Creo que ya empiezas a cogerlo (?)
Agente de Misterios Inhumanos
El Virus de V
— ¡Hakuba-kun! —gritó alguien en el pasillo—. ¡Hakuba Saguru-kun! ¡¿Estás ahí?! —el nombrado sacó la cabeza por la puerta—. Tu novia ha venido a recogerte —el hombre señaló detrás de él.
Saguru rodó los ojos mientras escuchaba a la joven quejarse.
— ¡Ni soy su novia ni he venido buscando a Saguru, idiota! —gritó con fuerza—. ¿Está Kudo aquí aun? —preguntó.
— Sí, pero… —antes de que el chico pudiera decir nada ella lo empujó y entró en los vestidores.
— ¡Hey! —gritaron algunos de los hombres que aun estaban con la toalla después de la ducha.
— Gran partido, Hakuba —dijo el hombre antes de irse—. Tú y Kudo siempre hacéis los mejores goles.
— Sí, gracias —Hakuba cerró la puerta y miró hacia ella—. ¿Qué haces, Shiho-san?
— Kudo, algo ha sucedido con eso de los vampiros —dijo ella sin ni siquiera escuchar a Saguru.
— ¿Ah? —Shinichi la miró confundido. Se suponía que nadie más que los cinco que estaban ayer en el comedor de su casa debían de saberlo—. ¿De qué hablas?
— Tu prometida, Ran, ha entrado en el bosque para tener el antivirus —dijo Shiho alzando los brazos desesperada.
— Perdona, ¿qué? —Shinichi arqueó una ceja mientras la miraba confundido. ¿Acababa de oír lo que acababa de oír? ¿Ran qué? Mientras su cerebro procesaba las palabras, su corazón se encogió al tamaño de un grano de arena.
— Que tu prometida ha entrado al bosque y ha sido capturada por los vampiros, ¿es que no me escuchas? —Shiho rodó los ojos—. Sonoko-san en estos momentos está trabajando en el antídoto para sacarla mañana, pero aún así…
— ¿No lo estarás diciendo en serio, verdad? —Shinichi frunció el ceño—. Me estás tomando el pelo.
— ¿Crees en serio que tengo algún interés en lo que corretea debajo de las toallas de estos tipos que ni siquiera tienen cuerpo que lucir? —preguntó ella cruzándose de brazos—. Bueno, allá tú si no me crees, yo ya he finalizado mi reporte.
La chica se giró y empezó a andar hacia la puerta, pero cuando la abrió, Shinichi la cerró de nuevo, evitando que ella saliera.
— Cuéntame todo —Shinichi la miró furioso.
— Bueno, ya que estuvisteis todo el día con la policía y no pudisteis comprobar nada, y como a tu prometida, aunque no creyera eso de los vampiros, tenía cierta curiosidad en que solo fueran vampiros si eran mordidos; pensó en que si adquiríais el antivirus de ese "vampirismo" —Shiho levantó dos dedos de cada mano mostrando su incredulidad en ese asunto—, podríais vencerlo y recuperar a vuestro amigo. Así que le pidió a Sonoko que fuera y como yo estaba en su casa viendo el partido, pues nos fuimos las tres —Shiho se encogió de hombros y le contó el resto sin dejar que los comentarios de sorpresa de los compañeros de Shinichi y sus risas al terminar de contar el relato, en el que ella veía al hombre y a Ran volar hacia el medio del bosque, le cambiaran su semblante—. ¿Y bien?
— Está claro que esos tipos pueden volar y aun no tenemos ni idea de lo que puede hacerles daño y lo que no —Shinichi suspiró apartándose de ella.
— ¡Venga ya, Kudo! ¿Te la vas a creer? ¡Nadie puede volar! —dijo uno de los que estaban aun con la toalla envolviendo su parte inferior del cuerpo.
