Bueno, si no lo has cogido después de leer este capítulo lee después de la línea ;)


Agente de Misterios Inhumanos

Gin y los destructores

Cuando llegaron de nuevo al bosque, ya el sol prácticamente había salido del todo. Kaito se había quedado encerrado en un silencio intenso que era inhabitual en él, mientras Aoko se quedaba detrás de él, como un perro fiel a su amo esperando una recompensa. Shiho y Sonoko, que eran sus amigas desde que iban a primaria, se quedaron detrás de ellos dos, ayudando el silencio. Saguru y Shinichi iban delante del todo, sin muchos ánimos de hablar tampoco. Esperaron unos segundos delante de los árboles en los que Sonoko aprovechó para entregarles a cada uno un pote en formato de espray, para poder vencer a los vampiros y luego volvió detrás de Shiho.

— ¿Vamos? —dijo Saguru mirando hacia Kaito. El brujo afirmó con la cabeza y todos empezaron a seguir a Aoko, que estaba empezando a flotar en el aire de nuevo.

Tardaron un poco más de una hora en alcanzar un claro, en el que Aoko se detuvo. Puesto que ella iba realmente, muy poco más rápido que el paso de una tortuga mientras usaba sus poderes.

— Ran aparecerá aquí en menos de diez minutos —susurró volviendo al suelo—. Y será el único momento en que podamos ver la mansión.

— ¡Hey, despierta! —Heiji la estaba zarandeando con desesperación—. ¡Hey! ¡Chica! ¡Hey! ¡Prometida de Shinichi! ¡Despierta! —se había olvidado de preguntarle su nombre, o simplemente lo había olvidado, eso lo sabía, pero aun así, estaban en una situación de emergencia—. ¡Hey! ¡Despierta! ¡Te he dicho que despiertes! —aunque hablara en una voz muy baja, él estaba siendo duro con su tono de voz, porque en realidad quería gritar.

Ran abrió los ojos lentamente y lo miró confundida, para luego incorporarse.

— ¿Qué…?

— ¡Tienes que irte! —le dijo Heiji antes de que Ran pudiera terminar de preguntar lo que estaba sucediendo—. El jefe, aunque yo tardé veinticuatro horas justas en transformarme en uno de ellos, está empezando a ponerse nervioso y vendrá a morderte de verdad, así que vete ya.

— ¿Ah? —Ran frunció el ceño—. ¿Cómo quieres que haga eso? —Ran lo fulminó con la mirada—. Tenéis vosotros una velocidad increíble, así que en seguida notarán que no estoy y vendrán a por mí. Además, volverán a meterte en ese sitio si me dejas huir, ¿no es cierto?

— Pero…

— No, no pienso hacerlo —Ran suspiró.

— Está bien —Heiji señaló a la puerta con dos dedos, y Ran escuchó que el pestillo se cerraba para que nadie pudiera entrar—. Todos van a estar aquí en menos de un minuto, así que si no quieres huir me detendrán igualmente por abrirte el camino —apuntó con la mano abierta hacia la ventana cubierta con maderas para que no pasara la luz y disparó contra ella. El estruendo se escuchó por todos lados—. Solo tienes diez segundos para saltar. Estamos al primer piso, así que no te harás daño al saltar.

— ¿Estás loco? —Ran miró el agujero.

— Siete —dijo Heiji mientras golpes se escuchaban en la puerta de afuera, con la voz del jefe—. Seis, cinco, cuatro —Ran se levantó de la cama y sonrió hacia él—. Lo sé —Ran saltó por la ventana mientras la puerta de la habitación estallaba en pedazos—. Ni diez.

— ¡Wow! ¡Esos fueron cálculos imprecisos, Hattori! —se quejó Ran desde el suelo mirando por la ventana.

— ¡Cierra el pico y lárgate! —gritó él desde dentro.

— Ran… —ella se giró para ver a Shinichi y los demás detenidos en el lugar.

