Ahora, por lo menos podría ponerle cara a ella cada vez que la veía en sueños. Se masajeó la sien, tenía sueño y no supo por qué pero estaba cansado, y el planteo de la chica le había engendrado millones de dudas.

No entiendo tu corazón...

La puerta se volvió a abrir y pensó que a ella le había quedado claro que debía irse. Pero era solo una de las enfermeras. —Uchiha-san, tiempo de su medicación.

Observó las pastillas con curiosidad, eran diferentes a la de la semana pasada. Uno, dos, tres, cuatro, cinco... eran bastantes, debería preguntarle a Aoyama para qué servían. A él no le gustaba que lo medicaran mucho, ¿o sí? Llevó las pastillas a la boca, seguidas del vaso con agua. Sacó la lengua con fastidio, dejando que la enfermera revisara para ver si realmente se había tragado.

—No ha tocado nada de su desayuno, Uchiha-san.

Sasuke miró de reojo la bandeja llena de comida que reposaba a su lado pero no se inmutó en querer tocarla. Apoyó la cabeza en la almohada, y le dio la espalda. Escuchó un suspiro vago de la mujer y luego un portazo suave. Se sentó en la cama y se quitó las píldoras de la boca. ¿Es que nadie revisaba detrás de las muelas? Gente inutil. Abrió la funda de su almohadón y dentro había un pequeño frasquito de plástico, ahí se encontraban muchas pastillas, secas y pegadas por su saliva; las guardó, y escondió el envase diminuto, una vez más.

Se acostó, observando la ventana y el sueño le volvió a ganar.

Es más fácil estar separados...

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—Sabía que estarías aquí... —habló con voz serena.

La mujer lo miró fríamente, aún no sabía cómo la había encontrado pero eso no era el punto. Su perfecto y pacífico hermano estaba ahí parado observándola con lastima, como si fuera mejor que ella. Claro que no.

La casa en la cual se encontraban pertenecía a su familia, era antigua pero no lo suficiente como para que alguien no pudiese habitar en ella. Naoko Aoyama se encontraba firmando papeles y papeles, asignando nueva medicación de aquí y allá hasta que sintió el chakra de su hermano menor. Un hermano que le quitó casi todo. Su relación era bastante complicada casi inexistente.

Nosotros también podríamos ser extraños en otro pueblo.

—¿Qué diablos quieres, Kenta? —preguntó con rudeza.

—Entraste a la habitación de Sasuke —dijo casi afirmándolo.

—Uchiha Sasuke no es más mi paciente —respondió rencorosa— Tú te encargaste bien de eso.

—Usaste una técnica autodestructiva, casi matas a nuestro paciente —contraatacó levantando un poco la voz. Trató de quedarse tranquilo ante la negligencia de su hermana pero era difícil, todo el caso era complejo.

—¡Estaba a punto de ser efectiva sino se hubiera escapado! —chilló golpeando la mesa con sus manos.

—¡Más allá de haberse escapado, ¿cómo te atreves a usar semejante cosa en él con todos sus problemas?!

—¡Ha funcionado con otros pacientes! —se defendió— ¡Y no pienso discutir mis métodos para trabajar en tratamientos contigo!

El hombre como muy pocas veces, tenía el ceño fruncido. Atravesó la puerta pero antes le envió una mirada que logró erizar hasta los vellos de sus brazos. —Si te acercas a Sasuke una vez más sin mi permiso... te mato.

La mujer se quedó boquiabierta ante la advertencia de su hermano. —¿Es una amenaza?

—Tómalo como quieras, te quiero lejos de él.

Podríamos estar viviendo en diferentes mundos.

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—39,5º —suspiró la chica con preocupación, quitando el termómetro— Creo que deberíamos llevarte al doctor, Naruto-kun.

El chico se revolvió en su cama todo sudoroso, tenía los ojos entrecerrados y respiraba con dificultad. Hinata volvió a remojar el paño, escurrirlo y llevarlo a la frente del muchacho. El rubio no era alguien que se enfermaba con facilidad pero ésta parecía ser una gran excepción.

Primero comenzó con ligero dolor de garganta, hasta que en la madrugada la temperatura, empezó a subir. Tuvo la idea de enviarle un mensaje a Sakura, ya que siendo doctora podría ayudarlo pero se inclinó por la opción de llamar a Hinata. Sakura debería estar cansada por tanta cháchara del hospital y no necesitaba otro problema.

