Aquí tenéis el segundo. Alice, te ordeno que empieces a sospechar (?)
Agente de Misterios Inhumanos
Vampiros
No había sido fácil entrar allí, sin ser vista por las patrullas de la policía, pero aun así, Kazuha se adentró al bosque. Tenía miedo. Estaba demasiado oscuro como para ver lo que ella pisaba, pero prefería adentrarse al bosque antes de pasar otro día sin saber de su amigo, del amor de su vida. Se fijaba en cada detalle que antes ya habían reseguido policías, detectives e incluso investigadores de la empresa de abogados en dónde Heiji trabajaba. Pero ella lo hacía con nuevos ojos. Ella lo miraba el mismo catorce de enero y a la misma noche. Abrazándose a sí misma para ayudar a su chaqueta a cubrirla del frío, ella siguió el camino, en dónde sus pasos le llevaban. Una dirección que para muchos era una casa y para los policías tan solo un lugar vacío. Porque Heiji, esa noche iba a ser contratado por un cliente que vivía en una casa al medio del bosque, pero a la mañana siguiente, cuando ella denunció su desaparición, con la ayuda de su jefe, la casa era inexistente. Tropezó torpemente y cayó con las manos al suelo, haciéndose en ellas pequeños rasguños. Se levantó cansada intentando quitar de sus pensamientos lo que los demás policías le habían dicho. No solo Heiji. Años antes que él, el catorce de enero, desaparecieron dos policías, dos bomberos, un lampista, un informático, dos payasos de una agencia infantil, un doctor psiquiátrico y un cirujano. Siempre habían sido llamados por la casa, siempre la noche del catorce al quince de enero, pero la casa no existía y ellos no habían vuelto. Hace un año, recibió de nuevo la visita de la policía, para hacerle las mismas preguntas que le habían hecho el siguiente día de la desaparición de Heiji. Había desaparecido un repartidor de pizzas en la misma dirección y en la misma noche. La gente empezaba a hablar del bosque maldito y a la policía se les resbalaba de las manos el caso de las desapariciones del bosque. Se detuvo escuchando música al medio del bosque. Ella se puso en estado de alerta. La música era una melodía hechizante que le llamaba demasiado la atención. Ella quería acercarse a esa música. Pero algo le decía que no lo hiciera. Tenía miedo. Mucho miedo. Se frotó las manos, entumecidas por el frío mientras algo blanco y fino caía encima de sus manos. Ella levantó la mirada al cielo: estaba empezando a nevar. Dio otro paso, encontrándose de repente delante de una gran mansión. ¿Tan solo había hecho un paso, verdad? Ella estaba al medio del bosque, y de repente estaba delante de una casa, en dónde la nieve ni siquiera caía. ¿Qué era aquello?
Sí, esa era la casa en dónde habían llamado a toda esa gente y a Heiji. La música provenía de allí también. Ella se acercó a las escaleras de entrada sin darse cuenta que sus piernas la llevaban hacia allí. De repente se encontró delante de la puerta. Dudó. Si ahora le sucedía algo a ella, ¿qué sería de Ryuusei? Bueno, Shinichi cuidaría de él, pero… aunque su mano estaba en el pomo de la puerta, esta no se abría. Apartó su mano del pomo. Debía de hacerlo. Esa era su decisión. Tenía que encontrar a Heiji, como fuera posible, porque ella no iba a resistir mucho más tiempo sin él. A penas recordaba la calidez de sus manos o la suavidad de sus labios besándola. A penas recordaba su cara en las fotos y su sonrisa hechizante. Debía de hacerlo. Aún no había puesto su mano en el pomo que la puerta se abrió de golpe. Se miró la mano confundida. No había nadie allí y ella no la había empujado. ¿Sería cierto eso que dijo Shinichi acerca de los monstruos? Entró negando con la cabeza, para quitarse esos pensamientos de encima. No estaba allí para pensar en cosas extrañas. Estaba allí para recuperar a su marido y, con él, su vida. Cuando había avanzado más de tres pasos, la puerta se cerró con un golpe repentino. Ella se sobresaltó mirándola. No había nadie cerca de la puerta, y ella no la había empujado. Cuando se estaba preguntando quién lo había hecho, escuchó una voz riéndose detrás de ella. Era una voz de hombre, fría y temible, haciendo que un montón de escalofríos le recorrieran la espalda. Se giró hacia dónde la había escuchado, pero allí no había nadie.
