Me pregunto si Alice lo habrá cogido ya, o tendré que darle pistas jejejejejejeje


Agente de Misterios Inhumanos

Vampiros

Las cosas empezaron a complicarse bien entrado el día. La policía los interrogaba acerca del motivo por el que Kazuha había salido del bosque y por lo que les había dicho. Ya que ellos esa misma noche habían entrado allí y no habían encontrado rastro de tal casa. Shinichi les había preguntado si habían ido en grupos de dos o más personas y ellos respondieron con un "por supuesto" que parecía haberles ofendido. El interrogatorio siguió el resto del día hasta que el sol empezaba a ponerse. Shinichi no podía faltar a su partido en el Tokyo Spirits, así que simplemente se fue de la casa dejando a los policías rodeando a preguntas a Kazuha, Kaito, Aoko y Ran. Sin saber que mientras él estaba jugando, algo iba a suceder que cambiaría el destino de todos.

— Ran no entiendo lo que me dices —Sonoko siguió sus pasos apresurados con dificultad. Habían recorrido media ciudad, desde que ella se había presentado en su casa y después de faltar al laboratorio todo el día. Shiho las estaba siguiendo de cerca, puesto que había estado en casa de su mejor amiga, Sonoko, durante un par de horas y lo que había hecho Ran hacía que su curiosidad aumentara—. Detente un momento y cuéntame.

— No hay nada más que contar —Ran la cogió de los hombros deteniéndose delante del bosque que todos conocían como maldito—. Si hay una posibilidad de salvar al amigo de Shinichi es entrando en este lugar.

— ¿Pero sabes en dónde estás verdad? —Shiho la miró desconcertada señalando hacia el bosque.

— Shiho, no me digas que tienes miedo de los rumores que hay por aquí, ¿eh? —Sonoko la miró con una ceja arqueada.

— No es que tenga miedo, es que es peligroso andar por el bosque y más cuando es de noche —dijo ella intentando defenderse—. Además de que ha nevado un montón, así que mis pies se están helando.

— Con lo del frío no te discuto —Sonoko volvió a mirar a Ran—. ¿Qué fue lo que dijiste de vampiros?

— Empiezo a creer que todo lo que dijeron ellos ayer es cierto, pero si es así, se trata de algún tipo de virus que puede que si lo investigamos podamos salvarlo —dijo Ran.

— Oye, si es cierto eso que dices de los vampiros —Sonoko levantó las manos al aire dándose por vencida—. Cosa que claramente no creo, ¿puedes decirme lo que vamos a hacer aquí si la policía dijo que no estaba la casa ya?

— Porque aparecerá de nuevo por la noche, porque llevan un año sin probar sangre, así que están sedientos —Ran se encogió de hombros.

— Ya, y decidiste entrar en un bosque de desaparecidos, para salvar al mejor amigo de tu prometido. Eso tal vez haga que tu desaparezcas también y que le hagas más daño aún a tu prometido. ¿O es que no has pensado en ello? —Shiho señaló hacia el bosque—. ¿Lo has pensado verdad?

— Shiho, no te preocupes, ¿vale? —Ran sonrió.

— ¿Qué no me preocupe? —Shiho golpeó sus brazos contra sus muslos—. ¿Qué crees que le voy a decir a mi novio, que ahora mismo está jugando un partido junto al tuyo, eh? Lo siento es que pude haber evitado que ella se echara a los lobos y no lo hice.

— No son lobos —Ran se encogió de hombros.

Shiho la miró con una ceja arqueada.

— Da igual, ¿no crees? —Shiho suspiró—. Ponerte en peligro no hará que él se sienta mejor, de verdad.

— Pues entonces, no se lo cuentes —Ran le guiñó un ojo y sonrió—. Cuento con vosotras —Ran miró al cielo. Las nubes estaban descubiertas, mostrando una luna perfectamente llena iluminando a las tres. La policía había dejado de hacer guardia, puesto que ya había pasado la noche fatídica sin ningún incidente. Así que hacer el primer paso hacia el bosque no fue complicado.

Cuando entró en él, sintió un escalofrío repentino recorriendo su espalda. Dio otro paso, observando con atención cada detalle a su alrededor. Cuando había hecho ya cinco pasos, un viento muy fuerte hizo que se girara para ver lo que sucedía. Delante de ella había un hombre de pelo rubio y muy largo, vestido con prendas negras y mirándola con unos ojos rojos y fríos.

— ¿Quién eres? —preguntó con una voz grave, que la hizo encoger de frío.

— Me llamo Mouri Ran, soy científica —susurró ella.