— Te sorprendería lo que se puede hacer solo con un chasquido de dedos —Shinichi habló mientras hacía el gesto. Todos se echaron a reír, pero se apartaron cada uno a la pared más cercana en cuanto vieron aparecer a Kaito al medio del vestidor—. Tardaste demasiado.
— Ya te he dicho miles de veces que las puertas no me… —Kaito lo miró sorprendido—. ¿No vas a regañarme por no usar la puerta? ¿Estás enfermo?
— Tienen a Ran —Shinichi frunció la nariz con enfado, intentando evitar pelearse con él y perder más tiempo del que tenían en esos momentos.
— Me llevo a Aoko y usamos el radio —Kaito desapareció al acto.
— Gracias, Kuroba —Shinichi bajó la mirada al suelo—. ¿Te vienes conmigo? —miró a Shiho.
— ¿Se refiere a Nakamori Aoko? —Shiho señaló en dónde momentos antes estuvo el brujo.
— Sí, ella. Adquirió poderes al ser poseída por un destructor hace unos cuatro años —dijo Shinichi como si todo el mundo supiera lo que es un destructor.
— Ahá —Shiho lo miró con una ceja arqueada.
— No pienso perder el tiempo diciéndote lo que es un destructor —dijo Shinichi—. Tienes suerte de no poderlos ver, porque son horrendos.
— ¿Tú puedes verlos? —preguntó Shiho.
— Desde que casi me posee uno cuando faltaban dos meses para cumplir mis veintidós años —Shinichi cogió su bolsa y se la colgó en el hombro—. Es una historia muy larga y que no deseo contar a nadie tampoco. Porque para aquél entonces mi corazón estaba lleno de ira y rabia. Es algo que deseo olvidar.
— ¿Así que las emociones negativas llaman a los destructores? —Shiho concluyó. Shinichi la miró con el ceño fruncido—. ¿Qué?
— ¿Tú también has visto las mismas películas y leído los mismos libros que Aoko? —Shinichi dio un largo resoplido.
— Bueno, hemos tendido a verlas juntas —respondió Shiho—. Somos grandes amigas, al fin y al cabo.
— Ya, pero aún así no te ha contado nada acerca del AMI —Shinichi sonrió.
— ¿Qué es AMI? —Saguru decidió intervenir poniéndose su jersey, ya que los pantalones ya los tenía puestos, y cogiendo su bolsa también.
— Lo que somos aquellos con poderes especiales —Shinichi sonrió—. Agentes de Misterios Inhumanos. En mi grupo por el momento somos tres: el que acabáis de ver es el brujo, de nacimiento, Kuroba Kaito, puede usar cualquier poder que quiera y como lo quiera; Nakamori Aoko, la chica que vino buscándonos ayuda, puede ver cualquier monstruo y lugar, sea pasado, presente o futuro, y en cualquier formato, el que más usamos de ella es el radio, que deja ver la temperatura corporal de cualquier ser viviente, sea humano o no; yo solo uso mi cerebro, porque mi habilidad de ver los monstruos cuando los tengo justo delante, no es más que inútil, aparte de para evitar ser atacado de nuevo —Shinichi salió del vestidor siendo seguido por Saguru y Shiho.
— Si claro, lo más normal del mundo es ver monstruosidades a diario —dijo Shiho rodando los ojos.
— Por eso dijiste que querías cambiarte de posición, ¿verdad? —Saguru lo miró con una ceja arqueada.
— Sí, el número siete del otro equipo estaba siendo poseído por un destructor —respondió Shinichi—. Si no está muerto ya, en poco tiempo lo estará. Así que en cuanto nos ocupemos de lo de los vampiros intentaremos limpiarle, antes de que el destructor lo consuma por completo.
— Temo preguntar —Shiho levantó su mano, siguiendo sus pasos rápidos—. ¿Qué ocurrirá en cuanto lo consuma por completo?
