Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a Stephenie Meyer y a otros. No pretendo ninguna ganancia y lo único que invierto es mi tiempo.

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La tormenta

El invierno se nos había echado encima. Un día aun era otoño y al otro la nieve llegaba a la cintura. Nunca me gustó el invierno, mucho menos el frio, odiaba titiritar junto a las chimeneas o los botes de basura que alguien encendía en las calles.

Ahora en verdad estaba disfrutando del invierno. No me malinterpreten, podía sentir el frio, pero no lograba penetrar mas allá de mi piel y mucho menos provocarme ni un leve escalofrió. Era una sensación interesante. Tocar la nieve y no enfriarme. Ya de por si mi cuerpo era frio, así que la nieve en mi mano no se derretía mientras yo le daba forma a un hombrecito de nieve que se asomaba por la ventana de la habitación con una sonrisa de listón y ojos de botones.

-¿Quién es tu nuevo amigo?- Rosalie me observaba divertida.

-Él es el Señor Botones. Dice que necesita una taza de azúcar pero creo que no tenemos y no se irá hasta que se la demos.- me acerque a Rose y le hable en voz baja.- Creo que es algo entrometido y por eso no se va.-

Su risa me embobaba. Desafortunadamente otro ruido llamo mi atención. Era algo que no había escuchado antes y por un instante me intrigo. Cortaba el aire y chocaba en las superficies con un golpecito sordo, muy diferente al sonido amortiguado de los copos de nieve que eran casi imperceptible a menos que me concentrara en ellos.

Mire por la venta que aun permanecía abierta y me sorprendió mucho lo que sucedía. Estaba lloviendo, no era nieve lo que caía si no agua, gotitas minúsculas que al impactar se convertían en hielo de inmediato.

-¿Qué rayos…?- seguí observando. Sentí que Rose se levanto y se acerco para asomarse a la ventana igual que yo.- Es una tormenta de hielo.-

Recordaba haber visto algo similar cuando era pequeño y hacia un par de años, aunque no estaba seguro de el tiempo exacto.

-Es mejor que cerremos la ventana.- la voz de Rosalie tenía una nota de preocupación.-

Así lo hice, pero me quede viendo otro rato atreves del vidrio, había algo en esta tormenta que no me gustaba. El cielo se volvía más oscuro a momentos y las gotitas de agua cubrían todo con una capa de hielo cada vez más gruesa. Poco a poco mi interés desapareció, era solo una enorme tormenta que no iba a cambiar por más que yo la observara, así que me distraje releyendo una revista que hablaba sobre África.

"¿A que sabrán los leones?"

-¿Rose, te gustaría ir a África?- la mire inclinando la cabeza.

Ella estaba construyendo un castillo de naipes y llevaba la mitad de la baraja empleada. Se detuvo y me miro extrañada.

-¿Qué dijiste?-

-¿Qué si te gustaría ir a África?- repetí extrañado, no era posible que no me hubiera escuchado.

-No, no, eso no. ¿Cómo me llamaste?-

Recordé que hasta ese momento no la había llamado así, o no se lo había dicho por que yo llevaba semanas usando el nombre para mi fuero interno y ya me había acostumbrado.

-Ehmmm… ¿Rose?- la observe y note que se veía algo incomoda. -¿Te molesta?-

-No. Mi padre me llamaba así, también Royce…-

"¡Bingo! De nuevo ese tipo. Como quisiera poder meterle la cabeza por el..."

-… suena lindo cuando lo dices tú.- yo la mire intentando moderar mi furia. -¡En serio Emmett!- hizo una pausa. -No tienes que despedazar la revista.-

Enfoque mi atención a la revista que tenía en las manos, estaba arrugada entre mis dedos y dividida a la mitad.

-Ups.-

"¡Caray! Este número si me gustaba."

-Si no te agrada puedo pensar en otra cosa, ya se me ocurrirá algo.- regrese al tema.

-No.- en ocasiones Rosalie podía ser mucho más que testaruda. -No voy a detenerme más por un imbécil. No me gusta que todos me llamen de esa forma, pero tú no eres "todos" así que está bien. Ahora. ¿Qué decías sobre África?-

Se levanto dejando el castillo a medio terminar y se sentó junto a mí recargando su cabeza en mi pecho. Yo pase mi brazo por su cintura y termine abrazándola "sin querer". Fingí intentar unir las dos mitades de revista con un bufido de fastidio. Rose se rio y yo la imite.

Teníamos un rato hablando sobre visitar otros países cuando deje de leer la revista, un sonido proveniente del desván capto mi atención. Rosalie también lo escuchaba.

