Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a Stephenie Meyer y a otros. No pretendo ninguna ganancia y lo único que invierto es mi tiempo.

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Último cumpleaños

Un calendario, de esos a los que se les arrancan las hojas, colgaba junto a la puerta de la cocina. Acabábamos de regresar de cazar y mi intención era volver a la recamara de Rosalie, pero cuando leí la fecha no puede evitar quedarme viéndola por unos momentos.

Rosalie esperó a que yo me moviera, pero como no lo hice se acerco, observo con atención el calendario y luego me miro con curiosidad.

-¿Qué pasa?-

-Nada, solo que si esa es la fecha de hoy, espero que mañana hagamos una fiesta.-

Sonreí como un niño pequeño. Rose me miro sin comprender. Levante las manos para animarla a que adivinara. Ella solo cerró un poco los ojos, pero no dijo nada. Deje caer los brazos y la mire con reproche.

-¿En serio no adivinas?- Rosalie negó muy despacio. -¡Mañana es mi cumpleaños!-

-¿Tu… cumpleaños…?-

-Sí, cumpleaños, eso que pasa solo una vez al año. ¿Qué nunca has celebrado el tuyo?-

-Pues, no desde que…- dejó la frase incompleta y comprendí a que se refería.

-Es decir que no han festejado ningún cumpleaños desde… ¿Hace diecisiete años?- mire a Edward con incredulidad.

-No estás tomando en cuenta que Carlisle no conmemora su cumpleaños desde mediados del siglo XVII.- me contesto sin despegar la vista de una libreta en la que escribía. Luego se detuvo y me dirigió una mirada de desaprobación. –No, no somos un montón de aburridos.-

-Pero un cumpleaños es el mejor pretexto para hacer una fiesta.-

-¿Quieres hacer una fiesta? ¿A quién vas a invitar?- intervino Rosalie.

-Con ustedes me basta y sobra. Por favor, digan que sí, mi último cumpleaños fue horroroso.-

Rosalie y Edward intercambiaron miradas, no parecían estar muy convencidos. Esme entro por la puerta de la cocina con tijeras de jardín y unos guantes llenos de tierra en las manos. Yo solo la veía acomodar las cosas en su lugar en silencio, Edward y Rose hacían lo mismo. Esme termino, cruzó los brazos y se recargo en el armario. Nos analizo con cuidado.

-Muy bien. ¿Qué están planeando?- dijo Esme con un tono de autoridad.

"¿Cómo hacen eso las madres?"

-Mañana es mi cumpleaños y quiero hacer una fiesta. ¿Puedo?-

-¿Tu… cumpleaños…?- "Son mis nervios o sonó justo como Rosalie?" –Tu cumpleaños, mmm… no hemos festejado nunca ningún cumpleaños.-

-Sí, eso le explicábamos. ¿Tú qué piensas mamá? ¿Podemos?- de pronto Edward sonaba muy animado.

"Ahora es en plural y no solo yo. Al menos así tengo más oportunidades de convencerla."

-Di que si Esme, suena divertido.- Rosalie dio una sonrisa deslumbrante.

"Ok, de pronto todos me apoyan. No me parece normal."

-No creo que a Carlisle le moleste y a mí me parece bien. Solo que no quiero nada de destrozos o desorden cuando termine la fiesta.-

Sonreí satisfecho. Mire a Rose y a Edward, por un segundo me pareció verlos algo apagados, pero de inmediato comenzaron a dar ideas para la fiesta del día siguiente.

Por supuesto, mi cumpleaños no fue el gran evento del siglo, pero yo estaba muy contento. Como no iba a contrariar la regla de Rosalie de no salir, a menos que fuera estrictamente necesario, tuvimos que hacer la fiesta en su habitación. En cuanto amaneció; Edward, Esme y Carlisle, que se tomo el día libre, estaban parados delante de la puerta de Rose con algunas cajas envueltas en papeles de colores. Esme llevaba un pastel de chocolate que se veía hermoso, aunque me extraño muchísimo.

-Es para que puedas soplar unas velas, después se lo voy a llevar a los niños del refugio.- me dijo mientras colocaba cada velita como si se tratase de una pieza de rompecabezas.

No esperaba mucho más de una fiesta de cumpleaños, en verdad lo único que me interesaba era que todos estuvieran ahí y se divirtieran un poco. Para media tarde me quedo claro que ellos lo estaban disfrutando casi tanto como yo, por que hasta ese momento nadie había hecho el menor esfuerzo por marcharse.

Los regalos habían sido, a falta de otra descripción, interesantes. Esme me había obsequiado dos libros técnicos: uno sobre construcción de casas y otro de tallado en madera. Cuando desenvolví el regalo de Edward no pude evitar mirarlo con ironía.

"¿Otro libro?"

-No es un libro, es una revista y te subscribí a ella. Te va a llegar una National Geographic cada mes. Compre esta para que veas cómo es.- mi hermano se veía entusiasmado.

-Pues… gracias. Al menos tiene muchas fotografías.-

-Dale una oportunidad, ya verás que te va a gustar.-

Carlisle me dio un set de juegos de mesa: damas chinas, ajedrez, un juego con tablero de triangulitos y una hermosísima baraja de cartas. Por fin podría jugar póker otra vez y obligue al doctor a que prometiera jugar conmigo a cambio de que yo aprendiera ajedrez.

