Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a Stephenie Meyer y a otros. No pretendo ninguna ganancia y lo único que invierto es mi tiempo.
-o--o--o--o--o--o--o--o-
Celos posesivos
Dos semanas habían pasado volando, era eso o el encierro me estaba provocando problemas para calcular el tiempo. ¿Pero quien cuenta los días? ¿O las semanas?
Me encantaría decir que yo no los contaba, si antes apenas tenía noción del tiempo cuando Rose estaba cerca de mí, ahora lo único que me mantenía pegado al suelo, y no en el cielo que era donde yo quería estar, era la sed.
Hacía más de tres semanas desde la última vez que me había alimente y estaba con los nervios de punta, tenía ganas de arrancar un bocado de muro solo para ver si así me distraía. Solía quedarme de pie junto a la ventana en un vano intento por dispersar la sensación de necesidad que me daba la sed.
Veía constantemente a Rose, intentando percibir si ella también sentía ganas de salir a cazar, pero no lograba notar nada y eso me frustraba mucho mas. Sin duda yo lo manejaba muy mal, resoplaba y caminaba en círculos alrededor de la habitación, de vez en vez ella captaba mi malestar y me preguntaba como estaba. Yo siempre contestaba con un monótono "Bien". Entonces Rose se me acercaba, me tomaba por el brazo y me obligaba a sentarme junto a ella en el sillón o en la cama, encendía la radio o tomaba un libro o revista al azar y comenzaba a leerme. Eso me calmaba muchísimo y desde luego que era una enorme ventaja del encierro el tenerla tan cerca. Además había logrado un mayor dominio de mi fuerza y mis movimientos bruscos, así que acercarme a ella era más fácil, la tocaba como si estuviera hecha de cristal cortado y acariciaba su mejilla o su cabello mientras me leía.
Estaba decidido a ganarme su confianza y si tenía que hacerlo centímetro a centímetro lo haría sin importar el tiempo que me tomara. Yo sabía que no le desagradaba que la tocara o me lo habría dicho, pero también comprendía que cosas como las que ella había experimentado no se borran fácilmente. Así que la mayor parte de mi autocontrol estaba enfocado en mi ángel y me quedaba poco para usar en otras cosas.
Esa mañana estaba de nuevo parado junto a la ventana, extrañando como nunca dormir y preguntándome qué pasaría si alguien me martillara la cabeza con un mazo de plomo de cinco kilos, dudaba que lograra quedar inconsciente pero en verdad estaba valorando intentarlo.
-¿Cómo estás?- los brazos de Rose me rodearon por la espalda, me encantaba que hiciera eso, normalmente me tranquilizaba y se me destensaban los hombros, pero ahora no lograba relajarme.
-Bien.- conteste como siempre, pero mi voz salió tan forzada que ni yo me lo creí.
Rosalie se coloco frente a mí para verme el rostro, yo no moví ni un musculo. Me estudió las facciones y entre cerró los ojos como si haciendo eso lograra ver dentro de mi cráneo.
-¿Qué tienes?-
-Nada.- la garganta me ardía como gasolina encendida, apenas pude controlar un gruñido a media palabra.
Apreté los labios y cerré los ojos, esta vez no iba a lograr ocultar el malestar. Se me escapo un bufido por entre los dientes. Rosalie no me despego la vista y luego de un momento pareció comprender lo que tenia.
-¿Cuándo fue la última vez que te alimentaste?- desvié la vista hacia el muro, intentando evadir la pregunta. -Emmett. ¿Cuándo?-
-No recuerdo bien.- mentí.
-Emmett, dímelo, no seas necio.-
-Ya se me está pasando. Dame un minuto y como si nada.-
-¡Emmett!-
- Y dices que yo soy necio…- Rosalie me fulmino con la mirada, solo pude suspirar. –Hace casi un mes…-
-¡Un mes!-
-Podría ser menos, creo que exagero… ¿Que son tres semanas?-
-Pero eso es mucho tiempo para alguien como tu.- la mire con malas pulgas, no me gusto el sonido de su frase, como si yo fuera… débil.
-Estoy bien.- me aleje un par de pasos.- Además dijiste que nos quedaríamos aquí y no saldríamos para nada.-
Rosalie guardo silencio, parecía que acababa de recordar algo importante, me miro de nuevo y sonrió mientras inclinaba la cabeza hacia la derecha.
"Ahí dios mío, se me mueren las neuronas cuando hace esas cosas."