— ¡Ahora! —Aoko gritó y todos se dirigieron hacia la puerta de entrada.

— ¿Pero qué? —Heiji miró desde la sombra de la ventana hacia el patio, aunque le dolieran los ojos, viendo como todos corrían hacia la puerta, pasando por el lado de Ran—. ¿Quién narices son esos?

— ¿Qué has hecho dejándola escapar? —preguntó Gin con enojo—. Ni siquiera la advertiste de que cuando se convierta no podrá estar al sol, ¿verdad? ¿O es que ni siquiera la mordiste aunque nosotros hubiéramos olido a sangre? —el hombre frunció su nariz con enfado, para luego mirar sorprendido hacia la puerta en dónde estaban los demás—. ¡Intrusos! —gritó—. ¡Matadlos a todos! —todos desaparecieron a la velocidad de la luz y Heiji los siguió tan rápido como supo reaccionar.

De repente se encontraron todos detenidos. En cuanto entraron en el vestíbulo de la mansión, se encontraron todos detenidos, aunque ellos siguieran intentando moverse con todas sus fuerzas.

— Vaya, vaya, vaya, mirad a quién tenemos aquí —Kaito sonrió con malicia. Se encontraba mal después de la conversación que había tenido con Shinichi y Aoko, así que ahora lo haría pagar con el vampiro que por poco no lo mata la última vez—. Gin, cuánto tiempo. Aunque ahora debas de hablar a la velocidad del tiempo detenido, por supuesto —Kaito sonrió mientras rociaba su cara con el espray—. No sabía que realmente la plata pudiera hacerte algo y aún menos que pudiéramos hacerte daño con solo un antídoto, pero ahora ya está hecho —Kaito levantó su mano a escasos centímetros de su cara y disparó aire, enviando al hombre lejos de dónde estaba, pero aun detenido en el tiempo.

Gin chocó contra la pared, mientras los demás seguían sin poder moverse. Poco a poco, Heiji fue recobrando su movilidad, puesto que él no había podido llegar al centro del lugar. En cuanto pudo mover sus piernas, se apartó a una esquina, intentando pensar en lo que iban a hacer ellos.

— De ese me encargo yo —susurró Shinichi con voz ronca.

Heiji lo miró con miedo. ¿De qué iba a encargarse con él? Shinichi se acercó con lentitud con el espray alzado.

— ¡Shinichi detente! —gritó Ran mientras Kaito seguía avanzando hacia Gin y volvía a tirarle el espray—. ¡Él no me ha tocado! ¡No me ha hecho nada!

Shinichi ni siquiera se giró a mirarla. Miro a los ojos de Heiji, en un intento de saber lo que estaba pensando, pero en esos momentos sus ojos volvían a estar rojos y era imposible descubrir lo que estaba detrás de él.

— ¿Estás de nuestro lado, Hattori? —aun así lo preguntó.

Heiji lo miró sorprendido, haciendo que sus ojos volvieran a ponerse verdes.

— Mientras él me controle no —respondió Heiji en un murmurio mirando de reojo a Gin.

— Está bien —Shinichi tiró espray hacia él—. Entonces quédate aquí para que no te hagan daño ¿vale?

Heiji no le respondió aunque quisiera. Sus músculos se entumecieron, y sentía como que iba a desfallecer, pero sus piernas ni siquiera se movían para caer. Sentía el poder de Gin empezando a darle órdenes, pero él no podía moverse tampoco para hacer nada, así que los poderes del primer vampiro empezaban a calentar su cuerpo con rabia y odio.

— Bien Gin —Kaito sacó un puñal de la nada—. No tengo nada en contra de ti, pero como veo que cojeas, significa que lo que te hice la última vez si te dañó de algún modo. Así que… —clavó el puñal en el pecho del hombre—. Los destructores olerán tu sangre y empezarán a venir para devorarte.

