Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a Stephenie Meyer y a otros. No pretendo ninguna ganancia y lo único que invierto es mi tiempo.
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En el jardín
El sol iluminaba de forma majestuosa la casa, prometiendo un día sin una sola nube. Yo aun sostenía el último pino que había arrancado entre mis brazos. La ira y la frustración ya se habían evaporado, pero no tenía ganas de volver al interior de la casa. Ni siquiera tenía ganas de ver a la persona que estaba a mis espaldas. Rosalie se había quedado toda la noche observándome mientras yo desgraciaba a los pobre arboles.
Si, lo había dicho en voz alta, fuerte y claro. Si, lo había dicho con todas sus palabras y por fin ya no tenía ese peso en cima. Si, Rosalie me gustaba, me ponía loco, me dejaba idiota y completamente deslumbrado. Definitivamente no había sido la forma en que había imaginado decírselo y mucho menos mientras el resto de los Cullen nos observaban desde el pórtico de la casa pero… ¡Al demonio con todo! Lo había dicho y no me iba a retractar.
Solo había un pequeño problema.
Ahora no teína idea de que decir o hacer.
Jamás en mi vida había sentido algo parecido por un chica y nunca antes había llegado a decir algo semejante. O al menos no en serio. Rosalie era muy diferente a todas las mujeres que yo había tratado hasta entonces, no solo por lo que despertaba en mí, sino por todo lo que era. Refinada, elegante y educada. No conocía a nadie igual. Me sentía como un cavernícola intentando tocar a una diosa.
Me di vuelta despacio para verla directamente. Los demás se habían marchado horas atrás, pero ella seguía sin moverse, como esperando a que yo terminar de jugar con las plantas del jardín. El sol naciente le arrancaba destellos a su piel y a su cabello.
"Dios, no lo estás haciendo más fácil."
-Debes creer que soy un tonto infantil.- dije al fin.
-¿Por qué creería eso?- contesto con expresión confusa.
Fruncí el entrecejo y levante un poco el tronco del pino que aun colgaba entre mis brazos tratando de resaltar lo que a mí me perecía evidente.
-Estabas molesto.- concluyo como si fuera lo más normal del mundo. –Pero no necesito que te molestes por algo que me paso a mí. Yo puedo resolver mis propios problemas.-
"Yo quiero ser tu único problema…"
-No lo dudo. Es solo que…- mi voz sonaba horrible
-¿Te gusto?-
-Si… Digo, no… es decir, si. ¡SI! Mucho pero yo… ehmm.-
-¿Por qué?-
-¡¿Por qué?!- parpadee un par de veces intentado entender.- ¿Es una pregunta capciosa?-
Ella no contesto pero dio un par de pasos hacia mí.
-Pues… no sé ni por dónde empezar; cuando creía que eras un ángel, por lo hermosa que me parces o por la parte donde me volvías loco cuando no me dirigías la palabra incluso cuando me sentaba delante de ti.-
-Yo pensaba que no querías hablarme.- dijo con algo de confusión en su voz y dando otro paso.- Pero me gustaba que estuvieras cerca.-
-¿Entonces no crees que soy una especie de acosador loco, celoso y posesivo o algo parecido?-
-No. Creo que eres muy dulce.-
-¡Dulce! Ese no es un adjetivo para alguien como yo.-
-¿Y qué adjetivo prefieres?-
Solté el pino, me sacudí las manos en la camisa y di un paso meditando.
-No sé, algo más impactante: poderoso, fornido, gallardo...- mientras hablaba, no me di cuenta que nos habíamos acercado mucho uno al otro. Ella estaba a menos de 20 centímetros de mí y yo acerque mi rostro al suyo, solo nos separa aire.
-A mí me gusta dulce.- afirmo. Pude sentir su aliento sobre mis labios.
-Pues entonces…- me quede estático, examinando su hermoso rostro.- Soy dulce.-
Estábamos tan cerca. ¡Tan cerca!
Ella fijo sus ojos en los mío y sonrió. Antes de que yo pudiera hacer nada, dio media vuelta y se alejo con paso calmado, con las manos entrelazadas en su espalda. No podía creer que su cadera se meciera de esa manera en forma natural. La mandíbula se me fue hasta los pies. ¿Qué era lo que quería? ¿Volverme loco? No le estaba costando trabajo.
Se detuvo a unos pasos de la puerta principal, se giro para verme y de nuevo sonrió.
-¿Sabes? A Esme en verdad le gusta el jardín, ojala puedas repararlo un poco.-
Yo aun tenía la boca abierta mientras asentía rápidamente. Rosalie hizo un gesto deslumbrante al morderse el labio y la perdí de vista cuando entro en la casa.
Estaba pasmado, completa y absolutamente pasmado. Rosalie estaba jugando conmigo y yo había caído voluntariamente en el tablero, sin meter las manos ni para defenderme. Y lo mejor de todo era que estaba feliz. Sería la pieza que ella quisiera, me movería en cualquier dirección y correría directo a mi fin sin oponer resistencia. Ahora entendía por qué me costaba trabajo hablarle.