— ¿Quién eres? —preguntó el hombre a su izquierda, muy lejos de ella.
Ella miró hacia allí, pero aunque estuviera oscuro y sus ojos se hubieran acostumbrado a la oscuridad, ella no veía a nadie.
— He venido a buscar a alguien —dijo ella.
— ¿A quién? —el hombre estaba detrás de ella. Justo cuando iba a girarse para mirarlo, él la cogió por la barbilla con fuerza, y con su otro brazo rodeando su cintura, para bloquear sus brazos—. Hueles bien. Muy bien.
Era fuerte. Demasiado fuerte. Incluso para Heiji ese hombre habría sido un problema. Así que… ese era quién lo tenía, ¿verdad? Antes de que pudiera responder, escuchó el grito del hombre y estaba volando por encima de los árboles del bosque. Pero ella se sentía segura. Un olor nostálgico la llenó de lágrimas que no querían detenerse. Antes de lo que ella hubiera querido, él la soltó al suelo y la empujó apartándose de ella. Su tez morena estaba muy pálida. Sus suaves labios resecos. Sus ojos verdes, destellaban en un intenso rojo, cada dos por tres.
— Hei-ji…
— Vete. Huye de aquí —le dijo él.
— No sin ti, Heiji —dijo ella en un tono suplicante—. Te necesito.
— No puedo estar contigo, Kazuha —Heiji se giró para que no lo viera—. No podemos estar juntos jamás, y menos aún con el olor que estás desprendiendo en estos instantes.
— ¿Olor? —Kazuha se sorprendió tanto por sus palabras que dejó de llorar al instante.
— Estás herida, ¿no es así? —preguntó mirándola de nuevo. Esta vez sus ojos estaban fijamente rojos—. Hueles a sangre —él forzó una sonrisa dejando ver un par de colmillos más largos de lo normal.
— ¿Sangre? —preguntó ella confundida mirando su boca—. Sí, me caí antes, al medio del bosque, pero… ¿tú estás bien?
— ¿Por qué lo dices? —preguntó él—. Estoy muy bien.
— Tus ojos son rojos y tienes… —antes de que ella terminara de decir la palabra él cubrió su boca.
— Vete y dile a Shinichi que tenía razón. Los monstruos existen y yo me he convertido en uno de ellos —Heiji desvió la mirada y luego miró al cielo. Las nubes que cubrían la luna de medianoche estaban empezando a desaparecer—. Tienes que irte ahora. En cuanto la luna haya salido de las nubes, ellos podrán cazarte por todo el bosque, no solo los alrededores de la casa.
— ¿De la casa? —Kazuha empezaba a sentirse mareada. Tanta información de golpe la estaba colapsando. Pero no era aquello lo que le preocupaba. Ella estaba aterrada por el hecho de que siguiera diciendo que se fuera sola—. ¡No puedo irme! —gritó mientras alguien se ponía al lado de Heiji mostrándole sus colmillos, como si una pared invisible les separara. Heiji lo golpeó con fuerza haciendo que el hombre se fuera metros atrás, destrozando unos cuantos árboles—. ¿Qué ha sido eso?
Heiji puso su mano delante, encima de ese muro que ella no podía mover.
— En cuanto las nubes se aparten, yo podré hacer un paso más hacia ti —susurró él—. Así que por favor vete antes de que vengan los demás. Los vampiros son muy rápidos y fuertes, yo no podré detenerlos a todos antes de que te hagan daño.
— El daño me lo estás haciendo tú, Heiji —Kazuha lo miró con miedo—. Ya no puedo más.
— Kazuha te lo ruego, no me hagas esto.
— ¡Tú no puedes hacernos esto! —gritó ella—. ¡¿Qué va a ser de mí sin ti?!
— Puedes arreglártelas sola —se quejó Heiji—. Puedes hacerlo, porque eres fuerte.
— ¡No! ¡Porque ya no dependo de mi misma! —gritó ella.
