Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a Stephenie Meyer y a otros. No pretendo ninguna ganancia y lo único que invierto es mi tiempo.

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Cazador

Corría a toda velocidad, el bosque se deslizaba cientos de metros debajo de mis pies en un instante, el aire me azotaba la cara y me obligaba a correr más rápido. Me detuve en seco cuando llegue a un camino rural a la sombra de los arboles. Me quede estático.

Podía ver a como a unos metros de mi había una furgoneta Ford modelo B con el capote arriba y vapor saliendo desde el motor. Alguien se asomaba al interior intentando reparar la maquina y podía escuchar su grave voz maldiciendo por lo bajo mientras trabajaba.

No me moví, estaba sorprendido de ver los movimientos del hombre mientras luchaba con la maquinaria. ¿En serio yo me movía tan lento cuando era humano? Al tipo se le cayó la llave de tuercas y se golpeo la cabeza con el capó. Al fin noto mi presencia cuando recogió la herramienta del suelo. Me observo sorprendido, seguro se preguntaba de donde había salido.

-Buenas tardes.- dijo con voz nervioso.

No conteste. Me concentre en lo que escuchaba y sentía. El palpitar del corazón de aquel hombre me pareció curioso, se había acelerado. El resto del bosque estaba en silencio, ese silencio que me emocionaba al cazar. Podía sentir a cada fibra de mi cuerpo tensándose por la anticipación. Mi garganta ardía en llamas. Mis ojos fijos en el hombre, mi presa, en la que podía escuchar la aceleración de su pulso y su respiración agitándose. Y todo en cosa de un segundo.

Sonreí satisfecho. El mejor predador, eso es lo que soy.

Me moví tan rápido que el hombre casi no se dio cuenta cuando me pare a su lado. Se sorprendió y quiso alejarse, lo sujete por el brazo y el se asusto en serio. Aun sujetaba la llave de tuercas he intento blandirla para golpearme con ella. Su movimiento fue tan lento que casi me dio risa. Lo tome por la muñeca, mucho antes de que descargara el golpe y negué con la cabeza mientras él me miraba aterrado.

El juego se acabo, lo atrape entre mi cuerpo y la furgoneta, el intentaba resistirse, era una pena que su fuerza no se comparara con la mía, no estaba presentando ningún reto para mí. Actué por puro instinto, podía oler por donde pasaba más sangre, lo mordí entre el hombro y el cuello. Como morder una barra de mantequilla, así de fácil me pareció. El hombre se revolvió de dolor, intento liberase de nuevo, pero su fuerza no le sirvió ni para moverme un milímetro. Poco a poco dejo de moverse y quedo inconsciente en un par de minutos.

Yo seguía con mi tarea de beber. El ardor de mi garganta se apagaba y lo remplazaba una sensación que no había experimentado hasta ese momento. Placer, un inmenso placer, como si cada célula de mi ser al fin se acomodara en el lugar que le correspondía. Termine poco después y deje que el cuerpo callera el suelo. Respiraba agitado memorizando el olor y el sabor de la sangre humana en lo más profundo de mis inertes pulmones y estomago, extasiado en el sabor y la sensación que me causaba en todo el cuerpo. Era para esto que estaba hecho, no para beber sangre de bestias del bosque, sino para cazar humanos.

Al fin estaba completo, pero no satisfecho.

Mire el cuerpo del hombre a mis pies, tendido y sin movimiento, con la vista perdida en la nada y la expresión de sorpresa que no lo había abandonado.

Me sentí muy mal luego de unos segundos. No por el hombre que acaba de aniquilar, ni por su familia, si es que la tenia. Desde mi perspectiva las personas mueren todo el tiempo, es algo que no se puede evitar y cada una muere según le toca. Pero recordé a un idiota que se había topado con una criatura salvaje en el bosque y que había sido salvado de las garras de la muerte por un ángel. El mismo idiota que ahora había traicionado la confianza de las personas que lo habían aceptado y que se comportaba como una animal irracional, amenazando a quien había intentado persuadirlo y engañando a aquel que quisiera detenerlo.

Me di asco.

No podía volver con los Cullen, no podría verlos a la cara y pedir que me aceptaran de nuevo. No merecía estar con ellos, no merecía vivir con ellos y no merecía a Rosalie. Ella, que me había hablado de lo orgullosa que se sentía de jamás haber probado sangre humana.

En cambio yo no solo acababa de quebrantar la confianza de los Cullen y de arrebatar una vida humana, estuve seguro en cuanto la sangre humana toco mis labios. Quería más.

Un sonido distante me saco de mis pensamientos. Un motor. Un automóvil se aproximaba, daría vuelta en la curva del camino en cuestión de segundos. No podía quedarme ahí parado. Salí corriendo y me aleje.

"¡Cobarde!"

Me aparte cuanto pude de lo que me pareció era el territorio de los Cullen, ya les había ocasionado suficientes problemas y no quería darles más.

