Bueno... aquí estoy otra vez, con un nuevo capítulo de este fanfic... aún no he decidido el adjetivo que le califique mejor... Bueno, espero que os guste y que dejéis muchos comentarios!


AÑO NUEVO, VIDA NUEVA... ¿Y GENTE NUEVA?

CAPÍTULO 2: EL NUEVO

Cuando se despertó, notó un ligero dolor de cabeza. Recordó que la noche anterior había bebido un poco, por lo que debía ser resaca(N/A: Nunca he tenido resaca. No sé cómo se siente. ¿Ayuda?). Fue a la pequeña cocina que se había instalado cuando llegó, que tan sólo tenía una pequeña vitrocerámica, un fregadero y un horno microondas, aparte de una mesa, un par de sillas y unos cuantos armarios para guardar platos y comida. Estaba separada del salón por una barra, para apoyar las cosas que quisiese tomar allí. El salón tenía un sofá blanco con una mesa de café y una librería color madera oscuro con la mayoría de los huecos ocupados con libros de veterinaria, pero tres huecos los ocupaban la tele y los enormes altavoces que se compró con su primera paga extra para escuchar su música favorita -rock- a todo volumen. Se preparó un café, mientras sacaba una aspirina del botiquín del pequeño cuarto de baño, que tenía una bañera en la que "milagrosamente" (Encantamiento de expansión indetectable, que consiguió hacer después de muchos intentos, sin varita) cabía entero, un lavabo con un espejo y el mencionado botiquín encima, y un váter, todo decorado en tonos azules y blancos. Después de tomarse el café y la aspirina, y un bollo que tenía en la despensa, se fue a la ducha, porque ese día era el primero en su nuevo puesto, y no quería llegar tarde o desaliñado. Había que causar buena impresión, aunque llevase cuatro años en el acuario...

Salió corriendo para no coger tarde el autobús. Llegó justo cuando el autobús estaba doblando la esquina de la calle. Fue una suerte, porque si no hubiese tenido que coger uno veinte minutos después o irse andando, que también era un buen trecho. Cuando llegó al parque, se fue directo a los vestuarios masculinos, que el parque tenía para que los empleados que trabajaban en las instalaciones de los animales se pudiesen poner la ropa adecuada, para ponerse el pantalón impermeable, las botas y el delantal. Allí se encontró con el nuevo, y le recordó a alguien. No se acordaba muy bien de quién, pero le pareció muy guapo. Tenía el pelo negro como el azabache, y los ojos verdes brillantes. Los ocultaba tras unas gafas rectangulares que descansaban sobre una nariz recta y no muy grande. Era un poco más pequeño que él, pero más fornido, y se adivinaban unos buenos músculos debajo de la camiseta negra. Estaba también un poco más moreno que él, pero comparado con algunos españoles con los que había salido, estaba bastante pálido. Cuando acabó de cambiarse, salió directo a su nuevo puesto, ya que, aunque el nuevo estuviese muy bueno, no quería descuidar su trabajo. Estaba muy emocionado, ¡por fin iba a ser veterinario! Fue al recinto de los pingüinos; y después de un día muy ajetreado y bastantes preguntas sobre la disposición de las medicinas y extras a la pobre Pilar, que estaba más agobiada aún que él, por fin habló con el "Tío Bueno", como lo había apodado interiormente, mientras se cambiaban en los vestuarios.

-Hola... Me parece que eres nuevo aquí, ¿no?- Le dijo, hablando en español.

Pareció sorprendido por que él le hablara, y se giró muy deprisa.

-Em... Sí, eso creo...- Contestó, como dubitativo, con un marcado acento.

-¿Y qué tal? ¿Te gusta el lugar? Me ha dicho el jefe que eres de Inglaterra. Yo también.- Le dijo, esta vez en inglés.

-Sí, es muy bonito... Además, es bastante agradable la temperatura aquí, y el mar es muy relajante.- Le respondió, mientras se quitaba las gafas y los guantes y se empezaba a quitar la camiseta.

- Tienes razón. Cuando estaba estudiando veterinaria, me encantaba irme a la playa con el libro y estudiar mientras escuchaba el sonido del mar. Ayuda mucho realmente.- Le contó, recordando el agobio de los exámenes. Vio que se empezaba a quitar la camiseta, y pensando que se moriría de vergüenza si se quedaba embobado mirándole, empezó a quitarse las cosas él también.- Aún no sé tu nombre. ¿Cómo te llamas?

-Mmm... Llámame Harry. Mi apellido no importa en este momento.- Le contestó, acabando de desvestirse y poniéndose una camisa negra como su pelo con cuadros en gris oscuro y una camiseta también negra debajo.

- Encantado. Yo soy Draco, aunque no me gusta ese nombre y me gusta que me llamen Drew.- Le dijo, recordando cómo le apodaban en la universidad porque su nombre era muy raro, además que siempre tenía que deletrearlo porque los españoles lo escribían todo como lo oían. Se extrañó de que no dijese su apellido, pero no le dio mayor importancia, ya que él tampoco había dicho el suyo. Él también acabó de cambiarse y se puso una camisa verde oscuro con una camiseta negra ajustada debajo, dejando la camisa abierta. También se puso unos vaqueros un poco gastados y ajustados, ya que había quedado con sus amigos de la universidad para despedirse de los que se iban de año sabático. Se echó un chorro de desodorante y se puso un poco de colonia, y después de peinarse dejando su pelo perfectamente descuidado, se consideró listo. Vio que Harry solamente se echaba desodorante y se ponía unos vaqueros oscuros, además de dos pendientes en la oreja con forma de cruz y de calavera. Parecía como si fuese un poco gótico.

-Bueno, ha sido un placer hablar contigo, pero me tengo que ir. He quedado, unos amigos se van de viaje.- Le dijo, cogiendo su móvil y la cartera como último retoque.-Hasta mañana.

-Encantado, Drew- Contestó, mientras cogía una raya de ojos y un pintalabios negro y se dirigía al espejo. Definitivamente, era gótico.


¡Ya está! Si has llegado hasta aquí, es que no te ha parecido tan malo, ¿no? bueno, si no te lo ha parecido, deja un review... si recibo menos de 5, mato a la casera, que mañana es halloween y me ha salido la vena asesina... ¡muahahahaha!