— ¿Qué queréis hacernos? —susurró el repartidor de pizzas que empezaba a poder moverse de nuevo. Aoko le tiró espray directo en la cabeza para que no se moviera de nuevo.

— Tan solo reteneros hasta que el jefe esté muerto —respondió ella—. Esperemos que con esto podamos salvaros.

Sonoko empezó a rociar a todos los vampiros de nuevo, para que no pudieran moverse de nuevo, mientras Kaito se apartaba de Gin. Shinichi se giró para mirar hacia allí. Esas viscosidades de cuerpo gelatinoso de color verde empezaban a acercarse a Gin, haciéndole querer vomitar. El olor que desprendían era peor que los que había visto hasta entonces. Entre el olor y el aspecto, cada vez que veía a uno de esos él tenía que apartar la mirada hacia otro sitio, intentando que nadie le viera.

— Míralo, Kudo —Kaito lo miró directamente a los ojos y sonrió—. Míralo ahora.

Shinichi lo hizo. Gin estaba empezando a perder fuerzas y todos los demás vampiros empezaban a notarlo, excepto uno de ellos, porque el jefe estaba concentrando todo su poder en él.

— Apártate de mí —susurró Heiji a su espalda—. ¡Apártate de mí! —gritó desesperado, haciendo que Shinichi se moviera hacia un lado intentando rociarle de nuevo, pero no llegó a tiempo. La rapidez de Heiji hizo que Shinichi soltara el pote. Las uñas firmes y puntiagudas de Heiji se posaron en el cuello de su amigo de la infancia, mientras él intentaba luchar contra todas sus fuerzas en contra de Gin.

— ¿Hattori-kun? —Ran lo miró. Heiji le devolvió la mirada. Sus ojos rojos estaban llorando por el esfuerzo que él estaba haciendo por no clavar esas uñas a su amigo—. Hattori-kun, se acabó. Serás libre. Podrás volver a ver a Kazuha-san y podrás conocer a tu hijo.

— No podré resistir mucho más, apartadlo de mí —suplicó Heiji. A cada palabra que decía, más sentía que iba a ceder ante el poder de su creador.

— Hace mucho que quería hacer eso —Sonoko se acercó a pasos rápidos y roció a los dos—. Lástima que esto no te haga daño, Kudo.

— Yo también te quiero, Suzuki —respondió él sin ni siquiera moverse. Heiji se había detenido de nuevo, pero sus brazos y uñas no dejaban que él pudiera moverse mucho.

Shinichi miró a Gin. Sus ojos rojos, empezaban a desvanecerse, mientras los destructores lo rodeaban y empezaban a olerlo, aunque ellos no tuvieran nariz visible.

— Soltadme —susurró Gin antes de desfallecer al suelo.

Los destructores lo rodearon y lo cogieron entre todos, de una manera que Shinichi ni siquiera hubiera podido describir. Puesto que esas gelatinas no tenían brazos, cada uno de ellos chupó una parte del cuerpo del vampiro dentro de la gelatina y lo fueron subiendo en medio de convulsiones para poderlo llevar con comodidad. Los destructores lo llevaron a fuera de la mansión, escuchando el grito final de Gin. Todos los demás vampiros cayeron al suelo.

— ¡Wow! —gritó el repartidor de pizza—. ¡Eso sí ha sido una muerte segura!

— ¡¿Ya somos libres?! —preguntó a gritos una mujer vestida con un traje azul en el que ponía un logo de informático.

— Quién sabe —el hombre bombero se levantó del suelo espolsando el polvo de sus pantalones—. Me gustaría por un día quitarme el uniforme.

Heiji rodó los ojos. Aguantar a todos esos tipos había sido agotador y no iba a hacerlo una segunda vez. Echó a correr hacia la puerta para ver los destructores comiéndose el polvo que había quedado entre las ropas de Gin. El sol seguía siendo demasiado brillante para él. Puso una mano fuera, intentando desesperadamente tocar esa luz cálida que hacía tanto que no veía. De sus dedos empezó a salir humo, como cuando se calienta un cubo de hielo, pero no dolía, sino todo lo contrario.