Pasaron un par de días y yo seguía rondando sin ningún rumbo fijo. Llegue a percibir la presencia de Edward y Rosalie buscándome, pero los esquive lo mejor que pude. El solo hecho de pensar en que Rosalie me viera con los ojos teñidos de escarlata intenso, me hacia acelerar a fondo.

Dando rodeos y recorriendo veredas en el bosque llegue a las afueras de una pequeña ciudad. Ni siquiera repare en el nombre y me dedique a deambular en los márgenes de la zona urbana olisqueando los aromas que el viento me traía. La garganta se me ponía al rojo vivo.

¿Cómo era posible que el doctor trabajara con humanos? ¿Cómo lograban Rosalie y Edward asistir a clases llenas de personas? No veía la forma de que yo lograra resistirme a la tentación que me provocaba y en verdad no creí que algún día me interesara intentarlo.

Me cuide de acercarme a los humanos durante el día, como si mis problemas fueran pocos el sol había estado brillando de forma espectacular, por lo que me alejaba a rondar los bosques cercanos durante las horas de luz y regresaba a los márgenes por las noches. Incluso si hubiera tenido las ganas como para apartarme de la ciudad, las fuerzas me flaqueaban en cuanto recibía el olor de la sangre humana.

Era como si me hubiera quedado trabado en modo asecho, demasiado exaltado como para alejarme, pero poco entusiasmado por acercarme.

De nuevo la noche, no llevaba la cuenta de las noches que me había pasado merodeando la ciudad cuando logre adentrarme algunas manzanas. El olor salía de todas las cosas que me rodeaban y yo lo dejaba recorrerme el pecho, respirando como si acabara de correr una maratón, con los ojos cerrados.

-Hola grandote. ¿Tienes fuego?-

La voz de una mujer me hizo abrir los ojos. Estaba parada a la luz de un farol, ha varios metros de mi. Era joven, pero su rostro se veía envejecido, ya había visto chicas como ella antes. Muchas veces. Su olor me lo confirmaba; humo de cigarro, licor, perfume barato y…

Su esencia me enardeció en un instante, era completamente diferente al los olores que había detectado en la ciudad hasta entonces. En menos de un instante mi mano cubría su boca y con mi otro brazo la sujetaba por la cintura llevándola al callejón más cercano. La abrazaba por la espalda así que podía sentir sus intentos por apartar mi mano de su cara. Quería gritar pero eso no iba a pasar. Olisquee un poco más su aroma y me aboque a beber su deliciosa sangre mientras su cuerpo iba oponiendo menos resistencia.

Me quede con el cuerpo largo rato, hasta que ya no pude advertir su aroma y todo lo que quedaba de ella era un cascaron vacio.

"Edward te conto que solía matar monstruos como tú."

Si nunca escuchaba a mi conciencia, este era el peor momento para hacerlo. ¿Por qué, si esto era lo natural para un ser inmortal como yo, comenzaba a sentir que no estaba encajando? Las palabras de Carlisle me daban vueltas en la cabeza.

Respetar la vida humana.

¿Qué podía importarme la vida de una mujer como esta? ¿Por qué preocuparme de la existencia de un insignificante hombre en un camino solitario?

Debería de haber dejado esa casa antes de que el doctor me lavara el cerebro con sus sermones y sus lindas frases. Antes de hablar con Edward y de tratar a Esme. Pero por sobre todo antes de que Rosalie me tocara, me tomara de la mano y me obligara a sentarme. Anhelaba tocarla de nuevo, sentir su mano en mi hombro como cuando me daba clases, incluso le aceptaría de buen agrado un bofetón como el que me dio el día de campo.

No podía volver, no podía arriesgarme a lastimarlos, no ahora que en verdad me importaban. Esto era más fácil, desaparecer, quitarme del camino y no estorbarles a los demás. Ya lo había hecho antes, podía volver a hacerlo ahora. Yo sabía que las personas siguen viviendo, estés tú en sus vidas o no, la gente que conociste te recuerda con carriño pero nunca se detienen.

Una semana y dos humanos más, creo que fueron mujeres pero llego el punto en el que simplemente no le tomaba importancia a eso. Mi ropa se estaba convirtiendo en harapos a un ritmo sorprendente y ya podía sentir el suelo atreves de las suelas en mis botas, pero tampoco me importaba. La sangre me distraía de casi todo. Casi.

Pronto tendría que dejar la ciudad, que ahora sabia era Harper, si no quería levantar revuelo. Solo un humano mas y me iría al sur, lo más lejos que pudiera de Appalachia, Virginia y de los Cullen.

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Nota de Autora: Y yo sigo atrasándome, han de disculpar que me tarde en actualizar pero estoy ocupadísima y no he tenido casi nada de tiempo para escribir, prometo aplicarme todo el tiempo que pueda. En otras cosas, espero que comprendan si no le prestó importancia al hecho de que las personas que mata Emmett sean hombres o mujeres, pero yo lo veo desde la perspectiva de que cuando tienes hambre y te comes un filete no te preguntas si era vaca o toro, solo te lo comes y ya. Para mí un neófito funciona en automático, solo ataca y ya. Nos vemos pronto.

Saluditos.