La madera del techo estaba crujiendo. No era la primera vez que escuchaba que las tablas de la casa rechinaban, prácticamente la casa crujía de día y de noche, pero esto era diferente. Gran parte del techo sobre el desván estaba haciendo un ruido que reverberaba por la casa.

Recordé la colonia de termitas que había escuchado desde que llegue a vivir a la casa y que no habíamos exterminado. Pero ahora eso resultaba inútil.

Con un último quejido grave, la madera cedió y cayó en un estruendoso choque dentro del desván. Escuche como cosas de cristal, madera y metal eran aplastadas.

No lo pensé, salí corriendo con dirección al desván, seguido de cerca por Rose. Cuando llegue Edward ya estaba ahí y Esme llego una fracción de segundo detrás de nosotros. Su cara le partiría el corazón a cualquiera. Se acerco despacio a la montaña de escombros y cajas.

-No puede ser.- Esme se inclino y recogió una pieza de porcelana. –La vajilla Meissen estaba aquí arriba.-

-Creo que ese es solo el menor de nuestros problemas.- Edward no despegaba los ojos del enorme hoyo que había quedado abierto.

-Tenemos que evitar que se siga acumulando hielo o el techo entero se va a desplomar.- mire a Edward y los dos asentimos.

-¡Emmett!- me gire para ver a Rosalie. Parecía estar a punto de regañarme y comprendí porque. Estaba fuera de la habitación y había salido sin siquiera consultarle. La mire con aprensión, definitivamente no quería regresar si había un problema que yo podía ayudar a resolver. Por fin podría ser útil, sabía que yo quería ayudar, se lo había mencionado en muchas ocasiones, pero tenía muy en claro que y si me decía que volviera a su habitación, yo lo haría sin chistar. Sería muy infeliz, pero lo haría. Ella se mordió los labios. –Es una emergencia, solo por eso.-

-La vamos a solucionar, no te preocupes.- le dije confiado. Me volví hacia mi hermano. –Vamos.-

En menos de un pestañeo ambos habíamos subido de un salto al techo atreves del hoyo. Con nuestros reflejos no era tan difícil mantener el equilibrio, pero para un humano hubiera sido una estupidez intentarlo. Con algunos golpes comencé a sacar lajas del hielo que cubría la capa de nieve sobre el tejado. Pesaban, pero no eran nada difícil de manejar y yo las lanzaba hacia el jardín con una mano, evitando dañar alguna planta.

Mientras trabajábamos podía escuchar el eco de las ramas de algunos árboles que terminaban por ceder ante el peso del hielo.

-Allá va el cableado eléctrico.- dijo Edward cuando se apagaron todas las luces de la casa.

Terminamos de despejar el techo y volvimos a entrar. Se me había acumulado hielo en el cabello y me sacudí como perro para quitármelo. Edward se limpio como si se quitara una capa de terciopelo.

"Presumido."

El solo encogió de hombros.

Rose y Esme se estaban encargando de recoger los escombros y limpiar, pero comenzaba a entrar más hielo y nieve por el hoyo. Salí volando hacia el garaje en busca de clavos y las tablas que habían sobrado de mi pequeña riña con los arboles del jardín, volví en un segundo y comencé a clavar las tablas para cerrar el agujero. No había tomado el martillo de la caja de herramientas porque perfectamente podía meter los clavos con la palma de la mano. Edward me ayudaba como podía, aunque podía ver que solo estaba imitando lo que yo hacía y no tenía ni la más remota idea de lo que estaba haciendo, y aun así lo estaba haciendo bien.

Rosalie comenzó a ayudarnos un poco, nos daba algunas de las tablas que habían caído y que todavía podían servir para evitar que entrara todo el hielo.

Definitivamente no era el mejor trabajo que hubiera hecho en un techo roto, pero no quería perder tiempo poniéndole atención a cosas insignificantes, me interesaba cubrir el hoyo y ya luego me encargaría de resanar el tejado para que quedara impecable. Casi terminábamos, yo ponía los clavos y Edward sujetaba la tabla desde el interior de la casa, puse otra plancha de madera sobre todo, para poder asegurarme de que resistiera mientras conseguía más madera.

El sonido de madera crujiendo volvió a retumbar. Me congele, no podía ser el techo, no después de que habíamos apartado casi todo el hielo y la nieve. El estruendo venia desde el lado este de la casa.

"¿El techo de la habitación de Esme y Carlisle?"

No era el techo, hubiera preferido que fuera el techo.