— Hey, puedo tocar la luz del sol —Heiji miró hacia dentro, pero justo cuando estaba por dejar salir su sonrisa de alivio, se encontró al suelo del medio del suelo, rodeado de esos tipos.

— ¡Es verdad! ¡Somos libres! —gritó la mujer de mono naranja con un logo de una lampistería—. Y seguimos manteniendo nuestros poderes como vampiros, ¿por qué?

— Porque en realidad sois medio humanos —intervino Aoko saliendo hacia ellos.

— Por eso los efectos del suero os duraban menos que a Gin. Por un lado os dañaban, pero por el otro, como es un medicamento humano, os curaban —dijo Sonoko mientras los demás salían de la mansión.

— Oh… entiendo… así que seguimos sin ser inmortales —susurró el policía con una sonrisa falsa en su cara. La mujer bombero lo golpeó con fuerza—. ¡Au! ¡¿A qué vino eso?!

— Me dio la gana, sé un poco más responsable por una vez, por favor —se quejó ella.

— El sol… —dijo la mujer vestida de payaso mirando hacia el cielo.

— El sol —confirmó el hombre payaso.

Heiji se levantó y se apartó de ellos cuanto pudo.

— En serio, sigo sin aguantarlos —se quejó mirando hacia Shinichi.

— Has estado a punto de matarme —Shinichi sonrió hacia él—. Jamás te creía tan cruel, Hattori.

Él se rio.

— ¿A qué viene eso de Hattori? —Kaito lo miró confundido.

— Después de machacar a ese te sientes mejor, ¿verdad, brujo? —Shinichi lo fulminó con la mirada.

— Perdona, perdona —Kaito levantó las manos y se acercó al resto del grupo de vampiros—. Bien, como no sabemos cómo va a ser a partir de ahora, tenéis prohibido alejaros de mí.

— ¡¿AH?! —el hombre payaso y el repartidor de pizzas lo encararon—. ¿Estás dándonos órdenes señor?

— Oye… —Heiji se acercó un poco más a él para hablar en susurros—. Lo siento.

— ¿Por qué? —Shinichi observó como Sonoko y Ran intentaban sacar las garras del payaso de encima de Kaito.

— Bueno, ella no va a convertirse, pero aun así… —Heiji dejó las palabras al aire mientras miraba también la escena.

— ¿Sabes? Ni siquiera tengo ganas de golpearte. Es más, me das pena —Shinichi lo miró sonriendo—. Porque la paliza que te va a dar Kazuha será mucho peor.

— ¿Cómo puedes decir esto con esta sonrisa? —Heiji lo miró con ganas de llorar. Lo que él decía era cierto. Kazuha iba a enojarse y mucho. Pero por fin podría volver a verla y no alejarse más de ella, así que aguantaría cualquier golpe, lágrima y grito que ella quisiera darle—. Acepto entonces el castigo —Heiji sonrió hacia él, haciendo que Shinichi lo mirara.

— ¿Te encuentras bien? —preguntó.

— Sigo siendo vampiro, pero no siento la necesidad de sangre en realidad —susurró Heiji—. Siento más bien la necesidad de una hamburguesa bien hecha.

Shinichi se rio.

— ¡Eso sí es tener gusto, Heiji! —gritó.

— ¡Cierra el pico, Shinichi! ¡Nadie te ha pedido tu opinión! —gritó el moreno enrojeciendo con enojo.

Los dos se echaron a reír mientras los demás los miraban. Todo había terminado.