— ¿Qué? ¿De qué hablas? —preguntó él confundido.
— De nuestro hijo, Heiji. De Ryuusei. No puedo llevarlo yo sola —dijo ella tristemente—. No puedo yo sola, ¡te necesito! —ella puso su mano encima de la de él. Estaba helada—. Te necesito. Y tu hijo de casi dieciséis meses también.
— ¿Soy… padre? —Heiji la miró asustado—. ¿Cómo? ¿Realmente soy padre?
— ¿Y con quién más iba a tener un hijo, yo? —se quejó ella.
— Perdona es que… —los ojos rojos y terroríficos de Heiji se volvieron verdes de nuevo, llenos de ternura. Pero acto seguido apartó su mirada de ella—. Vete Kazuha, yo no puedo salir de este lugar —el empujó el muro invisible, sin éxito—. Vete antes de que ellos vengan a hacerte daño. Cuida de nuestro hijo por mí y vuelve a ser feliz.
— ¿Me estás pidiendo que te abandone aquí? —Kazuha lo miró con los ojos perdidos. Estaba realmente desconcertada.
— ¡Vete! —gritó con fuerza. Sus ojos de nuevo se volvieron rojos y sus colmillos salieron en un tono amenazante.
— ¿Qué te ha sucedido? —Kazuha habló en un susurro y con la voz rota. Acercó la mano hacia él con mucha lentitud. Esos ojos y esos colmillos le daban verdadero miedo, ¡pero era Heiji! ¡Él jamás le haría daño a ella! Le tocó la mejilla, notando sus manos temblando por el frío y el miedo que le daban sus ojos en ese estado. Lentamente lo acarició, haciendo que él cerrara los ojos. Sus mejillas estaban igual de heladas que sus manos. ¿Era por el frío? Al ver que él no la rechazaba, pero tampoco intentaba tocarla, ella finalmente apartó su mano, mientras él seguía apoyado con sus manos en ese muro invisible—. No te reconozco, Heiji.
— Solo soy un monstruo ahora, Kazuha —susurró él abriendo los ojos y mirándola—. Así que vete. En cuanto la luna salga, el territorio será todo el bosque, no olvides eso. Podrán cazarte para coger tu sangre y eso es lo último que quiero, porque entonces estarás atada a este lugar. No le digas a nadie que me has visto, excepto a Shinichi, ¿vale? Dile que tenía razón. Los monstruos existen y si hoy no pueden probar sangre, mañana a la luz del día la mansión estará visible a todo el mundo.
— ¿T-t-tú la has probado? —Kazuha lo miró asustada.
— No —respondió él—. Si no lo hago en otro año, me debilitaré demasiado, pero aun así puedo controlarme por el momento. Así que por favor vete antes de que me sigas tentando con ese olor.
— Te quiero, Heiji —susurró ella girándose y empezando a correr.
— ¡Cogedla! —gritó alguien detrás de ellos, pero Kazuha no le hizo caso. Siguió corriendo, porque sabía que ya no tendría más tiempo. Las nubes que hacía poco tiempo estaban dejando nieve, ahora estaban por dejar ver la luna, como si alguien lo deseara con mucha intensidad y ella por arte de magia quisiera salir. Cuando empezó a ver el final del bosque, mientras empezaba a notarse sin aire, la luz de la luna empezó a iluminar su camino, como si estuviera jugando contra su destino. Justo cuando pisó el suelo firme notó que algo la agarraba de la cola, pero ya no pudo cogerla—. ¡Maldita seas! —gritó la voz del hombre que había ido a recibirla llamando la atención de un montón de policías que rodeaban el lugar. Ella se fijó en que tenía la cinta del pelo que momentos antes había llevado.
— Lo siento, pero no puedo acercarme más a ti —dijo Kazuha forzando su mejor sonrisa—. Créeme, mañana vendremos todos a veros, cuando el sol esté alzado y los vampiros son más débiles.
— Créete que soy débil con esa cosa —respondió él mostrándole sus colmillos.
— ¿Kazuha-san? —un hombre de la policía se acercó a ella mirándola sorprendido—. ¿Con quién habla? ¿De dónde ha salido?