Rosalie no solo me gustaba, estaba irrevocablemente enamorado de ella. Así de sencillo.
El resto de la mañana pasó como un borrón confuso. Pretendí reparar el jardín, pero fue hasta medio día que note que no había hecho nada más que rascar el suelo en un solo lugar con una pala. Logre despabilarme y replantar algunos de los arboles, aunque para otros no había salvación y decidí usar algo de su madera para hacer una mesita jardinera que comenzaría en cuanto terminara de repara la puerta principal. Para el final del día había sembrado, podado y cambiado casi por completo toda la forma del jardín. Ahora había un pequeño quiosco con iluminación en la zona "talada", además de una mecedora y unas sillas a juego con la mesita.
Sin duda este había sido un día especialmente bueno, ni cambios de humor, ni ataques de ira. Todo un día sintiéndome bajo control y feliz, sin ninguna razón en especial, solo feliz. Bueno claro que tenía una razón.
-Rosalie- suspire como ido en un par de ocasiones.
Me movía de un lado para otro mientras trabajaba pero no dejaba de pensar en ella.
Esme me sugirió que me cambiara de ropa, no había notado los tremendos hoyos en mi camisa de franela, pero no le di mayor importancia y me quite la camisa agujereada amarrándola a mi cintura para seguir trabajando con la playera que tenia debajo. Me veía justo como cuando trabajaba en la constructora, sucio y con hoyos, pero feliz como nunca. Supuse que incluso Edward se había hartado de percibir mis pensamientos cuando lo escuche desde el interior de la casa mientras comenzaba a tocar el piano como poseso.
Un buen día sin duda, pero ningún buen día sigue para siempre y tenía que terminar justo en ese momento.
Una corriente de aire caliente llego desde el este cargada de un delicioso olor a humano. Me estremecí y la garganta comenzó a quemarme. Mire en dirección a la casa. El aire no había pasado por ella y nadie más había podido oler lo que yo sí. De todas formas escuche a Edward detener el sonido de su piano.
Esta vez no dejaría que me atraparan. Me deslice en un segundo fuera del jardín y sin hacer ruido avance hacia los arboles del bosque, corrí a favor del viento, no para seguir el olor sino intentando dejar un rastro con el que despistar a alguien si me seguían. Antes de que comenzara a dejar mi rastro falso escuche que me alcanzaban. ¡Maldito Edward! Porque tenía que ser tan rápido. Me detuve para enfrentarlo, el me alcanzo en un instante.
-¡Vete!- le amenace con una voz que apenas reconocí como propia.
El no se movió. Comencé a gruñir intentado amedrentarlo, pero él siguió sin moverse. En un instante me di cuenta de que ningún otro Cullen venía detrás.
-Y no vendrán.- comento con una voz sin matiz.
¿Acaso pretendía detenerme el solo? ¿Por qué rayos no les había dicho a los demás?
-No, no voy a detenerte y no quiero que los demás lo intenten. La otra vez tuvimos suerte, estabas distraído y pudimos controlarte, pero ahora sabes lo que quieres y dudo mucho que logremos detenerte incluso si lo intentamos todos.-
Pero entonces ¿Por qué me seguía?
-Porque quiero persuadirte, pero no voy a pelear contigo.-
-En tal caso Eddy… - mi voz era casi un rugido. Di un paso hacia atrás intentando alejarme.- me voy. No hay nada que puedas decir que me interese. Esta vez no vas a distraerme con juegos de mesa o tu música-
-No sabes lo que haces. Créeme.-
-¿Nadie te dijo que no se experimenta en cabeza ajena?-
Le lance una última mirada, mescla de advertencia y precaución, y salí corriendo a toda velocidad. Edward no me siguió. Acelere por entre los árboles y comencé con mi plan para perder a aquel que intentara seguirme. Corrí en círculos alrededor de una zona y luego regrese un poco para repetir la operación, me tomo dos segundos hacerlo. Tome la camisa de franela que aun traía atada a la cintura y la deje en el centro de uno de los círculos. No dude que Edward leyera mi plan para no ser rastreado pero los últimos detalles seguro no encajarían con la idea que tenía hasta hacia unos segundos. Me encamine hacia el este, deje otro circulo y ahora si seguí de frente percibiendo el aroma humano con más intensidad a cada instante.
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Nota de Autora: Chan chan chan… Si el suspenso no los mata espero que me den su opinión. Este capítulo quedo un poco corto pero creo que salió bien. Me agrado el resultado y espero que a ustedes también, me muriera por hacer que se besaran pero luego pensé "No, Rosalie no puede ser ten fácil." Y pasó lo que paso, disculpen si mis loqueras los desesperan. Puedo asegurarles que para el próximo capítulo habrá sangre, no sé si mucha pero la habrá.