Cuando hubieron vuelto a la ciudad, Sonoko los hizo ir a todos al laboratorio para comprobar que ninguno de ellos pudiera convertir a nadie en un vampiro y bien entrada la noche todos se fueron a casa. Shinichi y Ran, acompañaron a Heiji hacia la tienda de Kazuha y se esperaron a fuera para que él no intentara huir. Cuando Heiji entró, Kazuha como siempre dio la bienvenida al cliente con una sonrisa, pero cuando se cruzó con sus ojos, ella se quedó a medio hablar, dejando a un anciana que allí había sorprendida.

— ¿Sucede algo, Kazuha-chan?

— Hei-ji…

— Hola —él se encogió de hombros y desvió la mirada.

— ¿Hola? —Kazuha lo miró con los ojos llorosos—. Dos años desaparecido, cuando te encuentro me echas, ¿y ahora solo se te ocurre decirme "hola"?

— Creo que has engordado —Heiji le dedicó su mejor sonrisa.

Kazuha salió de detrás del mostrador y se fue directo hacia él dispuesta a golpearlo, pero viendo a Ran y a Shinichi detrás de él, finalmente pasó por su lado, ignorándolo y se fue con ellos.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó.

— Pues el jefe ha muerto y él junto con todos los secuestrados han podido volver a la normalidad —Shinichi sonrió—. Sigue siendo vampiro, pero ahora al menos no hay peligro de que convierta a nadie.

— ¿Por qué me ignoras? —Heiji salió suspirando.

— Porque para escuchar tus tonterías prefiero no escucharte —dijo ella sin ni siquiera mirarlo—. ¿Puedes repetir lo que has dicho?

— Te he hecho un resumen, Kazuha, ¿no lo entendiste? —Shinichi frunció el ceño—. Por cierto, no creo que sea muy acertado dejar a Ryuusei con esa señora.

— Ah —Kazuha se giró para entrar de nuevo, pero Heiji le barró el paso—. En cuanto lleguemos a casa —dijo ella esquivándolo y levantando un dedo hacia él sin ni siquiera mirarlo de nuevo.

Heiji se quedó mirando como Kazuha intentaba disculparse con la señora porque el niño estuviera a punto de destrozar su compra.

— Tranquilo, todo pasará en menos de una hora —Shinichi le dio un suave golpe en el hombro mientras sonreía—. Si quieres puedes venirte a dormir a casa, tienes una cama para ti.

— Gracias, aunque la paliza me la dará antes —Heiji arqueó una ceja hacia él—. ¿No podrí…?

— No pienso ayudarte en que no te golpee, porque te lo mereces en realidad —Shinichi sonrió—. Bueno, tengo que ir a hablar con la policía. Supongo que esos dos policías ya habrán empezado a alborotar toda la comisaría.

— Claro… —Heiji lo miró y suspiró.

— ¿Me acompañas? —preguntó Shinichi mirando a Ran.

— Será un placer —ella sonrió y ambos se alejaron de allí cogidos de la mano.

Heiji suspiró largamente antes de volver a entrar. La noche iba a ser más larga que todo el día entero, y eso que a él se le había hecho pesado. La señora salió de la tienda y él entró lentamente y con sus manos en los bolsillos.

— ¿Y bien? ¿Ya desapareció el muro invisible? —preguntó Kazuha recogiendo algunas cosas del suelo y sin dirigirle la mirada.

— Han matado a Gin, así que sí —respondió Heiji—. Lo más impresionante es que aun teniendo las habilidades de un vampiro pueda andar bajo el sol sin que me haga daño, aunque es un poco incómodo el humo que sale de mi piel —se rio levemente—. Y también el hecho de que no tenga más el virus del vampiro.

— ¿Virus? —Kazuha curiosa lo miró, pero acto seguido bajó la mirada hacia Ryuusei, que estaba yéndose hacia algunos estantes—. Ryuusei ven aquí ahora mismo —el niño la miró y volvió hacia dónde ella estaba—. ¿Qué virus?