—Tengo frío —susurró con voz ronca.

La morena se dirigió al armario del muchacho para sacar otro acolchado y taparlo. —¿Quieres que te quite una almohada?

Él asintió débilmente y ella lo hizo. Cada vez que movía la cabeza, el rubio sentía que toda la habitación daba vueltas. —Quiero... comer.

Hinata no pudo evitar reír mientras él esbozaba una sonrisa con los ojos cerrados. —Naruto-kun, acabas de terminar tu sopa. No es bueno que comas tanto cuando estás enfermo.

—Sasuke... —él murmuró. La mirada de la Hyūga se llenó de compasión.

Nosotros también podríamos ser extraños.

—Sasuke está en el hospital, haciendo un tratamiento... —ella le dijo del mismo modo. El tema "Uchiha Sasuke" volvía a ser el centro de su conversación, una vez más. No es que a ella le molestase, porque de cualquier cosa que hables con Naruto Uzumaki, era bastante agradable. Pero sabía que hablar del ex miembro del Equipo 7, causaba un dolor inmenso en el corazón del rubio. Un dolor que a ella le gustaría que él libere.

—¿Por qué...? ¿Por qué no está con nosotros? —los delirios del Jinchūriki se hacían más constantes y el corazón de Hinata se entristecía cada vez más. Ella se sentó en un costado, apoyó la cabeza del rubio en su regazo, y él la abrazó mordiéndose los labios. No era la única vez en la que Naruto tenía esas confianzas con ella, era algo secreto entre los dos que ninguno mencionaba al día siguiente. —¿Qué es lo que le sucede a mi amigo, Hinata?

—Sasuke-kun necesita tiempo, y yo sé que todos ustedes han aguantado bastante pero, las cosas buenas acontecen con el tiempo... solo que es muy difícil saber esperar.

—Tiempo... —bisbisó el muchacho mientras cerraba los ojos para dormir con tranquilidad.

—Duerme, Naruto-kun. Yo velaré tus sueños —susurró ella con una sonrisa, acariciándole el cabello.

Por todo lo que conozco hoy de ti.

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Había pasado una semana y cinco días desde que Sasuke y Sakura se vieron por primera vez, luego de tanto tiempo. La joven de orbes verdes, trataba de evitar cuanto podía a Kenta Aoyama cuando éste trataba de hablarle. Bastante inmaduro de su parte pero el encuentro con el azabache le había calado hondo y le había hecho el mal que ella sabía que iba a hacerle. ¿Si sabes que la rosa tiene espinas, para qué la tomas? ¿Por qué dejas que te pinche? Pero estaba bien, ella lo admitía, era jodidamente masoquista. Cómo le gustaba que la lastimaran, especialmente si venía por parte de él. Porque, una vez más, él no se cansaba de romperle el corazón y ella ahí, con cinta adhesiva, pegando los pedazos. El problema era que ella estaba acostumbrada a esa clase de trato, no era abusivo... pero era dañino para ella, su salud y ánimo.

Refregó sus ojos y bostezó, ¿cuándo fue la última vez que había dormido? No lo recordaba. ¿La última vez que comió? Menos. Su cuerpo débil se arrastró a una de las camillas vacías en los pasillos, y decidió recostarse solo unos segundos.

—¡Sakura-san!

Se levantó de golpe, sobresaltada, mirando hacia todos lados. —¡¿Qué?!

—¡Venga conmigo, por favor! —reconoció a una de las enfermeras que cuidaba a Sasuke por las noches, lucía aterrada. —¡Uchiha-san no deja de preguntar por usted! ¡No puedo encontrar al Dr. Aoyama! —. El solo nombrar al azabache hizo que se despabilara enseguida. —¡Por favor, ayúdenos, está descontrolado!

Los pies de Sakura se movieron contra su voluntad y cuando quiso darse cuenta, corría por los pasillos y llegó a ver como una enfermera era empujada con terrible fuerza de la habitación. Los ANBUS se le acercaban en posición de pelea, pero él se mantenía allí, parado y con una expresión que ella no había visto jamás. Lucía triste, confundido con pantalones negros y una camisa holgada blanca. Cuando la vio, su cara pareció iluminarse... era la cara que ponían los ninjas que no veían a sus familiares luego de largas misiones.