Kazuha frunció el ceño, señalando hacia en dónde estaba el hombre, pero cuando se giró para verlo este ya no estaba y las nubes habían cubierto de nuevo la luna, dejando caer más copos de nieve fría y silenciosa.
— He encontrado la casa en donde había ido Heiji —Kazuha sonrió—. Pero tenemos que ir mañana por la mañana. Os llevaré a todos para que busquéis a los desaparecidos. Tengo que irme con Ryuusei por el momento —Kazuha se giró y salió de allí con los pasos más rápidos que sus piernas le permitieron, mientras el policía le pedía explicaciones a gritos. Cuando llegó a la casa de Shinichi, él estaba a fuera, hablando con un par de periodistas que parecían preguntarle por el partido que tendría mañana por la noche. En cuanto la vio, el chico palideció, enmudeciendo en el acto y haciendo que los periodistas se fijaran en ella—. Créeme tal y como estoy por dentro es mucho peor que como estoy por fuera.
— Lo has encontrado, ¿verdad? —Shinichi suspiró acercándose a ella. Su pelo estaba desaliñado, sus ropas mal puestas en su sitio y sus manos y sus rodillas con pequeñas heridas de la caída—. ¿Qué ha pasado?
— Me ha dicho que te dijera que tenías razón —dijo Kazuha suspirando—. Pero tú ya lo sabías, ¿no es así? ¿Vampiros? ¿En serio? —lo miró con enfado—. ¡¿VAMPIROS?! —gritó con desespero.
— Oye, tranquilízate, por favor —Shinichi le cubrió la boca—. Creo que deberíamos de hablarlo debidamente —ella se quejó debajo de su agarre pero él impedía que sus palabras salieran—. Vamos, no es tan terrible como crees —se rio—. Ciertamente los monstruos existen —susurró a su oído—. Pero no deseamos que eso haga cundir el pánico en la ciudad, ¿verdad? —Kazuha afirmó con la cabeza lentamente y él la soltó—. Vamos. Tienes que contarme lo que ha sucedido —le puso una mano encima de la cabeza sonriendo tristemente—. Lo siento, deberemos de dejarlo aquí. Mis amigos solicitan mi ayuda.
— ¿Qué es eso de vampiros? —preguntó uno de los periodistas.
— Un juego que se realiza por toda la ciudad —respondió él—. Algo que nos hace hacer ejercicio a todos de vez en cuando. Lo siento, tengo que irme, en serio —sacó su teléfono y llamó unos números—. Kaito, lleva a Aoko a mi casa, tenemos que hablar —entró empujando a la chica hacia adentro. Ran fue corriendo a recibirlos y al ver a la mujer la abrazó en un intento de tranquilizar sus temblores incesantes—. ¿Puedes hacer té y llevar una manta a Kazuha, por favor? —preguntó Shinichi hacia su prometida.
— Claro, en seguida —Ran salió corriendo mientras Shinichi cerraba la puerta.
Justo cuando Kazuha y Shinichi entraban en el comedor, un chasquido y un destello blanco, les hizo desviar la mirada. Shinichi cubrió la boca de Kazuha cuando iba a gritar por la aparición en el lugar de Aoko y Kaito.
— ¿Por qué sirven las puertas si se puede saber? —preguntó Shinichi en un suspiro.
— Sabes que para mí son solo de adorno cuando alguien me dice que tenemos que hablar —Kaito se rió—. En serio, no me gusta hacer esperar a la gente cuando me necesitan.
— Kazuha, te presento a la verdadera apariencia de Kuroba Kaito. Algo que Ran no sabe, así que te agradecería que no gritaras. Él es un brujo. Nos conocimos hace unos años, debido a algo que llamamos destructores. De hecho él salvo mi vida en ese momento, y formamos lo que se llama AMI: Agentes de Misterios Inhumanos. Hemos estado ayudando a mucha gente, entre ellas Aoko, quién se unió a nosotros, debido a los poderes de radio que tiene —informó rápidamente Shinichi—. Así que tranquila. Nosotros vamos a ayudarte.
— Si hubiera sabido que estabas con humanos, hubiera usado esa indeseable puerta —le dijo Kaito.
— Sigo aquí —Aoko le señaló la mano que él mantenía agarrada.