— Mouri Ran se dejó capturar para poder detener al vampiro —susurró Heiji encogiéndose de hombros mientras observaba al niño. Kazuha lo miró sorprendida, pero cuando el moreno volvió a mirarla ella de nuevo desvió su mirada—. Ella estaba en lo cierto, puesto que lo que nos detenía no eran las conexiones del vampiro, sino que el hecho de tener el virus que él nos había dado, hacía que él pudiera usar sus poderes en nuestra contra. Pero ahora mismo me siento extraño —Heiji se miró las manos—. Aunque sigo teniendo una velocidad extrema, pueda volar y tenga necesidad de sangre, también tengo la necesidad de beber y comer como los humanos y puedo vivir como ellos —Kazuha lo miró de nuevo, para luego volver la vista a los juguetes del niño. Heiji la miró de nuevo—. ¿Por qué no me miras? —ella lo ignoró—. Hey, Kazuha, mírame —pidió acercándose a ella, pero ella siguió recogiendo los juguetes del niño—. ¡Kazuha! —él la cogió por los hombros y la empujó contra una pared. Sus ojos de nuevo se volvieron rojos—. Mírame… —Kazuha tenía los ojos puestos al suelo en un intento desesperado de evitarle. Pero Heiji ya no podía redimir más sus emociones. Se había aguantado durante dos años enteros, soñando en lo que había pasado en ese día, y ahora resultaba que ella lo estaba rechazando. ¿Por qué? Heiji la cogió por la barbilla y la levantó, pero ella cerró los ojos—. ¿Puedo besarte? —dijo en un susurro que solo ella escuchó, mientras Ryuusei los observaba con atención.

— Cla-claro que no —tartamudeó ella.

Pero sus labios se suavizaron hacia él, demostrando que ella realmente lo deseaba. Heiji sonrió. Pasó su dedo pulgar por encima de ellos, haciendo que Kazuha notara un escalofrío. La piel de él estaba helada, la de ella hirviendo. Ryuusei se cubrió los ojos mientras Heiji acercaba su rostro lentamente hacia ella. El brazo de Heiji que quedaba libre, se apoyó en la pared para mantener el equilibrio. Ella ni siquiera abrió los ojos. Él los cerró mientras notaba la calidez de sus labios encima de los suyos. Las cosquillas que para aquél entonces ambos habían sentido, volvieron a florecer en los dos. Los ojos de Kazuha finalmente empezaron a llorar. Ella había intentado no mirarlo para no hacerlo, pero con ese contacto frío, ella ya no podía aguantar sus ganas. Realmente había vuelto a su lado. La puerta de la tienda se abrió, pero a ninguno de los dos le importó. Ryuusei se miró al joven que había entrado y sonrió hacia él, medio ruborizado, pero dejó de hacerlo al ver que el tipo estaba enojado.

— ¡Hey! —gritó el joven avanzando hacia ellos y golpeando a Heiji con todas sus fuerzas—. ¡¿Qué narices pasa contigo, eh?!

— ¿Ren-kun? —Kazuha abrió los ojos intentando ver al joven entre sus lágrimas. Cuando vio que Heiji no estaba cerca, ella se puso en el medio de los dos, mientras Heiji miraba al joven con los ojos rojos llenos de ira—. ¡No! ¡Detente Ren-kun! —se giró hacia el moreno y se arrodilló a su lado—. Heiji, ¿estás bien? —ella le cubrió los ojos y cuando notó que el moreno se calmaba debajo de su mano, ella la apartó, dejando al descubierto sus ojos verdes de nuevo.

— ¿Ah? ¿Heiji? —Ryuusei se acercó a su madre—. ¿Se llama como papá? —preguntó observándola. Kazuha afirmó con la cabeza hacia el niño sonriendo. Él entendió al acto que había de haber hecho otra pregunta, pero como la sonrisa de su madre le había dado la respuesta a ella, él se puso detrás de Ren demostrando vergüenza y mirándolo por entre las piernas del joven.