—¡Sakura! —gritó su nombre como si fuera un milagro— ¡Sakura! ¡¿Qué sucede?! ¡¿Qué es toda esta gente?! ¡¿Dónde está Naruto?!

En vez de darle una respuesta clara, comenzó a balbucear. Las enfermeras la miraron con expectación pero ella no se movía.

—Uch-, Sasuke —comenzó una de ellas con suavidad— Pediste por Sakura, aquí está ella. Estás en un hospital.

—Sasuke-kun —soltó por fin— Siéntate, hablaré contigo.

—¿Por qué hay ANBUS aquí? —preguntó desconfiado.

Sakura miró a los dos hombres en posición de batalla y éstos le devolvieron la mirada. —Ellos ya se iban.

Ambos se quedaron observando a la muchacha y al Uchiha, repartiendo miradas como si fuera un partido de tenis... hasta que decidieron salir por la puerta. —Haruno-san, si algo sucede, estaremos aquí afuera.

La dueña de ojos verdes no podía reconocer a todos los ANBUS por sus máscaras, pero estaba seguro que en toda su vida, había curado a la mayoría de ellos. Era por eso que se referían hacia ella con tanto respeto. Ella asintió con seguridad.

—¡Dime qué diablos está sucediendo! —exclamó él con el ceño fruncido, una vez que la habitación se vació.

—Sasuke —habló con seriedad casi levantando su voz— Siéntate, ahora. —Y como si fuera a un niño que le negaban un dulce, éste hizo caso a regañadientes. Ella suspiró— ¿Qué es lo que recuerdas?

Y ahí fue cuando la mirada del azabache se perdió, con los minutos que pasaron, él trataba de articular palabra alguna pero no podía formarla. —No... lo sé.

—De acuerdo...

Ella trataba de tranquilizarse mentalmente, pero estaba igual o más nerviosa que él. ¿Dónde diablos estaba Kenta Aoyama?

—¿Qué son todas esas personas allí afuera, Sakura? —inquirió.

Sakura tomó aire y habló por fin. —Sasuke-kun, ¿cuál es tu sueño?

Él la miró con confusión, ¿su sueño? ¿Acaso era alguna pregunta trampa? Apretó los puños. —¿Mi sueño? Estoy pidiéndote que me expliques lo que sucede, me despierto, miro a mi alrededor, ¡y estoy en un jodido hospital! ¡Me levanto para irme y unos ANBUS de mierda me arrinconan a la pared como si fuera la peor de las escorias! ¡¿Qué diablos está-...?!

—¡Estás enfermo! —gritó sosteniéndole los hombros. La expresión de él pasó a perplejidad completa.

—¿Qué...?

—Escúchame... —tomó sus manos— Estás en el hospital porque tienes una condición extraña... en tu mente. Una enfermedad... estamos tratando de curarte.

—¿Y por eso no puedo salir afuera? —preguntó más calmado.

Ella suspiró y asintió. —Sí... pero Sasuke-kun... —titubeó, las cosas más terribles estaban por venir— Pasaron un par de cosas... importantes y...

Sakura volvió a quedarse en silencio, no quería llorar pero estaba segura de que él se iba a desmoronar si ella le decía. Quizás ella no era la persona correcta para esas cosas.

—No te quedes callada —él susurró— ¿Vienen las malas noticias, verdad? Habla.

Ella mordió sus labios, su voz salió temblorosa y sus ojos comenzaron a brillar. —Solo quiero que sepas... que por más que hayas tomado las decisiones incorrectas, me tienes a mi y a Naruto. Somos tus amigos. Y yo... yo te-

La puerta se abrió de repente, y un nervioso Kenta Aoyama entró por ella. —¡Sasuke!

El azabache observó al recién aparecido como un completo extraño. —Sakura... —murmuró mirándola, apretando sus manos aún más, como si esperara una explicación. O como si el hombre allí parado pudiera dañarlo.

—Él es Kenta Aoyama, tu doctor. No va a lastimarte —le dijo esbozando una sonrisa— Es más, está haciendo lo posible para ayudarte.

Ante las palabras de la muchacha, el Dr. Aoyama comprendió la completa situación. —Hola, Sasuke. Veo que estás mucho mejor.