— Oh, lo siento —soltó a Aoko de golpe.
— Gracias —Aoko negó con la cabeza—. Estaba cambiándome —se quejó acercándose a Shinichi amenazante—. ¿Sabes lo que es que este tipo se presente en tu propio baño?
— ¿Por qué me lo cuentas a mí sí se puede saber? —preguntó Shinichi mientras Ran entraba corriendo con una manta entre sus manos.
— Ah, Kaito, ¿qué haces aquí?
— Acabo de llegar —sonrió él descuidadamente—. ¿Y? ¿Qué ha pasado?
Ran puso la manta encima de Kazuha, intentando tranquilizarla.
— Sentaros, estoy haciendo té —dijo mientras acompañaba a la chica en una silla.
— Oh, gracias, Ran —dijo Kaito.
— Déjalo ya —Aoko lo empujó hacia la silla—. Me tienes mosqueada.
— Perdona, Aoko-chan —dijo Kaito intentando hacerle pena.
Los dos se sentaron. Shinichi se apoyó en la mesa, sin sentarse mirando directamente a Kazuha.
— Quiero que detalles cada segundo de lo que ha sucedido en el bosque y todos los pensamientos y sentimientos que han pasado por tu cabeza, ¿me has oído?
— Sí —Kazuha bajó la mirada a la mesa y empezó a hablar. A cada palabra que pronunciaba más ganas de llorar tenía. Mientras todos la escuchaban atentamente, Ran, que se había sentado a su lado, le acariciaba la espalda con lentitud. Cuando ella terminó de relatar todo, un pitido se escuchó al otro lado del pasillo, haciendo que Ran se levantara para poder servir el té—. ¿Y? —preguntó, después de un largo silencio, y mirando a Shinichi mientras sus lágrimas empezaban a saltar—. ¿Qué puedo hacer ahora?
— Tú ya no puedes hacer más, Kazuha —susurró Shinichi mientras Ran entraba y empezaba a servir el té—. Ahora es nuestro turno. Tenemos vampiros en una mansión que aparece cada catorce de enero por la noche. Al parecer los vampiros pueden pasar años sin beber sangre y no debilitarse, pero también tienen limitaciones de espacio debido a la luna.
— Eso significa que la luna influye en ellos —Kaito miró a Aoko, mientras Ran se sentaba en la silla y los observaba con atención junto a Kazuha—. Como los hombres lobo y demás que nos hemos topado hasta ahora.
— Siempre culpa de la luna —Aoko rodó los ojos—. Pero pueden moverse hasta la mitad del bosque si la luna está oculta.
— Si tenemos que creer las palabras de Heiji y realmente estos tipos no beben sangre esta noche, mañana la mansión será visible —Shinichi miró a Kaito—. Eso significa que cada desaparición está atada a la sangre que han podido o no beber.
— Y que cada vez que alguien bebe sangre convierte a su víctima en un vampiro —Kaito miró a Aoko de nuevo.
— Pero también hay la posibilidad de que los maten, ¿no? Quizás el hecho de que Hattori Heiji estuviera vivo es una casualidad —Aoko miró a Kaito.
Los dos miraron a Shinichi esperando una respuesta.
— Tendremos que pensar en esa posibilidad. Y también desear que nadie entre al bosque esta noche —Shinichi suspiró—. ¿Cómo pretendes luchar contra un vampiro?
— ¡¿YO?! —Kaito se señaló a sí mismo, gritando y levantándose de la silla de golpe.
— ¿Quién más puede luchar con monstruos aquí? —Aoko lo miró con una ceja arqueada.
— ¡Ni lo sueñes! ¡Ni hablar! —gritó moviendo sus manos exageradamente.
— ¿Quieres callarte que el niño duerme arriba? —Shinichi rodó los ojos.
— Oh, perdón —Kaito volvió a sentarse bajando su tono—. Pero no pienso hacerlo. La última vez tuve que luchar contra veinte destructores a la velocidad y la fuerza de vampiros, ni sueñes que pienso hacerlo de nuevo.
— Venga, tampoco tiene que ser tan difícil —Shinichi se encogió de hombros.
— Te aseguro que la velocidad de esas bestias supera la de la luz —Kaito lo encaró apoyándose encima de la mesa mientras Shinichi sorbía un poco del té.