— ¿Qué pasa contigo, Ryuusei? —Kazuha frunció el ceño—. Jamás has sido vergonzoso con nadie y ahora lo serás con tu padre, ¿eh?

— Lo-lo siento —Ren tartamudeó rápidamente al ver lo que había hecho—. Estabas llorando y pensé que…

— No importa, Ren-kun —Kazuha sonrió—. Si no lo hubieras hecho tú, lo hubiera hecho yo —Kazuha miró hacia Heiji.

— Gracias, mujer —Heiji la fulminó con la mirada y ella se rio.

— Con lo que dijiste ayer creí que no ibas a volver, en realidad —susurró Kazuha.

— Si Mouri-san no hubiera venido a buscar problemas, yo no hubiera podido volver, Kazuha —Heiji sonrió.

— Como siempre Shinichi es quien debe de salvarnos, ¿eh? —Kazuha negó con la cabeza mientras se sentaba al suelo—. Bienvenido de vuelta.

— He vuelto —Heiji sonrió hacia ella.

Kazuha miró a su hijo.

— Dile algo, Ryuusei.

El niño se apartó de detrás de Ren lentamente, claramente vergonzoso y finalmente hizo una reverencia hacia su padre gritando.

— ¡Un placer! ¡Me llamo Hattori Ryuusei!

— Ah… —Heiji miró a Kazuha que estaba claramente confundida.

Ren estalló en risas.

— En lugar de darle una reverencia cordial a la que nadie le has dado nunca, ¿por qué no le das un abrazo, Ryuu-kun? —preguntó Ren con una sonrisa, agachándose a su lado.

— ¿Abrazo? —Ryuusei miró al joven confundido, haciendo que Heiji y Kazuha estallaran en risas—. ¿Por qué? —Heiji estiró la mano hacia el pequeño y Ren lo empujó para que el moreno lo alcanzara. El padre tiró de él y lo abrazó con fuerza.

— ¿Has cuidado de mamá mientras yo no estaba, verdad? —preguntó Heiji cerrando sus ojos y sonriendo, mientras notaba las pequeñas y calientes manos del niño que se agarraban en su ropa. El niño afirmó con la cabeza—. Bien hecho, Ryuusei.

— Pa-pa-pa-pa-pa-pa-papá… —el niño tartamudeó demasiado haciendo sonreír a todos los adultos.

— ¿Se me permite llorar? —Heiji miró a Kazuha de reojo.

— Ni lo sueñes —Kazuha volvió detrás del mostrador—. Nos vamos ya.

— Pero aún no es hora —Ryuusei se apartó de Heiji para mirar a su madre.

— Lo sé —Kazuha sonrió—. Pero seguramente tu padre estará hambriento.

— Oh, ¿puedo darle los onigiri que hice ayer? —Ryuusei sonrió.

— Buena idea —Kazuha sonrió hacia él con malicia.

— ¿Qué le pusiste a los onigiri? —Heiji parpadeó confundido mirando al niño.

— Un montón de wasabi —Ren se rio con estrépito—. Bienvenido de vuelta Papá-san.

— Auxilio —Heiji miró a Kazuha con miedo.

"Tendrás tu merecido" dijo Kazuha sin pronunciar palabra.

— Ren-oniichan y mamá dijeron que estaban buenos —Ryuusei sonrió.

— Sí, lo estoy deseando —Heiji sonrió hacia él.

Salieron en seguida del local y Kazuha cerró la tienda, mientras Heiji aguantaba al niño entre sus brazos. Subió al niño en su espalda y empezó a andar dirección a la casa, siendo acompañado por Kazuha.

— ¿Cómo has estado? —preguntó ella en un susurro.

— Odiándome a mí mismo —susurró él.

— Por en lo que te has convertido, ¿verdad? —Kazuha lo miró—. ¿Qué va a suceder ahora?

