¡Hola! *se prepara para que le arrojen piedras* sé que he estado, demasiado ausente y no es porque las haya olvidado pero resulta que mi compu había muerto y ahora estoy en el note, además de que la inspiración no me llegaba con este gigante perezoso, y como quise hacer una situación un poco más "realista", entre comillas ya que al final tuvo el típico final de cuento, pero algunas veces sucede que alguien te gusta, pero luego ya no y entonces le gustas esa persona. *Lo viví en carne propia*aunque comúnmente no tiene un final así, sin más nos leemos abajo.
(T/N): Aquí va tu nombre
(T/A): Aquí va tu apellido.
(T/Ap): Aquí va tu apodo.
Disclamer: Kuroko no Basuke y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki, yo hago esto sin fines de lucro y con el único motivo de entretener. Ni que me pagaran de todas formas.
[La vida suele ser algunas veces, irónica]
Murasakibara Atsushi.
…
Las naranjas y amarillas hojas de los arboles habían terminado de caer, indicando que se acercaba el invierno, en la prefectura de Akita solía nevar bastante y eso no te molestaba en lo absoluto, de hecho te gustaba la nieve te parecía agradable y a pesar de su apariencia era fría y esquiva ya que se derretía entre tus dedos, sentías que tenías algo en común con aquel fenómeno tan esperado por algunos niños, era como si la tierra se colocase un grande y blanco abrigo blanco.
Te gustaba observar como los niños hacían muñecos de nieve y también cuando los copos comenzaban a caer en tu nariz. De repente uno de ellos callo en tu nariz provocándote un estornudo, en eso una bufanda fue colocada en tu cuello de manera delicada.
—Mou~ (T/Ap)-chin, sé que te gusta la nieve, pero debes abrigarte o cogerás un resfriado –Escuchaste la voz lenta del gigante y un leve sonrojo subió a tus mejillas, asentiste.
—Gracias, Mura-kun – Dijiste arreglándote la bufanda y seguir caminando hacia la preparatoria Yosen.
Te separaste del peli morado y de Himuro para ir en dirección a tus amigas, Yuu y Megumi quienes te observaban con una sonrisa al verte con la bufanda del gigante ya que conocían tus sentimientos hacia él.
—Deberías intentarlo en San Valentín – Dijo la más alta de las tres quien era Yuu, Megumi en cambio cruzo los brazos y asintió.
—Podrías prepararle honmei choco* —Sugirió Megumi.
—Sí, tienes razón –Dijiste sonriendo. –Pero, ¿Y si me rechaza?
—Si piensas así jamás lograras nada –Dijo Yuu con mirada seria, agachaste la cabeza avergonzada.
Tenían razón, pero nunca tenías confianza en ti misma y eso siempre te jugaba mal, te mordiste el labio y te dirigiste a tu salón.
El gigante hablaba con su amigo mientras comía patatas, dirigió por un segundo su atención hacia ti y luego la volvió hacia su paquete de patatas fritas.
Con una sonrisa avanzaste hacia ambos, Murasakibara te ofreció un poco de comida a lo que aceptaste contenta.
Himuro se había dado cuenta de tus sentimientos hacia el gigante hace un par de meses pero observaba en silencio, no quería interferir, especialmente si no se lo pedias.
Pero el chico de cabellos morados no se daba cuenta de nada, y quizá no quería enterarse de nada. Escondía bastante bien sus sentimientos, solamente en algunas ocasiones los daba a conocer.
«Te quiero. »
Eso era todo lo que debías decir pero el solo pensarlo enrojecía por completo tu rostro.
No te gustaba tomar muchos riesgos, pero si no tomabas ningún riesgo ¿Se podría decir que estabas viviendo la vida? Porque la vida está llena de riesgos que debemos afrontar, si te rompen el corazón la primera vez se mas precavida a la segunda pero nunca, repito nunca, dejes de amar.
Porque el amor es lo que le da sentido a esta injusta vida, el objetivo que nos fue puesto hace cientos de años, el encontrar a nuestra alma gemela.
Y a pesar de que puedes no encontrarla a la primera, no te desanimes y sigue intentándolo, ya que la vida está llena de errores que vamos cometiendo a medida que crecemos, y eso es crecer, el equivocarse y ponerse de pie es vivir.
El día de san Valentín había llegado y habías preparado el chocolate que le ibas a entregar junto con tus sentimientos.
Planeabas declararte luego de clases, te habías hecho la idea de que te rechazaría así que si lo hace no estarías sorprendida, pero había algo seguro, si te rechazaba te dolería mucho el pecho.
Al finalizar las clases tomaste tu bolso y te dirigiste hacia el peli morado.
—M-Mura-kun, ¿Podrías venir conmigo? –Dijiste, tragaste saliva y lo observaste directamente a los ojos –Por favor.
El chico te observo, las mejillas rosadas, los ojos brillantes y los dedos de las manos moviéndose rápidamente.
—De acuerdo. –Dijo, se dio la vuelta y observo a Himuro. –Muro-chin, ¿Podrías esperarme?