— Matará a alguien humano, para comerlo —Shinichi se detuvo para mirar su reacción. Shiho frunció el ceño sin saber si creer sus palabras—. Es broma —Shinichi sonrió mientras proseguía el camino—. Lo más probable es que aparezca muerto por un asesino que nunca aparecerá, o por suicidio, o que desaparezca y se pase el resto de su vida en una lista de desaparecidos que jamás encontrarán. El destructor consume su cerebro, y eso le hace cambiar de aspecto y de mentalidad. Alguien con aires asesinos, terminará desapareciendo y alguien negativo de desespero terminará matando a alguien más y luego suicidándose, puesto que el destructor te da unos segundos para que te des cuenta de lo que has hecho, y te sigue consumiendo más y más.
— ¿Y qué aspecto tienen esas cosas? —preguntó Saguru interesado.
— ¿Cómo eso, verdad? —Shiho señaló al suelo, en dónde había un residuo gelatinoso de color verde.
— Sí, pero en un montón desagradable con ojos rojos al medio y una boca siempre babeante —Shinichi puso su mano derecha alzada, con solo su dedo índice y corazón completamente rectos. Avanzó hacia los contrincantes con los que acababan de jugar el partido e hizo como que cortaba el aire en la espalda de uno de ellos que cayó al suelo al acto. Luego, apuñaló la pared haciendo que todos se giraran al escuchar el golpe de su puño contra ella—. Dadle agua en cuanto despierte y decidle que venga a verme, ahora no tengo tiempo para explicaciones —dijo al ver que sus contrincantes lo miraban sorprendidos, creyendo que había golpeado al chico—. Vamos, tenemos un vampiro que cazar.
Cuando llegaron al bosque, vieron a Kaito apoyado en uno de los árboles cercanos, observando al árbol del lado, en dónde Aoko estaba flotando levemente del suelo, con sus brazos apartados de su cuerpo y su cabeza levantada hacia el cielo.
— Nunca me cansaré de ver esto —Kaito sonrió sin ni siquiera mirarlos a ellos—. ¿Qué haremos?
— Cuando veamos la situación lo decidiremos —Shinichi se puso al lado de Aoko y le tocó suavemente una de las manos, haciendo que ella bajara el palmo que estaba flotando hasta poner sus pies al suelo y lo mirara—. ¿Qué tienes?
— Bueno… —Aoko hizo aparecer de la nada cuatro hojas como si fueran fotografías—. Hay uno inferior a siete grados, que sigue siendo el jefe, solo en una habitación —Aoko le mostró la hoja en dónde aparecía una forma humana de colores verdes y azules—. Hay otro que está perdiendo la mitad de su cuerpo en ríos, así que parece que está herido y que sus heridas no sanan —mostró la otra hoja—. Hay muchos otros en una sala unidos —mostró otra hoja—. Y uno de los humanos convertidos en una habitación a solas con la humana.
— Ya te lo he dicho, se trata de Ran —dijo Kaito moviendo su mano frenéticamente mientras mostraba la otra hoja.
— ¡¿Qué?! ¡Jamás lo dijiste! —gritó Aoko desesperada. Miró a Shinichi preocupada por su última palabra.
— No pasa nada. Deberíamos de estarlo tratando como otro caso paranormal y no como un caso excepcional —susurró Shinichi mirando la última hoja—. Parece que está tumbada en una cama, así que por el momento podemos asegurar que está bien y supondremos que será suficientemente lista como para intentar quedarse a solas con Heiji y con nadie más. Por cierto, ¿qué es eso que le sucede al humano convertido?
— ¿El qué? —Kaito se acercó a él para mirar por encima del hombro de su compañero—. Es cierto, parece que su cuerpo está aumentando un poco de temperatura. Es distinto a los demás.
— ¿Podríamos suponer que el humano es otro y realmente ese vampiro esté convirtiéndose ahora mismo? —preguntó Aoko.
— Sí es así, sería terrible —Kaito sonrió hacia ella intentando burlarse.
— No, es más como si algo de la humana estuviera corriendo dentro de él —susurró Shinichi—. Eso significa que ya han mordido a Ran. Vamos a ver a tu amiga a ver qué es lo que nos puede decir de la muestra de sangre del vampiro.
