Aquí está otro capítulo... Las autoridades ortográficas y lingüísticas advierten que este capítulo puede producir daños irreversibles en la retina y el lóbulo frontal izquierdo al no estar revisado. Me he ido de puente y no me ha dado tiempo de más. ¡Espero que os guste!


AÑO NUEVO, VIDA NUEVA… ¿Y GENTE NUEVA?

CAPÍTULO 8: RECORDANDO

El sábado no había vuelto a ver a Harry, probablemente porque estaba intentando recordar lo de la noche anterior, y el domingo les daban el día libre a la mayoría de los trabajadores del parque, por lo que tampoco le vio. Draco estaba dividido, ya que por una parte le apetecía que Harry recordase, pero por otra pensaba que podría echarle en cara el que no le contara su importante confesión. El lunes fue al trabajo comiéndose la cabeza pensando en ello, en las posibles reacciones que podría tener. Cuando llegó se sorprendió al no verlo en los vestuarios, ya que sus horas de entrada solían coincidir. Ese día estuvo bastante más distraído de lo normal, y hasta los pingüinos lo notaron. ¡Casi les echa de comer la comida de los leones marinos! Sentía como si su futuro dependiese de un mísero recuerdo, una corta conversación. Y en realidad eso era verdad, porque a la salida de los vestuarios se encontró con Harry apoyado en el marco de la puerta, taponándola. No estaba seguro de si eran impresiones suyas o si era verdad, pero ese día Harry le parecía más sexy que nunca. Llevaba la ropa menos oscura de lo normal, con una camisa rojo oscuro y los pantalones vaqueros negros. Draco le saludó con la cabeza, porque se estaba acabando de cambiar.

-Hola, Malfoy-Le saludó, llamándole por el apellido.

-Creí que lo de los apellidos se dejaba atrás después de la primera borrachera, ¿no, Potter?-Contestó Draco, arrastrando la pronunciación del apellido. A continuación se empezó a reír a carcajada limpia. ¡Hacía tanto tiempo que no pronunciaba ese apellido despectivamente! -. ¿Cómo lo has recordado? Llevo toda la mañana comiéndome el coco, pensando en qué dirías….

-Te recuerdo que soy Harry Potter, y además de mi fama y mis admiradores, tengo la herencia de las fortunas Black y Potter… Que no es poco. Me encargué de comprar un pensadero en cuanto acabó la guerra. Dumbledore siempre me dijo que eran de lo más útiles, y ahora veo claro por qué. Metí lo que recordaba de esa noche, y cuando me sumergí en mis recuerdos me salió la conversación sobre el pasado. Nuestro pasado. ¿Por qué no me contaste que habíamos hablado de algo tan importante?-Le contó Harry, con cara acusadora al formular la pregunta. -. No estoy seguro de si debo enfadarme, alegrarme o no hacer nada. ¿Tú qué crees?

-Claro… Cómo no pensarlo, eres rico…- Eso lo dijo bastante arrepentido, y en voz baja, porque en la escuela se metía con él y la comadreja llamándoles pobretones, y se habían cambiado los roles. – No estaba seguro de cómo ibas a reaccionar si te lo contaba. Podías enfadarte, y prefiero que seamos amigos. Debemos madurar, esto no es el colegio… Respecto a lo que debes hacer, yo te recomendaría que semiolvidases el pasado y volvamos a ser amigos. ¿Qué dices?

-No parece una mala propuesta… Tengo una idea, y ya que somos amigos y lo recordamos todo el uno del otro, podemos hacerlo. ¿Qué te parece que visitemos la parte mágica de Santander? Estoy seguro de que no has ido. –Le sugirió, con una sonrisa. Parecía ilusionado con la idea de ser amigos.