Sakura sabía que no era verdad, y que ante la mirada de él en ella, era tiempo de dejar la habitación. —Los dejaré conversar... debo chequear a otros pacientes —ella dijo, levantándose de la cama, pero el moreno jamás soltó sus manos.

—¿Ya te irás?

La pregunta hizo que el corazón de ella, comenzara a latir con más intensidad. Sasuke la observó con esa cara que la miran los perros de la calle que la siguen hasta su casa después del hospital, en la madrugada. Por favor, no me hagas esto...

—Yo... vendré a verte mañana. Lo prometo.

Él asintió con una desconfianza escondida.

Cuando la kunoichi salió por la puerta, respiró bruscamente. Como si el aire estuviese comprimido en ese cuarto, o como si toda la situación la hubiese desbordado por completo. Decidió irse a su oficina y se desmoronó en el escritorio, no lloró. Estaba muy cansada hasta para eso.

—Sakura...

Se levantó de repente, alerta. —¡¿Qué?!

—Tranquila... —el hombre la tranquilizó— Soy yo. Quería hablar contigo, siento interrumpir tu sueño.

—Siéntese, Dr. Aoyama —dijo más calmada, se revolvió el cabello— ¿Qué sucede?

—Sé que no te dijiste a Sasuke toda la verdad... —y la mirada de Sakura se llenó de culpabilidad— Y está bien. Y más en esa situación, lamento el haberme ausentado, tuve un asunto importante que atender.

—¿Qué fue todo eso? —preguntó con confusión y tristeza.

—Es una de las etapas de Sasuke, quizás a lo largo de su recuperación, la veremos muchas veces. Pero no solo tiene esa, tiene en la que está tremendamente depresivo, o extremadamente enojado. La que viste recién, sucedió a causa del tratamiento que mi hermana le ha dado.

—Los electrochoques... —contestó enojada. Ser la alumna de la Hokage a veces podía ayudarla saber un par de cosas.

—Sí... —respondió serio— Ahora lo he puesto a dormir, tuve que sedarlo. Probablemente, mañana no recordará nada... lo veremos.

—Eso significa que...

—Siento hacerte pasar todo esto, sé lo mucho que quieres a Sasuke, y este comportamiento de él... puede confundir tus sentimientos.

—Mis sentimientos por él están bastante claros —habló con voz firme— Y lo ayudaré a salir de ese lugar oscuro en donde está, con ayuda de Naruto... podremos lograrlo.

—Lo sé —sonrió el hombre, levantándose de la silla— Sasuke tiene mucha suerte de tener amigos como ustedes.

—Dr. Aoyama, antes que se vaya... ¿podría pedirle un favor? —preguntó.

—Claro, Sakura, siempre y cuando esté a mi alcance.

—¿Podría tener una sesión con usted?

Kenta la miró confundido. —¿Una sesión?

—Usted como mi psicólogo... por favor.

CONTINUARÁ...


(*): We Might As Well Be Strangers by Keane


¡Hola a todos!

Perdón por la tardanza, sé que les había dicho que la continuación iba a estar para el jueves y estamos A DOMINGO. Y van a ser las ocho de la mañana y todavía no me acosté a dormir, pero quería traerles este nuevo capítulo y espero no haber decepcionado a nadie.

Me quedé hasta tan tarde porque sí o sí darles este capítulo, creo que ocho, CREO, ya que el día miércoles me voy de Viaje de Egresados a una hermosa provincia que reside en mi país Argentina, llamada Córdoba y estaré una semana sin poder subir fanfics, pero TRATARÉ que ese mismo miércoles poder subir el capítulo 9.

Las actitudes de Sasuke, ya saben y quienes sepan de enfermedades mentales como yo, sabrán de lo que se caracteriza el Trastorno Psicoafectivo así que creo que esa parte está cubierta. En cuanto Naruto y Hinata creo que les estoy dando Naruhina para quedarse diabéticos pero no puedo evitarlo, los amo mucho a los dos. Mientras tanto, Sasuke y Sakura... van hacia un territorio más complicado. Y creo que eso es lo máximo que les voy a decir.

Contesto todos los reviews constructivos.

Gracias por seguir siguiéndome a mi con esta loca idea.

Saludos, Misa xo.