— ¿A qué has venido a nuestro bosque? —preguntó él.

— A encontrar esos rumores absurdos de un vampiro —Ran dio un par de pasos hacia su lado, y él la siguió con la mirada.

— Yo soy un vampiro —el hombre sonrió de lado dejando ver uno de esos colmillos alargados que Kazuha había descrito.

— Bien, entonces… —Ran sacó su mano del bolsillo con la empuñadura del puñal y lo rozó, soltando el cuchillo hacia fuera del bosque. Sonoko lo cogió en una bolsa y salió corriendo de allí—. Ahora podemos discutir lo que quieras —ella sonrió encogiéndose de hombros.

— ¿Qué te has creído, niña? —el hombre la cogió por el pelo con una mano y con la otra de la cintura. Cuando Ran quiso darse cuenta estaba volando por el cielo, por encima de los árboles, directa hacia una mansión cubierta de nieve.

Entraron directamente a dentro y la empujó haciéndola caer al suelo. Ran miró delante de ella. Había un montón de hombres observándola con los ojos rojos llenos de ansiedad.

— ¿Puedo hacer una petición? —Ran miró al vampiro.

— No si es el hecho de que no te matemos —dijo el hombre mirándola con desprecio—. Porque tienes que alimentarnos a todos, así que vas a quedarte sin sangre esta misma noche.

— Bueno, quisiera que primero lo hiciera Hattori Heiji, el abogado —Ran sonrió amablemente hacia él.

— ¿Qué relación tienes con él? —el hombre la miró con desprecio.

— Si quieres saberlo, llévame ante él —Ran escrutó la habitación, viendo que él no estaba presente.

— ¿Por qué debería de hacerte caso? —preguntó el vampiro.

— Porque no pienso huir de aquí y me ofrecí voluntaria para ser vuestro alimento —dijo Ran—. Nadie hubiera venido al bosque si no hubiera venido yo, puesto que ya nadie quiere entrar al bosque en dónde ha habido tantos desaparecidos. Solo yo, que soy una científica y no creo en seres nocturnos como vosotros, me he atrevido.

— Tiene sentido —el hombre sonrió de lado de nuevo y miró a los ansiosos vampiros que estaban en línea preparados para saltar hacia ella—. Respetaremos su última voluntad.

— Vaya, no creía que los vampiros fueran tan buenos —Ran frunció el ceño—. Los creía más demonios.

— Nosotros no somos demonios —se quejó él.

— ¡A la mierda con su petición! —uno de los vampiros se abalanzó encima de ella, haciéndole cerrar los ojos.

Pero no notó ni la fría piel del hombre ni el dolor perteneciente a unos colmillos clavándose en ella. Cuando los abrió pudo ver al hombre levitando por encima de su cabeza y retorciéndose de dolor. Miró detrás de ella, para ver al vampiro más anciano manteniendo una mano alzada hacia él. ¿Eso era magia? Lo miró asustada. ¿Qué era eso?

— Si te dejamos que solo alimentes a Hattori —el hombre la miró sonriendo de lado de nuevo—. ¿Nos traerías otra presa?

Ran frunció el ceño.

— Claro, supongo que podría hacerlo —Ran estaba confundida en esos momentos. Si se convertía en vampiro, ¿podía salir del bosque si quería? ¿No habían dicho que eso no era posible?

— Está bien, entonces sígueme —el rubio hizo girar al hombre del aire con sus dedos, y él se giró para ir por la puerta de la izquierda. Cojeaba—. A no ser que quieras quedarte con esos tipos ansiosos de clavarte los dientes, ¿verdad? —preguntó mirándola de nuevo.

— No, claro —Ran se levantó corriendo y lo siguió mirando asustada hacia atrás, como los ansiosos hombres convertidos a vampiros se entristecían por el hecho de que ella se fuera. Alguno de ellos incluso estaba babeando—. Qué asco.

— ¿El qué? —el vampiro la miró.

— No lo entiendo cómo puede gustaros tanto la sangre como para babera por ella —Ran lo siguió mientras seguía mirando hacia atrás.

— Piensa que vosotros sois como un delicioso plato delicado por el que habéis estado haciendo cola durante más de un año —describió el vampiro en jefe.

— Visto de esta manera —Ran se encogió de hombros y se puso al lado del hombre para seguir su paso.

Bajaron por un tramo muy corto de escaleras, y el hombre la llevó hacia la puerta del final del pasillo. Tan solo acercando el hombre que seguía retorciéndose entre sus dedos, la puerta se abrió. Entonces el hombre salió disparado para clavarse en una pared de clavos que había justo al otro lado de la puerta. El hombre entró y Ran lo siguió. Al lado del hombre que acababa de ser clavado, había otro de piel morena que los miró a ambos con los ojos enrojecidos y doloridos.