-Creo que hablé muy rápido. Vamos a tener que salir a cazar, no podemos quedarnos así, o en dos semanas nos vamos a arrancar la cabeza uno al otro.-
-Da la casualidad de que ya me dejaste sin cabeza.- dije embobado. Rose levanto una ceja con gesto divertido. Yo insistí.-Pero no quiero salir. Puedo resistir.-
-Hace unos días no querías entra, ahora no quieres salir. ¿Por qué?-
-Precisamente por eso. ¿Qué tal si no quiero entrar de nuevo? ¿Qué si me encuentro con algún humano?-
-Emmett, relájate. Vamos a cazar y regresamos, yo voy a estar contigo, nada malo va a pasar. Confió en ti, se que puedes hacerlo. Ambos necesitamos salir.-
Guarde silencio y volví a mirar por la ventana. Pintaba para ser un día con un sol espectacular, de esos que se ven en las portadas de National Geographic, el bosque con el cielo azul de fondo. Algún pajarillo volando y una que otra nube flotando como si apenas pudiera sostenerse del aire.
"¡Uff, mi gozo en un pozo!
Solté un bufido. Se me ocurrían mil y un cosas que podrían salir mal y que el sol estuviera precioso era apenas la cereza del paste. Pero por más que intentara desanimarme a mi mismo, podía sentir las terribles ansias que me provocaba la sed, el problema era que temía perder el control y lanzarme a buscar humanos y no animales. Volví a sentir las manos de Rosalie, esta vez en mi hombro. La mire de reojo.
-Si algo sale mal, por favor, solo apártate.-
-Eso no va a pasar. Además podemos pedirle a Edward que nos dé una mano.-
-Por mi está bien…- dijo la voz de Edward desde el despacho de Carlisle. ¿Nos estaba escuchando?- Eso es casi inevitable.- contestó a la pregunta que no formule.
Sacudí la cabeza poco convencido de toda la situación.
-Siempre podemos recurrir al mazo de plomo de cinco kilos.- escuche a Edward reír y yo solté una carcajada.
Media hora después los tres nos deslizábamos por el bosque. A pesar de toda mi aprensión, correr a toda velocidad por entre los arboles era, sin duda, una experiencia liberadora. Sin mencionar que no había tenido la oportunidad de ver a Rose cazar, normalmente ella salía con Esme y las veces que yo había salido me acompañaban Carlisle y Edward.
El primero en atrapar una presa fue Edward que, como siempre, se enfoco en el rastro de un puma. Salto sobre el animal y ambos dieron vueltas y botes como si estuvieran hechos de goma, pero eso solo duro un instante. Edward podía ser muy aburrido a veces y casi nunca se esforzaba por plantar lucha con los animales. Saltar y beber, punto.
"¿Qué gracias tiene eso?"
De principio me conformé con lo primero que encontré, un alce al que solo le di tiempo de envestirme una vez y he de decir que el sabor de los hervidores es francamente desilusionante. Sin importar el tamaño del animal, solo sirven de aperitivo.
Me sorprendí al darme cuenta de que a Rose le gustaban animales de tamaño medio; lobos y linces, un glotón fue lo más parecido a un postre, pero menudo animalejo neurótico. Eso sí, fue divertidísimo observar a Rosalie lidiar con él casi sin desacomodarse el dobladillo del vestido.
Esperábamos a que terminara cuando los tres los escuchamos acercarse, eran dos y definitivamente, por como se movían, no eran Esme y Carlisle. Edward se adelanto un poco y nos hizo un ademan de permanecer en calma. Seguro les leía el pensamiento intentando adivinar si eran una amenaza.
Aparecieron desde el norte y se nos acercaron con cautela. Jamás había visto a otros vampiros además de los integrantes de mi familia y estaba realmente sorprendido. Eran tan diferentes a nosotros y al mismo tiempo tan parecidos. Dos hombres, ambos de cabello castaño, uno lo usaba corto, como militar y el otro a media nuca. Sus ropas estaban muy gastadas y sus ojos de color rubí nos analizaban a los tres. El de cabello corto se quedo observando a Rosalie más tiempo del que me hubiera gustado.
-Hola.- dijo Edward con tono amable.
-Hola.- contesto el de cabello largo, se veía más vivaracho que el otro y le tendió la mano a Edward. – Soy George y el es Timothy.
Comenzaron a hablar de cosas a las que yo no prestaba el más mínimo interés, toda mi concentración se había fijado en el tal Timothy, que no paraba de mirar a Rosalie de una manera que me alteraba los nervios.
-… y mis hermanos Rosalie y Emmett.- el tal Timothy sonrió y eso me molesto mas. Edward se detuvo un poco en su charla, me miro de reojo y, para mi gran alegría, luego fulminó al tipejo.
"¿De qué rayos se ríe este imbécil?"
Yo casi no prestaba atención a lo que hablaba Edward con George, pero Timothy si y acaba de escuchar sobre nuestra dieta.
-¿En serio comen animales?- acto seguido, se desternillo de risa.
George no reía, solo nos veía con el seño fruncido, parecía que juzgaba que tan cierto era lo que Edward decía.
-Oye dulzura.- hablo Timothy entre algunas risas.- ¿Por qué no dejas a tus hermanitos aquí jugando con los animales? Vamos a pasear, tú y yo. ¿Qué dices?-
Hubo un segundo de silencio tan profundo que juraría que incluso los animales de 5 kilómetros a la redonda estaban en shock.