— Nada puede superar la velocidad de la luz —Ran rodó los ojos y negó con la cabeza.
Kazuha la miró.
— Ese tipo se fue de un lado al otro de una sala enorme en un solo segundo —Kazuha frunció el ceño hacia ella—. Definitivamente le hubiera visto si se ponía detrás de mí.
— No existen monstruos ni demás —dijo Ran.
— Hace cinco años yo te hubiera creído, te lo juro —Aoko sonrió—. Pero un destructor, me poseyó, haciendo que adquiriera los poderes de radio. Aunque sabía que la mansión estaba allí, no sabía cómo acceder a ella, ahora más o menos lo entiendo —miró a Shinichi de nuevo—. Tienes que tener la decisión y no la incertidumbre, de que quieres entrar allí por tu propia voluntad.
— Y por ese exacto motivo no puedo entrar yo —Kaito golpeó la mesa sonriendo y asustando a Aoko y a Kazuha—. Porque yo no tengo la voluntad de encontrarme con un vampiro nunca más.
— Ya hemos hablado de eso, Kaito —Shinichi suspiró mientras Aoko lo golpeaba en el hombro y él se quejaba—. Tenemos que detener estas desapariciones y si no es con tu magia, no podremos hacerlo nunca.
— No pienso volverme un vampiro atado en una mansión —Kaito arqueó una ceja mirándolo con desconfianza.
— Entonces no dejes que te cojan —Shinichi le dedicó su mejor sonrisa.
— Te odio —dijo él.
— El otro problema —Aoko intervino a los dos, que estaban fulminándose con la mirada, diciendo lo que los dos estaban temiendo decir—. Si matamos al jefe, ¿qué sucederá con los humanos convertidos?
— Hablamos esta mañana de eso —Shinichi suspiró—. Pero sigo sin encontrar una lógica.
— Si están atados a la mansión es por la voluntad del primer vampiro —Kaito suspiró—. Dos opciones, o mueren o se vuelven vampiros desatados.
— Heiji tenía voluntad —se quejó Kazuha levantándose del asiento mientras miraba ofendida a Kaito—. La tenía perfectamente bien la voluntad. Él no estaba atado a nadie ni a nada.
— Pero no podía pasar de cierta distancia de la mansión —Kaito la miró con cansancio—. Así que podemos creer que no tiene la voluntad del todo. Además, la radio que hizo Aoko del interior, confirma que hay humanos en esa mansión, pero solo tienen el corazón como humano, lo demás está tan frío como el propio vampiro jefe.
— Tu misma lo dijiste, Kazuha-san —Aoko intervino con un hilo de voz—. Sus manos y sus mejillas estaban heladas. Pero si hubieras tocado su pecho estaría tan caliente como el tuyo. La temperatura corporal de tu marido ahora mismo es de unos siete grados centígrados más o menos. Ya nada podrá volverlo humano de nuevo.
— ¿Mamá? —todos se giraron a mirar al pequeño que había bajado las escaleras y estaba mirándolos desde la entrada.
— Ryuusei —Kazuha corrió hacia él y lo cogió entre sus brazos—. ¿Qué sucede, mi niño?
— Tuve una pesadilla de papá —susurró el niño abrazándose a ella.
— Papá es bueno, no te hará daño —Kazuha lo acarició en la cabeza lentamente—. ¿Qué queréis hacer?
— Mañana iremos a ver lo que queda de ese lugar y lo que podemos encontrar —dijo Shinichi en un suspiro—. Por el momento eso es todo.
— En cuanto salga el sol, estemos todos apunto en la entrada del bosque —terminó Aoko levantándose.
— De acuerdo —Kaito siguió a la chica hacia la entrada—. Voy a prepararme mentalmente para poder engañar a la puerta con mi "voluntad" —dijo remarcando la última palabra con menosprecio.
— Todo saldrá bien, Kaito, no te preocupes —Shinichi sonrió—. Asegúrate de que los periodistas se hayan ido antes de hacer alguna de tus locuras —pidió escuchando que ambos salían de allí—. Quédate a dormir aquí por hoy, Kazuha —susurró mirándola.