-No, no es una mala idea, y no he ido nunca… ¿Pero te has preguntado por qué no he ido aún? La gente no olvida, la última vez que fui al mundo mágico llevaba sin pisarlo siete años y me abuchearon e intentaron maldecir. No es precisamente una buena experiencia, que se diga… Cuatro años más dudo que hayan hecho algo.- Le contestó, bastante dudoso e incluso un poco acobardado.

-Me parece que me consideras tonto. Impulsivo sí, pero no llego hasta tanto. Evidentemente, ya había pensado en eso, y además dudo que te dijesen algo si vas al lado del mismísimo Harry Potter. Puedo aplicarte encima un hechizo de glamour. Pero bueno, mejor nos vamos de aquí… Es la hora de que acabe el siguiente turno.- Contestó Harry. Parecía haber madurado también mentalmente, y Draco le siguió hacia el aparcamiento de empleados. Allí estaba de nuevo su moto, la negra, dorada y roja.

-¿De dónde la has sacado? Parece bastante vieja, pero está en muy buenas condiciones… Y tiene cierta aura mágica, la puedo notar. –Le preguntó Draco, intentando posponer el irse. Estaba muy nervioso, y no sabía a dónde le llevaría Harry.

-Es la vieja moto de Sirius… Sirius Black, mi padrino. Forma parte de la herencia que me dejó. La tuve que restaurar, ya que se rompió en una persecución aérea en el año de la guerra. Quizás por eso parece que es más nueva, además, es mi tesoro más preciado… La cuido mucho, es un buen recuerdo.- Le contestó, adentrándose en temas un poco más personales. Draco prefirió esquivar el tema, y se puso a hablar de otra cosa.

-Tú lo sabes todo sobre mí, pero yo no sé nada sobre ti… ¿Qué has hecho durante todo este tiempo? Me dijo el jefe que llevabas trabajando cuatro años, pero eso sumaría ocho con los que deberías haber tardado en hacer la carrera… y me faltan tres en blanco. ¿A qué te dedicaste?- Preguntó, queriendo saber más sobre él. Harry, mientras tanto, había sacado la varita y estaba trabajando sobre el rostro de Draco.

-Pues… Empecé a estudiar para auror, como todo el mundo esperaba de mí, pero me di cuenta de que no me gustaba. Me escapé al mundo muggle, y llevo sin ir al mágico con mi forma real ocho años. Yo también me disfrazaré.-Mientras le contaba esto, había acabado de disfrazar a Draco. Éste se miró en el retrovisor de la moto para ver cómo había quedado, y sonrió con orgullo. Quedaba guapo como fuese. Harry le había cambiado los rasgos casi completamente, le había puesto el pelo castaño oscuro y con melena, y se lo recogió en una coleta. Los ojos se los había oscurecido un poco, dejándolos casi negros. Su piel era ahora mucho más oscura, y la nariz se le había alargado un poco. Tenía aspecto latino, y pegaba bastante con el país. Harry apenas había necesitado tiempo para cambiarse, se notaba que solía hacer eso. Estaba ahora con el pelo rubio ceniza, liso y peinado con raya a un lado y con gomina. Los ojos eran más claros, casi azules, y la nariz ahora era aguileña. Draco pensó que seguía siendo mono.

Se montaron en la moto, y fueron hasta un arco que había cerca del puerto deportivo. A Draco le pareció recordar que era el ayuntamiento, pero no estaba seguro.

-La entrada al mundo mágico aquí es como a la plataforma nueve y tres cuartos de King's Cross. Tenemos que cruzar la pared, y nos haré un encantamiento desilusionador para poder meter la moto. –Advirtió Harry. Draco sintió como si le hubiesen espachurrado un huevo en la cabeza, y la moto volvió a ponerse en marcha. Atravesaron el arco, y Draco se sintió fascinado con lo que vio.


Cada vez que hago esto me siento malvada... Ya sé que estoy dividiendo un día en dos capítulos, pero no doy para más. El martes va a haber bomba, pero tendréis que esperar dos semanas... Muahahahaha