— Aquí lo tienes —el vampiro jefe miró hacia Ran, que estaba corriendo ya hacia él—. Tu castigo ha terminado —con un solo movimiento de dedos, Heiji cayó al suelo, lleno de heridas y sangre. Sus heridas, empezaron a sanar en ese mismo instante.

— Hattori-kun, ¿te encuentras bien? —Ran se arrodilló a su lado. Él se apartó un poco de ella. El olor de sangre le llamaba demasiado y más ahora que había sido herido de ese modo.

— ¿Qu-qu-quién eres? —tartamudeó intentando centrar sus ojos rojos hacia su jefe—. Gin, ¿quién es?

— No lo sé —el vampiro jefe sonrió en respuesta—. Pero ha solicitado que tú la muerdas.

— Soy la prometida de Shinichi —susurró ella con una sonrisa triste—. ¿Te encuentras bien?

— No, no me encuentro bien —Heiji apartó bruscamente la mano que ella le ofrecía para ayudarlo—. Aléjate de mí. ¿La prometida de Shinichi? ¿En serio crees que voy a hacerte daño? Yo no bebo la sangre de humanos —frunció su nariz y la miró con odio—. Y menos la de la prometida de mi mejor amigo.

Gin sonrió satisfecho y se alejó de allí, dejándolos a solas. El hombre de la pared gruñó en un intento de sacarse los pinchos de su cuerpo y atacar de nuevo a Ran.

— Pues yo te lo pido —susurró ella en un hilo de voz acercándose de nuevo para ayudarlo—. Porque sé que tú serás suficientemente gentil como para no hacerme el daño que estas bestias pretenden hacerme. En realidad no quiero convertirme en ningún vampiro, pero si con ello puedo ayudarte, para mí es suficiente, Hattori-kun.

— ¿Estás loca? —Heiji se apartó de ella de nuevo, haciendo que Ran volviera a acercarse a él—. No hay nada de bueno en ser un vampiro —se quejó él—. Absolutamente nada. Ni aunque para ti sea suficiente. ¿Cómo voy a mirar a la cara de Shinichi después de esto?

— Sé que no vas a hacerme daño —Ran se sacó un pequeño cuchillo de su chaqueta y se hirió la muñeca, poniéndola delante de él—. Sé que intentarás no convertirme en un monstruo, precisamente porque eres el mejor amigo de Shinichi. Así que por favor, no te debilites aún más.

Él tan solo la miró unos segundos y luego cogió su muñeca, empezando a sorber. Ran cerró los ojos. Ni siquiera le había clavado los dientes, pero sentía su sentimiento desesperado por sobrevivir. Ella le puso su mano libre encima de la cabeza, en un intento de tranquilizarlo. Cosa que consiguió, puesto que él dejó de apretar su muñeca con sus manos y empezó a temblar menos. Ran no contó los minutos que pasaron, pero para ella estaban siendo eternos. A cada sorbo de él, ella se sentía un poco más mareada. Los ojos rojos de Heiji se volvieron verdes de nuevo y la soltó, muy lentamente. La miró.

— Estás loca —susurró él.

— Bueno, ese es parte de mi encanto —susurró Ran con una sonrisa.

— Estás pálida, deberías de comer algo —susurró Heiji.

— Oh, ¿es que hay algo más para comer en este lugar, aparte de sangre? —preguntó ella.

— No, pero como normalmente el período de transformación dura 24 horas, puedes huir mañana —susurró Heiji—. Antes de que se den cuenta de que no estás convertida. Por el momento te resguardaré en mi habitación, para que ninguno de esos indeseados puedan tocarte.

Ran escuchó el sonido de la puerta dos veces seguidas. Cuando se dio cuenta, estaba en una habitación pintada de amarillo y con una sola cama de decoración. Justo en el centro. Heiji la soltó encima de ella.

— Eso es rapidez —susurró Ran en un suspiro.

— Bueno, siempre he sido más hábil con la fuerza que con la velocidad —Heiji sonrió—. Ahora descansa un poco. Nadie más que yo puedo entrar aquí, así que nadie te hará daño.

— Gracias —Ran sonrió y cerró los ojos.

— Gracias a ti —Heiji se sentó en la cama y se quedó mirándola. Podía oler restos de Kazuha en ella, así que habían estado juntas recientemente. Tal vez ella les había contado todo y por eso Ran había decidido venir—. ¿Qué voy a hacer ahora?