— Os llevaré —Shiho señaló por dónde Sonoko se había ido y los demás lo siguieron.
— Y por cierto, ¿tú quién eres? —preguntó Kaito mirando a Saguru.
— Mi compañero Hakuba Saguru, ellos son Kaito y Aoko —Shinichi los presentó rápidamente—. Y bueno, ya conocéis a Miyano Shiho, ¿verdad?
— Sí, por supuesto —Aoko se abrazó a ella con una sonrisa—. Es una de mis mejores amigas.
— Sí, y no te atreviste a decir que tenías poderes —Shiho la fulminó con la mirada.
— Vamos, tampoco es tan importante eso —Aoko puso cara de aburrida y la soltó, haciendo que Shinichi y Kaito sonrieran.
Sonoko seguía concentrada. Lo que acababa de ver la estaba dejando desconcertada. Apagó de nuevo las luces y miró por el microscopio de nuevo. Todo estaba de vuelta a la normalidad. ¿Qué significaba aquello? Alguien llamó al teléfono haciendo que ella se sobresaltara. Se fue corriendo a cogerlo y escuchó al otro lado.
— Hay alguien que dice que viene a verte —susurró el guarda de seguridad del laboratorio.
— ¿Quién es? —preguntó Sonoko sabiendo que a esas horas pocas personas la buscarían.
— Miyano Shiho y sus compañeros.
— Déjalos entrar —respondió ella—. Guíales hasta el laboratorio veinte.
— De acuerdo —dijo él.
Siguió observando a oscuras el microscopio. Parecía que todo estaba bien ahora. Con la aguja tocó el líquido que había dentro del pequeño pote de cristal, no se movió ni un milímetro. Tal y como decía Ran, eso tan solo era un virus que se podía detener. Ella cogió de nuevo el suero que siempre ponía para limpiar las muestras de sangre y volvió a ponerlo allí. De nuevo las moléculas se paralizaban. A la salida del sol podría tener un antídoto para esos AMI de quién Ran les había hablado.
Al cabo de pocos minutos más, llamaron a la puerta. Ella tan solo respondió con un gruñido, concentrada en lo que estaba haciendo. El guarda de seguridad prendió la luz.
— ¡No! ¡Apaga eso! —gritó hacia él con furia.
— Perdón —el guarda frunció el ceño, haciéndolo.
— Te cargarás todas las muestras —se quejó Sonoko intentando disculparse por su rudeza—. Shiho, ven a ver esto —ella se acercó rápidamente y puso sus ojos en el microscopio. Al principio no vio nada, pero lentamente sus ojos se fueron acostumbrando a la tenue luz roja que iluminaba las muestras—. Prended la luz —pidió mirando al hombre de seguridad. Él lo hizo—. ¿Y bien?
— La luz artificial daña las moléculas, es como si se quemaran —Shiho miró a Sonoko—. ¿Por qué?
— Supongo que hasta aquí llega tu mente de profesora infantil, ¿verdad? —su amiga sonrió con satisfacción de saber su respuesta—. Apagad la luz, por favor —miró hacia el guarda que lo hizo rápidamente—. Gracias, Takao-san, puedes irte —el hombre hizo una pequeña reverencia y se alejó de allí—. El suero lo paraliza y la luz lo quema, estamos claramente en un caso de vampirismo. Ellos no pueden resistir la luz del sol, ¿lo sabes, verdad?
— Eso dicen en las películas, pero no supuse que fuera real —susurró Shiho con el ceño fruncido—. Aunque haya algún loco que lo haya variado en diamantes andantes.
— Pues tampoco la luz artificial —Sonoko sonrió satisfecha, sentándose de nuevo en su silla y yéndose con ella hacia la mesa del otro lado—. Tendré preparado un antivirus a la salida del sol.
— ¿Podemos esperar tanto? —preguntó Aoko mirando hacia Kaito.