— Bueno, Suzuki-san dijo que no teníamos rastro del virus en nuestro cuerpo, así que aunque muerda a alguien no puedo convertirlo —respondió Heiji—. Pero aun así, sigo siéndolo y las ansias no van a terminar tan fácilmente. Aunque por primera vez en dos años tengo la necesidad de comer lo que coman los humanos.

— Eso es bueno de saber —susurró ella sonriendo—. ¿Puedo prepararte tu comida preferida?

— Lo estaré deseando —respondió Heiji mirándola.

— En realidad, también es la comida preferida de Ryuusei —Kazuha lo miró. El niño se estaba durmiendo encima de la espalda de su padre, con una sonrisa en sus labios—. Vaya, es la primera vez que se duerme sin haber llegado a casa —Kazuha sonrió ante la mirada confusa de Heiji—. Incluso en la casa de Shinichi tarda siempre mucho en dormirse.

— Eso supongo que es bueno de saber —Heiji sonrió y sus ojos se volvieron rojos de nuevo.

— Tus ojos han cambiado de nuevo —dijo ella.

— Oh, perdona —Heiji desvió la mirada—. Supongo que es desagradable de ver…

— Al contrario —susurró Kazuha él la miró con curiosidad—. Ahora con más intensidad quiero conocer al nuevo Heiji.

— Oh… —Heiji se ruborizó desviando la mirada y haciendo reír a su mujer.

— ¿Cómo ha sido tu vida allí?

— Insufrible —Heiji la miró con una ceja arqueada y ella dio su mejor sonrisa—. En serio, esos otros medio humanos eran insufribles. Solo había el repartidor de pizza que parecía entenderme y terminó siguiéndoles la corriente igualmente.

— Heiji —ella le llamó y le tendió la mano. Él se la cogió. Hacía tanto tiempo que no hacían eso que los dos se ruborizaron aún más al hacerlo—. Te he echado mucho de menos.

— Y yo a ti —Heiji tiró de su mano para acercarla a él y la rodeó con el brazo en la espalda, para luego besar su frente—. Por ahora, no pienso soltarte.

— ¿Y cómo voy a cocinar exactamente? —Kazuha arqueó una ceja hacia él.

— Creeme podrás hacerlo —Heiji subió y bajó sus cejas con una mirada pervertida.

— Cállate, tonto.

Los dos siguieron andando en silencio. Un silencio que para ambos era suficiente. A cada paso que hacían, sus corazones palpitaban con fuerza.

En cuanto llegaron a casa, dejaron a Ryuusei tumbado en su habitación y antes de ir al comedor, Heiji tiró de la camiseta de Kazuha, haciéndola entrar en el otro dormitorio.


Extra:

Shintarou: me pregunto porqué me ha tocado ser el repartidor de pizza ¬¬

Hibiya y Mary: ¿Prefieres ser el payaso?

Momo: no te quejes oniichan, ¿un lampista? ¿En serio? ¿Desde cuando los Idols llegan a ser lampistas?

Kano: os estáis quejando mucho :D

Kido: cierra el pico **golpea a Kano**

Seto: vamos, chica bombero, no pegues a un poli que puede detenerte

Ayano: chicos no os peléis

Shintarou: déjalos Ayano, nadie te hará caso para llevar un uniforme policial

Kano, Kido y Seto: Hey! Deja en paz a Oneechan!

Takane: en realidad no me importa ser una informática :)

Haruka: yo jamás creí que viviría para ser un cirujano :D

Hibiya: por cierto, ¿alguien se acuerda del doctor psiquiátrico que acaba de morir y que nadie ha ido a recoger excepto los polis que ahora pueden ver la casa gracias a que Dancho ha dejado de usar su serpiente? ¬¬

Kuroha: no he muerto... sigo aquí para perseguiros en vuestras pesadillas y enviaros al Daze de nuevo! MUAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA

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Bueno nada, que se me fue la pinza (?) XD