Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a Stephenie Meyer y a otros. No pretendo ninguna ganancia y lo único que invierto es mi tiempo.

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Asuntos cotidianos

Habían pasado casi dos semanas desde mi llegad a la casa de los Cullen y estaba empezando a acostumbrarme a varias cosas. Ahora me parecía de lo más natural moverme a la asombrosa velocidad que usaban todos, casi había olvidado lo lento que me movía antes. Además me resultaba divertidísimo escuchar cosas lejanas o poder olfatear algo a grandes distancias. Descubrí lo útil que esto era el día que Edward y Carlisle me llevaron a cazar, disfrute tanto usar esas habilidades sin que nadie me lo evitara que había pasado los siguientes días de un humor inmejorable.

Un punto en contra era que aun no medía bien mis fuerzas. Más de una vez me había quedado con las clavijas de las puertas en la mano o algún objeto que sujetaba terminaba hecho añicos. Procuraba quedarme bien lejos de las cosas realmente caras que había en la casa, por sobre todo no me acercaba ni al asombroso Rolls Royce Phantom II que Carlisle aparcaba en el garaje de la casa, ni al enorme radio-tocadiscos de madera pulida que había en la sala y al que Edward parecía venerar.

Durante ese tiempo no me habían dejado sin vigilancia ni un día, siempre había dos personas además de mi en algún lugar de la casa, no estaba seguro de si la razón era que no deseaban que me sintiera solo o me vigilaban para que no saliera solo de la casa, la única cosa que me habían "prohibido" hacer. Yo acepte las condiciones sin chistar y en parte agradecía el empeño que todos ponían para que no hiciera nada de lo que me pudiera arrepentir después, pero empezaba a sentirme muy agobiado por no salir.

Con el pasar de los días me fui percatando de algunas cosas que tenían que ver con las actividades de la familia. El doctor Cullen iba obviamente a trabajar a algún hospital, seguramente tenía alguna especie de rotación pues cada tercer día se quedaba en la casa. Cada vez que el regresaba del hospital traía consigo un aroma que yo no podía identificar claramente pero que me ponía la garganta al rojo vivo.

Esme pasaba la mayor parte de la mañana haciendo cosas que al principio me intrigaban. Claro está que no cocinaba, pero lavaba la ropa en una lavadora automática que hacia un ruido infernal, limpiaba o barría por alrededor de la casa, le dedicaba tiempo al jardín y cuando terminaba leía libros sobre historia del arte o arquitectura de América.

El doctor y su esposa eran las personas más amables que había conocido, sin mencionar que me parecían total y absolutamente enamorados uno del otro. Los había visto charlar tomados de la mano por horas. En una ocasión los descubrí en la cocina mientras bailaban abrazados y sin música y tuve que regresar sobre mis pasos sin hacer el menor ruido para no interrumpirlos. Me sentí como un tonto entrometido y totalmente fuera de lugar. Jamás había visto algo así, no recordaba a mis padres siendo cariñosos uno con el otro, nunca había maltratos pero tampoco hubo nada parecido a lo que acababa de ver en la cocina. Siempre me pregunte como era posible que mis padres hubieran tenido cuatro hijos más después de Elliot. Y aquí estaban estas personas que se veían felices uno con el otro y que no parecía molestarles la cercanía de un desconocido para demostrar su amor. No pude más que sentir una enorme simpatía por Carlisle y Esme.

Edward y Rosalie se desaparecían durante las mañanas con el pretexto de asistir a clases, algo a lo que yo no veía sentido y menos porque lo poco que recordaba de la escuela eran solo peleas y castigos, en pocas palabras, no me entusiasmaba para nada la idea de asistir. En general ambos se trataban como hermanos, justo como Edward había asegurado, pero había momentos en los que discutían con tantos argumentos que cualquiera podría jurar que se trataba de una pareja casada por veinte años y no de personas que se conocían desde hacía solo dos años.

En resumidas cuentas, todos tenían algo en que ocupar su tiempo; Carlisle con sus pacientes, Esme con la casa y su afición por la arquitectura, Edward su piano y la música, incluso Rosalie disfrutaba de leer sobre autos y maquinas. Todos tenían algo que hacer. Todos menos yo.

Llevaba las dos semanas de mi estancia sin tener nada mejor que hacer que tirarme en el sillón de la sala a escuchar la radio, el único contacto con la realidad que me quedaba. Había intentado ayudar en lagunas cosas pues aun recordaba de carpintería y de construcción, pero en cuanto me ofrecía era graciosa y delicadamente rechazado. Incluso cuando sugerí mi ayuda para eliminar a las termitas del techo, Carlisle se negó sin darme mayores detalles. Así que sin ninguna perspectiva de mejora lo único que me quedaba era la radio y mi imaginación.