— No lo sé —susurró Kaito—. Pero deberíamos de pensar en lo que sucederá con los humanos convertidos —miró hacia Shinichi.
— Lo siento, no se me ocurre nada —respondió él cerrando la puerta del pasillo para que no se dañaran más las muestras—. Así que solo puede soportar las ondas de luz microondas e inferior, ¿verdad? —miró hacia Sonoko.
— Así es —respondió ella satisfecha de haberlo descubierto. Sonoko volvió la silla hacia el microscopio después de coger unas cuantas cosas y lo insertó dentro de la muestra observando las moléculas—. Y por cierto, ¿qué haces aquí, Kudo-san?
— Yo le dije lo que había sucedido —respondió Shiho.
— Tranquila, tú tampoco sirves de mucha ayuda por el momento —respondió Shinichi con una sonrisa hacia ella.
— Sabes que te odio, y aún así te has atrevido a entrar en mi territorio —dijo Sonoko mirándolo con una sonrisa maléfica—. ¿Eres masoquista?
— Tal vez —Shinichi cogió un aparato que estaba al lado del microscopio. Sonoko se lo cogió de las manos y lo dejó en dónde estaba—. No pienso ser una molestia, te lo prometo.
— La última vez que dijiste eso, por poco no prendes fuego a todo el laboratorio —Sonoko siguió mirando al microscopio—. Si Ran estuviera aquí, podríamos hacerlo más rápido.
— Ya, pero no está —Shinichi suspiró largamente—. ¿Cómo le has permitido hacer eso? —preguntó con una ceja arqueada.
— ¿Me estás distrayendo deliberadamente? —preguntó Sonoko mirándolo con odio.
— No, perdona, yo seguiré a lo mío —Shinichi se apartó a la pared más cercana y la observó con los brazos cruzados hasta que Kaito y Aoko se acercaron a él.
— ¿Qué suposiciones tenemos para hablar? —preguntó Kaito en un hilo de voz.
— Si seguía siendo humana, significa que tal vez haya un tiempo antes de que se convierta en vampiro —susurró Shinichi—. Eso implica que podamos llegar a tiempo a sacarla de allí y que no esté atada al jefe.
— ¿Y qué pasará con los demás? —preguntó Aoko—. ¿Qué pasará con tu amigo?
— No lo sé —Shinichi bajó la mirada—. Pero todos mis pensamientos en estos momentos están siendo negativos con lo que respecta a él.
— No hace falta creer que ha mordido a Ran —Kaito rodó los ojos—. Conociendo a la chica, de seguro ha hecho algo para convencerlo o ha intentado alguna cosa que pudiera hacerse salir con la suya.
— ¿A qué te refieres? —preguntó Shinichi mirándolo.
— Que de seguro si sabía que era tu prometida el tipo no habría hecho nada a Ran, pero ella le convenció para hacerlo. O también podemos suponer que no es él sino otro y que ese que está herido es tu amigo —añadió Kaito mirando a Aoko.
— Cierto, con el radio no puedo distinguir muy bien color ni aspecto, pero suponiendo que Hattori-kun dejó escapar a una presa, de seguro le habrán intentado castigar de algún modo —Aoko afirmó con la cabeza.
— Pero eso también es algo negativo —Shinichi arqueó una ceja. Si estaban intentando animarlo, el efecto era completamente al contrario.
— Perdona —Aoko suspiró y bajó la mirada al suelo—. Pero estoy segura de que hay una explicación a todo esto.
— ¿Por qué? —preguntó Shinichi.
— ¿No lo dijo Kazuha-san? —Aoko sonrió—. Cada año atraen a alguien y lo convierten en vampiro, eso significa que no pueden pasar más de un año sin…
— ¿Comer? —Kaito la miró—. ¿Y si estamos enfocando mal esto? ¿Y si el único vampiro es Hattori y los demás solo son carnívoros que se dejaron ir por la situación?