El chico de cabellos negros y piel pálida asintió, internamente te deseo buena suerte y fuiste seguida por el gigante, hasta la parte trasera de la preparatoria.
Tragaste saliva y apretaste fuertemente en tus manos la cajita con los chocolates.
—M-Murasakibara-kun –Lo llamaste atrayendo su atención, el chico coloco sus ojos sobre ti y respiraste profundo. – M-Me gustas, ¿Podrías salir conmigo?
El chico te observo con la misma expresión de siempre, y observo a otro lado.
—Lo siento~, me da flojera ~ —Dijo caminando en dirección a la sala con las manos en los bolsillos.
Sentiste como algo se resquebrajaba dentro de ti, corriste hacia el gigante y lo tomaste de la manga, el chico volteo un poco molesto y te observo.
—Los había hecho para ti –Dijiste entregándole la cajita –No tiene sentido que lo guarde cuando los había hecho para ti. –Cuando lo tomo entre sus manos, hiciste una reverencia y saliste corriendo en dirección a la salida, mientras en la bufanda que traías escondías tu rostro y así las lágrimas que salían de tu rostro.
A pesar de que ya te habías hecho la idea el dolor en tu pecho era bastante fuerte y querías llegar lo más rápido posible a tu casa, pero en eso tus piernas se detienen.
Cerca de un parque.
«—Mou~ (T/Ap)-chin, sé que te gusta la nieve, pero debes abrigarte o cogerás un resfriado. »
Mientras recordabas aquello montones de lágrimas comenzaban a salir de tus ojos, luego de llorar un rato te restregaste los ojos y caminaste en dirección a tu casa, cuando te dirigías a tu hogar te topaste con Murasakibara y Himuro quienes te observaron, asentiste en señal de saludo y saliste corriendo.
[…]
Habían pasado ya, unos seis meses aproximadamente, luego de aquel incidente que te produjo una armadura en tu corazón, y desde aquel día no eras perezosa, cuando te decían que hicieras algo, de inmediato lo hacías, algo que te produjo tu candidatura a la presidencia del consejo estudiantil, además de que procurabas tener buenas notas, volviéndote una alumna ejemplar.
Luego de volverte la presidenta del consejo estudiantil, muchas cosas sucedieron, además de que muchos chicos confiaban en ti al mismo tiempo de que te habías vuelto más confiada.
Murasakibara, al ser la estrella del equipo de baloncesto, tenía bajas notas, provocando que el capitán del equipo te pidiese ayuda, con aquella causa perdida.
Cuando finalizaron las clases te acercaste de inmediato al gigante, por el cual creías no sentir nada. Ya que te habías desconectado de tu corazón.
—Murasakibara-kun. –Lo llamaste, el chico alzo la mirada hacia a ti, que lo observabas fijamente con las manos en la cintura. –Ven conmigo, vamos a estudiar.
—No~, que flojera~ —Dijo observando la ventana, frunciste el ceño enojada.
—No te estaba preguntando. –Dijiste para luego arrastrarlo contigo al salón del consejo estudiantil.
Al llegar allí el chico se sentó en una de las sillas y tú revisaste sus calificaciones de los parciales.
Tomaste los libros que iban a ser necesarios y te acercaste al chico con una silla.
Mientras le enseñabas el chico te observaba.
—(T/Ap)-chin, cambiaste. –Dijo, alzaste la cabeza y lo observaste.
—¿Gracias a quién? –Dijiste mirando sus ojos violeta. – Además llámame por mi nombre.
Soltó un bufido y volvió su atención a los libros.
Luego de unos minutos, decidiste tomar un receso y sacaste tu bolsa de gomitas de tu bolso.
—Oh~, dame~ —Dijo estirando su mano, alejaste el paquete de gomitas y lo escondiste con tu cuerpo.
—No, son mis gomitas. –Dijiste molesta, trajiste unas galletas para que el chico comiera.
De alguna manera.
Aquel cambio le atraía, eras más decidida e independiente.
De repente la puerta se abre y un chico alto de ojos caoba y cabellos azulados entra con unos papeles en la mano.
—Presidente, tengo los registros que me pidió –Dijo para luego entrar y observar con recelo al chico de cabello morado.
—Haruto, gracias por el trabajo duro –Dijiste sonriendo, alzaste la bolsa de gomitas y le ofreciste al chico.
—¿Vamos juntos a casa o te quedas? –Pregunto acomodando los papeles.
—Esto me tomara un rato, puedes adelantarte. –Dijiste guardando las gomitas en tu bolso, el chico de ojos rojizos hizo un sonido aprobatorio.
En cierto modo, le molestaba, la cercanía que tenías con el chico de cabellos azules.
Pero, ¿Por qué? Si te había rechazado, no debería importarle.
Luego de haberle repasado todas las materias, y que las entendiera, te levantaste de tu silla y lo empujaste afuera. Para luego cerrar la puerta con llave.