No paraba de pensar en Rosalie, aun me intrigaba la reacción que había tenido conmigo después de darle las gracias y eso no había sido lo peor. Después de ese día apenas me había dirigido la palabra y evitaba todo contacto visual conmigo. Yo no le daría mayor importancia a ese hecho de no ser porque me moría de ganas por estar cerca de ella. Me encantaría bailar con ella, besarla, abrazarla y Dios sabe que otras cosas. Para estas alturas me importaba poco si Edward escuchaba mis pensamientos y no me sorprendieron nada el par de codazos que me dio cuando yo dejaba volar la imaginación y no podía detenerla. Se me ocurrían las ideas más extrañas para acercarme a Rosalie, pero las descartaba de inmediato. Me había llegado a convencer de que alguna cosa sobre mi le molestaba.

Los días en que a Rosalie le había tocado quedarse en la casa se sumergía en revistas de moda o se pintaba las uñas por horas. Me había sentado delante de ella con toda la disposición de sacarle alguna conversación, pero no lograba pensar en dos palabras que juntas tuvieran sentido y mejor me quedaba observándola mientras leía o se arreglaba, cosa a la que yo no le veía sentido, hiciera lo que hiciera me parecía hermosa.

El jueves estaba siendo un día horrible, estaba hambriento, aburrió y harto de estar en la casa.

Le había pedido a Carlisle que me llevara a cazar de nuevo, pero él dijo que tendría que esperar algunos días más. Según su teoría no era buena idea que comiera tan pronto mientras fuera mi primer año, entre mas espaciadas fueran las fechas de mis caserías tendría más control sobre mi sed en el futuro. Yo no le vi sentido, tenía hambre ahora.

Por la tarde Carlisle y Esme habían salido a pasear y los chicos se quedaron conmigo en la casa. Edward revisaba unos discos que acababa de comprar y Rosalie leía un libro, "La máquina del tiempo" de H. G. Wells. Yo estaba muy aburrido y caminaba en círculos como león enjaulado a la mitad de la sala.

-¿Estas aburrido?- pregunto Edward mientras examinaba las canciones en el dorso de la caja de un disco. Como si no pudiera ser más obvio para él.

-No, así reviso la calidad de los alfombrados.- dije en tono sarcástico.- ¿Qué hacen para no aburrirse?

-Pues muchas cosas: escuchar las noticias, estudiar, pasear…- yo lance un bufido. –Podrías leer.-

-No gracias.-

-¡No te gusta leer!- Rosalie me observaba como si hubiera cometido algún sacrilegio. Era la primera vez que me hablaba directamente. Deje de pasearme y la mire sorprendido por la pregunta.

-En realidad no mucho, lo hago muy despacio y me confundo con las letras. Solo termine la escuela elemental.-

-¿No te gustaría seguir estudiando?-

-Y quien me va a dar clases. ¿Ustedes?- Intercambiaron miradas y sonrieron.

-Seguro. Ambos estamos bastante calificados.-

Rosalie sonriendo. El cielo en la tierra, yo la observe boquiabierto. De ninguna forma iba a decir que no.

-Si me tienen paciencia hare el intento.-

-Perfecto. Edward te dará aritmética y yo lenguaje. Empezamos el lunes.-

-¿Por qué el lunes?- intervino Edward.- ¿Por qué no hoy o mañana?-

-Por que las clases empiezan los lunes Edward.-

Regreso toda su atención al libro. Ni Edward ni yo nos atrevimos a protestar. De todas formas no me interesaba protestar, si ella quería empezar las clases el lunes o el próximo milenio era lo de menos. Con tal de verla sonreír, estudiaría latín.

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Nota de Autora: Discúlpenme me tarde muchísimo tiempo en actualizar porque he estado muuuy ocupada pero ya está aquí este capítulo. Ahora sí estuvo un poquito más largo, aun que no todo lo que se me antoja pero me gusto este capítulo después de escribirlo y reescribirlo. En el próximo capítulo habrá algo de acción y creo que les gustara porque va a estar muy movido, habrá una excursión de por medio y tal vez algunos humanos así que no se lo pierdan. Gracias por leer y si tienen quejas, sugerencias o recriminaciones pues déjenme un review.

Los reviews son una expresión artística también, expláyense.