— Empiezo a tener miedo de tener tu cerebro, Kaito —dijeron ambos a la vez mirándolo con el ceño fruncido.
— ¿Qué? ¿Qué he dicho de malo? Los carnívoros son más fáciles de tratar que los vampiros, puesto que ellos tan solo tienen destructores en su cuerpo —Kaito se encogió de hombros.
— Así que tu problema sigue siendo que no quieres luchar contra vampiros, ¿eh? —Aoko rodó los ojos.
— Estoy deseando luchar contra los vampiros —Kaito forzó su mejor sonrisa haciendo una voz que les decía lo contrario.
— Además, si fueran carnívoros, tal y como tú has dicho, tienen destructores y eso también sale en el radio —Aoko lo fulminó con la mirada.
— Ah, cierto —Kaito se dio cuenta entonces—. Qué mala suerte —miró hacia la pared intentando huir de la mirada penetrante que le estaba haciendo Shinichi.
— Oye, lo haremos juntos esto —Shinichi sonrió—. Lo haremos juntos para tener más posibilidades de vencer.
— ¿Qué vas a hacer tu? —Kaito lo encaró elevando su voz y haciendo que Shiho, Saguru y Sonoko los miraran—. Si el único avance en tu esfuerzo para hacer magia ha sido una espada invisible para destruir destructores. ¿En serio crees que tienes una posibilidad contra vampiros?
— Creo que Kaito tiene razón —Aoko intervino—. No es una buena idea que tú entres allí.
— ¿Y eso? —Shinichi frunció el ceño.
— Estás perfectamente indispuesto —Aoko sonrió maléficamente hacia él.
— ¿A qué viene esa sonrisa? —preguntó Shinichi.
— Oye, tal y como me dijiste el día en que os conocí: los monstruos son irracionales. Así que deja de darles vueltas. Solo un brujo podrá contra ellos —Aoko se encogió de hombros y miró a Kaito—. Qué lástima que solo quedes tú de todos los de tu raza.
— Sí, los vampiros se los comieron a todos —Kaito sonrió burlándose de ella.
— ¿Eso ha sido una broma? —Aoko lo miró confundida.
— Oye, si quieres seguir viviendo, no saques el tema de mi tribu, ¿vale? —Kaito la fulminó con la mirada.
— ¿Qué le pasa con su tribu? —preguntó Aoko.
— Fueron aniquilados por los hombres lobos, en realidad —Shinichi suspiró—. Esos tipos sabían el punto débil de los brujos y lo usaron cuando ellos estaban durmiendo. Realmente el único que sobrevivió fue Kaito, quién estaba de viaje en una misión con su madre.
— Entonces su madre también está viva —Aoko lo miró confundida.
— Mi madre se suicidó —Kaito se apartó de ellos con una mirada de odio y finalmente salió de la habitación.
— Ah…
— Déjalo —Shinichi la cogió por los hombros antes de que Aoko saliera detrás de él—. Su madre no podía aguantar la presión que le estaba quedando, puesto que el linaje de los brujos solo podría seguir si los hijos eran de dos brujos, ¿entiendes eso, no es así? —Shinichi suspiró—. Aunque nosotros podamos aprender magia debido a los destructores, jamás podremos llegar a la mitad de la magia que tienen ellos. Pero solo sobrevivían una madre y un hijo. Ella quiso terminar con el linaje antes que hacerle daño a su propio hijo. Kaito tan solo tenía seis años.
— Eso es terrible —Aoko bajó la mirada al suelo y entonces se deshizo del agarre de Shinichi para seguir al brujo.
— A-Ao… —Shinichi se calló. Tal vez una nueva perspectiva también le vendría bien a Kaito.
El tiempo siguió pasando mientras todos se sumían en un frágil e incómodo silencio. Sonoko seguía trabajando sin descanso, para poder terminar cuanto antes. Solo a los primeros rayos de sol que entraban por la ventana del edificio, Sonoko se detuvo.
— Lo tengo.
