II. Muñeca
La criatura se aferró a su pecho arrugando el entrecejo en expresión dolorosa. Seguía inconsciente.
Él mismo hizo ese gesto, estaba realmente molesto. Se sentía estúpido por no poder resistir a los caprichos de una niña de diez años.
¿Acaso seguiría recogiendo chicas heridas como si fueran cachorros enfermos?
Incluso había intentado argumentar que la diminuta y agonizante mujer era una potencial amenaza, pero hasta el momento no había ni un solo rasgo en la criatura que la delatara.
Era como una pequeña y delicada muñequita de porcelana.
Se sintió ridículo, el gran Sesshomaru considerando peligrosa a una pequeña muñeca.