—Bueno, deberías irte a casa. –Le dijiste, apretaste con fuerza la correa de tu bolso y caminaste en dirección a la salida, sentías los pasos del gigante detrás de ti y te diste la vuelta para observarlo caminar en dirección hacia ti. —¿Qué quieres?
Se encogió de hombros, soltaste un suspiro pesado. Camino a tu lado, cuando caminaron por aquel parque donde solía haber nieve, donde habías llorado por su causa, el ambiente se volvió incomodo, porque algo en tu corazón había sido despertado. Te mordiste el labio para evitar decir palabra alguna y seguiste caminando.
—(T/Ap)-chin –Te llamo, fue solo entonces que notaste que se había detenido, te diste la vuelta y pegaste tu mirada a la suya. –Yo, ¿Todavía te gusto?
Lo observaste fríamente y apretaste los puños.
—Claro que no. –Dijiste secamente, tu pecho comenzó a doler levemente. – No tiene sentido que me gustases cuando no compartes mis sentimientos.
Te encogiste de hombros y avanzaste.
—El chocolate que me diste, estaba delicioso.
Aquellas palabras te hicieron detenerte. El chico avanzo unos pasos y llego hasta donde te encontrabas, congelada, a pesar de que le ordenabas a tus piernas que se movieran estas no lo hacían.
—Hace unos meses cometí el error más grande. –Dijo colocándose a tu lado y observándote. –No debí haberte rechazado.
—¿Ha? –Dijiste levantando la mirada, tenías el ceño fruncido. –Me alegra que me hayas rechazado.
Al final tus piernas respondieron y avanzaste.
—Murasakibara –Giraste tu cabeza un poco, lo suficiente para verlo. –Ahora yo no siento nada por ti.
Apresuraste el paso, dejando atrás al gigante que por primera vez en su vida no se daría por vencido.
[…]
Habían pasado, luego de aquel incidente, dos semanas aproximadamente. Seguías enseñándole a Murasakibara con mano de hierro, y cuando finalizo aquello, cierta nostalgia surgió en ti.
Además de que debías organizar el festival cultural, estarías completamente ocupada. Aun así, tenías que participar en las actividades que tu clase había planeado, ya que tenías cierta popularidad con los chicos te asignaron el deber de buscar clientes junto con el gigante que también tenía su atractivo con las chicas.
Fue cuando avistaste a alguien conocido que una sonrisa se colocó en ti.
—¡Kiyoshi—senpai! –Exclamaste, corriendo en dirección al mayor que desordeno tus cabellos. –Ha pasado tiempo.
—¿Eh~? –Gruño de manera perezosa el gigante. —¿Se conocen?
Asentiste contenta.
—Era mi senpai en la secundaria, jugamos basket un par de veces. –Te encogiste de hombros. –Nuestra clase tiene una cafetería, si quieres puedes pasar.
El chico sonrió para luego irse en otra dirección, mientras caminabas con Murasakibara en el pasillo, ambos se quedaron en la azotea para comer un poco de lo que compraron. El chico te observo mientras comías, tenía cierta alegría en su mirada ya que hoy se había enterado de facetas tuyas de las cuales nunca hubiera pensado. Notaste que te miraba fijamente a lo que frunciste el ceño.
—¿Eh? ¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara? –Dijiste claramente molesta.
—Si~, tienes un poco de comida en la cara. –Dijo señalando hacia su rostro, te sobre exaltaste y enrojeciste un poco.
Te tocaste toda la cara pero no encontraste nada, por lo que soltaste un suspiro en resignación y observaste al peli morado.
—¿Dónde? –Le preguntaste, observaste una leve sonrisa en su rostro.
Su rostro se acercó al tuyo y coloco sus labios contra los tuyos, succionando el inferior. Luego de unos segundos se separó de ti, mantenías el sonrojo de antes, solo que esta vez era más intenso y rojo. Te llevaste la mano a los labios y observaste al más alto con un rostro que exigía claramente una explicación.
—Me enamore de ti, (T/Ap)-chin.
Nuevamente acerco sus labios, y los coloco –otra vez- suavemente sobre los tuyos, pero esta vez fue diferente, ya que por alguna razón que ni tu misma comprendías, correspondiste al beso y tu corazón comenzó a saltar y a latir de felicidad.
Al separarse, soltaste un gruñido. Y dirigiste tu mirada hacia Murasakibara.
—Estúpida e irónica vida –Tragaste saliva. –Yo también te quiero.
El chico sonrió y tomo tu mano, entrelazando sus dedos con los tuyos.
Luego de un suspiro agotador, recostaste tu cabeza sobre su brazo y observaste los colores en los juegos artificiales, todo había salido perfecto en el festival cultural, y en tu vida.
También.
…
*Honmei Choco, chocolate para la persona que te gusta.
Notas Finales: ¿Qué tal? ¿Les ha gustado? Espero que sí, ya que lo hice más extenso de costumbre. El siguiente ¿Quién quieren que sea?
Si me dais sugerencias para el próximo capítulo las apreciare, tened en cuenta el hecho de que algunos personajes se pueden repetir, bueno adios~