Era como si viera todo en una película a baja velocidad, pero era una película de terror, no me quedaba la menor duda. Uno de los abetos grandes, uno de los arboles que quedaba más cerca de ese lado de la casa y, a juzgar por su tamaño, uno de los arboles más viejos comenzaba a venirse abajo. El peso del hielo había sido demasiado y se inclinaba hacia la casa.

No lo pensé, actué por puro reflejo y me moví tan rápido que incluso me sorprendí. Llegue junto al tronco antes de que comenzara a caer con velocidad. Lo sujete. Ya había cargado muchas cosas con mi nueva fuerza; cajas, muebles, una vez había levantado el auto de Carlisle, incluso recordé cuando mi familia había luchado conmigo y casi no habían logrado detenerme. Así que el árbol tenía que ser realmente pesado si no estaba logrando frenar su caída tan fácilmente como me lo imaginaba.

El hielo bajo mis pies chasqueo y me hundí en la nieve hasta la cintura, seguido por el árbol. Gruñí de pura molestia, esta cosa no iba a caer sobre la casa, no si yo estaba ahí. Sentí el suelo solido bajo mis pies y me afirme, aplique más fuerza y por fin lo detuve.

Abrí los ojos, no sé en qué momento los cerré pero ahora podía ver que estaba pasando. El árbol, que estaba separado del techo de la casa por medio metro, descansaba entre mis brazos y sobre mi pecho, hasta mi cara estaba pegada al tronco. Todo había sido cuestión de segundo porque pude ver a Edward aparecer y mirar la escena boquiabierto.

-Esto pesa mucho.-

-Cada pulgada de hielo aumenta el peso de las cosas como tres o cuatro veces.- dijo él como si me estuviera dando una clase.

-Que interesante. ¿Te molestaría echarme una mano? No creo poder moverme sin que le pegue con el árbol a la casa.-

"Para ser alguien que puede leer la mente de los demás, a veces olvidas ver lo obvio hermano."

Edward torció el gesto mientras me indicaba hacia donde moverme. Con su ayuda pude girar el árbol lo suficiente como para dejarlo caer al suelo sin que hiciera algún daño a la casa.

Me estriare y por un segundo me dio la impresión de que algo se me reacomodo en la columna por que escuche un chasquido.

-¿Eso fue tu espalda?-

Me gire para ver a Rosalie acercarse con cara de preocupación.

-No. Solo fue mi fuerza haciéndose escuchar.- sonreí.

-¿Como lo hiciste?- Edward observaba el tronco con gesto de incredulidad. –Esta cosa debe de pesar varias toneladas. Habría aplastado la casa si no hubieras usado todas tus fuerzas…-

-¿Bromeas? Ni siquiera me esforcé.- ambos guardaron silencio. -¿Qué?-

-¿Cuánta fuerza puede desarrollar un neófito?- pregunto Rose sin quitarme los ojos de encima. Mi hermano analizo su pregunta un instante.

-¿Un neófito normal o él?- contesto con algo de ironía.

-¡Ya no exageren y volvamos a la casa! Seguro Esme debe de estar desconsolada por su vajilla y necesita algo de apoyo moral.-

En verdad no me parecía la gran cosa todo aquello. Sabía que el árbol estaba pesado, pero me pareció que podría volver a cargar uno igual de inmediato, incluso dos, si el hielo no me hiciera resbalar. Odio el hielo.

-Nada de eso señor héroe, nosotros nos regresamos a mi habitación. Dejamos a medias una conversación. ¿Recuerdas? - Rosalie se colgó de mi brazo.

¿Héroe? Bueno, quien era yo para contradecir algo de lo que dijera mi ángel. No pude evitar sentirme orgulloso, después de todo, acababa de salvar la casa.

-Presumido.- dijo Edward mientras pasaba a mi lado.

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Nota de Autora: Me muero de sueño, es la una de la mañana y aquí estoy para no dejarlas en suspenso tanto tiempo. Ok, puede que un árbol no sea gran reto, pero si le suman el peso de la nieve y del hielo es en verdad monstruos, además estaba revisando el tamaño de los abetos y me imagino que un árbol que llega a medir 25 o 30 metros de alto debe de tener un peso de grosería. Además quería que el pobre de Emmett se sintiera útil haciendo algo importante. Como nota cultural, la vajilla Meissen de Esme es de una fábrica alemana especializada en la porcelana, tienen unas cosas increíbles de precios exorbitantes. Espero traerles algo amoroso en el próximo capítulo.

Déjenme reviews, que son el combustible de mi alma y la única manera de saber si les gusta.

Saluditos