"¿Este tipo acaba de llamar a mi ángel… dulzura?"
El ruido de mis dientes chocando sonó como un cañonazo. Empecé a planear en cuantos pedacitos iba a dividir a Timmy y en cuanto de él iba a dejar, solo lo suficiente para llenar una cuchara. Edward pasaba su atención de Timothy a mí, parecía mortificado.
Por supuesto, el rufián, seguía observando a Rose. Me volví para ver su cara, seguro estaría furiosa, pero para mi sorpresa ella estaba tan calmada como si le hubieran preguntado la hora. Se cruzo de brazos y ladeo la cabeza.
-No, gracias.- contesto con algo de fastidio.
-Oh, vamos, te vas a divertir.- insistió el. Se acerco a ella y por un momento intento tocarla.
Por un momento muy corto porque yo ya estaba parado junto el, sujetaba su muñeca con todas mis fuerzas y algo crujió entre mis dedos. No estoy seguro de que tanto dolor puede sentir un vampiro, difícilmente yo he sentido algo similar, pero seguro que el sintió algo y me gruño con un sonido grave.
-¡Ella dijo que no! ¡ESFUMATE!-
Él gruño más fuerte y yo le regrese el sonido sin soltarlo. El tipo estaba a punto de saltar sobre mi cuando Rose me llamo.
-Emmett suéltalo.- dude un segundo. -¡Ahora!-
Lo solté. Acto seguido Timothy se agazapo, apretó la mano y me miro con ira. De nuevo se preparaba para saltar sobre mí. Me quede esperando que lo hiciera, tenía ganas de aplastarle la cara contra el suelo.
-¡Alto! Tim, vámonos.- se me había olvidado que George aun seguía ahí. Su compañero no le prestaba mucha atención.- Se razonable, vámonos.-
Timothy me miraba con ira acecina y yo no estaba más tranquilo que él. Un profundo gruñido de advertencia se me salía por entre los dientes.
-Emmett cálmate.- dijo Edward. Pero a mí me sonó mas como una sugerencia que como una orden.
-La sangre de animal debe haber vuelto loco a este.- Timothy no me despegaba los ojos mientras hablaba.- Buena suerte con su neófito, grupo de dementes.-
Acto seguido ambos se alejaron en menos de un instante.
-¿Cómo me llamaste? ¡Vuelve y dímelo a la cara!- poco falto para que saliera corriendo y los alcanzara.
-¿Por qué te pones así?- la voz de Rosalie tenía un tono grave. Me gire y me encontré con sus ojos, dorados hasta lo inconcebible, llenos de algo más que el simple fastidio.
Enmudecí, no era posible que no se hubiera dado cuenta de las miradas que le lanzaba el tal Timothy, o incluso George aun que había sido más discreto. Edward sacudió la cabeza, soltó un resoplido y se alejo. Yo estaba francamente confundido.
-¿Qué no notaste como te veía ese cretino?-
-Claro que lo note.-
Me quedé estático analizando su palabras y por más que lo intente no les encontré lógica.
-¿No te molesta?- dije mas sorprendido que en son de pregunta.
-Los hombres comenzaron a verme de esa forma desde que cumplí trece años, así que estoy bastante acostumbrada.-
Arrugue la nariz y desvié la mirada. Esas ganas de destrozar las cosas comenzaban a pugnar por salir desde mis entrañas a la superficie y lo que las provocaba no era la actitud de Rose. Ella jamás me podría molestar. Pero pensar en hombres, cientos, tal vez miles, viéndola de esa forma me estaba cabreando de una forma espectacular.
-¿Te puedo dar un consejo…?- la voz de Rose sonaba más cerca y levante la cara para verla. Se movió lentamente, hasta que su mano recorrió mí ante brazo, me tomo por la mano y esperó a que le contestara. Muy despacio asentí. –La próxima vez que te den ganas de enfadarte por quien me está viendo, pon atención a quien estoy viendo yo.-
Sus ojos estaban fijos en mí y todas las ganas de destrozar se desvanecieron de inmediato.
o--o--o--o--o--o--o--o-
Nota de Autora: Santa madre de diooos! Me merezco unos jitomatazos por lo mucho que me tarde en actualizar, pero sufrí uno de mis peores tapones creativos. No me salía nada! En fin dejémonos de tragedias. Esta algo extraño pero el final me agrada. Cuando conocí a estos dos por primera vez me sorprendí de que Emmett no fuera celoso, es decir si Rose es taaan hermosa es como para que todos los hombres la babeen hasta el cansancio y luego pensé; "Él sabe algo que algunos tipos celosos deberían de advertir sobre sus chicas. ¡Ella lo ama!". Y esta es mi pequeña explicación del porque. Espero poder aplicarme a la escritura en estos días. No se preocupen que yo, aunque me tarde, seguiré adelante.
Saludos y recuerden que los reviews son una expresión que me encanta recibir.
