Le petit Rose
.
III. A solas
Sesshomaru la bajó, depositándola en la hierba con cuidado. El largo cabello castaño se desparramó sobre los brotes de pasto soltando la endemoniada esencia que Sesshomaru había aprendido a odiar.
Se alejó de ella frunciendo el ceño, esperando a que la criatura despertara y por fin se largara con su hedor intoxicante.
Pero lo único que recibió fue una silenciosa soledad.
Rin se había ido, correteando con alegría para internarse en el bosque con un Jaken quejumbroso detrás.
Perfecto, se quedaría solo con la apestosa criatura.
Y en respuesta a la situación, la extraña volvió a retorcerse, soltando un suspiro.