El regalo de Rose me pareció que iba de la mano con el de Esme. Una caja de herramientas para trabajar con madera: gubias, azuelas y formones. Ahora si no iba a tener pretextos para aburrirme.

Luego de una de las interminables conversaciones que sosteníamos entre todos, Esme dijo que llevaría el pastel para los niños antes de que oscureciera y Carlisle se ofreció a llevarla en el auto. Poco después, Edward nos dejo solos con el pretexto de tener un trabajo escolar pendiente.

-Al menos hojea la revista.- me dijo mientras me arrojaba el numero a la cara. Yo la atrape antes de que me golpeara.

-Sí, Eddy, si. Gracias.- planeaba dejarla de lado en cuanto él saliera de la habitación, pero hojearla en verdad funciono.

-Te lo dije.- sonrió antes de cerrar la puerta tras de sí.

Me quede tumbado en el sillón un rato, leyendo de todos los lugares de los que ni sabía que existían, mientras Rose se cepillaba el cabello. La observaba usando la revista como escudo, así que cuando ella se movía yo regresaba mi atención a la "lectura". Había aprendido a reconocer algunas de sus rutinas, como por ejemplo esta de cepillarse antes de encerrarse un rato en el cuarto de baño. ¡Como quería tumbar esa puerta! Me preguntaba que tanto hacia en el baño que la entretenía a veces por cuarenta minutos. Cuando yo entraba era cosa de cinco minutos y ya estaba afuera.

La mire de nuevo por sobre las hojas y note una cambio. Rosalie había dejado el cepillo sobre su regazo y tenía la vista perdida. Era la misma expresión que le había visto cuando intentaba convencerla a ella y a Edward de hacer la fiesta.

Me mortifique, en ocasiones no estaba seguro de que hacer o decir cuando la veía inquietarse de esa forma.

-¿Pasa algo malo?- no me iba a quedar solo mirando.

Ella regreso a la realidad con un respingo y me sonrió.

-No, nada, solo estaba recordando.- su sonrisa se lleno de nostalgia.- ¿Sabes donde pase mi último cumpleaños?-

Me incorpore y deje la revista aun lado. Era raro que me hablara de esas cosas, había llegado a entender que le dolía recordar.

-No.-

-En casa de mis padres. Hicieron una fiesta para impresionar a los vecinos y a los amigos del trabajo de mi padre… como siempre fue puro espectáculo. Querían presumir que su hija estaba comprometida… pero aun así fue lindo.-suspiro y me sonrió de nuevo. -¿Cómo fue tu ultimo cumpleaños? Ayer dijiste que había sido horrible…-

Hice un esfuerzo por recordar. No solo había pasado ya un año, algunos de mis recuerdos humanos empezaban a ser borrosos, confusos y poco importantes. Ya de por si en verdad me era difícil rememorar esa fecha. Recordaba haber estado bebiendo en una cantina, sin llevar ni un dólar en el bolsillo y algo sobre una especie de riña. Lo que si no pude olvidar era haber despertado al día siguiente en el callejón junto a la taberna, sin zapatos ni reloj, con las costillas adoloridas y una jaqueca de campeonato.

-Estaba solo.- me limite a contestar. Era demasiado humillante como para querer explicarlo con detalles y en verdad ese había sido el problema inicial de mi horripilante cumpleaños anterior, así que no estaba mintiendo.

Guarde silencio por un rato. No estaba seguro pero una idea me aprecio en la cabeza. Sí, mi cumpleaños había sido algo digno del olvido, pero tal vez el de los demás no. Rose lo celebro junto a su familia, probablemente Edward también, tal vez Esme estaría esperando a su bebe y Carlisle… ¿Festejaban los cumpleaños hace 300 años?

-Gracias.- dije sin miramientos. Rose me observo por el reflejo del espejo, había comenzado cepillarse de nuevo.

-¿De qué?-

-Por mi fiesta. Ahora puedo decir que mi último cumpleaños lo pase con mi familia.-

De pronto se me quitaron las ganas de tener otro cumpleaños. ¿Qué sentido puede tener? Yo ya no iba a crecer o a envejecer y sinceramente no me importaba. Me importaba más que mi familia no quisiera hacer fiestas, pero sabía que era cuestión de tiempo para que los demás tuvieran ganas de hacer otra, puede ser que no sea en un año, ni en una década. Pero sin duda, alguien por alguna razón querrá celebrar un cumpleaños y yo seré el primero en la lista, aun que tenga que esperar un siglo. Puedo esperar.

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Nota de Autora: Listo ya volví. Recuerdo que cuando Edward menciona en Luna Nueva que el último cumpleaños que festejaron fue el cumpleaños de Emmett en 1935 yo pensé: "Muajaja tengo que hablar de eso" y aquí está. Ahora, ¿recuerdan cual es el próximo cumpleaños? Que gracia le va a hacer a Rose, pero para eso falta mucho tiempo. Ojala les haya gustado, fue algo ligero pero me apetecía algo así, así que nos vemos en el próximo capítulo.